Balance en caliente de un proceso de luchas que se dio en todo el país, que tuvo logros importantes y que deja enseñanzas y aprendizajes.
La protesta, que esta vez tuvo dos victorias parciales importantes, como la caída de los capítulos que pretendían modificar las leyes de Tierras y del Manejo del Fuego, esta vez se desplegó en tres niveles:
- Por un lado, se dio una gran “movilización” social de conciencias, cultural, ideológica, que logró permear a todo el país como pocas veces, que se expresó en centenares de convocatorias, ferias, encuentros, etc. en todas las ciudades y pueblos, tras una consigna potente: contra la
extranjerización y en defensa de la patria. - Por otro, estuvieron las marchas del día 6, de las organizaciones políticas y sindicales y de la gente más politizada, también en muchas ciudades; en Buenos Aires fue bastante grande a pesar de factores que disminuyeron la convocatoria, como el anuncio del retiro del capítulo Tierras un día antes —una primera victoria anticipada— y la lluvia desde la mañana.
- Y por último, la forma más espectacularizada de la protesta, los enfrentamientos frente a las vallas en Congreso, y después la represión y barricadas que se extendieron hasta entrada la noche. Una vez más, este epicentro de la confrontación callejera amerita ser mejor analizado.
1. Sobre el operativo represivo:
- La Plaza Congreso tuvo un primer momento, hasta las 5 de la tarde, de tranquilidad y calma; por el escenario montado bien cerca de las vallas pasaron primero referentes del kirchnerismo, dirigentes sociales, después la izquierda y también estaban anunciadas bandas musicales; la multitud, la normalidad con la que la dirigencia política hizo sus actos, y hasta la ausencia de efectivos a la vista, porque estaban bien lejos de las vallas, garantizaron unas primeras horas sin conflicto;
- Minutos antes de las 5 de la tarde comenzaron los zarandeos frente a las vallas en dos puntos distintos: en Entre Ríos y Hipólito Yrigoyen (donde estaba la Federal), y en Callao y Mitre (Gendarmería). En ambos casos la dinámica fue similar: grupos más o menos reducidos, junto a gente suelta, arrojan algunos objetos hacia el sector de las fuerzas de seguridad y abren alguna rendija en el vallado. A partir de ahí, sin apuro, el operativo represivo comienza a actuar primero con hidrantes, algún gas pimienta, después gases. Durante casi una hora la acción represiva podría decirse que fue moderada, sin salir de caza ni atacar más allá del sector que agredía.
- Una hora después las fuerzas de seguridad del lado de Yrigoyen comienzan a abrir el abanico de los gases lacrimógenos hacia el centro de la plaza; durante esa hora, las columnas más grandes, quiene estaban con el escenario y alguna gente suelta que veía la represión a los costados pudo ir yéndose sin mayor problema; otros se quedaron. La demora policial pareció haber estado pensada para que eso pasara. En una tercera etapa las fuerzas represivas abren las vallas y salen a limpiar la Plaza, a correr manifestantes, a ampliar el rango de la represión a las avenidas y calles linderas; a los hidrantes y gases suman las balas de goma y alistan las motos.
- Una cuarta etapa muestra un despliegue de violencia represiva y contundencia en la persecución de manifestantes que tal vez marque un salto de calidad respecto a operativos anteriores. Sobre la 9 de julio y en otras calles los chorros de los hidrantes alcanzan a colectivos repletos de pasajeros, sobre las paralelas algunos gendarmes esquivan a señoras con sus hijos para hacer algún disparo. Desde primera hora el ministerio de seguridad informaba que el operativo en el Congreso estaba a cargo de las fuerzas federales, bajo el comando unificado a cargo del jefe de la Federal, y que la Policía de la Ciudad estaría “para actuar más allá de la 9 de julio”, y así sucedió. Ya desde temprano, y aun antes de que sucediera nada, dejaban en claro que esperaban actuar aún hasta esas zonas alejadas del centro de gravedad de la protesta.
2. Sobre quienes lo enfrentaron:
- A esta altura está claro, después de un par de años de debates en torno a los fantasmas omnipresentes de los infiltrados, que quienes deciden enfrentar a las fuerzas de seguridad son gentes del pueblo, algunxs más o menos organizados, otrxs directamente bien preparadxs. Esta vez se vieron personas con dispositivos caseros para anular el efecto de los gases, volvieron a aparecer afiches semiclandestinos en las inmediaciones con referencias a grupos juveniles que se asumen como “fuerzas de choque”, y hasta algunos jóvenes declararon ante las cámaras de TV su decisión de enfrentar a la policía, fundamentando el motivo, incluso dando la cara
- También quedó claro que no son “20”, ni “50”, ni “unos pocos provocadores”, como dice más de un cronista. Tal vez sí al inicio, pero, una vez que la policía comenzó a reprimir, esta vez se vio una cantidad muy importante de personas, la mayoría jóvenes, resistiendo, reorganizándose, volviendo al enfrentamiento cuando podían. Un reporte policial a las 8 de la noche hablaba de “1500 personas” todavía en las calles, pero el cálculo realista, a juzgar por la cantidad de avenidas y calles en los que la revuelta se sostuvo y la cantidad de horas, indica que no menos de 4000 personas protagonizaron la resistencia en este caso. Una cantidad importante, si se tiene en cuenta la contundencia con la que la policía actuaba.

Foto: Las fuerzas represivas tiraron con balas de goma a corta distancia.
Apuntes para un análisis
Lo determinante en este y en cualquier escenario de lucha es la valoración política de los hechos, el análisis específico del impacto. Hay aspectos épicos, simbólicos y hasta heroicos en imágenes de resistencias y barricadas que son importantes, y dan cuenta de estados de ánimo de sectores de la juventud y del pueblo. Pero más allá de eso, cada “batalla” de la lucha popular debe ser leída en la coyuntura concreta en la que opera. Por eso estas líneas empiezan valorando las dos dimensiones de la movilización que exceden lo que pasó en el Congreso, y que en esta coyuntura fueron lo determinante: los capítulos de Tierras y del Manejo del Fuego cayeron por esas batallas que protagonizó una mayoría social en todo el país, por cientos de canales de participación diversos, descentralizados. Es cierto que el resto de la ley es nefasta, pero para la correlación de fuerzas en la sociedad, esa primera batalla ya es una gran conquista, y hay que celebrarla. Pero si algo de supervivencia tiene esta democracia vapuleada es que el pueblo sigue demostrando que cuando se expresa con contundencia, las cosas cambian; cuando una parte importante de la casta política se siente cuestionada, puede dar marcha atrás con proyectos de interés social, más no sea porque sienten su culo amenazado.
En este contexto, cabe preguntarse qué importancia tuvo esta nueva “batalla del Congreso” para cada uno de los bandos en disputa: para el Gobierno y para el Pueblo.
Para el Gobierno, la batalla principal esta vez era por los votos faltantes en el Senado, no contra la movilización; está probado por decenas de luchas previas, y también por esta, que lo que pasa en la Plaza Congreso, represión salvaje incluida, poco le importa a la casta política que sesiona puertas adentro de ese Palacio militarizado: puede haber centenares de heridos graves y no detienen ninguna sesión parlamentaria. Si no “necesitaban” una batahola en las calles para aprobar la ley, sino un puñado de votos específicos, ¿para qué desatan semejante represión? La lucha del gobierno contra la movilización popular es ideológica, de principios, estratégica; excede la coyuntura. Puede que el momento no se los reclame, pero ejercitan la violencia represiva para aleccionar, ajustar errores, y de la mano de eso, insistir en la ´batalla cultural´ de cara a la sociedad: quien se manifiesta es violento, kirchnerista de izquierda zurdo anarquista: el “enemigo” de “los argentinos de bien”, y como rompen todo merecen la cárcel. Tal vez con alguna represión se equivoquen y paguen un costo momentáneo, pero todavía tienen margen para eso.
Para el Pueblo, la movilización del 6 era un escenario más de la gran movilización social, política, cultural que se dio en todo el país durante las últimas semanas; la marcha al Congreso debía ser la demostración más grande de esa movilización, pero como ya dijimos ni la única ni la central. Tan efectiva fue esa movilización en general, que ganó una batalla importante un día antes, con la caída del capítulo de Tierras. Y si quedaba fuerzas para mantener la presión, sería por el sostenimiento de esa amplia adhesión social a los motivos de la protesta. En esa lógica, ¿qué sentido le queda al hecho puntual del enfrentamiento con las fuerzas de seguridad? Al igual que para el Gobierno, también para el Pueblo la Calle es parte de una batalla estratégica, que excede la coyuntura, por lo que una primera respuesta podría ser: toda gimnasia de enfrentamiento a la represión va dejando aprendizajes, expone al gobierno y a su violencia, va ejercitando a jóvenes revueltistas para próximas batallas.
Pareciera que un escenario de enfrentamientos pudiera servirle tanto al Gobierno como al Pueblo. Como sucede con los boxeadores: solo uno va a resultar victorioso, pero a los dos les conviene enfrentarse, suben al ring para ganar, la pelea está abierta. Sin embargo, el momento histórico en el que nos encontramos indica que las fuerzas del “enemigo” (dicho así, porque lo que el bloque que sostiene la confrontación es más que el Gobierno) están más sólidas que las del Pueblo, no solo en lo represivo —lo que es obvio—, sino también en lo ideológico, en los acumulados políticos, comunicacionales, etc. Cuando se va a la pelea bajo esa condición, el contrincante más débil debe cuidar mucho más que el fuerte aspectos puntuales del enfrentamiento. Dicho en términos políticos: quien está en desventaja necesita cuidarse el doble, porque necesita más que su contrincante acumular en base a pequeñas batallas ganadas.
En algunas ocasiones, buscar el enfrentamiento puede no ser la mejor táctica para acumular en la coyuntura, y por el contrario puede opacar otros protagonismos de masas. ¿Algo de eso pudo haber pasado en esta última jornada? Un elemento a nuestro favor: al menos ya el amplio abanico del progresismo mediático dejó de poner la lupa en los revoltosos, para concentrarse donde corresponde, en la denuncia de la violencia represiva. Los demás aspectos quedan pendientes de más fino análisis.
Por ahora, con la jornada del 6 de agosto aún en caliente, queda resaltar lo más importante: el gobierno salió derrotado ante la masiva movilización popular en contra de la extranjerización del país, que se dio de formas diversas, descentralizada, hasta en cada pueblito y rincón de la patria. No necesariamente por los enfrentamientos en el Congreso, aunque tal vez todo sume, y la lógica que aplica a quien “está más débil” de a poco vaya cambiando de bando.
Imagen de portada: Sol Erazo / RNMA