Otra vez sopa. Por Beatriz Rajland

Compartí esta entrada!

Los hechos tienden a repetirse, una vez como drama y otro como tragedia

(Algo así dijo Carlos Marx y tenía razón)

Preparando una clase para un doctorado, acudí al capítulo de mi autoría publicado en un libro sobre Derecho Político, editado en Mar del Plata por la Editorial Suarez por iniciativa de la Facultad de Derecho de dicha ciudad en el año 2000. El tema era el “Estado de bienestar”, su surgimiento, implementación y su crisis. Al desarrollar la crisis obviamente se relacionó con la subsiguiente implementación del modelo neoliberal en crecimiento desde los años 70. El capítulo se refiere a la temática en el ámbito mundial pero luego particulariza en la región Latinoamericana y Caribeña, más precisamente en el Cono Sur. La descripción somera de este último período, me sorprendió a mí misma que soy la autora porque realmente podría ser escrita, con las diferencias naturalmente epocales, en estos tiempos.

De ahí, el impulso de comentarlo.

Y aquí lo referenciado del libro publicado en el 2000.

“Las reformas de los ´60 y los ´70 en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, se caracterizaron por la concentración del poder …

Las respuestas económicas, tales como la desregulación o las privatizaciones, entre otras, generalmente fueron precedidas por mecanismos extra-económicos, violentos, como forma de asegurar la fluidez del ciclo de acumulación del capital. Tal el caso de la implantación de dictaduras militares sangrientas y genocidas en el Cono Sur. La estrategia era disciplinar al pueblo preventivamente para mejor instalar el nuevo modelo de acumulación.

En la puja entre capital y trabajo es el capital el que impuso sus reglas a través de los llamados ajustes estructurales. Reduciendo primero la calidad de las prestaciones sociales, imponiendo la tendencia a las privatizaciones, generando desocupación concomitante con mayor nivel de explotación de la fuerza de trabajo que aun trabaja, precarización.

Hasta el intento a veces con total éxito, del desmantelamiento de la seguridad social o su minimización, la adopción de políticas sociales focalizadas, no universales, el desentendimiento de políticas de salud y educacionales (sobre todo en los países subdesarrollados.”

Nuestro presente nos muestra un panorama subsiguiente al agotamiento y crisis del EBK, de “salida” hacia la derecha en lo político, de concentración del capital y globalización económica y financiera multinacional. De conducción de los grandes organismos financieros internacionales como el FMI, el Banco Mundial. De lesión a las autonomías políticas y económicas de los países subdesarrollados, con la connivencia de sus sectores dominantes.

El efecto: pobreza en aumento, marginación del propio proceso productivo capitalista, exclusión de la participación en la distribución del producto social, no interesan los consumidores en masa, no interesa la fuerza de trabajo, la concentración plantea las cuestiones en el orden mundial y no particular de regiones y países. La tensión entre capitalismo y democracia llega a su máxima expresión.”

Creo que huelgan las palabras, lo que hace falta es la reflexión y el debate que conduzcan a la acción. Preguntarnos ¿por qué más de la misma medicina?  Y aun más profunda la crisis y las políticas de ajuste estructural, del reino soberano del dios mercado, de la desocupación, la precarización, la miseria, la desigualdad. ¿Por qué? ¿Podríamos decir que hay despolitización? Sí, pero lo más grave es la falta de alternativas que se alcen contra esta brutal ofensiva del capital.

En diciembre se cumplen 25 años de la rebelión popular del 19 y 20 de 2001, que se vio frenada también por falta de una alternativa que condujera hacia el poder popular. Pasaron muchos años y diversas opciones de gobierno, y es la ultraderecha la que cosechó de los fracasos y de la ausencia nuevamente de alternativa política concomitante con una aguda crisis de representación política.

No caben tiempos de espera, es urgente, es imprescindible un cambio de raíz en lo político, lo económico, lo social, lo ambiental. Es urgente reconstruir el sentido común, mostrar que no es cuestión de nombres sino de cambios sistémicos, anticapitalistas. Sobre esa base debe construirse la alternativa. No sobre negociaciones espurias, ya conocidas, sino sobre la resistencia y la acción popular en las calles, en la lucha por no perder derechos conquistados con el sacrificio de les trabajadores, sino por conquistar nuevos derechos y un cambio estructural a favor de ellos, de los que generan el producto social.

Fuente: https://huelladelsur.ar/2026/09/11/otra-vez-sopa/


Compartí esta entrada!

Dejar una respuesta