El jefe de Estado argentino ataca al periodismo con una saña sin precedentes. Tiene la suerte de que los “republicanos” han puesto sus convicciones en pausa mientras se reestructura la sociedad en beneficio del capital.
La semana pasada quedó impedido el ingreso a Casa Rosada de los periodistas acreditados en casa de gobierno. Se cerró la sala de prensa por tiempo indeterminado. Con un pretexto más que trivial: Un cronista de la señal de noticias TN que había ingresado con unas gafas que permiten filmar. Y habría tomado imágenes de los pasillos de la sede gubernamental.
La sospecha ridícula acerca de que eso atentaría contra la “seguridad nacional” avaló la restricción de entrada a más de medio centenar de comunicadores.
Hay algo que debería ser asombroso y ya no lo resulta así. Es que quienes fueron hasta ayer apóstoles de la libertad de expresión entre la dirigencia política y el poder económico hayan encajado el acontecimiento sin chistar. O hagan sólo reparos menores, en tono mesurado.
Silvana Giudici, la diputada hoy de La Libertad Avanza sólo pronunció una frase ambigua al respecto. Justo ella, la inconmovible abanderada de la condena a la más mínima real o supuesta restricción a la tarea periodística durante los gobiernos K.
Recuérdese que hasta actos más bien ingenuos, como la ruptura simbólica de un ejemplar de Clarín por un jefe de gabinete desataban oleadas de impugnaciones en un tono de irrefrenable indignación moral. Y eran repetidas en virtual cadena nacional por los medios de mayor audiencia.
Ahora se tiende a mirar para otro lado ante una escalada que hace poco aplicó restricciones por la sospecha de “financiamiento ruso” a algunos medios. Y ahora la emprendió contra todos los medios, sin excepción.
Muy diferente fue la reacción del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (Sipreba): “Repudiamos el acto de censura que se suma a la escalada de abusos de poder de parte de Javier Milei, quien no solo insulta, difama y hostiga a periodistas y trabajadores de prensa que realizan su trabajo, sino que presiona por despidos, como es de conocimiento público“, manifestó la entidad gremial en redes sociales.
Claro que esa contundencia en la respuesta no puede aguardarse de quienes tienen fuertes lazos de asociación con el gobierno y comparten el grueso de sus políticas. Incluida una parte sustancial de los periodistas de los grandes medios. Sólo provino de quienes defienden con seriedad los derechos de los trabajadores.
Será lo que sea pero es de los nuestros.
A diferencia de las distintas encarnaciones del kirchnerismo el gobierno de La Libertad Avanza es visto como “del palo” por el poder real. El R.I.G.I; las ventajas impositivas, la desregulación inmobiliaria, la ley de glaciares, la reforma laboral en sitio destacado, todos son puntos a su favor. Demandados durante mucho tiempo por el gran empresariado y sus aliados partidarios, comunicacionales y judiciales.
A la vista de esas prestaciones por parte del gobierno de ultraderecha, la “agenda republicana” queda reducida a su mínimo peso. Y con ella las preocupaciones por uno de sus supuestos pilares, la libertad de prensa.
Apenas algunos analistas de mayor densidad intelectual y aprecio más elevado por la sustentabilidad y coherencia de sus posiciones mantienen los reclamos de “calidad institucional”. Y la preocupación por las libertades que, como la de informar e informarse, transitan a veces, sólo a veces, por fuera de la pura esfera mercantil.
El resto, a lo sumo, elevan alguna protesta por los insultos de tono más escatológico. Y brindan una que otra tímida advertencia a propósito de los deslices hacia el “populismo autoritario” de parte del actual gobierno.
La derecha “tradicional” decidió darle sostén desde el comienzo a un presidente que no era su apuesta inicial, pero con quien privilegió el amplio abanico de coincidencias. Esto se extendió a todas las dimensiones de la constelación de poder.
El gobierno Milei podía ser un paso hacia el viejo sueño de convertir las políticas “de mercado” en una “política de Estado”. Que se prolongue más allá de cambios de gobierno, de signo partidario distinto. Como ocurre en Perú, hoy erigido en “modelo” por muchos representantes del sistema. Allí los presidentes pasan. Y el titular del Banco Central y las políticas monetaristas y neoliberales permanecen.
Hacia un cambio agradable.
Los serios contratiempos del presente no anulan esa apuesta. Hasta pueden reforzarla, darle formas de implementación más concreta. Allí está Paolo Rocca requiriéndole a Mauricio Macri un rearmado de PRO para la configuración de un gobierno de “gente normal”. Sin cambios sustanciales de línea socioeconómica. Incluso con el rescate de lo fundamental de la “batalla cultural”.
En la misma dirección se ha movido Emilio Monzó, quien propuso en público la postulación del banquero Jorge Brito para presidente. El ex líder parlamentario de PRO retoma una línea más pudorosa, de nuevo habla de “centro”. Una enmienda al derechismo explícito y envalentonado que imperó en estos últimos dos años y medio.
En consonancia con las miras “centristas” de Miguel Ángel Pichetto. Quien al parecer difiere con Monzó en tanto que visualiza el recambio por el lado de e “panperonismo” limado de asperezas “nacionales y populares”. Para que pueda erigirse en bastión de estabilidad y compromiso entusiasta con el dominio del capital.
Si el establishment debe encarar el reemplazo del “león” eso no será por causa de sus asperezas antirrepublicanas y su odio hacia el periodismo. Sino porque se revele inviable el sostenimiento social y político del consenso necesario para el mantenimiento del conflicto en límites manejables.
O que sin llegar a escenarios de confrontación abierta deje de ser una opción electoral con posibilidades efectivas de triunfo.
La chatura de las pseudoalternativas presentadas supera incluso cotas anteriores. Hasta el predicador-empresario Dante Gebel ha recibido considerable atención, en un arco que va desde el gobernador de Córdoba a una parte sustantiva de la dirigencia sindical.
Y tuvo en su breve paso por el país una repercusión mediática que puede envidiarle buena parte de la dirigencia política. Ninguna definición, nula propuesta, sólo el deseo de inscribirse en una disputa electoral aún incipiente.
Ante semejante pobreza y dispersión hasta el más deslucido de los presidentes mantiene la factibilidad de ser reelecto.
Mientras tanto, el líder de La Libertad Avanza puede empeñarse en odiar lo suficiente a los periodistas. Y en el desperdigamiento sobre la sociedad argentina de un alud de violencia simbólica que los ex republicanos están dispuestos a seguir tolerándole. Total las verdaderas víctimas están en el abajo social, por más que algunos milmillonarios resulten zamarreados en la superficie.
Imagen de portada: Capital24
Fuente: https://huelladelsur.ar/2026/04/28/la-libertad-de-prensa-ahora-es-lo-de-menos/