Observaciones sobre la coyuntura en un momento arduo. Por Daniel Campione

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Lo que sigue es un informe de coyuntura acerca de la actualidad argentina. En un momento en que se entrecruzan tendencias en direcciones opuestas y es incierta la suerte en el futuro inmediato tanto del gobierno de ultraderecha como de las clases populares castigadas con saña por las reformas regresivas en curso.

Una visión coyuntural de nuestro país exige una mínima referencia continental. América Latina se encuentra bajo el signo del imperio que se repliega en otras partes del mundo y al mismo tiempo intenta una acentuación de su dominio en nuestras tierras. Avanzan los planes de los organismos financieros internacionales, las inversiones de origen estadounidense, ganan elecciones los políticos de derecha, a menudo extrema.

Esto en condiciones en que la prepotencia del imperialismo se incrementa a diario, a veces con el correlato, como en el caso argentino, con gobiernos entreguistas que tienen a EE.UU como aliado privilegiado, quieren seguir todas sus decisiones y muestran disposición a otorgarle todos los beneficios al gran capital en detrimento de los trabajadores, la financiación del Estado y la preservación y utilización autónoma de los bienes comunes.

El rotundo fracaso de Donald Trump en su campaña sobre Irán le añade un deterioro a la posición imperial. Tal vez el efecto inmediato sea un apretón mayor de las presiones sobre América Latina.

Los proyectos orientados a la transformación estructural regresiva sigue en avancei. Se acaba de aprobar el “súper RIGI”, con superlativas ventajas de todo tipo, impositivas, cambiarias, jurisdiccionales, etc. sólo para grandes corporaciones (el mínimo de inversión son 1.000 millones de dólares).

 No están definidos los sectores beneficiarios. Se supone que está dirigido a industrias con fuerte componente tecnológico que aún no están en el país: baterías de litio, autos eléctricos, emprendimientos en energías no convencionales, inteligencia artificial.

Un intento, habrá que ver si concretado en el futuro, de abrir una senda de acumulación novedosa para las multinacionales de tecnología con socios locales. Como han dicho opositores en el Congreso, “un traje a medida” para Peter Thiel y otros tecnomagnates.

Está en gateras la inviolabilidad de la propiedad privada. Da facilidades para los desalojos, amplía las posibilidades de compra por extranjeros de tierras de frontera, suprime la restricción para la venta de tierras incendiadas. No hay resguardos sobre fuentes de agua y otros recursos.

También la ley de sociedades que suprime las limitaciones por rubro y establece sociedades “no humanas” formadas por algoritmos o blockchains.

 En todo lo anterior predomina la lógica de la desregulación extrema, “todo para el gran capital”.

La corrupción.

El episodio de Manuel Adorni juega como un factor de crisis y también como un distractor. Ambos elementos van en paralelo. La dimensión distractiva ahora no favorece al gobierno, que padece como pasan casi inadvertidas las “buenas noticias” que en su lógica ahora estaría en condiciones de dar:

Descenso de inflación, fuerte mejora de la balanza comercial, subida de calificaciones por las agencias internacionales evaluadoras y descenso del riesgo país, compra sostenida de reservas, persistencia de la estabilidad del dólar, recuperación de la recaudación.  

Citamos una evaluación sobre un tema conexo: “En mayo de 2026, los ingresos tributarios alcanzaron los $21,5 billones, lo que representó una suba interanual nominal del 35,6% y un crecimiento real en torno al 1,7% y 2,5%. Esto permitió cortar con una racha de nueve meses consecutivos de caída interanual en términos reales.” (Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas, UP.) Leve descenso del desempleo si bien con incremento de la informalidad.

Estas mejoras parecen tener algún reflejo en la subjetividad. Hay recuperación de imagen presidencial, aumento del índice de confianza que mide la universidad Torcuato Di Tella, intención de voto que lo muestra por arriba del 40%. Es todo provisorio, demasiado anticipado, frágil, volátil, claro. Pero marca una tendencia a ser tenida en cuenta.

No hay que sobreestimrar la repercusión de esta crisis. El jefe de gabinete es una figura muy menor. Un periodista de tercera o cuarta fila que, sin ninguna militancia política ni experiencia como funcionario público, fue catapultado primero a la vocería presidencial y luego a ministro coordinador.

Incluso hay rumores firmes de que nunca cumplió con las funciones para la que la jefatura de gabinete fue diseñada. Sólo sería un mascarón de proa para las operaciones de Karina Milei y sus fieles.

Más grave es la corrupción estructural que se devela hoy más que nunca. Libra por supuesto, con posible coima de millones de dólares para el presidente, su hermana y otros funcionarios. Es cierto que está en manos de un fiscal que no acusa y un juez que no activa. La causa puede tener un sueño prolongado en los tribunales.

Pasaron un tanto inadvertidos los créditos con favoritismo del Banco de la Nación, pero puede tomar volumen en cualquier momento.

Además hay un caso de latrocinios varios en ARSAT por Facundo Leal, quien fue titular de la empresa estratégica durante el gobierno de Alberto Fernández. El actual gobierno lo cesó pero luego lo designó a cargo del ORSNA, ente regulador de los aeropuertos, una terminal de relaciones con las grandes empresas, en particular con el grupo Eurnekian, de vínculo laboral con Javier Milei durante mucho tiempo.

Los escándalos son transversales, tal como el de Leal. El episodio de Martín Insaurralde contribuye al refresco en los medios toda una trama, con predominio peronista, que abarca al juego, el fútbol, la comercialización de ropa falsificada en las “saladitas”.

Además los permisos amañados de construcción, las “cuevas” financieras que hacen tráfico ilegal de divisas o aprovechan información privilegiada y mecanismos irregulares para hacer ganancias desmesuradas y rápidas.

Cabe la acotación de que no se exime ni Axel Kicillof, supuesto exponente de político honesto. Como mínimo, le corresponde la responsabilidad del silencio absoluto que hace sobre el caso de quien fuera su jefe de gabinete, sin manifestar ninguna condena ni disposición a investigar.

La conflictividad social por debajo de la gravedad de la situación.

Respecto a los enfrentamientos obrero-patronales tenemos datos oficiales del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) y el Ministerio de Capital Humano que marcan una alerta:

“Durante el primer trimestre de 2026 se registraron 54 conflictos laborales en el sector privado, mientras que los conflictos con paro alcanzaron únicamente 15 casos, una de las cifras más bajas desde el inicio de la serie en 2006. Este nivel de conflictividad equivale a aproximadamente la mitad del promedio observado en los primeros trimestres de los últimos veinte años, consolidando un contexto de mayor estabilidad laboral y previsibilidad para el desarrollo de la actividad económica.”

El sector laboral que se mostró más conflictivo en ese lapso fue el de los empleados públicos provinciales, con los gobiernos locales afectados por la disminución de transferencias de parte del gobierno central. Y la caída de la recaudación propia con los consiguientes retrasos en los pagos y postergación de aumentos salariales.

Hay movilizaciones. Aún son sectoriales, no articuladas entre distintos ámbitos, sin continuidad sostenida. En algunos sectores alcanzan masividad y en otros no tanto.

En el plano laboral hay algunas medidas antiobreras y antisindicales que pasan sin lucha. Lo que no obsta a que se sostenga la defensa de los puestos de trabajo y la visibilización de los abusos patronales en FATE, Georgalos y otras empresas con reducción drástica de personal o amenazas de cierre.

La capitulación gremial es muy amplia y sostenida en el tiempo, con la CGT al frente. Valga un ejemplo entre varios posibles, más allá de la conducción cegetista: Las autoridades laborales Intervienen la UOM, el sindicato industrial de tradición más fuerte y no hay una acción decidida para recuperarlo. Se ciñen sobre todo a las declaraciones y las acciones judiciales, en línea similar a la de la CGT.

Y eso en una organización que es miembro del Frente Sindicatos Unidos (Fresu), núcleo que aparecía como un prospecto de combatividad y cierta autonomía de la clase, así sea en marcos de ideología y prácticas reformistas. La dirección de aceiteros quedó sola en la convocatoria a un paro indeterminado y otras medidas de fuerza. Su disposición a la lucha no parece compartida por sus compañeros de agrupamiento.

Situación actual de gobierno y oposición.

En la interna peronista en estos días tuvo un papel relevante el discurso de Máximo Kirchner. Además de los mensajes con destinatarios internos intervino sobre un problema de otro alcance, como es la deuda.

No habló de no pago pero sí de renegociación, ante la incompatibilidad de los saldos actuales de la deuda con un modelo de desarrollo y bienestar. Esto se acompasa con el discurso duro en el rechazo a la proscripción de Cristina desde el concepto de que no hay verdadera democracia si la líder de un partido político está inhibida para participar en política, lo que es irrebatible.

Más allá de la firmeza y sinceridad que se le atribuyan, al menos pone sobre el tapete el tema de la deuda, un arnés colocado sobre los gastos e inversiones estatales. Se contrapone con el coro de los “prudentes” que se preparan para la aquiescencia permanente al poder financiero internacional.

Kirchner hijo pasó la cuenta una vez más a quienes no respaldan a la dirigente presa e incluso buscan componendas con el actual gobierno. El destinatario principal es Axel Kicillof. También los gobernadores justicialistas que forman parte de la oposición amistosa.

La interna del peronismo no encuentra vías de solución. Y hay actores intra y extrapartidarios que ni siquiera parecen buscar mecanismos conciliadores.

Se multiplican los giros a la derecha de “disidentes” que sólo tienen divergencias a favor del empresariado y empeño por la “corrección” supuestas exageraciones de las gestiones del matrimonio Kirchner.

El interrogante en ciernes es hasta dónde esta situación incide sobre la paciencia de quienes se sienten integrados o afines al peronismo. Hay elementos de desilusión pero estos no llevan de modo lineal a la predisposición favorable a nuevas alternativas.

Entre los caminos posibles está la antipolítica, la abstención hasta de la emisión del voto, la indiferencia ante cualquier modalidad de militancia, partidaria, gremial o en otros sectores de la sociedad civil. Así como el descreimiento en cualquier forma de organización y movilización.

La izquierda.

Mientras tanto y en sentido contrario en la izquierda sigue vigente el crecimiento de la imagen de Myriam Bregman y más en general la repercusión creciente de las acciones y el discurso del FITU.

Los comités junto a Myriam constituyen una iniciativa atractiva pero también con muchas complejidades. Incide la lejanía de lo electoral y la consiguiente incertidumbre. También la relativa novedad del fenómeno, que demanda un reacomodamiento mental y práctico que no es sencillo ni rápido.

Está en vigencia el debate acerca del partido revolucionario, la necesidad de un nuevo movimiento histórico y la conexión entre ambos procesos. La opción entre pluralismo o centralismo es un debate indispensable. La idea del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) de conformación de un partido con el centralismo democrático como modo de organización tiende al cierre y no a la ampliación. Se necesita el ensanche de la interlocución.  

Y la toma en cuenta de que la izquierda argentina tiene una larga tradición de pluralidad. Que no puede ser removida por un golpe de voluntarismo. Esta llega hasta el día de hoy, más allá de cierta preeminencia del PTS no hay una fuerza que emerja como masiva y con un predominio marcado frente a todos los demás partidos y agrupaciones.

También es indispensable el acompañamiento de la “transición interior” de una parte de la sociedad, que se encuentra a mitad de camino en el sostenimiento de cierta expectativa si bien debilitada en el peronismo. Además del escepticismo y la retracción política y en otro sentido, también una mirada más atenta que nunca antes hacia la izquierda.

“Si queremos ser una alternativa real, tenemos que discutir qué haríamos nosotros frente a la crisis, cómo gobernaríamos y para quién”, señaló un docente en un comité de apoyo.

Un tema para la discusión es el papel y la envergadura de la izquierda por fuera del FITU. Un parámetro que no habría que eludir es que hay poca izquierda asumida a pleno como tal y organizada por fuera de la coalición de las fuerzas revolucionarias y socialistas.

Hay peronistas que se consideran de izquierda pero no obran por ahora en consecuencia. También hay partidos de izquierda históricos que se han sumado al kirchnerismo y no terminan de distanciarse o más aún, siguen “pegados” a la dirección kirchnerista. (Patria Grande, Corriente Clasista y Combativa, Barrios de Pie, Partido Comunista, etc.)

La degradación democrática y sus perspectivas.

Existen agrupaciones del peronismo o afines que aspiran a la independencia y se proyectan en un sentido revolucionario o al menos de transformaciones profundas. Pero son pequeñas.

Correr detrás de potenciales aliados fantasmagóricos es un viejo hábito de sectores de la izquierda. Se requiere la diferenciación entre quienes gravitan y quienes no en la vida política, social y cultural. Y sobre todo la búsqueda de interlocución directa con quienes no se encuentran encuadrados o sí lo están pero con una relación cada vez más laxa y susceptible de romperse.

Si aumentamos la lente al conjunto del sistema institucional inaugurado en 1983, éste ya no funciona. La corrupción generalizada, la violación sistemática de todas las formas y procedimientos.

La colonización por el gran capital y otras dimensiones del país real y de las instituciones, la venalidad, el pragmatismo descarnado y la falta de principios en el poder legislativo y judicial, impide que haya una vida no ya democrática sino de instituciones liberales con mediana operatividad.

El grueso de las clases dominantes y los políticos de la derecha son conscientes de eso y actúan en consecuencia.  El gran capital también. Poco a poco se filtra el discurso antidemocrático ya sin pudores. La exclusión de la voluntad popular se incorpora al programa estratégico de las clases dominantes, los políticos a su servicio y los medios de comunicación del establishment.

Desde abajo todavía no hemos tomado nota y seguimos en el intento de movernos con el instrumental de la democracia representativa. Ni el poder judicial, ni el congreso, ni ningún mecanismo de control son ya permeables a la voluntad del pueblo y sus intereses.

Necesitamos pensamiento y actuación en términos de confrontación. “Fuera Milei” es una consigna mucho más productiva que cualquier forma de confianza en los resultados electorales.

Lo contrario significa la continuidad en la comodidad timorata, la apuesta a “todos contra Milei” en comicios con candidatos bien inclinados a la derecha. Ostentación de “seriedad” y “moderación” a gusto del gran capital y el imperio. Tal vez para terminar en medio de lloriqueos ante un previsible triunfo de la derecha, frente a una clásica respuesta electoral en situaciones de ese tipo: Entre el original y la copia la ciudadanía opta por la primera edición.

La batalla de clases se proyecta hoy como un choque de frente. El gran capital no va a detenerse por su propia iniciativa ni perdonará nada. Seguirá adelante con su plan, con Milei u otro presidente, incluso si gana el peronismo más o menos convencional.

La degradación de todo el sistema, que se profundiza y acelera día a día señala sin embargo una oportunidad para propuestas nuevas, sin temores de disrupción. Con amplitud y flexibilidad, superadora de prejuicios paralizantes y divisiones secundarias. Con la vista puesta en las masas. Las auténticas, tal como son y no como los deseos o los prejuicios marcan.

Se requiere conciencia de la gravedad de la situación. De que están en juego aspectos esenciales. Como la soberanía nacional, frente a un gobierno que cede territorios, habilita la injerencia imperial descarada, los negocios ilimitados para el poder económico y la cesión de recursos sociales decisivos.

Asimismo está en juego la soberanía popular frente a poderes de facto y también formales que no quieren que el pueblo delibere ni gobierne de ninguna manera. Dispuestos a la imposición de proscripciones, falseamiento de resultados electorales, manipulaciones judiciales y acusaciones apócrifas de dimensiones inusitadas. Y tal vez en un futuro cercano a la supresión de las instituciones parlamentarias y a la modificación regresiva del sistema electoral.

Se necesita la voluntad de construcción de una izquierda popular y masiva en condiciones de emprendimiento de la transformación de la sociedad. En base a un programa explícito y difundido. Y también, algo indispensable, la apelación a las emociones, el rescate de la memoria histórica y la reivindicación plena de las mejores tradiciones y liderazgos de la sociedad argentina a lo largo de su historia.

Imagen de portada: Perfil.

Fuente: https://huelladelsur.ar/2026/06/25/observaciones-sobre-la-coyuntura-en-un-momento-arduo/


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