1-Avances revolucionarios y contragolpes del capital
Los procesos transformadores no son lineales, durante ellos se producen avances revolucionarios, pero también contraofensivas del capital. Saltos hacia adelante y pasos hacia atrás. Venezuela no es una excepción. El proceso bolivariano tuvo su nacimiento en una gran explosión popular que fue el caracazo en 1989 y una posterior rebelión militar en 1992, encabezada por Chávez. Estas dos primeras irrupciones populares fueron derrotadas, pero en 1999, el chavismo llegó al gobierno por la vía electoral. Chávez intentó llevar adelante la entrega de la tierra al pueblo y recuperar el control del petróleo, pero sufrió dos feroces contraofensivas, el golpe militar del 11 de abril de 2002 y el paro petrolero de 2003-2004. El pueblo y el gobierno chavista derrotaron esos contragolpes, y tomar el control de PDVSA, el motor económico nacional, fue casi tan importante como ganar el poder político. A partir de ese momento Chávez pudo poner en marcha su programa político y en 2007 anunció que el objetivo de Venezuela era avanzar hacia la construcción del socialismo del siglo XXI.
2-El socialismo de Chávez
Quisiera hacer un paréntesis para hablar de quién era Chávez porque me parece que, en torno a su personalidad y pensamiento político se ha generado en la Argentina, uno de los grandes malentendidos, que impide la comprensión de la revolución bolivariana, en su total dimensión. Y este malentendido empieza cuando se caracteriza que Chávez llega al gobierno como un militar nacionalista que después va a radicalizarse, o que va a incorporar a su lenguaje alguna terminología marxista para tratar de seducir a la población y una parte de la izquierda. Empezando en este punto voy a tratar de hacer referencia a datos probados y documentados.
En 1987, 13 años antes que llegara al gobierno, Chávez era parte del comité central del PRV, una escisión del Partido Comunista Venezolano que, impactado por el proceso cubano, plantea empezar a preparar una insurrección armada cívico militar para instaurar el socialismo en Venezuela. Su principal dirigente, Douglas Bravo, era uno de los hombres de confianza del Che en Venezuela. Chávez mantenía además relación con el líder de Causa R, Alfredo Maneiro, que también se planteaba llegar al poder, pero en este caso con una insurrección de la clase obrera y el pueblo con apoyo militar. Las células militares que estaba armando Chávez, que crecieron explosivamente después del Caracazo, eran la “pata militar”, del proyecto de estas dos organizaciones revolucionarias. Cuando se produjo, la rebelión militar de 1992, hay desavenencias y desencuentros con estas y otras organizaciones, por eso este levantamiento fue casi exclusivamente militar.
Entonces, para empezar, digamos que Chávez para 1992, era un militar con formación de izquierda, que había leído a Mariátegui, a Lenin, y conocía los aportes de la teología de la liberación. En la cárcel de Yare, va a conectarse con István Mészáros a través de Jorge Giordani, que había conocido al marxista húngaro en Inglaterra, años antes de la publicación de “Más allá del capital”. La influencia de Mészáros es muy importante y va creciendo en toda la vida de Chávez, que compartía con este intelectual la preocupación por el fracaso de las experiencias socialistas en el siglo XX. Mészáros coincidía con Lenin en la importancia que asignaba al Estado en la dominación capitalista, pero insistía también en el papel que jugaban el Capital y el trabajo asalariado. Como estos tres pilares de la dominación están entrelazados, no alcanza con demoler el Estado si deja intacta la subordinación del trabajo asalariado al Capital. Sostenía que la dependencia del trabajo del Capital es la base del estado burgués. Por lo que había que promover “una radical restructuración de los procesos de reproducción social”. En esa restructuración, el marxista húngaro imaginaba un largo proceso donde el trabajo impusiera su protagonismo, sustituyendo la organización jerárquica del capital por una organización del trabajo consciente y libremente determinada por los trabajadores. Aseguraba que solo habría revolución “si los trabajadores se apropian gradualmente de todas las funciones del metabolismo social y pasan a ejercerla de manera efectiva”. Es por eso que Chávez dice que “la medida del progreso socialista era la existencia de una democracia sustantiva en todos los niveles de la sociedad”. La expresión “socialismo del siglo XXI”, ha sido menospreciada por buena parte de nuestra izquierda. Pero lo que postulaba Chávez, con una fuerte inspiración de Mészáros, no se limitaba a un socialismo en que una vanguardia revolucionaria ocupara el Estado para ofrecer un programa más favorable a los trabajadores, sino un socialismo que sumara y pusiera especial atención en la gradual liberación del trabajo asalariado, promoviendo la actividad autónoma, la autorganización y la conciencia socialista de los trabajadores.
Chavez piensa que hay que gestionar el viejo Estado, mientras lo va demoliendo desde adentro, y también que no hay que romper formalmente la relación con las burguesías locales, que pueden aportar al desarrollo industrial y agrícola del país y liberarlo de las importaciones. En consecuencia una parte de los ingresos del petróleo se destinan a créditos para la industria, muchos de los cuales son malversados por los empresarios que los vuelcan a la especulación financiera, o hasta incluso crean empresas fantasmas, para captar ese dinero.
Frente al mismo desafío de aportar al desarrollo endógeno, el pensamiento de Mészáros, fue traducido por Giordani en algunas iniciativas como la expropiación y nacionalización de las empresas básicas (acero, telefonía, cemento) y promueve la Misión “Vuelvan Caras”, que se inicia en 2004, aportando el financiamiento de pequeños emprendimientos familiares o artesanales para que se transformaran en pequeñas empresas cooperativas industriales, agrícolas, de turismo, infraestructura y servicios o de transporte.. Y la figura que encuentran como más viable para avanzar en la transición son las cooperativas, retomando algunas experiencias exitosas en Yugoeslavia. Años después Chávez, advierte que lo de las cooperativas no es la figura adecuada y apela a la comuna, que es una idea que toma de la revolución china.
3-Las alertas de 2012, y el cambio de rumbo en 2016
La concepción de transición al socialismo está presente también en el Plan de la Patria anunciado por Chávez en 2012, donde se afirmaba que todavía la economía capitalista seguía siendo dominante, pero que había que acelerar con la transición al socialismo, hasta que se hiciera irreversible. Chávez antes de su muerte ponía todas sus esperanzas para avanzar en esa dirección, apostando al desarrollo del poder comunal. Lo dijo con mucha claridad en la exposición ante el Consejo de Ministros, conocida como El Golpe de Timón, pocos días antes de su fallecimiento. Tratando de aportar un dato que permita conocer el contexto en que se hace esta afirmación, quisiera apuntar que en aquel momento el PBI de Venezuela era muy importante (de 370.000 millones de dólares) y también era muy importante la producción petrolera que alcanzó a 3 millones de barriles diarios.
En ese mismo año, se produjo un hecho puntual, crucial en el proceso bolivariano, que fue la aprobación en 2012 de la Ley Orgánica de Trabajo de Trabajadores y Trabajadores (LOTT), con la inspiración de Jesús Martínez, un cuadro muy importante de la Liga Socialista. La LOTT es de lejos la ley sindical más avanzada del mundo. La aprobación de la LOTT, fue una nueva vuelta de tuerca que afianzaba el avance revolucionario. Como sucede siempre a cada avance revolucionario, se lo trata de neutralizar con una respuesta contrarrevolucionaria.
Tanto la LOTT, como el Plan de la Patria que presentó Chávez como programa electoral, disgustaron mucho a las patronales, que empezaron a promover el desabastecimiento y fugar capitales. Una expresión de aquellos tiempos fue la respuesta de un humilde vecino de Caracas que me comentó: “Antes había de todo, pero no teníamos reales para comprar, ahora tenemos reales, pero no se consiguen las mercaderías”. Se empezaron a fugar no solo capitales locales, estadounidenses y europeos sino se también se trabaron las inversiones rusas y chinas. Y esas desinversiones empezaron a mostrar sus efectos en la población, que empezó a molestarse por la desaparición de alimentos y artículos de primera necesidad, como productos de higiene, repuestos, etc.
En ese escenario se enfrentó la elección presidencial y puede decirse que Chávez, que ya tenía problemas graves de salud, se inmoló en esa campaña electoral de 2012 para que no se perdiera el gobierno. El triunfo del chavismo en las presidenciales, que daban al gobierno otros seis años para desarrollar su programa de transición al socialismo, convirtió a la fuga de capitales en un hecho masivo. Después del fallecimiento de Chávez, Maduro ganó por estrecho margen las elecciones de 2013, y trató de seguir impulsando el movimiento comunal, que con la gestión de Iturriza en el Ministerio de Comunas vivió una primavera.
Maduro no la tuvo fácil en los primeros años. La escasez de mercaderías desató un proceso inflacionario que el gobierno trato de controlar apelando al ancla cambiaria, y garantizando los precios bajos por vía de la importación. Se promovieron la creación de grandes almacenes estatales como el Mercal y el PDVAL, y los supermercados Bicentenarios, manejados por los militares donde se generaron nichos de corrupción. Con un dólar barato y el blue en ascenso, se expresó a pleno el parasitismo de la sociedad venezolana. La burguesía empezó a comprar dólares a precio oficial para cambiarlos en el blue y miles de venezolanos salieron de vacaciones al exterior, que le salían gratis porque después cambiaban lo que le quedaban de dólares baratos en el mercado paralelo. Pero sucedió además que la fuga de capitales y el desabastecimiento se combinaron con una abrupta baja del precio del petróleo que de un promedio de 80 dólares el barril, descendió a 40 dólares, con caídas que llegaron a 20 dólares. Como consecuencia de estos factores ya en el último trimestre de 2015, se registraba un importante descenso del PBI que se había reducido a su tercera parte, pasó de 370 mil millones a 125 mil millones de dólares. Con la caída del ingreso de divisas, se frustraba el atajo de la importación.
En ese contexto empezaron a surgir voces en el seno del chavismo más conservador que recelaban del camino comunal. Estas críticas surgieron desde algunos gobernadores y en el propio gabinete de Maduro, por la queja de algunas ministros y ministras porque los dineros invertidos en la construcción de la economía comunal terminaban dilapidados. Estos debates llegaron al seno del PSUV, donde las quejas por los avances de las comunas sobre alcaldías y gobernaciones se hicieron sentir. En el III Congreso del PSUV de 2014, se exigió más control político sobre las comunas, alegando que en esos espacios autónomos podían crecer posiciones opositoras.
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Después de las elecciones de diciembre de 2015, donde la derecha ganó por 10 puntos y recuperó la Asamblea Nacional, se fortaleció la idea que algunos economistas, que venían propugnando que era necesario y urgente sincerar el valor de la divisa y hacer una alianza con la burguesía local para detener la huida de capitales. La discusión sobre qué hacer con el Grupo Polar que monopolizaba buena parte de la producción y distribución de alimentos tuvo un carácter simbólico. Se pasó de la idea de expropiarlo a hacer una alianza con el grupo Mendoza, dueño de esta empresa. En algún momento, su presidente, Lorenzo Mendoza, había sonado como posible candidato de la derecha.
El presidente Maduro tuvo vacilaciones con respecto a la necesidad de promover ese cambio de rumbo. El 6 de enero de 2016, nombro Ministro de Economía a Luis Salas, que proponía fortalecer los controles para combatir la guerra económica que se expresaba en el crecimiento desmesurado del dólar blue, y de los precios, y también demorar los pagos a los acreedores internacionales, aprovechando ese dinero para fortalecer la producción local. Duró 45 días en el cargo. Fue reemplazado por el empresario Miguel Pérez Abad, con fuertes vínculos con la burguesía local.
Tomar decisiones en un escenario así, planteaba abordar problemas complejos. Suponer que la cuestión es sencilla y que todo se resuelve movilizando y radicalizando posiciones, es propia de quienes nunca protagonizaron un proceso revolucionario, ni gestionaron un gobierno asediado, donde no solo hay que defenderse de agresiones y sanciones extranjeras, sino que hay que garantizar la comida y los servicios básicos que necesita la población. Fue un debate que transitaron otros procesos transformadores con el agravante que, a diferencia de la revolución rusa, china, vietnamita o cubana, Venezuela importaba el 90% de sus alimentos y en un proceso de 90 años había ido perdiendo su cultura campesina. Las propuestas de que los trabajadores tomaran en sus manos la conducción de la economía no podían obviar que en ese país los trabajadores industriales (empresas básicas de alta tecnología) y petroleros no superaban los 200.000.
Como consecuencia del modelo rentista instaurado hace un siglo, en Venezuela la palabra” trabajo” estaba más asociada a comprar y vender, o a cobrar alguna comisión por una transación, que a fabricar o construir. En un país configurado a partir de ese modelo, con fuerte incidencia de una cultura parasitaria, la gran mayoría de los trabajadores eran urbanos y se dedicaban al cuentapropismo (venta de servicios y buhonería). Tenían mucha disposición para trabajar en servicios, pero muy poca experiencia productiva. El libro Venezuela Violenta, de Orlando Araujo, previo al ascenso del chavismo aporta datos muy interesantes sobre la composición del proletariado en distintas épocas, y permite la comprensión de esta cultura que atravesaba transversalmente a toda la sociedad.
La idea de promover la autogestión productiva en manos de los trabajadores, encontró límites en la cultura parasitaria del pueblo venezolano.
La fuerte inversión del gobierno en la Misión “Vuelvan Caras”, tuvo resultados decepcionantes en las experiencias urbanas. Más del 80 % de los emprendimientos productivos fracasaron. La experiencia también fue muy desalentadora en lo rural. Se expropiaron 4 millones de Ha, la mayoría abandonadas o sin títulos legítimos de propiedad, que fueron entregados a familias urbanas que mostraron disposición de volver al campo. El gobierno aportó semillas, fertilizantes y maquinarias y se registraron muy pocos avances. En algunos años, muchas familias abandonaron las tierras y regresaron a los grandes centros urbanos. Convertir a un trabajador urbano en un campesino, no es fácil, demora tiempo y conlleva muchos fracasos.
A estas malas experiencias se agregaba lo que sucedió con empresas nacionalizadas como Sidor. Esa acería, después de ser expropiada fue entregada a los trabajadores. La empresa quedó en manos de una burocracia sindical que se preocupó más por agrandar los plantillas, y subirse los salarios, que por garantizar una producción que al menos pagara los sueldos. Cuadros revolucionarios de la talla de Carlos Lanz fueron enviados a revertir la situación, pero no pudieron lograrlo. Los interventores militares, mucho menos. Procesos parecidos se dieron en Venelux, la gran empresa de aluminio situada en el Estado de Bolívar.
El proceso de transición al socialismo dando poder y recursos a los trabajadores, tuvo muchos fracasos, pero también hubo logros importantes.
Se extendió la organización de Consejos Comunales y se formaron numerosas Comunas que agrupaban a varios C.C. Hubo emprendimientos productivos que llegaron a consolidarse, experiencias en fábricas recuperadas que fueron exitosos y la clase obrera petrolera había sido decisiva para derrotar el paro de los gerentes de PDVSA. Quienes insistíamos en que, a pesar de esos fracasos, había que seguir apostando a la economía comunera y a los consejos de fábrica, también teníamos nuestros argumentos. Entendíamos que era un error apostar a la burguesía venezolana, porque recordábamos que ella se había caracterizado siempre por su carácter lúmpen, su dependencia del Estado y por su carácter golpista. Aún en tiempos de Cháves, con más mecanismos de control, se habían enriquecido y fugado sus ganancias del país.
Lo que es seguro es que, en 2016, cuando ya el PBI del país se había reducido a poco más de 100.000 millones de dólares, la economía comunera no garantizaba abastecer a la población y el gobierno de Maduro resolvió hacer un acuerdo con un sector de la burguesía local. (Las primeras reuniones se hicieron a finales de 2015). Se trataba de empresarios que, aun teniendo negocios en otros países, tenían sus mayores inversiones en Venezuela, y mostraba algún interés de permanecer en el país. El gobierno no le podía ofrecer dólares para producir, pero sí bajarle los impuestos, unos pocos créditos, no alentar la suba de salarios, tasas muy bajas de servicios públicos y que una parte de los ingresos de los trabajadores fueran aportados con los “bonos de guerra”. Algo parecido a lo que se hizo en la Argentina en tiempos de la pandemia, cuando el gobierno de Alberto Fernández pagaba a las empresas los ATP, para aportar a pagar una parte de los sueldos.
El hecho que las empresas privadas pagaran mejor que los empleos estatales, bajaron los reclamos sindicales y además se crearon zonas especiales donde no regia la LOTT. En la producción agraria se empezó a hacer la vista gorda a la Ley de Semillas, aprobada en 2013, también de avanzada en el mundo, y se privilegió apoyar con créditos a los grandes finqueros a expensas de los pequeños productores y comunas rurales. Esta situación se denunció en la gran marcha campesina que llegó a Caracas en 2018, después de recorrer 500 kilómetros a pie, y que fue recibida por Maduro. El funcionario denunciado por los campesinos fue el Ministro de Agricultura, Castro Soteldo.
Otra cuestión muy importante durante esos años fue tratar de sortear las sanciones para exportar e importar, apelando a los contrabandistas. Allí jugaron un papel muy importante un alto funcionario del gobierno, Tarek El Aisalmi y un empresario colombiano Alex Saab. Que estos dos personajes tengan apellidos árabes no es casualidad. En Venezuela hay una importante comunidad de ese origen que, desde hace décadas está muy inserta en operaciones comerciales y de contratistas. La actual pareja de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, es Nabil Abou Nassif, dueño de la cadena de supermercados Ok Mart, y pertenece a esa comunidad que siempre ha mantenido relaciones comerciales con los países árabes, Turquía e Irán. Las prácticas del contrabando tienen sus ventajas, porque permitieron vender o adquirir mercaderías en momentos de mucha presión sancionatoria. Gracias a Alex Saab (que fue detenido por Estados Unidos y posteriormente liberado) Venezuela pudo canjear buques de petróleo por alimentos con México y hacer otros negocios que permitieron el abastecimiento de las bolsas CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción), que cubrían necesidades urgentes de la población. Pero los números del contrabando son difusos, y el hecho que contrabandistas ganen influencias en gobiernos con muchas dificultades, tiene sus inconvenientes. Tarek El Aisalmi, hoy defenestrado, fue responsables de actos de corrupción y de mandar a la cárcel a quienes lo denunciaba. Es posible que sea responsable de hechos aún peores. Finalmente fue expulsado del gobierno con algunos jueces que actuaron en casos muy sensibles como la desaparición de Carlos Lanz. Estallado el escándalo de su destitución, la basura se barrió debajo de la alfombra.
Estas decisiones, se dieron en el marco del crecimiento del secretismo político y militar. Con un país asediado por Estados Unidos y con vecinos tan beligerantes como Iván Duque que presidia Colombia y Bolsonaro que gobernaba en Brasil, era lógico que se restringiera información pública y en particular, información militar. Este cono de silencio, que se correspondía con estrictas razones de seguridad, facilitó negocios ilícitos y contrabandos de frontera, no controlados por el gobierno, que respondían a intereses individuales o corporativos.
Me ha parecido necesario exponer todos los componentes que emergieron en esa transición de retroceso revolucionario, porque la mayoría de ellas se corresponden con un contexto en que producto de las sanciones y la caída del precio de petróleo. el PBI venezolano llegó a contraerse a casi el 10% del total (de 370.000 millones de dólares en 2012 a 42 millones de dólares en 2020), lo mismo que las exportaciones petroleras (de 3 millones de barriles diarios a 300.000).
En esas condiciones, el milagro, fue cómo el gobierno pudo mantener el poder político. Una de las razones fue que, estructuras creadas en momentos de avance revolucionario como los concejos comunales y las comunas, facilitaron la distribución de los pocos alimentos disponibles, con las bolsas CLAP, sin corrupción. A pesar de estas iniciativas tan valiosas, la población pagó un alto costo social, pero siguió sosteniendo al gobierno, canalizando toda su disconformidad hacia la abstención, pero no votando a la derecha. Las hambrunas, producto de que los procesos revolucionarios sufren feroces contragolpes burgueses globales no es ninguna novedad, sucedió con posterioridad a las revoluciones rusa y china. También en esos procesos se registraron castigos a las disidencias, aún en el seno de la izquierda, o de reclamos sindicales. Recordar la represión a los “eseristas” de izquierda en 1918, y la represión a los anarquistas en 1921, en Rusia; también la persecución a los “revisionistas” durante la Revolución Cultural y la posterior condena al grupo de “La banda de los 4” en China. Digo esto, no para justificar los desaciertos, sino para recordar a quienes plantean que los abusos y persecuciones realizadas por el gobierno chavista son la cuestión principal a abordar. Sucedieron en revoluciones que todos reivindicamos, con sus principales líderes vivos.
Según mi humilde opinión en Venezuela entre 2016 y 2025, el chavismo conservó el poder político realizando una transición a la inversa de la que propugnaba Chávez con el Plan de la Patria. Hubo una transición de dar pasos atrás, hacia el capitalismo, que en el plano del crecimiento económico tuvo algunos resultados positivos. En 2020, la economía llegó a un piso del PBI con 43.000 millones de dólares, y a partir del año siguiente empezó a recuperarse, con un crecimiento de 18 trimestres consecutivos. Mejoraron las condiciones para que los trabajadores empezaran a recuperar posiciones y las comunas a fortalecerse. Venezuela ha alcanzado su autoabastecimiento de alimentos y recuperado su producción petrolera hasta 1,2 millones de barriles diarios. Los mercados están completamente abastecidos, aunque los ingresos populares siguen siendo muy escasos. Con una orientación parecida a la del modelo chino que se capitalizó en base a la superexplotación de los trabajadores (por sus bajos ingresos) la economía venezolana empezó a recuperarse y en 2025, Venezuela fue el país que más creció en Nuestramérica, recuperando el PBI de 2015 (125.000 millones de dólares). Y fue entonces cuando llegó Trump, y todo lo que sabemos que ocurrió después.
Estando en desacuerdo con muchas medidas que tomó el gobierno de Maduro, particularmente porque las reformas realizadas han fortalecido la subordinación de los trabajadores con respecto al capital, muchas veces me he preguntado si no eran la única opción. Si en el contexto que planteaba la conformación social y económica de Venezuela y el asedio imperial, había otras posibilidades. ¿Que hubieran hecho otros dirigentes que transitaron la experiencia de hacer Revoluciones, como Lenin, o Fidel? ¿O el propio Chávez de seguir vivo? Para algunas preguntas no tengo todavía respuestas. No comparto, como lo he hecho analizando otros procesos, las respuestas que se reducen a las fallas o la súper valoración de la dimensión ética de sus dirigentes. Por ejemplo: “con Chávez esto no habría pasado”. Creo si, que “Con Chávez hubiera pasado lo mismo, y lo hubiera resuelto mejor”.
4- El golpe que no fue
Los bombardeos a Venezuela y el secuestro de su Presidente y su compañera, fueron un acto abominable que no solo rompió todas las reglas del orden internacional, sino que desnudan el viejo cuento de que Estados Unidos está preocupado por el bienestar y la democracia de toda la humanidad. El argumento del narcotráfico no tenía ningún asidero, ni siquiera en los informes de la DEA, y la confesión posterior del presidente, que lo que le interesaba en realidad era el petróleo, lo confirman. Pero, además, las acciones de Estados Unidos dejan muy mal parados a los gobiernos de la Unión Europea, dirigentes de la OEA, y supuestos veedores de los derechos humanos, como la chilena Michelle Bachelet, o la Comisión Nobel, que fueron funcionales a los planes estadounidenses de apropiarse de los bienes naturales de otro país. También, aportaron a hacer perder creer credibilidad a las usinas mediáticas del imperio que, en los meses previos al bombardeo, todos los días se dedicaron a difundir una información falsa sobre Venezuela.
Producido el secuestro de Nicolás Maduro y su compañera, la diputada Cilia Flores, esas mismas usinas mediáticas del imperio, intentaron aprovechar el desconcierto, promoviendo la teoría de la traición. Su hipótesis central fue que Maduro había sido entregado por un acuerdo mafioso de los hermanos Rodríguez y Padrino López. Según esa versión, lo habían hecho para sacarse de encima a Maduro que obstaculizaba el arreglo con Estados Unidos.
El relato de la traición no tenía fundamento para cualquiera que conociera mínimamente cómo funcionaba el gobierno de Maduro. En tiempos de Chávez, su gabinete expresaba tendencias dispares que respondían a grupos internos, con diferencias ideológicas marcadas, como las que mantenían Jorge Giordani un economista vinculado a Itsván Mészáros, con el militar Carlos Osorio. También perfiles políticos muy diferentes como el de Elias Jaua, Nicolás Maduro, y Carlos Ramírez, etc. No sucedió lo mismo con su sucesor. Maduro se desprendió rápidamente de Giordani y Ramírez, y permitió posteriormente el alejamiento de Jaua. Apuntó a una mayor homogeneización política. En esa orientación aparecieron los hermanos Rodríguez, hijos de un héroe asesinado de la Liga Socialista, pero, ambos, con muy poca trayectoria militante. Delcy, después de recibirse de abogada vivió 10 años en Europa donde hizo distintos doctorados. Volvió al país en 2002, después que fracasó el golpe militar. Ocupó distintos cargos durante los gobiernos de Chávez, pero recién tuvo relevancia política con el Gobierno de Maduro. Jorge Rodríguez fue un prestigioso psiquiatra que se incorporó al Estado, como rector del Consejo Nacional Electoral en 2003.
Cilia Flores y los Rodríguez conformaron el círculo de mayor confianza de Maduro en el que también participaron Tarek El Aisalmi (hoy defenestrado), Castro Soteldo (hoy diputado) y Diosdado Cabello. Padrino López se mantuvo en los altos círculos de poder representando a las fuerzas armadas.
Maduro, Cilia, los hermanos Rodríguez, Diosdado y Padrino Lopez, aún con algunas diferencias han gobernado Venezuela desde hace años, con todos sus aciertos y sus errores. Constituyeron un círculo muy cerrado, inaccesibles para otras figuras del chavismo. Pensar que se traicionaron entre ellos, resulta muy improbable.
El objetivo de esa campaña de difamación era debilitar la unidad por arriba, quebrando al gobierno chavista y la dirección del PSUV y romper la cadena de mandos militares. También, aumentar la desconfianza del chavismo de abajo y en las bases del PSUV por el nuevo gobierno. Si eso hubiera ocurrido, hubiera aumentado la fragilidad política del conjunto del chavismo, favoreciendo las posibilidades del imperio de conseguir la claudicación del gobierno o de alentar un golpe militar que barriera con el madurismo. Haber mantenido la unidad respetando las normas constitucionales que depositaban en Delcy Rodríguez la responsabilidad de reemplazar al presidente secuestrado, fue un triunfo político del chavismo, que fortaleció la unidad por arriba y por abajo.
5- Decidir con una pistola en la cabeza
El sistema de defensa antiaérea, de origen chino que el gobierno venezolano pagó con muchos sacrificios y con un alto costo social, fracasó a la hora de detener la ofensiva estadounidense. Bombardearon Fuente Tiuna, La Carlota, la base aérea de Aragua, un centro médico y científico y almacenes donde se guardaban medicamentos. También viviendas civiles. La duda es si fracasó el armamento, porque en pocos años ha sido superado por la tecnología militar estadounidense, o si fallaron quienes lo manejaban, por falta de experiencia y porque no previeron emergencias. También, se podría agregar la posibilidad de que hubiera responsabilidades militares directas, por negligencia, falta de experiencia o complicidad. El reemplazo del general a cargo de la guardia presidencial, castiga como corresponde a quien fracasó en sus responsabilidades. Una investigación, determinará cuál fue la falla.
Lo concreto es que hoy el actual gobierno cumple sus funciones con una pistola en la cabeza. A Estados Unidos le resultará muy complicado invadir Venezuela, pero todos los miembros del gabinete, la presidente encargada y los altos jefes militares están a tiro de misil. Incluso, dejan trascender que el primer misil se lo tiraría, a Diosdado Cabello, identificado como el más resistente a las presiones gringas.
Estados Unidos se pudo cargar a uno de los más altos dirigentes de Irán, y a los principales jefes de Hamas en situaciones de menos vulnerabilidad. Con las defensas aéreas venezolanas colapsadas Estados Unidos no elimina físicamente al alto gobierno chavista, porque no quiere. Cuando se juzgan las decisiones que toma el gobierno de Delcy Rodríguez, se debe tomar en cuenta esta situación.
6- La cuestión del petróleo
Trump y el gobierno de Estados Unidos nunca estuvieron interesados por el narcotráfico, el funcionamiento de la democracia, o la vigencia de los derechos humanos. Solo les interesó que Venezuela tiene la mayor reserva petrolera certificada del mundo y también grandes yacimientos de oro, hierro, bauxita y otros minerales. La cuestión del petróleo es importante porque sigue siendo la energía más barata, y porque Estados Unidos, que quiere recuperar las ventajas que le ha sacado China, no tiene grandes reservas, y sigue siendo un gran importador. Produce 14 millones de barriles diarios, pero consume 21 millones. El control del mercado del petróleo mundial le ha permitido apalancar el dólar, pero también allí está con problemas, porque muchos negocios han empezado a hacerse en yuanes u otras monedas. Si la moneda estadounidense deja de ser hegemónica, ese país deberá enfrentar una deuda externa que supera su PBI, e impagables gastos militares.
La venta de petróleo venezolano a Estados Unidos, no es ninguna novedad. Se lo llevaban muy barato cuando Venezuela era un enclave semicolonial, y lo tuvieron que pagar a precio de mercado cuando el chavismo llegó al gobierno, y llegó a controlar la nacionalizada PDVSA. Hay cuestiones de cercanía que favorecen ese intercambio, pero también de complementación, porque Venezuela en la Cuenca del Orinoco produce un petróleo ultrapesado, que puede mezclarse eficientemente con el petróleo liviano que produce el fracking estadounidense. Gracias al petróleo de Venezuela, Estados Unidos puede elaborar subproductos que no se pueden hacer con el petróleo del fracking, y a la inversa, Venezuela consigue un diluyente para mezclar con el ultrapesado.
En 2005, siendo Chávez presidente, y en un momento en que Venezuela llegó al máximo de su producción con 3 millones de barriles diarios, Estados Unidos le compraba 1,3 millones de barriles, alrededor del 40% de la producción.
A partir del decreto de Obama en el año 2015 declarando a Venezuela como “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de Estados Unidos”, los gobiernos norteamericanos impusieron castigos y trabas que obligaron a petroleras estadounidenses a retirarse. En 2017 durante el primer mandato de Trump se impusieron las primeras sanciones a PDVSA y se empezó a obstaculizar la comercialización de las petroleras estadounidenses. Por esa situación Conoco Philiphs y la Exxon, que se negaron a integrarse a empresas mixtas con mayoría accionaria de PDVSA, abandonaron inversiones de miles de dólares en campos petroleros. Este proceso fue judicializado y el gobierno venezolano pagó lo que le correspondía. Posteriormente el gobierno entregó esos campos a empresas chinas. También aparecieron algunas inversiones de la India.
Lo que sucedió fue que el gobierno de Estados Unidos dejó de comprar petróleo para desestabilizar al gobierno chavista. En los años 2021 y 2022 no le compró ni un barril y en 2025, con una producción venezolana de 1,2 millones de barriles diarios, le compro solo 145.000 barriles diarios (alrededor del 12%).
Solo quedó en pie el convenio con Chevrón con condiciones muy particulares porque la petrolera incluye en el precio que paga por el petróleo, supuestas deudas por inversiones realizadas, o contratos que perdió. En resumen, ese petróleo le sale muy barato. El gobierno venezolano ha mantenido ese contrato, por razones más políticas que económicas, porque al menos mantenía un nivel de intercambio que esquivaba las sanciones. La repentina alusión al dinero “que nos han robado” anticipa lo que va a proponer Trump en los nuevos contratos: que las petroleras estadounidenses paguen por el petróleo venezolano precios irrisorios porque una parte será para pagar deudas inventadas.
La política totalmente errática de los gobiernos estadounidenses ha sido la razón principal del fracaso de la reunión de Trump con las petroleras que se realizó la semana pasada. El petróleo es un negocio global, y Trump puede decir que ahora él administra ese petróleo, pero a las petroleras no les interesa quién es el dueño, sino cuales son las condiciones para invertir a mediano y largo plazo. Y ni Trump, ni el pueblo chavista le dan ninguna garantía. El otro aspecto positivo que tiene que la disputa con Estados Unidos sea el petróleo, es que no funciona como un fondo de reserva de lingotes de oro, que, con solo mandar un avión, se lo llevan. Está bajo tierra y sacarlo demora mucho tiempo, y muchas inversiones. En el peor de los casos, si Estados Unidos avanza en el despojo petrolero, necesitarán mucha inversión y años, antes que pueda afectar sensiblemente esas reservas. Mientras tanto, el conflicto entre los BRICS y Estados Unidos, ha empezado a acelerarse.
7- Estados Unidos se muerde la cola y el gobierno venezolano trata de ganar tiempo
La ilusión de una globalización capitalista como una previsión inevitable del futuro, recibió un fuerte golpe con la crisis de 2008. Años después, la pandemia volvió a poner en cuestión a un mundo con largas cadenas de producción y comercialización, hegemonizado por las grandes multinacionales, estadounidenses y europeas. Países que habían renunciado a producir insumos médicos sencillos, se encontraron en la situación de no contar con ellos cuando quedó afectado el comercio internacional. La expropiación de fondos rusos depositados en Europa, agravaron las dudas sobre la seguridad jurídica internacional en manos de las potencias occidentales. La expropiación de fondos iraníes y venezolanos y de la empresa CITGO, agravaron la desconfianza sobre las garantías que ofrecía Estados Unidos. Esta desconfianza se expresó en un lento pero continuo desprendimiento de bonos del tesoro norteamericano por parte de China e India y una fuerte valorización del oro como moneda de reserva. Los últimos acontecimientos protagonizados por Donald Trump: flota en el Caribe, bombardeo a Venezuela y secuestro del presidente, amenazas a Panamá y Groenlandia, acaban de demoler el llamado orden internacional basado en reglas. Lo ha dicho Trump: la única norma que respetará será su propia moralidad.
Desmintiendo a algunos autores de la izquierda europea y algunas ONG, que habían pronosticado el fin del imperialismo, lo de Trump en Venezuela, igual que lo de Israel en Gaza, es imperialismo puro y duro, sin caretas.
En ese contexto se empieza a cumplir la gran receta que daba Samir Amin a finales de los 80, que proponía a los países periféricos desvincularse del sistema global liderado por las potencias occidentales, nacionalizando sectores estratégicos, controlando las inversiones de capitales con planificación estatal y apostando a cadenas productivas más cortas.
La respuesta a Trump, no parece ser una gran batalla de las flotas chinas y rusas en el Caribe contra Estados Unidos, sino una aceleración de los movimientos de desconexión. China sintoniza un movimiento global de tomar distancia de Estados Unidos y lo aprovecha para anudar pactos y aumentar su influencia económica y política global. En el proceso de ruptura del orden mundial basado en reglas, se producen reagrupamientos regionales y cobran preeminencia los países que tienen una planificación estatal centralizada. Esta no es la situación de Estados Unidos, donde hay un choque fuerte de intereses, enfrentamientos políticos y sociales y una conducción errática.
El petróleo venezolano es importante, pero solo aporta el 5% del que consume China, por lo que puede reemplazarlo. Las petroleras encuentran en China un cliente estable a quien van a seguir abasteciendo, pese a las amenazas de un presidente al que le quedan solo dos años de mandato. La agresión militar estadounidense y su pretensión de anular toda influencia china en su patio trasero, será respondido con medidas económicas que comprometen a los gobiernos y burguesías locales. En el caso argentino China compra la casi totalidad de la cosecha de soja y el 70% de las exportaciones de carne. Milei amenazó al inicio de su mandato con dejar de comerciar con países “socialistas”, y no pudo cumplir con sus promesas.
En resumen: en términos geopolíticos, Estados Unidos solo ha aumentado su aislamiento, y los aliados que recluta en el continente son muy inestables. Parece una broma, pero con el argumento de combatir el narcotráfico, en Sudamérica sus primeros grandes aliados son países que funcionan como autopistas de la droga: Paraguay, Ecuador y Argentina.
En el actual contexto, y recordando que actualmente Venezuela tiene su defensa aérea vulnerada y debe recomponer la guardia presidencial, es de esperar que la actitud del gobierno de Delcy Rodrìguez sea tratar de recomponer la relación con Estados Unidos y ganar tiempo. Esa orientación explica la liberación masiva de presos con distintas acusaciones, algunas muy graves, que no caen simpáticas en el pueblo venezolano que soportó las acciones de “los comanditos” de María Corina Machado. También, esta decisión expone al gobierno que, en agosto del año pasado, detuvo a la abogada chavista Martha Lía Grajales por agitar por la liberación de jóvenes de barrios populares encarcelados con cargos menores, durante las jornadas postelectorales. A los reclamos por estas decisiones, el gobierno responde que están siguiendo el Plan de Maduro. Tienen razón, Maduro avaló la detención de la abogada chavista y también en este momento trataría de ganar tiempo. La decisión de diálogo con Estados Unidos y con la oposición de derecha, que siempre tuvo el gobierno de Maduro, ahora está reforzada por las circunstancias. En una situación muy desfavorable por la derrota militar sufrida el 3 de enero, es razonable esperar que el gobierno haga nuevas concesiones a Estados Unidos en la línea del acuerdo que mantuvo con Chevrón. Esos retrocesos seguramente se expresarán en la Nueva Ley de Hidrocarburos. Cómo ha ocurrido desde hace bastantes años, en el corto plazo, todo parece conspirar sobre la continuidad del proceso bolivariano. Sin embargo, mirando hacia el mediano y largo plazo, los tiempos del derrumbe estadounidense se han acelerado, y países vecinos como Colombia y Brasil, que se habían mantenido distantes del gobierno de Maduro, ahora advierten que en sus últimos zarpazos Trump viene por todos.
En momentos como estos, más que nunca habrá que hacer un ejercicio de paciencia y sería esperable que el gobierno que no se ruboriza hablando con Trump, y burgueses con antecedentes golpistas, también mostrara más disposición al diálogo con los y las miles de chavistas, entre ellos algunos importantes dirigentes, que se apartaron por diferencias políticas y fueron dejados de ser convocados y escuchados. He leído recientemente aportes de Javier Biardeu, uno de los más lúcidos intelectuales venezolanos, y no puedo dejar de recordar que, en 2017, llegó a estar muy enojado con el gobierno de Maduro. En situaciones de emergencia me parece importante, señalar que la cerrazón y el castigo a la disidencia política de compañeros que han dado muestras de lealtad a objetivos revolucionarios, es un camino equivocado. Quienes han gobernado Venezuela en los últimos años han perdido, con la detención de Maduro y de Cilia, a dos cuadros importantes. Sería muy necesario que se abriera a recibir otras opiniones militantes, y a aumentar su escucha al pueblo. No alcanza con elogiar al pueblo por su resistencia, también hay que escucharlo.
8- La respuesta popular
El futuro de Venezuela depende más que nunca de la respuesta popular. El pueblo chavista y el pueblo venezolano no ha sido un convidado de piedra durante los 25 años de la experiencia bolivariana. Esto ha ocurrido más allá de la preocupación de Chavez de dialogar, interpelar y escuchar a todo el pueblo venezolano, y de la cerrazón política en las estructuras del Estado y del PSUV, que promovió la gestión de Maduro en la última década. Es cierto que se dieron condiciones que aportaron a privilegiar la seguridad y el secretismo, pero también es cierto que se impuso una concepción de considerar a los concejos comunales y las comunas como correas de trasmisión de las decisiones del alto gobierno, y no como fuentes de generación de protagonismo popular.
Se priorizó fortalecer el Partido, y se lo consiguió integrando a sus filas a destacados militantes populares de base, pero no se pudo contener un proceso de repliegue político de amplios sectores populares que bajaron su nivel de participación y empezaron a desafiliarse de su identidad política. El resultado fue que, en la medida que decrecía la identificación con el chavismo, aumentaba el número de venezolanos/as que se identificaban en su decisión de no votar a la derecha.
La relativa paz social que reinó cuando se agotaron las guarimbas, después de la Asamblea Constituyente en 2017, se asentó en la decisión de una amplia mayoría del pueblo venezolano de no acompañar las aventuras de la derecha, lo que no significaba estar de acuerdo con el gobierno de Maduro. El pueblo venezolano soportó condiciones sociales muy duras que promovieron una fuerte inmigración a otros países de buena parte de sus sectores medios y un vaciamiento de profesionales, trabajadores especializados y técnicos sin cambiar esa decisión. Esta postura fue mayoritaria y se expresó en la abstención en distintas consultas electorales. El chavismo pudo conservar los votos de su núcleo duro, y con eso le alcanzó para derrotar a una derecha fragmentada y desorientada. La única excepción fue la elección presidencial, con una votación muy pareja, denuncias de fraude de la oposición de derecha, y lo que ya conocemos. Que María Corina Machado haya encabezado la campaña presidencial, sin ser candidata, fue un error garrafal de la derecha, porque siempre estuvo vinculada a los grupos más revanchistas y terroristas del antichavismo. Para los chavistas el resultado de esa elección era una cuestión de vida o muerte. Con ella no había transición posible.
El señalamiento por parte del gobierno venezolano de las presiones imperiales y de las sanciones estadounidenses, se convirtió en un relato gastado por lo repetido, y no faltaron quienes creyeron la propaganda de la derecha, que Estados Unidos estaba preocupado por las fallas del gobierno venezolano, la presencia de Maduro, o la restricción de libertades democráticas. Cuando estallaron los bombardeos y Trump dejó claro que lo que le interesa es el petróleo, el despertar, como bien lo señala Iturriza, fue de duelo. “Venezuela se respeta” ha dejado de ser una consigna de la militancia, para convertirse en un sentimiento popular cada vez más extendido.
El asesinato de jóvenes militares, hijos del pueblo, y de hermanos cubanos, ha caído como una afrenta, que llega a las entrañas. La derecha venezolana, que salió a festejar en el exterior no puede asomar la nariz en un barrio popular de su propio país. El anuncio de Trump de que él ahora va a gobernar en Venezuela, es una afrenta a la dignidad nacional que, ni el chavismo ni el pueblo venezolano, van a tolerar.
Aunque parezca extraño, Trump y sus acciones han conseguido repolitizar al pueblo venezolano, y meterle presión a un gobierno que tendrá que hacer equilibrio entre hacer buena letra para ganar tiempo, y atender la presión popular que va exigir posturas firmes frente al agresor. Por eso, las declaraciones resultan tan contradictorias. El mismo día, el mismo funcionario que dice que se quieren recomponer relaciones con Estados Unidos, condena la agresión imperial.
La palabra transición vuelve al ruedo, pero quienes la mencionan hablan de cosas distintas: ¿Será un feliz acuerdo por medio del cual los Estados Unidos se asegurará el petróleo venezolano a precio de remate? ¿Será dar un paso más en la transición para regresar al dominio pleno del capitalismo, o en la transición al socialismo que postulaba Chávez? ¿Será la transición a la recuperación del protagonismo popular?
Con el enorme apoyo del conjunto del pueblo venezolano, el barco del chavismo pudo evitar naufragar en el temporal y en los últimos tiempos se estaba acercando a una costa que garantizara su sobrevivencia. Para su desgracia, el último remezón de un huracán devaluado, le pegó muy fuerte. ¿Serán tiempos de un último esfuerzo para llegar al abrigo de la costa que ofrece un mundo multilateral, o se padecerá la injusticia de ahogarse en la orilla? Lo decidirá el pueblo venezolano.
Lo seguro es que, en última instancia, lo que ha permitido sobrevivir al gobierno venezolano ha sido la unidad política, y las reservas acumuladas en los tiempos en que se avanzó con iniciativas revolucionarias. Han sido los niveles de conciencia alcanzados por el pueblo y el desarrollo de sus organizaciones de base, la última frontera de resistencia. Son también lo que queda en pie para imaginar un futuro, no imposible, de retomar el camino de transición al socialismo.
Imagen de portada: Resumen latinoamericano
Fuente: https://huelladelsur.ar/2026/01/25/venezuela-y-la-transicion/