Artículo publicado en The Morning Star el 1/8/2026
Autor: Bert Schouwenburg
En Inglaterra, el sentimiento antiargentino nunca está muy lejos de la superficie, y así quedó demostrado durante el Mundial de fútbol celebrado en Estados Unidos. Argentina perdió la final ante una selección española superior y, al terminar el partido, algunos de sus jugadores empujaron al suelo a sus rivales y se mostraron extremadamente agresivos. Los comentaristas de la televisión inglesa calificaron las acciones de los argentinos como típicamente “vergonzosas” o “inaceptables” y, aunque no hay excusa para su comportamiento, ahora sabemos que se habían sentido ofendidos por las provocaciones verbales de los españoles.
Lo que realmente indignó a la prensa y a los políticos de derecha ocurrió después de la semifinal, cuando Argentina derrotó a Inglaterra, el país que introdujo el fútbol en Sudamérica en el siglo XIX. Tras su victoria por 2-1, los jugadores argentinos desplegaron una gran pancarta casera que proclamaba “Las Malvinas son Argentinas”, lo que provocó llamados a que fueran expulsados de la final. Keir Starmer se convirtió en el último primer ministro en reiterar que las islas son británicas, afirmando que “el Mundial puede no ser nuestro, pero las Malvinas definitivamente lo son. Nuestra posición no ha cambiado y nuestro compromiso con los habitantes de las Malvinas es inquebrantable”.
Al igual que sus predecesores, Starmer desconoce los hechos o elige ignorarlos. Inglaterra se apoderó del archipiélago en 1833, después de haber reconocido previamente que pertenecía a Argentina tras su independencia de España. Cualquiera que tenga dudas sobre la legitimidad del reclamo argentino debería leer la magistral exposición presentada por su embajador ante las Naciones Unidas, José María Ruda, ante el Comité Especial de Descolonización en 1964.
En 1965, la Resolución 2065 de la ONU reconoció la existencia de una disputa de soberanía sobre las Malvinas/Falklands y exhortó a ambos gobiernos a reanudar las negociaciones con el objetivo de alcanzar una solución lo antes posible.
La resolución ha sido ampliamente ignorada por los sucesivos gobiernos británicos. En los últimos años, Inglaterra ha intentado justificar la ocupación continuada de las islas haciendo referencia a un referéndum celebrado en 2013, en el que sus 1.500 habitantes votaron a favor de permanecer bajo el dominio de Londres. En realidad, según el derecho internacional, el principio de autodeterminación no se aplica porque el territorio fue poblado escasamente por ciudadanos de la potencia colonial —es decir, Inglaterra — después de expulsar por la fuerza a los habitantes originales y no permitirles nunca regresar. También debe señalarse que el principio de autodeterminación se basa en la Resolución 1514 de la ONU, cuyo objetivo principal es poner fin al colonialismo en todas sus formas.
Antes del partido entre Argentina e Inglaterra, el presidente de la República, Javier Milei, recibió numerosas críticas después de respaldar una directiva de la FIFA que impedía a los aficionados ingresar al estadio con banderas, camisetas, carteles o cualquier otro tipo de pancarta que hiciera referencia a las Malvinas, ya que se consideraría “contenido político”. Además, a diferencia de la indiferencia o la falta de comprensión de la mayoría de los ingleses, la reivindicación de las islas frente al dominio británico es fundamental para la identidad argentina y la mayoría de los argentinos tiene un conocimiento firme del contexto histórico, especialmente después de la guerra de 1982.
Entrevistada en televisión, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, afirmó que las Malvinas eran efectivamente argentinas, pero que serían recuperadas por medios diplomáticos mediante lo que describió como una acción inteligente, por lo que apoyó la prohibición de la FIFA. En contraste, la vicepresidenta de Milei, Victoria Villarruel, con quien mantiene un enfrentamiento de larga data, respaldó la manifestación de los jugadores y se refirió a los ingleses como “piratas usurpadores”.
Milei ha mantenido una postura ambivalente respecto de la cuestión de las Malvinas desde que asumió el poder en diciembre de 2023, y el gesto de los futbolistas claramente lo incomodó. En abril del año pasado, fue objeto de burlas después de afirmar que los isleños querrían convertirse en ciudadanos argentinos una vez que él hubiera “hecho grande nuevamente al país”. Y en diciembre, pareció cuestionar el derecho de Argentina sobre las islas al afirmar que solo serían recuperadas cuando los habitantes de las islas así lo quisieran.
Sus adversarios políticos no tardaron en aprovechar su incomodidad. Jorge Taiana, quien fue canciller durante los gobiernos progresistas de los Kirchner a comienzos de este siglo, afirmó que la selección nacional había puesto fin a tres años de lo que describió como “desmalvinización” y había colocado nuevamente el destino de las islas en la agenda internacional.
Poco después del Mundial, Milei recibió nuevas críticas por haber esperado diez días antes de presentar una queja ante el embajador británico luego de que un buque de guerra británico atravesara aguas territoriales argentinas sin aviso previo.
Anteriormente, tampoco había actuado cuando, sin consulta alguna, la administración colonial anunció la aprobación del proyecto Sea Lion, una empresa conjunta entre la británica Rockhopper Exploration y la israelí Navitas para perforar en busca de petróleo a 200 kilómetros al norte de Puerto Argentino (Port Stanley). La compañía israelí posee ahora el 65 % de participación en el proyecto que anteriormente pertenecía a Harbour Energy, una empresa que cotiza en la Bolsa de Londres, lo que pone en entredicho el supuesto compromiso del gobierno laborista de reducir la exploración de combustibles fósiles, por no mencionar su colaboración con el régimen israelí, al que el autor califica de genocida.
En 2015, durante la presidencia de Cristina Fernández, una incursión similar en la cuenca de las Falklands fue respondida con una demanda legal que reclamaba una multa de 156,4 millones de dólares estadounidenses y el decomiso de barcos, plataformas y equipos, lo que provocó la retirada de las empresas involucradas. Sin embargo, las sanciones nunca fueron aplicadas después de que el gobierno sucesor del corrupto Mauricio Macri firmara el acuerdo Foradori-Duncan, que efectivamente puso fin a cualquier discusión sobre la soberanía. Según Duncan, su contraparte Carlos Foradori estaba borracho cuando se acordó el pacto, aunque este último siempre lo ha negado.
Durante el Mundial, el gobierno de Milei presentó en el Congreso un proyecto de ley extraordinario que permitiría a cualquier individuo, empresa o Estado extranjero comprar territorio en Argentina sin restricciones. Milei ya ha otorgado a empresas mineras extranjeras un acceso sin precedentes y generosos incentivos financieros para la explotación de los recursos naturales del país, y no faltan propietarios de tierras que estarían dispuestos a aprovechar la oportunidad de hacer dinero si el proyecto se convirtiera en ley.
En algunos sectores existen sospechas de que quiere vender grandes extensiones de la Patagonia a intereses israelíes. Si hay algo de verdad en ello es una cuestión discutible, pero para sus detractores esto solo demuestra que su presidente, quien tiene un retrato de Margaret Thatcher en su despacho, se preocupa poco por la integridad territorial de Argentina, tanto en el territorio continental como en el Atlántico Sur.
Las actuaciones de Argentina en el Mundial provocaron una ola de comentarios negativos en las redes sociales, pese al increíble y, en gran medida, buen humor con el que sus seguidores apoyaron al equipo. La respuesta de Milei fue firmar el jueves un decreto de necesidad y urgencia que faculta al gobierno a negar la entrada o expulsar a extranjeros acusados de incitar al odio contra los argentinos, una medida que sus críticos consideraron otro ejemplo del enfoque cada vez más confrontativo de su gobierno respecto de la identidad nacional.
Uno de los comentarios más ridículos, y sin ningún sentido de la ironía teniendo en cuenta la historia de su propio país, provino del productor cinematográfico y actor estadounidense Samuel L. Jackson, quien afirmó que Argentina era el país más racista del mundo porque no había jugadores negros en su selección, ignorando por completo el hecho de que solo el 0,066 % de los argentinos se identifica como afrodescendiente.
Sin embargo, más de 451.000 comentarios adversos fueron consecuencia de la identificación de Milei con Israel. Justo antes de que comenzara la competición, los ministros israelíes Smotrich y Ben-Gvir, ambos buscados por tribunales penales internacionales por crímenes contra la humanidad, fueron fotografiados junto al embajador argentino sosteniendo una camiseta de la selección argentina. En la ONU, únicamente Estados Unidos, Israel y Argentina votaron en contra de una resolución que afirmaba que la esclavitud constituía el crimen más grave contra la humanidad y, en 2024, Argentina fue el único país que votó en contra de una resolución destinada a eliminar y prevenir la violencia contra las mujeres.
Incluso teniendo en cuenta la brecha entre ricos y pobres, resulta difícil creer que, en un país abierto y en gran medida tolerante, un extremista de derecha como Milei pudiera ser elegido presidente, y la perspectiva de que sea reelegido el próximo año resulta difícil de imaginar. Pero si hay algo que une a los argentinos es su pasión por el fútbol, y la espontánea muestra de apoyo de la selección nacional al reclamo por las Malvinas no ha hecho más que perjudicar aún más su ya deteriorada reputación.
Versión original en inglés:
In Britain, anti-Argentine sentiment is never far from the surface, and so it proved during the football World Cup in the United States. Argentina lost the final to a superior Spanish team and at the end of the game, some of their players pushed their opponents to the ground and were extremely aggressive. English TV pundits categorised the Argentinians’ actions as being typically “disgraceful” or “unacceptable” and while there can be no excuse for their behaviour, we now know that they took offence to Spanish verbal provocations.
What really upset the right-wing press and politicians came after the semi-final when Argentina beat England, the country that introduced football to South America in the 19th century. Following their 2-1 victory, Argentinian players paraded a large homemade banner proclaiming “Las Malvinas son Argentinas” (The Falklands are Argentinian), prompting calls for them to be banned from playing in the final. Keir Starmer became the latest Prime Minister to reiterate that the islands are British, saying that “The World Cup might not be ours, but the Falklands definitely are. Our position is unchanged, and our commitment to the Falklanders is unwavering.”
Like his predecessors, Starmer is either ignorant of the facts or chooses to ignore them. Britain seized the archipelago in 1833 after previously recognising that it belonged to Argentina following their independence from Spain. Anyone who has any doubts about the legitimacy of Argentina’s claim should read the masterful presentation delivered by their ambassador to the United Nations, Jose Maria Ruda, at the Special Committee on Decolonisation in 1964.
In 1965, UN resolution 2065 recognised the existence of disputed sovereignty over the Malvinas/Falklands and urged both governments to renew negotiations in order to arrive at a solution as quickly as possible.
The resolution has been largely ignored by successive British governments. In recent years, Britain has tried to justify the continued occupation of the islands by referring to a 2013 referendum in which the 1,500 inhabitants voted to remain under London’s rule. In fact, according to international law, the self-determination principle does not apply because the territory has been sparsely populated by nationals of the colonial power, ie Britain, after forcefully evicting the original inhabitants and never allowing them to return. It should also be noted that the principle of self-determination is based upon UN resolution 1514, whose main aim is to end colonialism in all its forms.
Before the Argentina-England game, the republic’s President Javier Milei drew considerable criticism after endorsing a Fifa directive preventing fans entering the stadium with flags, shirts, placards or any other type of poster that made reference to the Malvinas because it would be considered “political content.” Moreover, in contrast to the indifference or lack of understanding of most English people, the quest for regaining the islands from British imperialism is fundamental to who the Argentinians are and most will have a firm understanding of the historical context, especially after the 1982 war.
Interviewed on television, the security minister Alejandra Monteoliva stated that the Malvinas were indeed Argentinian but that they would be regained by diplomatic means with what she described as intelligent action, so she supported the Fifa ban. By way of contrast, Milei’s vice-president Victoria Villarruel, with whom he has had a long-standing feud, supported the players’ demonstration and referred to the English as “usurping pirates.”
Milei has been ambivalent about the Malvinas question since coming to power in December 2023 and the footballers’ gesture clearly made him uncomfortable. In April of last year, he was ridiculed after saying that the islanders would want to become Argentinian citizens after he had “made the country great again.” And in December, he appeared to question Argentina’s right to the islands by saying that they would only be recuperated when the inhabitants wanted it themselves.
His political opponents were not slow to capitalise on his discomfort. Jorge Taiana, who was foreign minister under the more progressive Kirchner administrations in the early part of the century, said that the national football team had ended three years of what he described as “de-malvinisation” and put the fate of the islands firmly back on the international agenda.
Not long after the World Cup, Milei came under further criticism for waiting 10 days before raising a complaint with the British ambassador after a British warship passed through Argentinian territorial waters without prior notice.
Previously, he failed to act when, without consultation, the colonial administration announced the approval of the Sea Lion project, a joint venture between Britain’s Rockhopper Exploration and Israel’s Navitas to drill for oil 200 kilometres north of Puerto Argentino (Port Stanley). The Israeli company is taking the 65 per cent stake in the project previously owned by Harbour Energy, a firm listed on the London Stock Exchange, thus making a mockery of the Labour government’s supposed commitment to scaling down fossil fuel exploration, not to mention collusion with Israel’s genocidal regime.
In 2015, during the presidency of Cristina Fernandez, a similar incursion in the Falklands basin was met with a legal claim demanding a U$156.4 million fine and the seizure of boats, platforms and equipment, which resulted in the withdrawal of the companies involved. However, the sanctions were never applied after the successor government of the corrupt Mauricio Macri signed the Foradori-Duncan agreement that effectively shut down any discussions on sovereignty. According to Duncan, his counterpart Carlos Fordari was drunk when the deal was agreed, though the latter has always denied it.
During the World Cup, Milei’s government introduced an extraordinary Bill in parliament that would allow any foreign individual, company or state to purchase territory in Argentina without restriction. Milei has already granted foreign mining concerns unprecedented access and financial incentives for the exploitation of his country’s natural resources and there is no shortage of landowners who would jump at the chance of cashing in were the Bill to become law.
In some quarters there are suspicions that he wants to sell large tracts of Patagonia to Israeli interests. Whether there is any truth in this is a moot point, but to his detractors it only serves to demonstrate that their president, who has a portrait of Margaret Thatcher in his office, cares little for Argentina’s territorial integrity, be it on the mainland or in the South Atlantic.
Argentina’s exploits in the World Cup prompted a wave of negative comments on social media, despite the incredible and largely good-humoured support of their followers. Milei’s response was to sign an emergency decree on Thursday empowering the government to deny entry to or expel foreigners accused of inciting hatred against Argentines, a move his critics viewed as another example of his government’s increasingly confrontational approach to national identity.
One of the more ridiculous comments, and without any sense of irony given the history of his country, came from US film producer and actor Samuel L Jackson, who said that Argentina was the most racist country in the world because there were no black players in their squad, completely ignoring the fact that only 0.066% of Argentines identify as being of African descent.
However, more than 451,000 adverse comments came as result of Milei’s identification with Israel. Just before the competition started, Israeli ministers Smotrich and Ben-Givir, both of whom are wanted by the international criminal courts for crimes against humanity, were pictured with the Argentinian ambassador holding an Argentinian football shirt. In the UN, only the US, Israel and Argentina voted against a resolution stating that slavery was the gravest crime against humanity and in 2024 Argentina was the only country to vote against a resolution to eliminate and prevent violence against women.
Even allowing for the divide between rich and poor, it is scarcely credible that in an open and largely tolerant country, a right-wing extremist like Milei could be elected president and the prospect of him being re-elected next year does not bear thinking about. But if there is one thing that unites Argentinians, it is their passion for football and the national team’s impromptu display of support for the claim to the Malvinas has done nothing for his already tarnished reputation.