Venezuela. Entrevista exclusiva con el Canciller Jorge Arreaza: «Somos los subversivos de la diplomacia»

Por Geraldina Colotti. Resumen Latinoamericano, 13 octubre 2019

Jorge Arreaza, Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, nos recibe en su oficina en Caracas. Con su estilo sobrio e incisivo, ha expuesto y esquivado muchas trampas dirigidas a Venezuela a nivel internacional, destacando el alto nivel alcanzado por la «diplomacia de paz» de su país. Le pedimos que nos explique la larga marcha del socialismo bolivariano en las organizaciones internacionales.

¿Cuánto peso tuvo el marxismo en tu formación?

Un gran peso. El análisis histórico, geopolítico y social de Marx y Engels, sus crítica de la sociedad capitalista es cada vez más actual. Para esto, Chávez dice que nuestra revolución es marxista, pero también es bolivariana, cristiana, robinsoniana, es decir, se basa en muchas fuentes de pensamiento que interactúan con el marxismo que es un método muy actual de análisis de la realidad y de los problemas que presenta.

Leer entrevista completa

CTA Y CGT: PREGUNTAS URGENTES

Un artículo para el debate e intercambio de ideas.

Por José Rigane, Secretario Adjunto de la CTA Autónoma Nacional y Secretario general de la FeTERA y del Sindicato de Luz y Fuerza Mar del Plata.

Algunas reflexiones, preguntas y debates sobre la reciente decisión de la CTA de los Trabajadores de volver a la CGT.

¿Alguien puede estar en contra de la unidad del movimiento obrero?

Absolutamente no. Esta posición es mucho más fuerte desde nuestra CTA Autónoma, que desde 2011 venimos bregando por la unidad de acción de todo el movimiento obrero.

Ahora bien, pasaron 28 años desde que nos fuimos de la CGT porque no nos representaba y porque no representaba a los intereses de la clase obrera. Una CGT que, en términos generales, era una institución antidemocrática y conducida por un grupo de dirigentes privilegiados, que luego fueron dirigentes empresariales y que convirtieron a sus organizaciones en un modelo empresarial del sindicalismo. Una CGT que en los comienzos de la década del 90 no enfrentó a las políticas neoliberales de ese momento.

¿Qué cambió en el país para tomar la decisión de volver a la CGT?

Muchos de esos dirigentes de la CGT supieron atender “de los dos lados del mostrador”, es decir, como trabajadores y como patrones. No nos podemos olvidar que esa institución, con esos dirigentes, prefieren a los trabajadores y trabajadoras como clientes que bajo una concepción de afiliados/as. Una política sindical que “ofrece servicios” en lugar de organizarse para defender los derechos laborales y el salario.

Hoy la conducción de la CGT lleva adelante un tipo de organización con una lógica de acercamiento a los empresarios y al gobierno. Siempre señalamos que este modelo sindical está aislado de las bases de trabajadores/as y está conducido por dirigentes totalmente alejados de los problemas e intereses de los compañeros y compañeras en lugares de trabajo.

¿Acaso nuestros objetivos y principios que conformamos y venimos desarrollando como CTA se cumplieron?

Lo que tenemos que tener en claro es que la política electoral no puede mandar por sobre todas las cosas. La política electoral no puede imponernos una unidad de urgencia, olvidándose de las diferencias sustanciales que existen entre la CTA y la CGT. Hace más de 28 años que venimos construyendo un nuevo modelo sindical que nada tiene que ver con el modelo de unicato sindical.

¿Nos vamos a olvidar de la libertad y democracia sindical? ¿Vamos a dejar de plantear la afiliación directa? ¿Vamos a abandonar la elección directa y secreta de todos los cargos electivos de los distintos niveles de la conducción de la CTA? ¿Vamos a volver a los congresos amañados, donde 100 o 200 dirigentes deciden por millones de trabajadores y trabajadoras?

En la Argentina no desapareció el unicato sindical.

Por esto mismo es que nos preguntamos: ¿dónde están las razones concretas de la necesidad de volver a la CGT?

¿Acaso una de las razones para esto será la conciliación de clase para la conformación del Pacto Social, como ya sucedió en otras décadas en la Argentina y que trajo un claro perjuicio para el movimiento obrero y los sectores populares?

Está muy claro que no hay cambios ni de forma ni de contenido. Está claro que la CGT no acepta ni minorías, ni mayorías. La conducción de la CGT tiene una dirigencia enquistada que poco saben de democracia y elecciones sindicales.

¿Volver a la CGT es volver nuevamente a un movimiento obrero dependiente del Estado?

¿Acaso todo esto no significa la pérdida de la autonomía ante los patrones, ante los gobiernos y antes los partidos políticos?

¿El nuevo modelo sindical basado en los principios que levantamos en la década del 90 está agotado, está perimido?

Cabe recordar algo muy importante: la CGT no acepta a nadie más que a trabajadores en relación de dependencia. ¿Qué hacemos con nuestra definición respecto de la integración de la clase obrera, que la caracterizamos desde hace años que estaba compuesta por jubilados/as, desocupados/as, subocupados/as, estudiantes trabajadoras/es, amas de casa, entre otros sectores? ¿Vamos a sepultar la definición que nos dimos respecto de la constitución e integración de la clase obrera? ¿Acaso volvemos a darle valor a los sindicatos de primera y de segunda, a los que tienen personería gremial? ¿Y qué vamos a hacer entonces con las organizaciones que no tienen personería gremial y son simplemente inscriptos (y que en el país hay más de alrededor de 1.700)? ¿Acaso vamos a privilegiar las decisiones políticas del Ministerio de Trabajo de turno o, en todo caso, el planteo tiene que ver con que “los sindicatos son de Perón”?

Desde ya que una decisión así implica muchas otras discusiones por resolver, como los problemas de representación y los problemas con los estatutos.

Por eso mismo, ¿qué vamos a hacer con 28 años de reclamos ante la OIT porque en la Argentina, con unicato sindical no existe la libertad y democracia sindical? ¿Qué vamos a hacer con los fallos judiciales donde la Justicia se viene expresando a favor de la necesidad de cambiar la Ley de Asociaciones Profesionales para romper con el unicato sindical? ¿Qué vamos a hacer con la construcción de nuevas organizaciones sindicales? ¿Vamos a deconstruirlas para integrarlas a las organizaciones de mayor peso numérico en la CGT?

Las organizaciones sindicales y los dirigentes, y sobre todo los trabajadores/as organizados, estuvimos desde el primer día defendiendo nuestros derechos en las calles contra este gobierno de Macri. Es por esta razón que desde la Casa Rosada nos convirtieron desde el principio en el enemigo número uno. Queda claro que un gobierno neoliberal conformado por CEOs y empresarios tuvo como enemigo a nuestras organizaciones sindicales. Esto fue así porque desde el primer día no dudamos en luchar contra este modelo de país que sólo generó pobreza y desocupación. ¿Todos los dirigentes gremiales y sindicatos lucharon desde el primer día?

Pero esta situación no es particular ni sólo de la Argentina. El ataque a las organizaciones sindicales se da en el marco del sistema capitalista a nivel mundial.

Es así que en momentos de fuerte disputa es cuanto más necesitamos el desarrollo de las organizaciones sindicales representativas de los intereses y necesidades de los trabajadores.

Es cierto que son momentos donde necesitamos mayor unidad. Pero también son momentos donde se hace relevante y necesario tener un posicionamiento de clase y contar, por otro lado, con una clara concepción de la importancia de ser trabajador. Tenemos identidad y orgullo de ser trabajadores y trabajadoras. Tenemos orgullo de luchar contra los patrones y contra el gobierno que sea.

Tenemos que ponernos en pie de lucha para frenar todos los intentos de avance de la precarización laboral, tenga la forma que tenga esa precarización. Hoy puede llamarse Uber o Glovo. Hay que terminar con todas estas formas de explotación que parecen nacidas en el siglo XVIII y que, bajo nuevas tecnologías, ingresan en el siglo XXI como “fenómenos novedosos”. En realidad, estas formas “nuevas” de trabajo no son más que una demostración de los procedimientos sobre cómo se puede precarizar, exclavizar a los trabajadores/as.

Para enfrentar estos desafíos, que se suman a los que ya tenemos desde hace tiempo como clase trabajadora, se necesita de organizaciones sindicales de otro tipo, democráticas, participativas, con poder de decisión de los compañeros y compañeras en los puestos de trabajo y no de bajada de línea de dirigentes. Necesitamos un modelo sindical de nuevo tipo porque, como bien sabemos nosotros y nosotras, nos toca luchar no sólo contra los patrones sino contra ese modelo sindical empresario que no defiende los intereses de los trabajadores/as.

Para enfrentar esto se necesita de organizaciones sindicales en toda la Argentina y no un unicato donde, como se viene demostrando en el Ministerio de Trabajo, un mínimo porcentaje de empresas puede tener delegados/as. Y si hay trabajadores/as que quieren conformar cuerpo de delegados/as nuevos los terminan despidiendo.

¿A esta CGT es que queremos volver? ¿Qué sentido tiene volver hoy a la CGT en este contexto del país?

Compañeras, compañeros, resulta fundamental profundizar la lucha por otro modelo sindical, porque, aunque en muchos aspectos hayamos avanzado, mucho de los objetivos que nos propusimos como CTA no se lograron todavía.

Es hora de discutir, debatir, intercambiar opiniones pero de manera razonable, no como enemigos.

Es un tema que requiere un debate con altura, sabiduría y buscando el mejor resultado para el conjunto de la clase obrera. Pero eso no se puede hacer volviendo para atrás, dar un medio giro y sepultar 28 años de desarrollo de una iniciativa política gremial que marcó una historia en el movimiento obrero argentino y que marcó un curso de este pueblo en el cual ya no se puede retroceder.

Arquitectura financiera de América Latina y movimientos sociales

Por Eugenia Candelaria Pardo. En 2009 se cumplieron 120 años del comienzo del Sistema Interamericano, cuya Conferencia inaugural recomendó el establecimiento de un “Banco Internacional Americano”; también, 50 años de la creación del Banco Interamericano de Desarrollo -BID- institución heredera de aquel sistema. Es el año, además, donde procede la redacción del Convenio Constitutivo del Banco del Sur -BdS-; la puesta en marcha del Banco del Alba -BALBA-; y la firma del Convenio del Sistema Unitario de Compensación de pagos Regional -SUCRE-, tres pilares de una Nueva Arquitectura Financiera Regional -NAFR- para América Latina. Sin dudas, esta secuencia cronológica evidenciaba un curioso derrotero de la región que proponía preguntarse, ¿por qué serían necesarias nuevas instituciones monetarias y financieras?,
¿aquella arquitectura podía ir más allá de un nuevo anhelo regional, provocando una ruptura con el tipo de instituciones existentes yendo al meollo de nuestros problemas?

DESCARGAR

Libro: Soberanía Energética, propuestas y debates desde el campo popular

¿Por qué es importante discutir la energía hoy?, ¿de qué manera se cruzan los tarifazos y los cortes de luz con el fracking y las hidroeléctricas?, ¿hay una crisis en el sistema energético?, ¿por qué?. ¿Existe una propuesta genuina y propia desde los movimientos populares ante este modelo impuesto?, ¿hay alternativas?.

Estas preguntas funcionan como un puntapié inicial para el discurso polifónico que surge desde las distintas voces que se ponen en común, debaten y dialogan a lo largo de este libro. Y aunque no todas las preguntas tienen su respuesta, el objetivo de esta publicación es hacer un análisis crítico profundo y fundamentado del sistema energético actual y poner en consideración alternativas que superen la actual crisis.

De esta manera “Soberanía Energética: propuestas y debates desde el campo popular” es un tejido de diversas investigaciones y procesos que son relatados por personas que no solo investigan sino que son parte de las luchas por la energía, tanto en sindicatos y partidos como movimientos socio-ambientales. Así, buscamos responder al desafío del momento crítico que la energía nos plantea: caminar al mismo tiempo el sendero de la construcción de una propuesta alternativa, junto a la fuerza política que la sustente e implemente.

Ver/Descargar el Libro Completo

Pensando otra energía desde América Latina, mirá la introducción del Libro

Medio ambiente y capitalismo

Por Julio C. Gambina

Las masivas movilizaciones mundiales en defensa del clima y el medio ambienten evidencian la preocupación social sobre el deterioro del planeta y las condiciones de la vida. Aun cuando se indica el accionar del ser humano para esta depredación de la naturaleza, no se enfatiza lo suficiente en la responsabilidad del modelo productivo del capitalismo. Las protestas debieran concentrarse más en este aspecto esencial que en el fenoménico del impacto ambiental. El responsable del cambio climático es el modo de producción capitalista.

No alcanza con consumir menos, cuidar los cursos de agua, los bosques, los glaciares o la naturaleza en su conjunto, si al mismo tiempo no se atacan las causas que están en las formas de la producción capitalista, asentada por siglos en la explotación de la fuerza de trabajo y la depredación de la naturaleza. El trabajo es el padre de la riqueza, y la tierra la madre, sostenían los clásicos de la Economía Política, una disciplina científica que surgió para fundamentar el moderno modo de producción capitalista.

Por eso la necesidad de criticar al capitalismo, no solo sus efectos. El diagnóstico es fundamental para encarar procesos realistas de solución. De lo contrario, solo deambularemos por senderos marginales que no conducen a resolver el problema. Una vez identificado el problema es que se puede pensar en modificar la realidad, la que no puede hacerse de inmediato, ya que requiere de un complejo proceso social que incluye la asunción de la conciencia colectiva sobre lo que está provocando el problema y los modos de operar para su modificación.

Ese camino de la transición del orden capitalista actual hacia otro modo de producir y distribuir es lo que se discute desde la emergencia de la crítica de la economía política y las variadas experiencias de revolución social desde el Siglo XIX hasta el presente, con mucho de ensayo y error, renovado especialmente desde los procesos de cambio en Nuestramérica de los años recientes. Es un proceso no agotado, en desarrollo y que explica las confrontaciones y debates en curso en nuestros países.

Voces en Nuestramérica

Por eso resulta interesante recoger las voces pronunciadas desde nuestros territorios. Sostuvo en la ONU Evo Morales: “No podemos mantener el silencio cómplice frente a la catástrofe a escala planetaria que se avecina y tampoco podemos hablar de prudencia cuando estamos en el umbral de la destrucción asegurada. El capitalismo ha fomentado, ha introducido y ha impulsado en los últimos dos siglos la fórmula más salvaje y destructiva de nuestra especie, convirtiendo todo en mercancía para beneficio de unos cuantos”[1]

Adicionó en la misma intervención: “La madre tierra está acercándose peligrosamente al crepúsculo de su ciclo vital, cuya causa estructural y responsabilidad corresponde al sistema capitalista. Este sistema ha desencadenado a gran velocidad una fuerza arrolladora y destructiva a nombre de la libertad de mercado, de libre competencia y los derechos humanos”

Hay quienes critican al gobernante de Bolivia por la explotación de los hidrocarburos y otras formas del modelo económico boliviano que favorece la apropiación estatal de rentas para generar un proceso de distribución primaria y secundaria que atiende inmediatas e imperiosas necesidades sociales. ¿Acaso pretenden los críticos negar el diagnóstico formulado induciendo políticas de miseria para el conjunto empobrecido de la sociedad?

Lo que no se entiende es el propio proceso de transición en Bolivia, que incluye los límites de la dependencia y la urgencia de atender necesidades básicas imperiosas de la población más empobrecida. Al tiempo que se critica al orden capitalista mundial, se atienden las imperiosas necesidades de la población y se ensayan formas de la transición, inexploradas hasta ahora en la sociedad que confronta al régimen del capital.

El tema no es nuevo en los dos sentidos, sea la denuncia del capitalismo y las formas de resolver las necesidades de los sectores menos favorecidos por el orden del capital.

Vale recordar en ese sentido la intervención de Fidel Castro en la cumbre de la tierra en 1992 en Río de Janeiro, en cuyo inicio sentenció: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre.”

En la brevísima alocución señaló: “Los bosques desaparecen, los desiertos se extienden, miles de millones de toneladas de tierra fértil van a parar cada año al mar. Numerosas especies se extinguen. La presión poblacional y la pobreza conducen a esfuerzos desesperados para sobrevivir aun a costa de la naturaleza. No es posible culpar de esto a los países del Tercer Mundo, colonias ayer, naciones explotadas y saqueadas hoy por un orden económico mundial injusto.”

Refiriéndose al que hacer sostenía: “La solución no puede ser impedir el desarrollo a los que más lo necesitan. Lo real es que todo lo que contribuya hoy al subdesarrollo y la pobreza constituye una violación flagrante de la ecología. Decenas de millones de hombres, mujeres y niños mueren cada año en el Tercer Mundo a consecuencia de esto, más que en cada una de las dos guerras mundiales. El intercambio desigual, el proteccionismo y la deuda externa agreden la ecología y propician la destrucción del medio ambiente.”

Agregaba: “Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra. No más transferencias al Tercer Mundo de estilos de vida y hábitos de consumo que arruinan el medio ambiente. Hágase más racional la vida humana. Aplíquese un orden económico internacional justo. Utilícese toda la ciencia necesaria para un desarrollo sostenido sin contaminación. Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre.”[2]

Al tiempo que criticaba al capitalismo como forma hegemónica en el sistema mundial, en momentos que había desaparecido la bipolaridad, el jefe de la revolución cubana señalaba las dificultades de los países dependientes y atrasados para encontrar sus caminos de solución en confrontación con la lógica dominante.

La discusión sobre la transición no supone un rumbo sin contradicciones y son las que recogen ambas intervenciones mediadas por casi tres décadas de pronunciadas y que fueron transitadas con experiencias que aun animan el debate contra el orden capitalista.

Actualidad del debate

Es un tema actual y trascendente, porque la responsabilidad está en la hegemonía del capitalismo mundial y aún cuando se aprueben protocolos internacionales, que además EEUU no suscribe, resulta imposible resolver el tema.

No alcanza con discursos o protocolos de denuncia, sino acontece una dinámica social de organización y movilización contra las causas del calentamiento global y el cambio climático. No hay forma de mitigar el efecto devastador mientras subsista el régimen del capital.

Se impone la discusión por el cambio de las relaciones sociales de producción y su efecto depredador sobre la naturaleza, que incluye en su seno a la especia humana. Se trata de un tema sustantivo para Nuestra América, en tanto territorio históricamente condenado a la provisión de materias primas y “recursos naturales”, que, si visibilizáramos como “bienes comunes” de la actual y futuras generaciones, a otras conclusiones se arribarían.

El tema viene de la conquista y colonización, agudizado en años recientes con la suba de los precios de las materias primas, aun con el retroceso actual, donde se recicla el papel subordinado de la región por vía del deterioro secular de los términos de intercambio en el sistema de relaciones internacionales.

Nuestros países generan riqueza y excedente económico vía explotación de estos bienes comunes en beneficio de la reproducción del gran capital transnacional que define el ciclo económico, es decir, la producción, la distribución, el cambio y el consumo. Remito al petróleo, al gas, al cobre, al agua, a la tierra, al oro, al litio, a la biodevresidad, o a diversos materiales que se acumulan en nuestro suelo.

Resulta imprescindible enfatizar en que los “recursos naturales” son bienes comunes, que pertenecen a la humanidad, pero que, al estar asentados en nuestros territorios, la soberanía en su cuidado y gestión es imprescindible, lo que demanda una mirada local, sí, pero sobre todo regional, de una respuesta conjunta e integrada.

Claro que eso suena como una anomalía ante la preeminencia del discurso y las políticas liberalizadoras en la región. Se puede observar a Bolivia en el sostenimiento de un proceso soberano, rodeado por procesos liberalizadores de sus vecinos: Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Perú.

Es una cuestión para discutir en tiempos electorales en Bolivia el próximo 20/10, y en Argentina y Uruguay una semana después, el 27/10; aún más allá de procesos eleccionarios en el destino de la región, gobierne quien gobierne. El modelo productivo asentado en el agro negocios, la mega minería, la explotación de hidrocarburos no convencionales (Argentina), e incluso la industrialización dependiente y los mecanismos de especulación que incluye el fuerte endeudamiento, caso argentino especialmente, exige la discusión sobre la continuidad o no de ese modelo y las posibilidades para intentar cambios y en lo posible, procesos de transición que confronten con el orden capitalista.

Por eso no se trata de una cuestión ambiental lo que está en debate, sino las formas de producir, distribuir, intercambiar y consumir. Cambiar el modelo productivo resulta imprescindible. Es algo que debe encararse como proceso regional.

No alcanza con definiciones nacionales, aunque son imprescindibles. Se requiere la superación de los condicionantes que impone la dependencia de las transnacionales, de los organismos internacionales y de una lógica discursiva hegemónica del pensamiento en Política Económica, relativo a que lo único que se puede hacer deviene de la liberalización de la economía, del libre mercado y la libre competencia, falacia en tiempo de dominación monopolista.

La respuesta es la soberanía nacional y la integración regional, para la crítica al capitalismo como única forma de confrontar contra los efectos del cambio climático y el calentamiento global. En defensa del medio ambiente se impone el cambio del modelo productivo y ensayar los caminos concretos de la transición hacia sociedades que en el centro de sus objetivos se encuentre la defensa de la vida humana y natural.

Tarija, 28 de septiembre de 2019


[1] Naciones unidas Bolivia. Evo Morales plantea en la COP21 eliminar el capitalismo para salvar a la tierra. En: http://www.nu.org.bo/noticias/naciones-unidas-en-linea/evo-morales-plantea-en-la-cop21-eliminar-el-capitalismo-para-salvar-a-la-tierra/

[2] CUBADEBATE. Discurso de Fidel Castro en Conferencia ONU sobre Medio Ambiente y Desarrollo, 1992, en: http://www.cubadebate.cu/opinion/1992/06/12/discurso-de-fidel-castro-en-conferencia-onu-sobre-medio-ambiente-y-desarrollo-1992/#.XY9Z40ZKjIU

El capitalismo no está en la discusión y solo aparece la dimensión de lo posible en su seno

Por Julio C. Gambina.

Las propuestas alternativas tienen que promover una transición más allá y en contra del capitalismo

En variados debates mediáticos y presenciales en los que participo se analizan propuestas sobre lo que habría que hacer en materia económica, en el país, la región o en el mundo, con un límite estructural e ideológico importante que remite al qué hacer en el marco del capitalismo. Es inimaginable en el sentido común intelectual y profesional pensar en ir más allá y en contra del capitalismo. No existe, en general, el imaginario intelectual de superación del orden capitalista, lo que constituye un freno para pensar y proponer un orden alternativo, o como procesar un rumbo de transición del capitalismo hacia otro orden social productivo, lo que supone otras formas de distribución, cambio y consumo social.

Parece una utopía, un “no lugar”, el ir más allá y en contra del régimen del capital. Algunos sostienen que el problema es el capitalismo “financiarizado” y que lo óptimo resultaría retomar un rumbo de capitalismo “productivo”, como si la generación de excedentes no fuera producida por la explotación de la fuerza de trabajo en el proceso de producción. Que ese excedente se apropie principalmente por mecanismos financieros especulativos no niega la esencia de la explotación. La distribución opera en la circulación, por lo que, aquello que se produce en la esfera de la producción se termina realizado en la esfera de la circulación. Por ende, no puede escindirse producción de circulación, son un par dialéctico.

Hay quienes sostienen que el problema reside en que no hay propuesta productiva o industrial, por ejemplo, en el gobierno de la derecha de Mauricio Macri en Argentina, que solo remite a un proyecto de especulación y “financiarización” de la economía. Algunos lo extienden como diagnóstico a lo que ocurre en el ámbito mundial y por eso las propuestas se limitan a la industrialización, como si pudiera pensarse en términos de independencia y desvinculación de cadenas mundiales de producción. La elevada deuda pública y la fuga de capitales que acontece en la Argentina avalaría la teoría. Como si no fuera productivo, incluso competitivo mundialmente, el complejo del agro negocio asentado en la soja, el maíz y otros cultivos, con sus derivados agro industriales de harinas, aceites y producción de agro energía; la manufacturación de alimentos cárnicos, lácteos, etc. Lo mismo ocurre con la producción mega minera a cielo abierta; la producción petrolera, especialmente relativa a hidrocarburos no convencionales (Vaca Muerta), o los complejos exportadores de corte industrial, caso de la industria automotriz y otros asociados a la exportación y la inserción internacional subordinada.

Más allá de los discursos o los saberes profesionales de los gobernantes, o los balances macroeconómicos de los países, el excedente que sigue generándose es producto de la explotación de la fuerza de trabajo, y que se apropia por mecanismos diversos de transformación de la plusvalía en formas transfiguradas de la ganancia, sea renta, beneficio empresario, interés bancario o cualquiera de las formas que asuma la expropiación del trabajo social. Es un diagnóstico a generalizar entre trabajadoras, trabajadores y sus organizaciones sociales y sindicales.

La restringida condición de posibilidad

Existe un consenso sobre el condicionante de lo posible, que remite al orden capitalista, y más precisamente a un capitalismo productivo a contramano del financiero. La fundamentación alude al fracaso del socialismo, como si esa formulación sustentada en fallidas experiencias, caso del “socialismo realmente existente en el Este de Europa” validara el éxito del capitalismo.

¿Es acaso un éxito la desigualdad económica y social avalada por diversidad de organismos nacionales, regionales o mundiales y con ello la magnitud de la pobreza, la indigencia y la marginación social de millones?

¿Resulta un éxito la depredación de la naturaleza, derivada del modelo productivo capitalista extendido? Solo hay que pensar en los recientes incendios del Amazonas, las continuas sequías o inundaciones, entre muchas calamidades de destrucción del hábitat y la vida.

¿Puede considerarse un éxito la expansión del delito económico asentado en la venta de drogas, armas, la trata de personas o la especulación multiplicada con políticas públicas, de Estados que intervienen a favor de la ganancia, la acumulación de capitales y la dominación capitalista?

Las respuestas son en general de crítica al orden existente, es cierto, pero que termina justificándose en el: “es lo que hay”. Se transforma así en el límite civilizatorio aceptado desde el “sentido común” que instalan los mecanismos de acción ideológica en múltiples medios y redes sociales. Solo queda reformar al capitalismo, establecer límites a la apropiación del excedente y encontrar paliativos en la distribución del excedente.

El problema es que el capitalismo se organiza desde la relación de explotación, de la relación entre el trabajo y el capital. Esa relación predetermina el punto de partida en la inversión como el dinamizador de la actividad económica, y no en el trabajo como creador de riqueza. Es desde esa relación que el capital subsume a la naturaleza y la explota y depreda, tanto como subsume a la población vía el consumo inducido, incluso superfluo con mecanismos como la obsolescencia programada o la publicidad.

Se razona que a partir de la inversión surge la capacidad de producir y reproducir la actividad económica, desplazando al trabajo como fuente del valor y del plusvalor. El inversor capitalista resulta así imprescindible, sea el inversor Estado o el inversor privado. Desde ese punto de partida, toda la lógica argumental parte de conseguir inversores, y los actores se limitan al Estado o al sector privado, cuyo sector más dinámico está altamente concentrado y transnacionalizado, por lo que la apuesta remite a la búsqueda de inversores internacionales.

La opción estatal aparece restringida al capital estatal acumulado en algunos territorios, caso de China en la coyuntura actual, o a la capacidad de emisión de moneda local, fenómeno restringido a ciertas circunstancias.

Resulta un callejón sin salida la opción de la emisión monetaria, por las restricciones de los Estados nacionales sin capacidad de licuar regional o mundialmente su posibilidad de emisión monetaria, como si puede hacerlo EEUU con el dólar, u otros Estados nacionales que internacionalizan sus monedas locales. El caso de China es interesante en ese sentido, acrecentando en estos años los esfuerzos por imponer el carácter mundial del yuan, o como promovió, con ciertos límites Europa con el euro.

Los ejemplos de “modelos” a copiar son tentadores, pero se omiten las especificidades nacionales que permiten ciertas coyunturas. El caso de Portugal es sintomático, ya que el repunte de la economía no es solo luego del ajuste de la derecha hasta 2015, sino la realidad de un gobierno socialdemócrata con apoyo de izquierda desde afuera del gobierno y control movilizado del movimiento obrero clasista. Es una ecuación política que podría cambiar en las próximas elecciones nacionales y si el gobierno puede desprenderse del apoyo crítico y movilizado desde la izquierda. No hay modelos sino mecanismos de intervención política donde lo que define es la presión social organizada y movilizada.

Pensar la transición para construir alternativamente

Actuar desde la transición para una producción y circulación alternativa supone retomar el punto de partida de la hipótesis de la Economía Política, en tanto es el trabajo el creador de valor, claro que desplegado con el desarrollo teórico desarrollado por Marx con la “crítica” de la Economía Política al sustentar el origen del excedente económico en la explotación de la fuerza de trabajo.

Dicen los clásicos que el capital es trabajo acumulado, por lo que el inversor de inicio de la lógica productiva actualmente aceptada tiene en origen al trabajo, a la subordinación (subsunción) del trabajo en el capital.

Así, desde el trabajo organizado socialmente es que pueden pensarse alternativas, lo que supone el cambio de la lógica productiva. No se trata de buscar inversores, sino de organizar solidariamente el trabajo social para producir, distribuir, intercambiar y consumir.

Claro que lo primero a realizar supone desmontar el actual modelo productivo, lo que requiere de un periodo de transición, ya que no puede desarmarse el mecanismo de la noche a la mañana.

En Bolivia se alude a la transición del modelo neoliberal (1985-2005) al del Vivir Bien en desarrollo desde el acceso al gobierno de Evo Morales en 2006, explicitado en la Constitución reformada del 2009. El camino fue la instalación de una lógica de Economía Plural plasmada en la Constitución, lo que incluye a la economía privada, la estatal, la cooperativa y la comunitaria. El privilegio por 13 años entre 2006 y 2019 pasó por consolidar el sector estatal de ese Estado plurinacional en transición. El ejemplo boliviano es útil por el efecto demostración regional que supone ser el país de mayor crecimiento en los últimos años, más allá de críticas fundados en la continuidad de un modelo productivo que puede contradecir postulados del Vivir Bien, pero que hace a los límites del subdesarrollo, el atraso y la ausencia de autónomos desarrollos tecnológicos y científicos que aseguren la viabilidad de otro modelo productivo, de distribución, intercambio y consumo.

Para el caso de la Argentina pasa en primer lugar por desarmar el condicionante del acuerdo con el FMI. No se trata de renegociar, sino de auditar vieja y nueva deuda, responsabilizando a personajes de afuera y de adentro en la organización de esta hipoteca imposible de pagar sin el deterioro consecuente y reiterado de la calidad de vida de la población. No se debe pagar ni renegociar sin antes auditar. Al mismo tiempo, se requiere un amplio acuerdo político para debatir la transición del orden actual a otro basado en la satisfacción de las necesidades populares, que incluya los programas construidos por el movimiento popular en reiteradas luchas por sus reivindicaciones. Resulta necesario discutir el punto de partida y de llegada de cualquier pacto o acuerdo social. ¿Desde dónde se parte y adonde se pretende llegar? Responder el interrogante supone evidenciar las correlaciones de fuerzas existentes.

Solo a modo de ejemplo, veamos como en estos días se aprobó la media sanción de la emergencia alimentaria con un costo estimado por 8.000 millones de pesos, al tiempo que se canceló deuda por más de 7.000 millones de pesos, unos 120 millones de dólares, con un núcleo reducido de empresas de energía, cuyos titulares son amigos directos del presidente, caso de Pampa Energía de Marcelo Mindlin, o Central Puerto de Nicolás Caputo. Para el primer caso fue necesaria una amplia movilización social, iniciativas políticas legislativas y un amplio debate mediático. Para la segunda bastó un simple acto administrativo negociado a puertas cerradas y sin difusión suficiente.

¿Cuál es y será la prioridad en la Argentina, la emergencia alimentaria o los subsidios a las petroleras y energéticas, entre otros grupos empresarios favorecidos? ¿Es prioridad la deuda con el FMI y otros acreedores o la que existe en derechos no resueltos del conjunto social? ¿Las propuestas a futuro priorizan la rentabilidad y competitividad del capital o la satisfacción de necesidades ampliadas de la mayoría empobrecida de la población? Son interrogantes para animar la discusión política y económica en tiempos electorales.

Buenos Aires, 14 de septiembre de 2019