Un octubre con convulsión y más bronca. Por Daniel Campione

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Hoy asistimos al acorralamiento de la Corte Suprema de Justicia por la afrenta contenida en la legitimación de la entrega de la tierra en el mismo acto en el que avasalló derechos de los ex combatientes. Los reclamos contra la cabeza del poder judicial pueden extenderse en los próximos días a todo el arco político-institucional.

Una corte arrinconada en Neuquén

En los últimos días se han registrado crecientes protestas contra el fallo de la Corte Suprema de Justicia en el que habilitó la venta ilimitada de tierras a extranjeros. La ira se potencia porque lo hizo mediante un argumento procesal y no de fondo. Un modo artero.

Como es sabido, negó legitimación a un centro de excombatientes de Malvinas, el Cecim de La Plata para  su intervención en la causa. Y así repuso la vigencia de una ley puesta en cuestión tanto en lo político como en lo judicial.

La primera reacción callejera que registraron los medios fue un “escrache” en un hotel de San Martín de los Andes, localidad turística patagónica. Los tres magistrados integrantes del máximo tribunal estaban allí el 1 de octubre con motivo de un Congreso de Funcionarios de Tribunales Orales Federales.

Variados sindicatos de la zona y organizaciones de izquierda y peronistas cercaron el hotel en el que se alojaban los jueces.

Los ya característicos carteles de fondo blanco y letras desparejas (inspirados en el reivindicatorio de Malvinas durante el mundial) aparecieron allí. Una de las inscripciones fue específica y elocuente: “Corte Suprema vendepatria”. Otra asumía la defensa de la tierra en sus diversos aspectos: “La tierra no se vende, no se quema ni se desaloja”.

Foto: DiarioAR

Fue en tierras neuquinas, cerca de donde se encuentra el Lago Escondido “encerrado” por Joe Lewis. También próximas a las enormes propiedades del coloso italiano Benetton, que se aproximarían a 1 millón de hectáreas. Y a las comunidades mapuche siempre hostilizadas y amenazadas de desalojo. El reclamo por la tierra adquiere una resonancia especial en toda la región.

Así, el primer día del mes, comenzó lo que despunta como un ciclo de protestas crecientes contra los “supremos”. Las y los comentaristas encontraron enseguida reminiscencias con lo que ocurrió en 2017 después del “2X1” para los genocidas. Los integrantes de la corte de entonces casi no pudieron salir de sus casas. Hasta que se desdijeron de su sentencia pro impunidad dando paso a una sonora victoria popular.

Sin parangones lineales con la trascendencia de la lucha contra la impunidad por los crímenes de lesa humanidad, la soberanía territorial es asimismo una causa popular muy sensible y masiva. Acicateada además en estos meses por el gigantesco eco del mudo pronunciamiento sobre las islas de la selección nacional, vencedora de los británicos.

Los sentimientos populares convergen en la dirección de un enojo en el que se combinan varios elementos pasibles de ir para el mismo lado. Juega un papel importante la bofetada simbólica contra un pronunciamiento tan masivo como cercano en el tiempo.

Nos referimos a la movilización del 6 de agosto pasado. La que condujo al retroceso de la ley mal llamada “de  inviolabilidad de la propiedad privada”. A su rescate partió raudo el tribunal. Tal vez sin la mínima ponderación, por el apresuramiento, de las consecuencias factibles de la jugada.

También en Buenos Aires.

El martes 6 de octubre se registraron, tan sólo en la capital de la nación, episodios de distinta intensidad y gravitación que refuerzan lo ocurrido el día 1. Es más, insinúan ya una tendencia.

El más acotado, más no irrelevante por el lugar, transcurrió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

Allí “La Cámpora” y alguna otra agrupación, manifestaron disgusto en el salón de actos de esa facultad. En una “gala” por la entrega de un premio llamado “Quorum”, ingresaron con carteles al auditorio del establecimiento educativo.  Estaba prevista la presencia del “cortesano” Rosatti junto con Julián Ercolini, juez federal a cargo de algunas causas contra Cristina Kirchner.

Allí se articuló el reclamo general por las tierras con el de tinte más partidario. La hace tiempo habitual consigna “la patria no se vende”, alusiva en este caso al tema tierras, fue completada con reclamos por la libertad de Cristina Kirchner. Quienes  estuvieron en el lugar hacen referencia a un reducido núcleo estudiantil como actor de la protesta.

Resulta nada desdeñable que un ministro del tribunal supremo haya sido objeto de las iras estudiantiles en el máximo reducto de la enseñanza del derecho en el país, más allá de la cantidad de partícipes.

En el mismo día el repudio se encaminó al mismo Palacio de Tribunales, la sede desde cuyo cuarto piso imparte “justicia” el triunvirato de jueces que integran la hoy disminuida corte. La pérdida no es sólo numérica sino de prestigio. El hundimiento de diversas jerarquías del poder judicial alcanza hoy el límite de la descomposición.

Es una manifestación que dista del aislamiento. Es el conjunto del sistema institucional argentino el que da a menudo la impresión de burlarse con desparpajo del conjunto de la ciudadanía. A los desmadres tribunalicios se antepone o suma el poder ejecutivo que decide por decreto la no aplicación de leyes aprobadas, vetadas y luego insistidas por el parlamento, como la universitaria o la de emergencia en discapacidad.

Hacia allí se orientó el cuestionamiento de sindicatos judiciales y estatales, agrupaciones peronistas, partidos de izquierda. Ocuparon parte de la plaza Lavalle y produjeron un corte de tránsito sobre la calle Talcahuano. También estuvo el CECIM La Plata, ninguneado directo por el fallo en cuestión.

La mar no está serena.

Quizás no sea aquí pecado la aplicación de la metáfora de la marea que sube. Las aguas crecen en torno a la Corte. Aún no hubo actos de gran masividad. Sin embargo el desafío está lanzado para el 15 de este mismo mes. Una fecha en la que, con toda intención, se encadenarán momentos conflictivos para el gobierno ultraconservador y sus cómplices judiciales y parlamentarios.

Puertas adentro del Congreso se intentará ese día una sesión para el rechazo conjunto del decreto de necesidad y urgencia (DNU) 70 de 2023. El que sin urgencia ni necesidad alguna avanzó con una parva de desregulaciones, privatizaciones y recortes de derechos laborales y sociales.

El senado lo rechazó no mucho después de su dictado. Como se sabe eso no basta. Una ley más que cuestionable, de fuente K, exige la repulsa de las dos cámaras para la invalidación de una modalidad legislativa siempre sospechosa de ser vehículo de actos de autoritarismo.

Ya fuera del recinto parlamentario ese día se agitará una convocatoria múltiple. Con motivos disímiles. Sin embargo del todo susceptibles de ser articulados. Todos con una clara orientación contraria a la “batalla cultural” y al entramado normativo con el que el gobierno busca la realización total de las aspiraciones del gran capital local e internacional.

Se conjugarán el jueves 15 la quinta marcha multisectorial universitaria con la edición ampliada de las primeras reacciones contra el pronunciamiento judicial al que nos hemos referido. La soberanía territorial; la educativa, el derecho a la justicia, el reclamo contra la venalidad, el elitismo y el inadmisible estatus de privilegio del poder judicial irán juntos.

Con toda probabilidad estarán allí presentes también, entre otros, los reclamos contra la desfinanciación y el hostigamiento a todo el sistema de salud pública. Y la exigencia de recomposición de las prestaciones previsionales. Devastadas más que nunca por la actual gestión.

Más allá de las reivindicaciones dirigidas a otros poderes del Estado, está claro que es el poder administrador, con el presidente Javier Milei en su cúspide, el máximo responsable del desaguisado general. Y hacia él se apuntará. Es desde arriba, de modo directo o con intermediación de alguno de sus ministros, que se apunta a la entrega más completa y rápida que sea posible del patrimonio material y simbólico.

Es un programa integrado e integral, que no deja nada afuera de las “políticas de libre mercado”. Las que en realidad buscan el afianzamiento de monopolios y oligopolios como nunca antes. Lo que cierra el paso a la supuesta “libertad”. Poco importa. Lo que cuenta es la ganancia y la acumulación, no la libre competencia. Propia por otra parte de etapas ya muy pretéritas del capitalismo.

Bronca…

El 15 de octubre puede ser parte de un momento de cambio. Una instancia, ampliada y diversificada, con una orientación similar, de la “Marcha de la Bronca” del 19 del mes pasado. Claro que con todavía más rabia acumulada. Ahora estarán presentes también los sindicatos y el peronismo, de ostensible ausencia en aquella marcha.

Será un deber para las expresiones peronistas. El bloque de Unión por la Patria tiene destino de protagonismo en la proyectada sesión. De concretarse con éxito sería una tardía y a la vez encomiable reacción. Un freno a la ofensiva inicial de un gobierno que dejó en claro desde el primer día (el DNU es sólo días posterior a su asunción) que venía por una reestructuración regresiva de la estructura social argentina.

Además de por la demolición completa y sistemática de sus mejores creencias y valores. En oposición frontal a cualquier propósito de sostenerse como una sociedad democrática en el sentido más sustantivo del término, en cuanto a relativa igualdad y trato social equitativo.

¿Qué puede decirse del gremialismo? Ha tenido una presencia intermitente y elusiva en las protestas, al socaire de sus peores tradiciones. Las de defensa de los intereses corporativos, negociación permanente y oficialismos cambiantes. Todo indica que esta vez no podrán sostener sus omisiones culpables. Ellos mismos accionaron con éxito en su momento frente a la parte laboral del decreto cuya extinción se busca.

La defensa del patrimonio territorial nacional, la educación pública y la salud para todos forman un tríptico que se imbrica con la reivindicación integral de una democracia desde abajo que guíe el reemplazo en sentido progresivo del muy ajado esquema de representación.

Bien mirado, deberían sumarse además quienes profesan un liberalismo político consecuente. ¿Qué más lejano a los aspectos “modernizadores” de la generación de 1880 que el presente engendro? Contrario a la  educación pública en todos sus niveles y modalidades. Y negador del aparato de salud e higiene públicas que tuvo desarrollo en el cambio del siglo XIX al XX.

Por supuesto que muchas y muchos privilegian en lo que sí coincide el “mileísmo” con aquel pasado: La concentración de la propiedad de la tierra, el racismo, el control social punitivista. Y claro, la integración del país al circuito económico del gran imperio de la época.

Seguirán, en ese caso, ausentes. Claro que a costa de la pérdida de toda legitimidad como demócratas. Al menos para quienes no subsumen por entero la libertad política bajo la coyunda de la libertad económica.

Escribíamos hace poco que la marcha de la bronca requería para su proyección en el porvenir inmediato mayor diversidad, amplitud y profundidad. Para ser muchas y muchos más. En procura de la conmoción más a fondo de las fibras más sensibles de una sociedad de a ratos aturdida y confusa.

Afirmamos también que no era un punto de llegada. Sí una valiosa indicación de partida. Faltan pocos días para que el impulso movilizado y unitario tenga la oportunidad de un nuevo salto de calidad. Y se dé así una vigorosa desmentida a la teoría de la “espera” hasta 2027.

Mentís que lo proporcionará la apuesta firme y extendida a la lucha de calles. Y a la conformación de una alternativa política que no comienza y mucho menos termina en lo electoral.

Imagen de portada: La Izquierda Diario

Fuente: https://huelladelsur.ar/2026/10/08/un-octubre-con-convulsion-y-mas-bronca/


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