Una semana de multitudes: Las mujeres y la misa ricotera. Por Daniel Campione

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Estos últimos días hubo dos hechos de masas de rango sobresaliente. El “NI Una menos”, el miércoles 3 de junio, se expresó en una manifestación aluvional, en diversas partes del país, bajo el impacto de un atroz femicidio en Córdoba. En el fin de semana transcurrió el velatorio de Carlos Alberto “El Indio” Solari. Un ritual compartido por millones en un arco intergeneracional y con claro predominio de las clases populares, que excede la música y se expande con fuerza hacia el cuestionamiento social y político.

El “Ni una menos” con potencia renovada.

El centro de la ciudad de Buenos Aires se sacudió bajo los cuerpos entusiastas de muchos millares de mujeres que tomaron con fuerza la 11ª marcha. En circunstancias atravesadas por la indignación ante el femicidio en Córdoba de Agostina  Vega, joven de 14 años. 

El enojo se incrementó por la estulticia de autoridades judiciales y gubernamentales de la provincia, más preocupadas por eximir al elenco de gobierno local que por el esclarecimiento del hecho y el castigo de los culpables.

El miércoles se exigió la renuncia del ministro de Seguridad provincial, Juan Pablo Quinteros.  Y la destitución de los fiscales que intervinieron en la investigación. Lo que incluye al que felicitó al perro policial por el hallazgo del cuerpo de la niña. Tales demandas concuerdan en el entendimiento de que no se trata de falencias personales sino de actitudes muy extendidas en el poder judicial.

No faltó algún ejemplo público de la discriminación y el prejuicio sexista en puro estado de brutalidad. Un “hombre de cine” “libertario” hizo apreciaciones desdorosas sobre el cuerpo y las actitudes de Agostina. Se llevó los merecidos repudios. Igual no cabe la minimización del hecho: Sin duda expresa las opiniones y sentimientos de muchos “antifeministas” afines al gobierno actual. Quienes en realidad son redomados misóginos.

Dos femicidios más conmovieron al país en esos días: Dulce Candia, de 17 años, encontrada muerta en Misiones (norte del país) tras haber estado desaparecida durante semanas. Y Noelia Romero, de 30 años, asesinada en Temperley (Gran Buenos Aires) por su pareja.

Toda ira justificada es poca bajo un gobierno que niega la violencia patriarcal. Que asimismo aspira a la supresión de la figura del femicidio en el Código Penal. Como sostuviera en su momento la ex ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.

Su sucesora, Alejandra Monteoliva, se negó a darle su nombre al tipo penal. Prefirió referirse a “homicidio”, a secas.

En el mismo campo de la agresión institucional contra las mujeres se encuentran los repetidos dichos del presidente en cuanto a la asimilación del aborto con un “asesinato”.

Si se amplía un poco el campo, se llega a la destrucción premeditada y pertinaz de todas las políticas con perspectiva de género en ámbito  del Estado nacional. Lo que abarcó la desactivación de mecanismos de prevención de este tipo de crímenes y el apoyo a las víctimas de violencia de género. Todo mientras la educación sexual integral (ESI) sufre un cambio regresivo en sus contenidos.

Hay pruebas sobradas de que el combate contra el feminismo es un capítulo central de la “batalla cultural” que libra el gobierno de LLA. Lo hace contra todo lo que esté a la izquierda de la reacción más recalcitrante. La marcha del miércoles pasado constituye un vigoroso cachetazo contra la pretensión de reconducir al género femenino a un modelo de vida que lo retrotrae a la primera mitad del siglo pasado.

Ellos sostienen el ideal de las tradwiver (esposas tradicionales). El nombre que asigna la reacción ultraconservadora a mujeres que hagan dimisión voluntaria de su participación en el trabajo remunerado, la política, la crítica social, la creación artística.

Que renuncien a su libertad sexual. Y vuelvan a prosternarse ante el “casamiento para toda la vida”, la heterosexualidad inconmovible y el cuidado de la prole. Si numerosa, mejor.

En las actuales circunstancias la marea de mujeres se politiza más que nunca. Ninguna puede ser neutral ante la contraofensiva machista. Así lo entendieron durante la manifestación con sostenidos cánticos. Les sumaron elocuentes carteles artesanales que fustigaban al presidente Javier Milei. Y a toda la acción y el pensamiento “libertario” en general.

Por añadidura, avanza la comprensión de que contraponerse al gobierno de Milei y todo lo que significa no es algo factible de hacerse sólo por vía de la agenda feminista.  En la proclama que se leyó se escribe: “Nos movilizamos para gritar basta a este modelo de hambre y saqueo que precariza y criminaliza la vida”.

Se trata de la verdadera defensa de la vida, en todas sus dimensiones. No la de la hipocresía controladora y disciplinante que la invoca para que retorne el sometimiento y el miedo.

Los avances no se consolidan en medio de la miseria. Y está cada vez más claro que no habrá emancipación femenina plena en medio de la explotación de mujeres y varones que trabajan por un salario. O que ni siquiera reciben uno a cambio de su labor.

Foto: Letra P.

Pocas veces tanto pueblo en la calle.

El velatorio colectivo de Carlos “el Indio” Solari constituyó una de esas convocatorias cuya gigantesca masividad y las pródigas emociones y rebeldías que despliegan las torna excepcionales. Pueden mencionarse apenas unas pocas a lo largo de un siglo de historia.  De la muerte de Hipólito Yrigoyen a la de Diego Armando Maradona. Pasando por las de Carlos Gardel y Evita.

Más de un millón de personas. Algún comentarista, en parafraseo de Raúl Scalabrini Ortiz, asimiló a la enorme manifestación con una rebelión del “subsuelo de la patria”.

Más allá de las comparaciones, el componente de rebeldía estaba presente. Se cantó contra los personajes “libertarios”, muchas veces y a toda voz. La separación del arte con la política se volvía allí un prejuicio inoportuno del que nadie parecía adolecer.

También se escuchó el “Cristina libre”. Lacónica impugnación tanto de los mamarrachos judiciales en curso como de la pasividad al respecto de mucho “peronista crítico”. Los que no encuentran otra forma de “superar el kirchnerismo” que el arrime al calor de quienes descalabran a conciencia a la sociedad argentina mientras declaran “aberrante” a la sola noción de justicia social que debería identicar a quienes se consideran parte del peronismo.

La manifestación fue por completo intergeneracional. Desde abuelos a nietos, todos y todas conocedores de la banda y su cantante. Devotos de las “misas ricoteras”, señero ritual laico. Compartían el canto y el relato emocionado de cuando vieron al Indio en Tandil, Córdoba, Florencio Varela, La Plata, Olavarría…

A juicio de este cronista la manifestación no fue tan “interclasista” como no pocos sostuvieron. Bastaba mirar a la multitud, sus carteles, sus modos de decir. Berazategui era allí un lugar de procedencia mucho más probable que Recoleta, para dar un ejemplo.

La muerte del Indio Solari tuvo la reticencia o el mutismo como respuesta prevaleciente de la administración nacional.  A poco andar se conoció el rechazo del presidente de la cámara de diputados Martín Menem a que se lo velara en dependencias del Congreso Nacional. Ya algo tarde se desplegó el empeño de altos funcionarios por contactarse con la familia y ofrecerles Tecnópolis como lugar apropiado. No tuvieron eco.

Sin duda sin quererlo, M.M  y quienes promovieron la negativa inicial han favorecido una mejor expresión de la congoja popular. Y de la fuerza de la admiración por el músico fallecido.

Un espacio público barrial es un lugar muy preferible para el homenaje a una figura como él que la sede del desacreditado poder legislativo. En la que se han votado tantas leyes sin duda aborrecidas por el líder de Los Redondos sin duda aborreció.

Su ubicación en el conurbano también se llena de significado. Tanto el gobierno nacional como el de la ciudad coinciden en la contraposición entre la “civilización” de la capital del país frente a la “barbarie” del Gran Buenos Aires. Una dicotomía tan antigua como la pretensión de semejarse a EE.UU y Europa a como dé lugar. Quienes la profesan no pueden estar sino en contra de Solari y todo lo que significa.

Debe recordarse el lamento extendido en la derecha acerca de que el “populismo” se imponía en las elecciones nacionales gracias a su amplio respaldo en los distritos más populares del GBA.

Los grandes centros urbanos y el agro “sojero” y moderno se veían “sitiados” por la masa proveniente de barrios surcados por la pobreza, el atraso política y la violencia. Aquellos que como decía una canción de décadas pasadas “si viviera votarían por Perón”. Una pesadilla del “gorilismo” que lleva ocho décadas de vigencia.

La radicación final del tributo colectivo tuvo efecto sobre todo porque el disputado liderazgo peronista mostró esta vez los reflejos ajustados. Y en un tiempo corto. Máximo Kirchner, amigo del músico y de su familia, se movió para conseguir un lugar. Apareció Avellaneda como un sitio viable. Por varias razones, entre ellas el fácil acceso y la existencia de espacios amplios en territorio propio o amigo. Por añadidura la administración del distrito tiene fama de buena gestión. No era un dato secundario la presencia de buenos organizadores en el multitudinario encuentro.

Kirchner habló con el gobernador Axel Kicillof. Por lo menos tres veces, según atestiguaron varios enterados. Éste adhirió y tuvo palabras emocionadas sobre el gran artista que acababa de dejarnos. Así es que el ritual popular quedó lejos del control presidencial.  

Y del jefe de gobierno de la ciudad. Quien no se había privado de poner su aporte en la disputa por la palma del más derechista de todos. Por eso amagó la represión sobre quienes se congregaron en Plaza de Mayo y el Obelisco. Con la fútil excusa de la no permisión de la venta  no autorizada.

Esta vez la dirigencia del PJ bonaerense se anotó un punto a favor. Reforzado luego por el desarrollo ordenado y sin incidentes de la inmensa procesión de homenaje. Dicho esto desde el reconocimiento de que en este campo los protagonistas fueron los asistentes, acostumbrados a manejarse con autonomía, sin dependencia de los “guardianes del orden”.

A Avellaneda fueron centenares de miles que hicieron horas de fila bajo un clima poco hospitalario. Los comentarios en ese recorrido se referían al Indio y a los Redondos como generadores o movilizadores no sólo de placer estético y sentimientos. Se agregaba la afirmación de que había cambiado vidas. Y conferido sentido a existencias desacomodadas por la degradación del sistema económico, social y político.

Estaba presente la trayectoria política personal del Indio. Quien siempre apareció enfrentado al orden dominante. Se declaró partidario de una música “de combate” y no de entretenimiento. Sus seguidores conocen esas posiciones.

En los últimos años dio su respaldo a Cristina Fernández de Kirchner. Lo hizo en público, con claridad y en reiteradas ocasiones. Se pronunció en contra de su prisión amañada. Incluso se definía como “un artista peronista”. Y gustaba referirse a la inclinación por el peronismo de su familia de origen.

 Nada de eso lo tornó en una expresión de “la grieta”. O tal vez sí, en tanto que nos acercó a la única “grieta” válida. La que pone de un lado a una ínfima minoría de explotadores y muy ricos,  y los serviles que le hacen coro.  Y enfrente, a la muy amplia proporción de la sociedad que comparte el descontento, el rechazo a lo establecido, la protesta dura que no renuncia a la esperanza. Los entusiastas de su música también conocen y en gran parte adhieren a esa mirada. También por eso en el campo de la izquierda abundan quienes comparten el estado de enamoramiento permanente con el líder de los redonditos.

Ya era leyenda.

Se recordó mucho en estas horas a las grandes canciones suyas, por supuesto. También a su prosa, punzante en la crítica, reflexiva acerca de problemas complejos. Incluso dotada de una elegancia a la que muchas y muchos de los que nos dedicamos a la escritura podemos leer con sana envidia.

Además se evocó su magnetismo en el escenario, su capacidad de baile y canto a coro. Junto a masas imponentes de convencidas y convencidos de que en ese preciso momento vivían una experiencia colectiva de trazos imborrables, algo que marcaría su memoria y su vida toda.

También se aludió a su peculiar semblante y apostura física. Los que posibilitaron que nunca se lo haya percibido muy joven. Y nadie llegara a contemplarlo como viejo décadas más tarde. En algún sentido “fuera del tiempo”.

No al modo de quien se queda rezagado o no comprende los cambios. Sino del que marcha por delante de su transcurso rutinario a fuerza de coherencia. Y sin dejarse llevar por modas efímeras o urgencias ociosas.

Fue enemigo de los grandes sellos discográficos. De los programas “estrella” de la televisión. En la década de 1990, la de la masificación definitiva de su arte, fue un contraejemplo vívido de los devotos de las Ferrari, las mansiones rimbombantes y los relojes de marca.

Fervoroso crítico del actual gobierno argentino, qué duda podía caber. Con absoluta pertinencia se viralizó al máximo en estas horas una carta suya de fines de 2024 que contiene algunas líneas de filosa actualidad. Hay quienes discuten que tal texto haya sido escrito por el Indio. Más allá de la polémica se corresponde con su pensamiento y hasta con su modalidad literaria. Cabe reproducirlas una vez más, por si queda quien no las haya leído o escuchado:

Hay un ruido de platos vacíos en la Argentina.

Un sonido áspero.

Como ascensores cayendo dentro de hospitales apagados.

Como tizas partidas sobre pizarrones gastados en escuelas que ya no llegan a fin de mes.

Y mientras desde arriba venden épica financiera con sonrisa televisiva, abajo la realidad mastica gente.

Los jubilados cuentan monedas como si fueran balas sobrevivientes de una guerra perdida.

Les licuaron la vida despacito.

Primero los remedios.

Después la comida.

Después la dignidad de tener que elegir entre calefacción o un paquete de arroz.

Y todavía aparecen predicadores del ajuste diciendo que el sufrimiento “era necesario”.

Como si el hambre fuese una materia universitaria.

Como si ver ancianos revolviendo descuentos fuera parte del equilibrio fiscal.

No es necesaria la mención de la hondura y actualidad de estas frases. Son la más cabal impugnación de los cruzados del “sacrificio” para millones. Y las ganancias desorbitadas para unos pocos.

Todo lo que el autor de “Un poco de amor francés” significaba queda hoy impregnado en los millones de almas que lo quisieron y lo acompañaron. Y seguirán haciéndolo, con amor y entusiasmo acrecentados por el paso del tiempo.

Las trivialidades del poder y las voces del sentimiento colectivo.

La magnitud de los acontecimientos de la semana redujo casi a nimiedades las incidencias de la política cotidiana.

Como la patinada del oficialismo en el Senado, mientras cargaba con la anomalía de que la jefa de su bancada esté en contra de los deseos del elenco de gobierno. Ganó lejos la postulación a jueza de la aspirante cuya exclusión se pretende por el parentesco con un periodista que ha denunciado al gobierno.

Tampoco despertó preocupaciones ni pasiones la tan estirada presentación de la declaración jurada del jefe de gabinete.

El gobierno siguió con la celebración de las “señales positivas” de la economía. Y con la exposición de distopías como las sociedades conformadas no por personas sino por algoritmos y robots. Ya no es disimulable que el paraíso para quienes cuentan con capitales por arriba de los mil millones de dólares equivale al infierno para quienes viven de salarios, jubilaciones o empleos precarios.

A estos últimos no les llegan las inquietudes por los pliegos judiciales o los proyectos de ley que suenan lejanos, aun cuando no lo sean tanto. Sí los apuros por una situación que ya no se aguanta.

Nos permitimos terminar por ahora con una frase pronunciada en las últimas horas por Myriam Bregman, cuya autoría no se atribuyó, con el ingenio y la claridad a la que ya nos tiene habituados:

“Juntamos a la fuerza que demostraron los ricoteros y las mujeres el 3 de junio y recuperamos las Malvinas.”

Eso durante el mismo discurso en el que evocó las banderas rojas y negras de “Juguetes perdidos”.

Imagen de portada: Ejes de Comunicación.

Fuente: https://huelladelsur.ar/2026/06/09/una-semana-de-multitudes-las-mujeres-y-la-misa-ricotera/


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