El 6 de agosto una gran movilización popular bregó con las tormentas, el frío y la pretensión del gobierno y las fuerzas represivas de sembrar el terror. El resultado más tangible fue el hundimiento de parte del proyecto mal llamado “ley de inviolabilidad de la propiedad privada”. Esto se dio en medio de un cuadro de deterioro del consenso y la capacidad de respuesta del gobierno.
Las calles agitadas.
La muy numerosa movilización del jueves 6 fue reprimida por las fuerzas de “seguridad”, en un intento desde el gobierno en pos de impedir una gran concentración en el centro de Buenos Aires. Entre otras cosas, buscaron la demostración de que controlan las calles. Y procuran una reconexión con quienes todavía son receptivos del discurso de “ley” y “orden”.
El saldo más sombrío fue el de una fotoperiodista con una lesión en el cráneo y más de una veintena de detenidos. La fotógrafa sufrió la herida por un palazo desembozado de un agente policial. Las resonancias del ataque que dejó malherido a Pablo Grillo han estado más que justificadas. Una parte de los apresados fueron liberados, son varios los que aún permanecen arrestados.
Abundaron los señalamientos de que, a diferencia de otras veces, buena parte de les manifestantes resistieron a pie firme las acciones represivas y de intimidación. Permanecieron en la plaza Congreso y sus inmediaciones.
Predominaban las y los jóvenes. Los más aptos para yugarla contra las inclemencias del tiempo. No faltó la luminosa aparición de un método para la neutralización de las granadas lacrimógenas. Ver https://huelladelsur.ar/2026/08/08/organizarse-para-resistir-asi-funcionan-los-apaga-lacrimogenas-que-le-pusieron-el-pecho-a-la-represion-en-
La marcha del 7 de agosto que caminó desde Liniers hasta Plaza de Mayo tuvo una composición social y política en parte diferente a la del día anterior. Más presencia sindical. Y, por supuesto, el involucramiento protagónico de los movimientos sociales y otras agrupaciones que mantienen lazos prioritarios con la Iglesia. El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva hizo alusión clara a la acuciante realidad:
“San Cayetano, aquí tienes a tu pueblo, que no quiere resignarse a que el trabajo sea una mercancía y que haya que tener dos o más empleos para llegar a fin de mes, o caer en la trampa de los créditos que endeudan y asfixian a muchísimas familias”
Variados testimonios hicieron referencia a fuertes muestras de solidaridad con ambas marchas. De vecinas y vecinos que salieron a los balcones a dar su saludo a les manifestantes. De albañiles que vitorearon el paso de la multitud desde las obras en las que laboraban. De mozos que cerraron la puerta de los bares y así impidieron el paso de los represores que venían en persecución de partícipes en la movilización.
Quien escribe estas líneas tiene edad suficiente para acordarse de los últimos tiempos de la dictadura de 1976, cuando se prodigaban las movilizaciones de protesta. Y con ellas la implacable represión por parte de la dictadura más sangrienta de nuestra historia. Fue entonces que encargadas y encargados de edificios, así como comerciantes, abrían las puertas para refugio de les perseguidos,
Late en mi memoria una tarde en que una veintena de chicas y chicos que no pasábamos de los 25 años nos apretujamos en el interior de un pequeño almacén cuyo dueño o encargado nos abrió y de inmediato bajó la persiana. Hasta destapó unas aguas minerales para darnos gratis de beber. De haber sido unos años después hubiera relacionado su acento hispánico con haberlas pasado más duras en su país natal.
Cuando aparecen esas muestras espontáneas de identificación con el reclamo, esas ganas no sólo de ayuda sino de integrarse de algún modo a la protesta, suele coincidir con el comienzo del ocaso de un gobierno.
El paso del predominio del “¡que vayan a laburar!” al ¡Grande muchachos!” dirigido a los manifestantes nunca le sale gratis a quienes mandan o pretenden hacerlo. Son tiempos pésimos estos para el presidente Javier Milei.
Coinciden de manera desafortunada en estos días su arraigada admiración por Margaret Thatcher con un pueblo soliviantado. El que hace sólo unas semanas se tatuó el trapo de “Las Malvinas son argentinas” en el corazón.
Frente a la creciente demanda que viene desde abajo, el mandatario y sus ministros exhibieron lo peor de sí. No se hable de “indiferencia” o “insensibilidad”. Es otra cosa. Es identificación con las clases dominantes y con el poder imperial. Siempre y a cualquier costo. Una adhesión fervorosa e inamovible. Quieren la reestructuración regresiva de la sociedad argentina. O caer en el intento. Y, mientras se pueda, incrementan su patrimonio mientras lo hacen.
La palabra del enemigo.
Miembros del equipo de gobierno tronaron contra los insolentes que pretenden rebelarse. El presidente argumentó que “nadie les puso una pistola en la cabeza” para endeudarse. Lo hizo a modo de justificación de que el Estado no alzará un dedo por los millones de deudores morosos. Muchas y muchos de ellos atrapados en préstamos con tasas de interés a las que el mote de “usurarias” le queda chico.
Durante una entrevista en el programa de Eduardo Feinmann, el ministro de relaciones exteriores, Pablo Quirno, fue consultado sobre si un extranjero podría comprar un pueblo o incluso una provincia entera en Argentina.
Respondió: “Y sí, eso va a traer beneficios para Argentina”. En el mismo reportaje calificó de “anticuada” a la concepción de soberanía nacional. La misma que enarbolaron quienes se oponían a la vía libre para la extranjerización de las tierras.
El ministro de Economía, Luis Caputo dio cifras sobre caída de la producción industrial en los años de gobiernos kirchneristas dedicándolas a ”…todos los tarados que hablan de la industria”. Tomemos nota, la rama de la economía que proporciona empleo a millones de argentinas y argentinos es una “taradez”.
Ahora trascienden críticas en el interior del oficialismo que señalarían la intransigencia “excesiva” del ministro de “Desregulación y Transformación del Estado” que impulsó el proyecto a medias capotado.
Se objetan su nula percepción del riesgo político que conllevan sus propuestas de reforma; la falta de aptitud para adaptarse a la relación de fuerzas realmente existente, su encapsulamiento en convicciones doctrinarias en detrimento del examen de la cotidianeidad social.
Son consideraciones tardías e hipócritas de parte de la misma conjunción política que ha ido adelante con la mayoría de las iniciativas de Federico Sturzenegger, adalid ideológico y práctico del ultraliberalismo acérrimo.
Todas estas declaraciones se emparejan con verdaderos actos de barbarie del presidente. Tal como su furiosa ofensiva “antiLula”. No contento con las desdorosas imputaciones durante su viaje a Brasil las ratificó y reforzó en diversos medios, con sus insultos por “ladrón” y por “zurdo”.
El gobierno del socio mayor del Mercosur respondió convirtiendo el retiro del embajador brasileño en Buenos Aires en una bajada de la delegación diplomática al nivel de “encargado de negocios”.
Resulta muy perjudicial la degradación de los vínculos con la principal contraparte comercial de nuestro país. Muchos miles de puestos de trabajo en riesgo, más zozobra para la industria y el empleo en la golpeada sociedad argentina. La espalda hacia Nuestra América, la rendida pleitesía ante el imperio.
Sondeos de opinión y respuestas “desde arriba”.
Las encuestas exhiben un deterioro agudo de popularidad de la gestión “libertariana”. Baja la imagen positiva y la intención de voto. También se manifiesta algo más profundo y duradero: El descenso del estado de ánimo colectivo, la irritación, y la caída de expectativas hacia el futuro cercano.
El último estudio elaborado por Hugo Haime, con base en la percepción del estado de ánimo de la población, muestra que el 42% de los encuestados dice sentirse triste y desanimado. Asimismo, un 34% de la muestra confiesa tener bronca. Solo el 20% de los participantes del sondeo se encuentra contento y esperanzado.
Dentro de este clima, sobresale la disconformidad frente al menguante poder adquisitivo del salario. El estado de ánimo negativo y la preocupación por el sueldo que no alcanza se complementan con la convicción mayoritaria acerca de la necesidad de un cambio. El 65% de los entrevistados coincide en que lo mejor para el país es un cambio total o parcial del modelo económico.
La agencia CB Global Data comparó la imagen de Milei y la del gobernador bonaerense Axel Kicillof en 24 municipios del conurbano bonaerense. El mandatario provincial aventaja al presidente en 21 de esos distritos.
La tendencia se acentúa en distritos con más pobreza. En Merlo, Florencio Varela y La Matanza la imagen negativa del mandatario supera el 70% y la positiva no llega al 25%. Las cifras menos desfavorables para La Libertad Avanza están en los distritos de mayor poder adquisitivo de la zona norte del conurbano. El antagonismo de clases está hoy puesto al derecho. Al menos dentro de aquello que Carlos Pagni llama “el nudo” de la sociedad y la política argentina.
Un estudio del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), que lidera el jesuita Rodrigo Zarazaga, proporciona indicaciones precisas en torno a les jóvenes de los mal llamados “barrios populares” del conurbano.
Allí, el peronismo tiene un 51% de intención de voto que, con la proyección de los indecisos, llega al 67%. Milei tiene un 20%, que podría alcanzar al 25% con los indecisos.
Los sondeos negativos no perturban, hasta ahora, al mandatario nacional. Ha manifestado que él sólo se ocupa de “la macro”. Dijo también que “El que te propone tocar la micro te está proponiendo hacer corrupción”.No le cabe a Milei el reproche por falta de claridad. Sí por lo menos un falseamiento a conciencia. El gobierno sí toca la microeconomía. El deterioro de los salarios es junto al tipo de cambio y el recorte de los gastos públicos una de las “anclas” para la contención de la inflación. Lleva tiempo en la búsqueda del “achatamiento” de las negociaciones paritarias para “planchar” los salarios.
El mismo aumento de precios que no combate, sino que incentiva, del lado de los servicios públicos. Las tarifas de electricidad, gas, agua y transporte público han subido muy por encima de la inflación desde diciembre de 2023. Mientras tanto, no aplica la nueva canasta del INDEC para que esos precios no tengan reflejo adecuado en las estadísticas.
La “solución final” y el modo de evitarla.
No sorprendió tanto que un abogado y comunicador pronunciara, en el streaming oficialista “Carajo” palabras de una brutalidad equiparables a las del nazismo o a algún comandante de “boinas verdes” en la guerra de Vietnam. Se trata de Alejandro Sarubbi Benítez, abogado, influencer en las redes y conductor de un programa de “análisis político” llamado La Trinchera.
Dijo que el conurbano bonaerense “no tiene salvación”. Propuso que se eleve un muro que impida el paso hacia la ciudad de Buenos Aires, custodiado por francotiradores. También que se arroje napalm sobre los barrios o se esterilice a las mujeres. Agregó una “solución” más, de apariencia menos cruenta, pero elevado peso simbólico: Que se expulse a la provincia de Buenos Aires del Estado argentino.
Se objetará que es la palabra de un personaje de tercera o cuarta fila. No deja de ser sin embargo sintomático que en un espacio comunicacional privilegiado por el gobierno se digan esas enormidades sin que el “periodista” sufra ninguna consecuencia.
Es comprensible. Las derechas argentinas (no sólo las de “mileísmo explícito”, ver declaraciones del jefe de gobierno de CABA) odian al Gran Buenos Aires. Se sienten abanderados de la lucha de la “civilización” contra la “barbarie” conurbana.
Quisieran ver a sus habitantes fuera del mapa. Sea por medio de manipulaciones institucionales o por asesinato liso y llano. Los odian con toda la fuerza de la que son capaces. Son “negros”, son peronistas, podrían ser “zurdos”.
Éste es un gobierno que está en guerra permanente contra la mayoría del pueblo. No le faltan voceros como Sarubbi, que pregonan en voz alta que el conflicto es “a muerte”. Y que si de ellos dependiera viraría más temprano que tarde a guerra de exterminio.
Los comentarios sobran. Sólo cabría uno ahora: Que se tome nota de este lado de la vereda. Y se actúe en consecuencia. El punto de partida es sacudirse los slogans dulzones que durante un tiempo sirvieron de anestésico a la movilización popular. Se trata de sostenimiento de la convicción de que al odio de arriba no lo vence el amor desde abajo sino un odio bien orientado, organizado y con sustento de masas.
El último 24 de marzo, la cuarta marcha universitaria. el multitudinaria “Ni una menos” de este junio, el dolor del velatorio del Indio Solari, en el que el dolor se misturó con el sentimiento de comunidad, el trapo de Malvinas. Todos son síntomas de una potencia profunda que renace. Un hálito popular que pasa de la tristeza a la rabia desatada. Al que, es la apuesta, le aguarda el transcurso hacia la fuerza popular unida y organizada, con objetivos claros.
Esto puede darse o no. El porvenir se trasluce ominoso si tal cosa no ocurre. Es imperiosa la búsqueda colectiva de una salida. Un capítulo inmediato en esa dirección puede ser el combate exitoso para que caiga la infame pretensión de desalojo de inquilinas, inquilinos y ocupantes en cuestión de días. Incluso si hay involucrados niñeces y/o discapacitados.
Al menos hoy ya está claro que la grasa de LOS capitales no se banca más.
Nota: (seguro que innecesaria para una mayoría de los lectores argentinas y argentinos) La frase original es “la grasa de las capitales no se banca más”. El autor, Charly García, publicó la canción en 1979, como parte de un “larga duración” memorable.
La “grasa” enemiga era similar a la de hoy. Si bien encarnada entonces en una dictadura sangrienta y sus múltiples cómplices. Hoy como entonces, no se trata de las grandes ciudades, sino del poder y el ánimo criminal de “los dueños del país”.
Fuente: https://huelladelsur.ar/2026/08/09/tardes-frias-de-agosto-que-toman-calor/