El gobierno de Argentina necesita del capital externo para consolidar su estrategia de desarrollo e inserción internacional en el capitalismo contemporáneo, especialmente proveniente desde EEUU, sea en su forma de inversión externa o de capital de préstamo.Por su parte, EEUU necesita de los abundantes recursos naturales de la Argentina.
El orden capitalista está en reconfiguración, cuya base es el desarrollo de las fuerzas productivas, innovaciones tecnológicas mediante, especialmente de la mano de la inteligencia artificial; y unas adecuaciones de las relaciones sociales de producción, especialmente de la relación entre el capital y el trabajo, en las funciones estatales y en las relaciones internacionales. Para esto, lo que actúa es una fortísima ofensiva del capital en el último medio siglo, en contra de los históricos derechos sociales, sindicales, laborales, colectivos e individuales conquistados por la lucha de las/os trabajadoras/es. Pero también se destaca la disputa por la hegemonía estatal en el sistema mundial, entre China y EEUU y más en general, entre Asia y “occidente”, incluido en esta categoría el Japón.
Se trata de un fenómeno mundial, que tiene especificidades nacionales según sea la dinámica política prevalente en cada país. En el centro está la carrera por la innovación tecnológica, con el Estado y el gobierno de EEUU asociado a las grandes transnacionales de capital privado, hoy a la vanguardia de la valorización de capitales. Desde Washington, inducen una política de inversiones privadas gigantescas con pretensión de mejora de la productividad del trabajo y recreación de una lógica de ampliación de la producción y apropiación de plusvalor. Intenta, al mismo tiempo una regulación vía aranceles y sanciones a la política de inserción global de China y sus aliados globales. Por su parte, el Estado y gobierno de China interviene desde la planificación estatal y la subordinación de la lógica empresarial local, tanto privada como estatal, a un desarrollo científico tecnológico propio, con relativa autonomía en un contexto histórico de internacionalización de la producción y transnacionalización de los capitales. Se trata de una estrategia obturada por la aplicación de las sanciones unilaterales de EEUU a China y sus asociados en el sistema mundial.
En ese marco de reconfiguración o reestructuración del régimen del capital y de disputa por la hegemonía del sistema mundial es que debe considerarse el proceso de relaciones bilaterales, en nuestro caso, entre Argentina y EEUU.
La dinámica productiva contemporánea aleja la competencia histórica entre EEUU y Argentina. En efecto, hasta hace poco, el modelo productivo prevalente en ambos países se caracterizaba por una competencia sustentada en la especialización productiva de Argentina en el sector agro ganadera para la exportación. Era un tema que se exacerbaba más o menos en función de los acercamientos políticos o ideológicos en los distintos momentos histórico, salvo excepciones. Resulta curioso en este sentido, recordar que el alineamiento ideológico de la dictadura genocida (1976/83) con Washington, cambió eludir el embargo cerealero a la URSS boicoteando la participación argentina en los juegos olímpicos de 1980 en Moscú. Se afectaron intereses de deportistas, pero se mantuvo un fuerte volumen de ventas de cereales para equilibrar el déficit comercial con EEUU y Europa y favorecer los intereses de los terratenientes y el capital del agro negocio de exportación asociado a las transnacionales.
De la competencia a la complementación
Con la gestión Milei desde diciembre del 2023 se exacerba el alineamiento ideológico y político con EEUU, profundizando una estrategia antes desplegada por la presidencia de Mauricio Macri (2015/19) y antes en la década del ´90 del siglo pasado por Carlos Menem (1989/99) y Fernando De la Rúa (1999/2001), en el camino de la dictadura genocida desde 1976 a 1983. Fueron decisiones políticas, al tiempo que el modelo productivo desarrollado potenciaba la competencia con EEUU, especialmente ante el desarrollo del complejo sojero y la presencia dominante de los transgénicos desde fines de los 90 del siglo XX. Tanto EEUU como los países integrantes del Mercosur constituyen el polo de concentración de la producción sojera mundial.
La novedad se presentó desde los cambios estructurales iniciados en esos ´90 de la centuria pasada, especialmente en el ámbito de la minería y de la energía. Argentina inició en ese tiempo un largo camino, que se consolida en el presente para pasar de ser “un país con minería” a una pretensión de ser una potencia minera. Es algo que se potencia con la sanción del nuevo código y legislación en minería en la última década del siglo XX, y ahora con el RIGI (inversiones desde los 200 millones de dólares) y el súper RIGI (inversiones desde los 1000 millones de dólares). La privatización de la estatal petrolera en 1992 y su actual gestión de mayoría estatal, habilitó el camino de la importante expansión de la producción y exportación de hidrocarburos no convencionales. Hoy, la conjunción de exportaciones mineras y de energía tienden a equivaler a las provenientes del sector agro ganadero, con perspectivas de superarlas, si se potencian las inversiones externas comprometidas asociadas a la nuev complementariedad de Argentina con EEUU.
Es cierto también que EEUU es el principal productor mundial de hidrocarburos, y en ese sentido resulta un competidor, pero la realidad es que el origen de la inversión para el desarrollo de los hidrocarburos no convencionales fue proveído por EEUU. La fractura hidráulica o “fracking”, fue aportada a la Argentina por Chevron, en el acuerdo secreto entre la YPF, empresa privada de gestión estatal (26% del Estado Nacional y 25% de los Estados petroleros de la Argentina) y la petrolera estadounidense.
Un dato importante resulta del crecimiento del precio de las commodities, especialmente en el escenario de guerra e incertidumbre en el mundo, agudizado con la agresión de EEUU e Israel contra Irán. Esa alza de los precios beneficia a los capitales concentrados de las petroleras, entre ellos favorece la articulación de la privada de gestión estatal, YPF, y a las de origen estadounidense. Argentina no es una potencia militar, pero su asociación con la política exterior de Washington la asocia al impacto inflacionario de la guerra con rédito en la apropiación de excedente económico que incide en el balance energético y el ingreso de divisas, un tema estratégico en la economía local.
El gobierno de Argentina necesita del capital externo para consolidar su estrategia de desarrollo e inserción internacional en el capitalismo contemporáneo, especialmente proveniente desde EEUU, sea en su forma de inversión externa o de capital de préstamo. Hay que recordar la importancia de EEUU en el FMI y que Argentina es el principal deudor del organismo internacional desde 2018. Además, en 2025 y en vísperas de la elección de medio término, el Tesoro de EEUU favoreció la compra de moneda nacional por 2.000 millones de dólares y alentó un swap por 20.000 millones de dólares, que extiende la consideración en los análisis políticos, de haber sido un sostén esencial (aval político) para el triunfo de Milei en dicha elección, consolidando poder de legitimación parlamentaria. Algo que se visibiliza en avances en reformas estructurales reaccionarias, caso de la reciente reforma laboral, una verdadera contra reforma que afecta intereses y derechos de trabajadoras y trabajadores.
Por su parte, EEUU necesita de los abundantes recursos naturales de la Argentina, especialmente en litio y cobre, esenciales en la perspectiva de innovación tecnológica contemporánea. Son materias primas indispensables para los nuevos desarrollos de la innovación tecnológica, que las transnacionales de origen estadounidense necesitan y que el Estado con sede en Washington estimula su aprovisionamiento potenciando relaciones de subordinación, las que encuentra con creces en la relación gestada con el gobierno Milei en Argentina.
Milei resulta altamente funcional a la política exterior estadounidense bajo gestión Trump, sujeta a la imprevisible situación que pueda generarse en noviembre en el medio término del país del Norte, incluso en la renovación presidencial del 2027 en el Sur. La incertidumbre es parte del diagnóstico de nuestro tiempo, habilitando el imaginario para desarrollos alternativos a la estrategia del poder.
Recuperar un proyecto soberano
En rigor, las relaciones internacionales están asociadas a las afinidades político ideológicas de los gobiernos de turno, pero en un marco de sustentación del momento del régimen del capital. Este está en crisis, visible en 2007/09 y más con la pandemia en 2020, por lo que el poder global del capitalismo, con sustento en las corporaciones transnacionales, los principales Estados del capitalismo y los organismos internacionales, bregan y disputan para asegurar un rumbo civilizatorio para la reproducción sistémica. Ese es la base de la ofensiva política de MAGA en EEUU y del libertarismo en Argentina. Se trata de un proyecto liberalizador de ultra derecha para una mayor concentración y centralización del capital en el ámbito mundial, que necesita obturar toda perspectiva de poder alternativo, por eso el ensañamiento con la disputa proveniente de China y aliados y mucho más sobre cualquier estrategia de poder popular.
La concentración de la política exterior de EEUU es en el hemisferio occidental, o sea, en la región latinoamericana y caribeña, afirmando la sujeción de Canadá y la posibilidad de hacerse del poder soberano en Groenlandia. Milei es funcional a esa estrategia y se transformó en el modelo a imitar por los sectores más reaccionarios en distintos países, quienes juegan las cartas electorales en la coyuntura, recientemente en Colombia, Perú o Chile, incluso anticipando programas de restricciones democráticas y represión, caso de El Salvador o Ecuador, junto a un profundo ajuste fiscal y social en desmedro de la mayoría trabajadora y empobrecida, afrentando la desigualdad social y la concentración del ingreso y de la riqueza.
El imperativo desde una lógica alternativa, de revolución en contra del capitalismo, supone crear condiciones de posibilidad para la emergencia de un proyecto de soberanía que articule la lucha nacional con una perspectiva de emancipación social regional y mundial. Ello supone el estímulo a la multiplicación de las experiencias resistentes aquí y allá, en Argentina y en EEUU, entre otros territorios del planeta, para generar una nueva experiencia global social que nos anime en la afirmación renovada de un fantasma recorriendo el mundo…, que recupere la máxima impresa por Marx y Engels en el manifiesto comunista en 1848. Si la experiencia revolucionaria escaló entre mediados del Siglo XIX y fines del XX, recrear un proyecto revolucionario para este tiempo presume la lucha soberana para el ejercicio del poder y la construcción de posibilidades para resolver las necesidades de la reproducción de la humanidad y de la naturaleza.
Fuente: https://huelladelsur.ar/2026/07/02/argentina-y-eeuu-en-la-reconfiguracion-capitalista/