La transición generacional y la disputa por la reproducción del capitalismo. Por Enrique Elorza.

Revisar y analizar la transición generacional es un tema de interés para reflexionar acerca de los desafíos de los procesos alternativos al capitalismo. En este sentido, las siguientes líneas pretenden focalizar acerca de quienes y de qué manera están liderando la transición generacional en la Argentina a partir del año 1976. El tema lo traemos al debate,  ante la necesidad de repensar cómo y desde dónde confluir en articulación con los distintos proyectos alternativos para salir del capitalismo, poniendo atención en este tema.

Para aproximarnos a este tema entendemos que es importante recuperar el significado y alcance de las iniciativas populares de las generaciones de los año 50/60, no para “quedarnos en la historia” como lo fomentan los sectores reaccionarios conservadores, sino para comprender qué se buscaba con la revolución latinoamericana y caribeña de aquella época. También para comprender el alcance brutal del golpe militar de 1976 en Argentina que logran obstruir y eliminar la posibilidad de que  otros territorios pudiera quedar liberados del imperialismo norteamericano, como fue la revolución cubana.

En aquellos años muchos fueron los temas que se ponían en tensión desde la práctica revolucionaria dentro de los diferentes  espacios que confluían en la puesta en cuestión del capitalismo y buscar cómo salir de este sistema de explotación y dominación. También fue época de pensar desde Nuestramérica. La categoría de la unidad latinoamericana para confrontar a los monopolios era parte de la ofensiva por la liberación de los pueblos, cada uno con sus particularidades.

Hoy nos interesa  recuperar ambas categorías: discutir el capitalismo y volver a pensar desde Nuestramérica. Para ello creemos que es importante visibilizar qué es lo que está limitando volver a discutir estas categorías y por qué suele ser observada desde una porción significativa de la población, como algo imposible para esta época: la época de la globalización y modernidad capitalista.

En estas breves líneas se quiere dejar planteado cómo intervine en todo esto la transición generacional  en los años previos al golpe militar y posteriormente, buscando  focalizar como se ha ido construyendo una subjetividad colectiva que acepte al capitalismo como algo natural y que, el o los modelos a seguir son los que suceden en el mundo desarrollado materialmente: el noreurocentrismo. 

Algunas referencias

El golpe militar dejo las bases de un nuevo modelo productivo capitalista bajo el ideario neoliberal, habiendo establecido las condiciones para que la inserción de Argentina al  capitalismo global y de subordinación económica, política, cultural e ideológica se consolidara. Inserción-subordinación, considerada como un valor y un lugar a arribar para los sectores de la sociedad que tienen la concepción que la globalización neoliberal capitalista, es el espacio para el desarrollo de la sociedad en general y en particular de la Argentina.

Espacio que es sinónimo de mercado, en particular concentrado, como organizador de los aspectos centrales de nuestras vidas. Dándose por iniciado en este período, entre otras cosas, el camino hacia la consolidación de una subjetividad colectiva que por momentos adquiere un carácter masivo, basada en el individualismo como parte de la solución de los temas de interés para la sociedad.

Se trata de la indiscutible verdad de lo privado sobre lo público y lo común. Del “hombre económico” como eje en las decisiones de la práctica social, poniendo a la política de manera subsidiaria ante el avance de la  profesionalización de la política tecnocrática, convergiendo estos “nuevos profesionales”, en la categoría de la practicidad y productividad material de la vida. Es decir, ir y lograr  arribar hacia una sociedad de consumo, más allá de los impactos sociales y ambientales. La política institucionalizada y profesionalizada está convencida que Argentina debe desarrollarse dentro del capitalismo y de la globalización hegemónica con sus particularidades y de ahí, con sus diferentes nexos en el orden internacional. También acompañan esta visión diferentes capas generacionales

De esta manera la construcción de esta subjetividad hedonista colectiva, posibilitó  moldear las ideas y las prácticas políticas, empresariales, gremiales, escolares y universitarias, y de otras formas de organización de la sociedad que expresan los intereses sectoriales de época, incidiendo para que los  conflictos y antagonismos de la sociedad, sean inducidos a dirimirse entre la falsa antinomia neoliberalismo y neodesarrollismo, o también expresado en república o populismo, subrayando de que dentro de estas antinomias existen especificidades que la distinguen. Decimos falsa en el sentido que con más Estado o menos Estado pareciera ser que es la solución a los problemas,   ocultándose  desde el poder real los efectos adversos de este modelo en procura de la perpetuidad capitalista. 

Entonces es que nos preguntamos: ¿Deberíamos reparar de qué manera se construyó esa subjetividad? ¿Comprender cómo ha sido y es su reproducción actual y su aceptación? Estos y otros interrogantes son necesarios llevarlos al seno del pensamiento crítico para una mejor comprensión de los desafíos en la búsqueda de alternativas al actual sistema. También para observar, cómo y de qué manera el poder real va consolidando su pensamiento en una práctica que lleva a gran parte de la sociedad a una reproducción social que converja en este  modelo de vida.

Entonces con  relación a los alcances  de la dictadura militar muchos serían los aspectos por analizar. En particular interesa exponer dos de ellos para reflexionar acerca de la transición generacional con el objetivo de  comprender parte de las limitaciones reales para avanzar desde los diferentes espacios populares  en la construcción de procesos alternativos

Uno de los aspectos es que  a partir del restablecimiento  del período constitucional en 1983 a la fecha, el capitalismo no se discutió más. No ha estado ni está en la discusión en gran parte de los espacios donde “se hace política”. Tampoco  está en  los planes de los diferentes gobiernos constitucionales, ni en la política de aquellas expresiones con representación parlamentaria y de alternancia de gobierno que vienen siendo quienes han ido “hilvanando” con sutileza y matices diferentes, lo que se denomina la “consolidación de la democracia a partir de 1983”. Tampoco para la universidad pública es un tema relevante.

El otro aspecto para analizar es la desvalorización y desprecio del pensamiento  Nuestroamericano. En definitiva se trata del  “refortalecimiento” del pensamiento eurocéntrico y del “vivir mejor”. Es decir la sociedad de consumo que logra ir unificando una sola dirección para la reproducción de la vida, en el sentido de poner como punto de llegada una única forma de integración global, dejando de lado las fortalezas locales, ancestrales,  con las consabidas experiencias de la historia, entre otros factores.

Para consolidar esta visión del mundo y materializarla, ya sea por la fuerza o por la ideología, se hace necesario construir una subjetividad colectiva que acompañe este proceso. Esta es la construcción logrado de parte del poder real en Argentina y en el orden mundial.

El golpe militar y consolidación capitalista

La complejidad de lo que significó en Argentina el denominado Proceso de Reorganización Nacional, es decir el golpe militar, habría que volver a revisarlo. Hay certeza de muchos de sus males.  Sin embargo existen  amplios sectores de la sociedad  que minimizan el alcance de éste período y sus implicancias en los gobiernos constitucionales posteriores. El terrorismo de estado y su adoctrinamiento neoliberal, logran que en parte se mire al golpe militar como un hecho que hace al pasado, y por  otra parte, logrando  que se crea y promoviendo a la vez, que se mire hacia el futuro, procurando  insertarse en la perspectiva de una  integración  global y abierta al capital transnacional. Todo esto poniendo el acento que esta etapa es un hecho que ya fue juzgado oportunamente en la historia.

  Parte de la población  tiene una idea no acabada de los impactos de este período 1976-1983, tampoco  de las derivaciones en lo económico, político y social. Siendo que,  por un lado, han condicionado en gran parte la política de los gobiernos constitucionales; y por la otra, han dado lugar al pensamiento y práctica vulgar, que en política hay que ser expeditivos, productivos y efectista, descontextualizando aspectos políticos, sociales y culturales y estructurales de la sociedad. También otros, insistiendo interesadamente,  de la  “inevitalidad” de la modernidad globalizante, agregando que reflexionar desde pasado no conduce a nada.

Esto requiere un estudio y conocimiento del pasado con atención en temas que no siempre han sido visibilizados y abordados desde el campo popular. Se hace imprescindible construir espacios para debatir y estudiar habilitando nuevos aprendizajes de ese período para contribuir a comprender cómo salir del actual modelo de reproducción de la vida que ha impuesto el capitalismo.

La desvalorización y desprecio del pensamiento  Nuestroamericano

Las acciones y discursos en procura de nuevas formas de articulación con países de Nuestramérica no han tenido ni tienen el acompañamiento necesario para su construcción y sostenimiento en el tiempo. Así, cuando surgen  iniciativas regionales por algún impulso gubernamental pueden desaparecer rápidamente con el cambio de gobierno, o con el mismo gobierno. La población en general y parte de la dirigencia,  al momento de pensar y buscar diseñar nuevas articulaciones regionales en Latinoamérica y el Caribe, no se expresan al respecto con demasiado énfasis, más allá de haberlas “apoyados”  algunos  en la oralidad y poco en la acción. Algo no les convence.

El vínculo hegemónico de la política profesionalizada en Argentina con EE.UU y  Europa es un sentir de alto valor simbólico y material.  Siempre es visto como un espejo en el desarrollo cultural-formativo, también  para garantizar y llegar al “Vivir Mejor”, expresado en la sociedad de consumo.

Cuando se busca poner en la agenda al “latinoamericanismo” aparecen los coros de la subvaluación de esas ideas y prácticas. Ni qué decir al referenciarnos con el Caribe: los motores para la invisibilización se agudizan.

Basta ir a los registros de la década pasada con el advenimiento de nuevas propuestas y acciones de articulación regional para comprender este fenómeno. Nos estamos refiriendo a la creación del ALBA-TCP, UNASUR, Banco del Sur, CELAC, entre otras iniciativas, y observar las posturas al respecto más allá de los logros alcanzados.

La transición generacional y la disputa por la reproducción del capitalismo

Muchos son los aspectos para seguir aprendiendo del alcance y significado del golpe militar de 1976. Nos interesa aludir a los dos aspectos mencionados anteriormente, con el propósito de acercarnos a la cuestión generacional en su transición y su disputa.

Pareciera ser que mayoritariamente la sociedad argentina acompaña esta visión de proyectarse con el capitalismo desde el eurocentrismo. Sin embargo, con sus ilusiones, llegan las frustraciones y desilusiones, en el marco del desarrollo del péndulo de gobiernos constitucionales en cada acto electoral. Esta parte de la sociedad suele  prender la llama de la esperanza para buscar  superar la  exclusión social  y/o  de recuperación del  “bienestar perdido” (¿clase media?), que van  acompañando a algunas de las alternancia del momento desde 1983.

Lo que resulta complejo observar, de parte de quienes acompañan algunas de estas iniciativas,  es que la fragmentación social en que se encuentran estos sectores y la sociedad en su conjunto, salvo quienes pertenecen a la economía de las minorías,  es   producto de una matriz productiva y social dependiente, concentrada, excluyente, depredadora del hábitat y de mercantilización progresiva en la mayor parte de la vida cotidiana. La exclusión es parte del funcionamiento del capitalismo.  Esta matriz se transforma como un gran cerco para el mejoramiento material y de derechos de las personas, más allá de la alternancia de los  gobiernos constitucionales hasta el presente. Las mejoras han ido quedando concentradas en un círculo cada vez más reducido. Es decir en el ámbito de la economía de las minorías.

El éxito de la subjetividad colectiva instalada es que estos sectores, vean a la fragmentación social de la que son parte, no como un problema del sistema capitalista.

Esto es parte del éxito del golpe militar de 1976 haber posibilitado una construcción  intergeneracional, que “asume” por un lado, como válido que  el capitalismo es parte de la  dirección de vida. Y por el otro,  la desvalorización de nuestroamericanismo, como  práctica discursiva y formativa. Todo lo cual contribuye a alejarse de los temas estructurales propios de las necesidades de los sectores populares,  induciendo  como modelo de soluciones lo que se encuentra en los países desarrollados materialmente, dando por resultando de manera permanente, la relación centro periferia y la consolidación de la  dependencia e insubordinación al capital global. Hay aquí una subjetividad colectiva, una visión muy fuerte que no da lugar en pensar en alternativas.

Dicho esto es interesante observar la conformación demográfica intergeneracional de estos años y pensar, a partir de las edades de los sujetos que constituyen hoy nuestra sociedad, de qué manera el poder hegemónico ha logrado la construcción de una subjetividad de “aceptación” del actual orden económico y social y su proyección dentro del capitalismo. También comprender como ha sido y es su reproducción actual, fortaleciendo y vigorizando la aceptación de una subjetividad hedonista colectiva, que ha ido dando lugar a  “moldear”, intergeneracionalmente, las ideas y las prácticas políticas, empresariales, gremiales, escolares y universitarias, y de otras formas de organización de la sociedad, que expresan los intereses sectoriales de época en dirección a conservar el actual sistema.

También hay que interrogarse si desde el movimiento popular  las estrategias y prácticas que se fueron asumiendo han tenido en cuenta cómo incidir en las diferentes capas generacionales que hoy forman parte como sujetos y que muchas veces se los piensa como sujetos de la revolución. Es decir, qué mecanismos, qué políticas de bases, territoriales, etc., se vienen desarrollando en estos sectores para contraponer prácticas a la lógica de reproducción social establecida por el poder real.

Se trata en definitiva de cómo hacer para recuperar este proceso de transición generacional, que por diversas causas, que escapan a estas líneas, creemos que hasta el momento ha sido capitalizado y  capturado por el poder real hegemónico fortaleciendo las políticas conservadoras. 

Una manera de reflexionar es considerar la actual conformación intergeneracional en relación  dos  momentos  de la Argentina: la generación previa al golpe militar y la siguiente. Ambas tienes sus particularidades. Estamos aludiendo, en el primer caso,  a la generación  de los  50 – 60 involucrada en una Latinoamérica en plena etapa de ascenso al cuestionamiento del orden establecido a partir de la  revolución cubana y los diferentes movimientos de liberación nacional en Nuestramérica, entre los cuales se cuenta la Argentina, con la conformación de gobiernos, que en algunos casos cuestionaban el orden impuesto desde EE. UU.  Y por otra parte, a la generación posterior, es decir después de 1976.

Para ambos momentos es importante comprender cómo es en la actualidad la  composición intergeneracional, para alcanzar a dimensionar por qué puede estar pasando lo que pasa. Es decir por qué es tan complejo la construcción del sujeto revolucionario frente a la consolidación del sujeto económico para la reproducción del sistema.

La Argentina al 2022, según la proyección dadas por el INDEC https://www.indec.gob.ar/indec/web/Nivel4-Tema-2-24-84, al momento cuenta con 46.234.830 habitantes, de los cuales,  el 68% está compuesto por personas de 0 a 44 años, luego hay  un 20,15% que  van  de 45 a 64 años, le sigue un 6,7% entre 65 a 74 años y por último, un 5, 10 % que incluye a personas de 75 y más años.

Dos cuestiones que son obvias pero necesarias destacarlo. Si vamos a las iniciativas populares de los 60, época en que se construye el ideario del hombre nuevo, del trabajo voluntario, de la solidaridad internacionalista, del desarrollo de una conciencia colectiva que pone en discusión el consumismo y el disfrute superfluo del capitalismo, de entregar la vida por una causa, el rechazo a la mercantilización de la vida. También cabe  decir que la época a la que estamos aludiendo, es cuando se construye una conciencia anticapitalista, antiimperialista y latinoamericanista y caribeña que se plasma en políticas concretas, Cuba, Chile, entre otros países.

Quienes hoy integran las distintas capas generacionales que formaron parte de esa época son una minoría del orden del 5,10%. Se puede agregar a la franja de personas entre los 65 y 74, que sumando a la anterior representa un 11, 8 % del total de la población actual. Sabemos que las lecturas y análisis demográficos y políticos no son lineales ni determinista y que no es necesario vivir una época para comprender el fenómeno en estudio y que acá lo ponemos en tensión, sin embargo creemos que incorporando estos datos pueden contribuir al entendimiento de este fenómeno.

Lo que se quiere significar con este punto es que si hoy, nos proponemos pensar en las alternativas para salir de las alternativas que ofrece el capitalismo: neoliberalismo/neodesarrollismo o república y el mal llamado populismo, se tiene que reparar de qué manera reconstruir estas categorías de esa época en los proyectos alternativos al capitalismo. Por ejemplo, ¿cómo hacer el “traspaso” con las particularidades de la actualidad, de algunas de estas categorías hacia la capa generacional que hoy tienen entre 0 y 44 que no vivieron esa época ni la dictadura? Nos estamos refiriendo  al 68% de la población. También aquí aclaramos que esto no es una cuestión matemática. Se está buscando objetivar el fenómeno y comprender de manera colectiva como llegar y garantizar el traspaso generacional de ideales, objetivos y prácticas.

Ahora yendo al período de la dictadura, si bien hay semejanzas en cuanto a la transición generacional, hay diferencias sustanciales. Varias pueden ser las particularidades para anotar, no obstante queremos focalizarnos en los dos temas que venimos reflexionando: el capitalismo y la desvalorización a lo Nuestroamericano a partir de la construcción colectiva de una subjetividad que convalida y potencia ambas categorías como modo de reproducción social.

La dictadura del 76 viene a romper, a quebrar y obstruir, en lo inmediato, toda posibilidad de ascenso popular y desarrollo de proyecto de gobiernos alternativos que no necesariamente iban en contra del capitalismo, y que venían conformándose con toda la impronta de los años 50/60. El proyecto conservador-neoliberal gestado a partir del 24 de marzo de 1976 supo cómo hacer para desarticular una  sociedad, mediante dos momentos que se distinguen claramente. Por una parte, mediante la eliminación física de las diferentes alternativas que venían en construcción desde los años 50/60. Esto es terrorismo de estado, muerte, desaparición, robo de niños  y tortura.

Parte del logro del golpe militar ha sido obstruir, a través de sus descendencias generacionales, que están en diferentes corrientes políticas, cada avance de parte de sectores populares. Han  tenido la capacidad de revertir el o los espacios ganados de los sectores populares. Hasta ahora son  quienes han sabido llegar y hacer una  articulación intergeneracional consolidando una  subjetividad que entre otros aspectos, posibilita el  desarrollo de mecanismos para invisibilizarlo o relativizar  las iniciativas de cambio de sociedad.

Lo destacable de este fenómeno es el hecho que desde los espacios en que se procuran generar alternativas al actual sistema, aún no se ha logrado considerar este  fenómeno y buscar alternativas para unir generacionalmente a la población, en procura de contribuir a forjar  un sentido común que  contrarreste la preminencia a individualista, hedonista y consumista, para contribuir a un pensamiento y prácticas más solidarios que valore la autonomía nacional y comprenda el fenómeno de la dependencia económica y cultural.

Pensar la transición de alternativas al capitalismo, debe auscultar modos y formas de  inserción, por ejemplo en las capas generacionales de aquellas personas que al momento del golpe militar no habían nacido y que representan el 68% de la población que hoy está entre 0 y 44 años.  Para dimensionar su importancia se trata de 31.440.636 de personas, también ahí están los sujetos de la revolución. De igual manera con  la franja de población que al momento del golpe militar tenía entre 0 y 18 años y que hoy representa el 20,15%. Se trata de 9.314.011 personas que hoy están entre los 45 y 64 años.

Muy por el contrario, los sectores conservadores y neoliberales sí lo han hecho mediante sus múltiples centros de formación, difusión, información y desinformación, consolidando un individualismo extremo y un horizonte que busca el logro material. Como así también en las múltiples inserciones en el aparato estatal como parte de la fuerza política de turno que va teniendo dominio particular sobre la sociedad. Logrando de ese modo hacer de este período y del entramado social que envuelve a estas generaciones, una segmentación de tal magnitud, que la memoria quede debilitada y no pueda recuperar la integridad de lo que fue en lo sustancial, las generaciones previas al golpe militar y las posteriores a este.

Se puede observar  como el poder hegemónico anclado en los poderes institucionales con su dominio casi permanente, saben disputar  desde diferentes espacios el poder y la dirección que han ido  logrando en  la organización de la sociedad hasta la actualidad.

En tanto que hasta el presente desde los diferentes proyectos de cierto alcance popular que se vienen configurando, no se ha encontrado cómo contrarrestar y dar vuelta al proyecto hegemónico instaurado. Sabido es que la diferencia en la relación de fuerza entre los sectores dominantes y que llevan varias décadas en el seno del poder real, con relación a los sectores que buscan un cambio de dirección en la sociedad, es muy grande. Sin embargo, de esos desafíos debe ocuparse en parte los procesos emancipatorios.

Enrique Elorza
Enrique Elorza

Enrique Elorza es Doctor en Administración Pública. Coordinador del Centro de Pensamiento Crítico Pedro Paz, y Director de la Especialización en Estudios Socioeconómicos latinoamericanos, dependiente de la Facultad de Ciencias Económicas, Jurídicas y Sociales, en la Universidad Nacional de San Luis, UNSL, Argentina. Investigador del Grupo de Trabajo sobre Crisis y Economía Mundial de CLACSO. Investigador de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP.

Dejar una respuesta