Seguimos en el reino de lo menos pensado. Por Daniel Campione.

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El miércoles 25 de octubre, en un día plagado de sucesos interrelacionados entre sí, se concretó el establecimiento de una alianza y la ruptura de otra.

La nueva alianza: La fuerza no sólo viene del cielo.

El primer pronunciamiento a lo largo del día fue la adhesión de Patricia Bullrich y Mauricio Macri (éste último sin exponerse por ahora a un respaldo directo) a la candidatura de Javier Milei. Lo que resulta muy lógico para Macri, que probó simpatizar con la postulación del economista desde bastante antes de la celebración de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).

Lo hizo aún a costa de cometer un boicot activo de las postulaciones en su espacio.  Primero la de Horacio Rodríguez Larreta, en las PASO, y luego la de la exministra de Seguridad, en la primera vuelta. De esta última es fácil recordar alguna airada protesta al expresidente por sus gestos benévolos hacia la persona y sobre todo a las “buenas ideas” que el expresidente atribuye al “libertario”.

En consecuencia la novedosa apuesta aparece mucho menos plausible para Bullrich. A lo que hay que añadir que hasta hace pocos días sufrió graves injurias por parte del líder de La Libertad Avanza (LLA), las que ahora ha resuelto perdonar en aras de los puntos de contacto de ambos proyectos. Disculpas hacia el expresidente, clemencia para Milei. Demasiados perdones aún para la cenagosa realidad de la política argentina.

Pertenece por ahora al campo de las especulaciones si la coincidencia electoral devendrá en la elaboración de un plan de gobierno común y en un reparto de cargos ejecutivos. Cabe suponer que esto último se concretará en muy breve plazo. El plan común tendría asimismo como sustento básico un acuerdo parlamentario entre el bloque de LLA y los congresales procedentes de JxC que decidan respaldar a la nueva entente. Su contenido, un ajuste brutal y un repertorio concreto de medidas regresivas y antipopulares, qué duda cabe.

Respecto a Milei, es obvia la observación de que ha decidido dinamitar su discurso “anticasta”, ya ajado por el fallido entendimiento con Luis Barrionuevo, cabal representante de las mafias sindicales. Perdedor en la primera vuelta, está en la búsqueda afanosa de votos, y de apoyos que contribuyan a incrementarlos. Hacerse con el respaldo de al menos una parte de JxC, era el modo de quebrar lo que él mismo describió como “estoy solo”.

Dada la marcada y mutua aversión entre el grueso del radicalismo y los postulados de LLA, poco podía esperar el ultraliberal por ese costado. Ídem de parte de la Coalición Cívica. Le quedaba anudar lazos con al menos una parte significativa del PRO. Lo logró ayer, en la persona del líder y fundador del espacio y de la presidenta del partido y recién frustrada aspirante a la presidencia.

El alineamiento pleno con el gran capital común a todos estos actores, el común bagaje de ideas reaccionarias y la aversión compartida a trabajadores y pobres forman parte insoslayable en el equipaje con que llegan al flamante entendimiento. Esa comunión de intereses y creencias les ha facilitado el dejar atrás cualquier agravio previo.

Incluso el hombre de LLA aportó, a partir de la noche del domingo, su pronunciamiento por un antikirchnerismo furibundo, que no había exhibido con anterioridad. Coincide así con el leit motivde la campaña de Bullrich y reviste de algo de verosimilitud al llamado a unirse ante “la patria en peligro” que emitió la presidenta de PRO como elevada justificación del acuerdo.

En una hipérbole sesgada, el triunfo de Sergio Massa pondría en riesgo a la nación misma, lo que se complementa con la asimilación del exi-intendente de Tigre al kirchnerismo. Se adiciona la hipótesis, que han dejado correr todos ellos en el día de ayer, de que ese “retorno”. kirchnerista podría llevar a la perpetuación de Massa en el poder.

Y a 20 años más de régimen “populista”, asentado en una “asociación criminal” como lo definió en su discurso, el devoto del anarcocapitalismo, en una más de sus tantas desmesuras.

Tribulaciones de los ahora “neutrales”.

Hubo que esperar pocas horas para que se manifestaran otros componentes en JxC.

Lo hicieron en disidencia con el emprendimiento Macri-Bullrich-Milei, y en duros términos. A lo que se unió la condena al procedimiento. Reclamaron porque se ignoró a reuniones ya programadas del PRO y de la Unión Cívica Radical (UCR), en las que se iba a discutir el posicionamiento hacia el 19 de noviembre.

Algunos pasajes de las declaraciones del líder radical Gerardo Morales fueron una requisitoria personalizada contra el también dirigente de la FIFA. Dijo por ejemplo: “Macri es el gran responsable de la derrota. Antes de las PASO ya hacía campaña para Milei. Lamento que Patricia se haya sumado y de esta manera.”

A ello agregaron algo que no se desprende con carácter necesario de la condena a la Alianza. Los radicales se pronunciaron por lo que llamaron “neutralidad”, traducible como “Ni con Massa ni con Milei”. Condenan a ambos.

En otro párrafo, el aún gobernador jujeño y carcelero de Milagro Sala, trató de desvalorizar la incidencia de quienes, a su juicio, optaron por romper la coalición. “No es todo el PRO. Horacio (Rodríguez Larreta) no comparte esta posición. Tampoco la Coalición Cívica, Lilita (Carrió. Tampoco Pichetto (Miguel Ángel).”

Con esa base procuró delinear una perspectiva de futuro, algo arduo en una coyuntura tan crítica, que algunxs llamaron con agudeza una “implosión” de JxC. Adelantó sí que los radicales piensan continuar con la alianza y que desean un radicalismo “más fuerte que nunca” para 2027.

Más allá de esa apelación a un porvenir todavía borroso, queda claro que hoy están ubicados en una posición muy vulnerable. Llegarán a la inminente votación sin aspirantes propios. Y en carencia de otra propuesta que la libertad de acción para sus afiliados y simpatizantes a la hora de sufragar. Casi la nada misma en términos de oferta política.

Con palabras de parecida contundencia se expresó un tiempo más tarde el dirigente de PRO que sufrió en carne propia el sabotaje de Macri contra sus pretensiones presidenciales. Dijo Rodríguez Larreta: “Soy coherente con mis convicciones, las dos opciones son muy malas para los argentinos y yo elijo la unidad de JxC”. El reparo que cae de su peso es que la división de la coalición opositora ya se consumó. Dos dirigentes hasta ahora fundamentales la han abandonado, sin avisar a casi nadie, ni adoptar recaudos de ningún tipo para con sus compañeros de hasta ayer.

Otro “prescindente” en la línea “ni-ni”.

El resto son conjeturas muy verosímiles. El jugador internacional de bridge habría convencido a Bullrich del entendimiento con Milei, luego de presionarla, manteniéndose en un segundo plano. Aún a costa de romper con todos o casi todos los demás partidos de la coalición, con otros fundadores de PRO, más la mayoría sino todos los gobernadores enrolados en JxC. Y distanciarse de buena parte de los legisladores nacionales del espacio.

Ahora se trataría para los remanentes de la coalición de “centroderecha” de recoger los heridos e intentar la reconstrucción de la alianza en condiciones que despuntan adversas. Está por verse con cuanta convicción y energía lo harán, y menos aún se sabe qué suerte les cabrá en el futuro próximo.

Como queda el sistema político.

El parcial o total desmantelamiento de la conjunción que gobernó entre 2015 y 2019 constituye un remache más en la profundización de la crisis de representación que atraviesa nuestra sociedad. El escenario de “bicoalicionismo” que quedó planteado a más tardar en 2007, se encuentra, por decir poco, profundamente alterado.

En un cálculo matemático, poco aplicable en política, el hombre de la motosierra debería beneficiarse de un respaldo más tangible que “las fuerzas del cielo” que invocaba hasta ahora. No sabemos sí así será. El traspaso a la ciudadanía “de a pie” de las decisiones de la dirigencia, es cada vez más lábil. Se ha dicho y escrito hasta el cansancio en estos días, no deja de ser verdad por haberse vuelto un lugar común

Tanto el jefe de gobierno porteño como el liderazgo radical manifestaron su indignación por la autoatribución que hizo la excandidata de los 6 millones de votos que obtuvieron los cambiemitas. Ahora viene la disputa por esos sufragios entre las dos fuerzas que quedaron en pie. Resulta previsible que al menos una parte de quienes se consideran “traicionados” apuesten, aunque sea bajo cuerda, por el postulante del peronismo.

El escenario está abierto. Quienes enfrentan a Milei no debieran recrearse en la creencia de que, en medio de este desbarajuste, el ultraliberal está condenado a la derrota. Los separan más de un millón y medio de votos respecto a La Libertad Avanza, es cierto.  Es sin embargo muy probable que los perdidosos de la primera vuelta apelen ahora a su propia “campaña del miedo”, ante la ya mencionada presunción de un nuevo ciclo largo de predominio peronista. Se verá con qué resultado, no hay que descontar su fracaso.

Los seis puntos de diferencia no son una diferencia irremontable. Y queda por ver el efecto que las pulsiones antiperonistas tendrán sobre la porción de la ciudadanía que suele experimentarlas con fuerza.

Y no habrá que soslayar los movimientos financieros y políticos del gran empresariado. Ahora uno de ellos respalda al candidato excéntrico. Este último ya no está solo. Y cabe presumir que las prevenciones hacia él del gran capital experimentarán algún descenso.

Para trabajadores y pobres, hay que reiterarlo una vez más, la perspectiva, gane quien gane, es de resistencia frente a una renovada ofensiva capitalista. No se trata de negar diferencias y matices. Si de no relegar cuanto tienen en común ambas propuestas.

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Fuente: https://tramas.ar/2023/10/26/seguimos-en-el-reino-de-lo-menos-pensado/


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