En nombre de la “unidad” ¿Al compás del Fondo? Por Daniel Campione

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Fuente: https://tramas.ar/2022/03/15/en-nombre-de-la-unidad-al-compas-del-fondo/

El pasado domingo se dio a publicidad un documento firmado por un amplio conjunto de intelectuales, artistas, funcionarios del gobierno nacional y dirigentes sociales. Está titulado “La unidad del campo popular en tiempos difíciles”.

En nombre de la “unidad” ¿Al compás del Fondo?
Jorge Alemán, Ricardo Forster, Alejandro Grimson, María Seoane y otros intelectuales firmantes. Fuente: Ámbito Financiero.

Ya el título preanuncia un llamado a mantener la unidad del Frente de Todos en el apoyo al gobierno. La misma que está dañada por las públicas discrepancias  respecto a las grandes líneas del acuerdo alcanzado con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Divergencias que han tenido sonora expresión pública en el voto en contra o la abstención en la cámara de diputados por cerca de un tercio del bloque del FdT en ese cuerpo.

 Siempre es bueno recordar que lo que en realidad se puso a discusión no fue el programa consensuado con el  FMI luego de una ardua negociación. Se trató sólo de una genérica autorización al gobierno para volver a endeudarse.

Tales desacuerdos se prolongaron en las manifestaciones de la vicepresidenta a propósito de la pedrea que afectó a su despacho. Y asimismo en algunas declaraciones de dirigentes del llamado “kirchnerismo puro”, como las de Andrés Larroque. 

Los enfoques contrapuestos no tuvieron en cambio un lugar en la “cámara baja”, ya que lxs diputadxs oficialistas contrarios al proyecto se abstuvieron de intervenir en el debate. Y decidieron no participar en ninguna de las dos movilizaciones en contra del pacto con el Fondo. La de predominio peronista del miércoles 9 y la orientada por diversas fuerzas de izquierda, del jueves 10.

La importancia del documento.

El escrito merece consideración por la gravitación de parte de los adherentes en sus campos respectivos de actuación. Limitándose a las adhesiones que lo encabezan puede mencionarse a Alejandro Grimson, Jorge Alemán, Dora Barrancos,  Ricardo Forster, María Seoane, Eduardo Jozami,  Adriana Puiggrós, Edgardo Mocca, Eduardo Alivert, Diego Golombek- Carolina Mera, Daniel “Tano” Catalano.

El texto completo puede leerse en https://www.ambito.com/politica/neoliberalismo/artistas-e-intelectuales-llamaron-consolidar-la-unidad-el-avance-la-derecha-n5392396

Es previsible la adhesión de algunxs de ellos, incluidos en el elenco gobernante. Si no con cargos ejecutivos al menos como asesores. En cambio otrxs no integran el gobierno. Y en algún caso cuentan con una larga militancia que hubiera hecho presumir una alineación con el ala del Fdt de identificación más directa y explícita con la vicepresidenta. Parecen haber tomado una dirección diferente.

Dada la oportunidad y las trayectorias académicas, periodísticas, políticas y sindicales involucradas y las aristas polémicas del texto que nos ocupa, vale la pena un somero análisis de sus contenidos.

En honor a la brevedad nos ceñiremos hoy a parte de los primeros pasajes. Nos detendremos en particular a los que remiten al encuadre mundial y latinoamericano. En una segunda entrega haremos foco en lo que resta del escrito, que da primacía al ámbito nacional.

Las partes que a continuación se reproducen de modo textual se diferencian en letra cursiva.

La “inestabilidad” ¡Qué problema!

Una pregunta nos convoca y nos exige encontrar las respuestas imprescindibles: ¿Cuál es la mejor estrategia para enfrentar en la etapa actual a las fuerzas de la derecha, la ultraderecha y el neoliberalismo que se muestran activas y con una fuerte capacidad de interpelación social?

Nótese que no se parte de un análisis de clases o sectores sociales. Se razona en términos de un “enemigo” definido sólo en términos político-ideológicos (derecha, ultraderecha, neoliberalismo). Quienes hayan sido lectores de Antonio Gramsci, para citar sólo un autor, algo saben acerca del indispensable punto de partida en la estructura social a la hora de hacer un análisis serio de las relaciones de fuerzas en juego.

Dicho esto, se puede coincidir en la actividad y proyección social de las fuerzas a que se alude.

 En el amplio espectro progresista, del campo popular y de las izquierdas, este debate está a la orden del día en varios países como consecuencia, entre otros factores, del impacto de los dos años de pandemia y, ahora, de lo que significa la guerra que lanza hacia un territorio de incertidumbre la vida colectiva en la geografía planetaria. A partir de la “oleada” de 2015 y 2016 que produjo el golpe contra Dilma, el triunfo de Trump, el ascenso de la derecha en Gran Bretaña y la derrota electoral en Argentina, se ha iniciado un ciclo marcado por la inestabilidad global, por triunfos y derrotas de ambos proyectos antagónicos y por una enorme dificultad de generar sustentabilidad a todos los proyectos políticos.

El proyecto que se pretende sustentar es asimismo caracterizado en términos que no incluyen a la estructura social. “Progresista”, “campo popular”, “izquierdas”. ¿Conceptos diferenciados, complementarios, o mero ejercicio de sinonimia? No queda claro ese punto.

En cuanto al avance de la derecha fechado en 2015-2016, se trataría   de una “oleada” que inicia un ciclo de “inestabilidad global.” Ninguna mención de los portadores concretos (en términos sociales) de la mencionada “oleada” ni las razones de la iniciación del “ciclo” al que se alude.

Queda implícita además la valoración positiva e indiferenciada de situaciones de “estabilidad”. Una perspectiva de resonancias conservadoras. Que podría incluso sonar grata a los oídos de “derecha” de cuya impugnación se parte.

 Otro elemento controvertible es el de que se trata de una disputa entre “proyectos antagónicos”. No se explicita con qué parámetros se diagnostica esa diametral oposición.

Por ejemplo, ¿el gobierno de Dilma Roussef habría sido portador de una perspectiva antagónica a la del “neoliberalismo”?  De un somero examen de sus políticas públicas no se desprende con claridad tal contraposición radical.

Asimismo no se hace ninguna reflexión sobre eventuales falencias o incoherencias del espectro “progresista, del campo popular y de las izquierdas”. Sufrieron una derrota y punto. Bastante más adelante se hará referencia a “errores”, pero ya en otro contexto.

Estamos en una época donde toda estabilidad se vuelve precaria y provisoria. Su figura dominante y excluyente es la del “cisne negro”. En el inicio de aquel ascenso de la derecha hubo quienes postularon que sólo con una radicalización equivalente el campo popular podía volver a construir mayorías. Sin embargo, hasta ahora ningún proyecto de esas características pudo triunfar ni en Europa ni en América Latina. Más bien, los triunfos electorales y otros posibles triunfos populares en otros países están inexorablemente marcados por la construcción de la unidad más amplia posible.

Otra vez el problema sería la falta de “estabilidad”.  A esa reiterada afirmación se la refuerza con la figura del “cisne negro”, metáfora predilecta de la vulgata “neoliberal” a la que se pretende cuestionar. Utilizada para suponer la absoluta imprevisibilidad de un acontecimiento, renuncia mediante a cualquier explicación lógica.

Y el remedio postulado es sólo la “unidad más amplia posible”. Que a juzgar con tratativas en curso podría incluir a exponentes de la derecha (por más que como casi toda derecha, se autoperciban como de centro), como Gerardo Alkmin en Brasil. Al parecer podría integrar una fórmula presidencial con Lula. Después de haber sido candidato presidencial del PSDB, partido del establishment por excelencia.

Amplitud de dudosa pertinencia, al menos que en ese caso se haya decidido innovar en el retrato del “enemigo”.

“Amplísima unidad” y un par de olvidos.

En cuanto a los proyectos de “radicalización”, el hecho de que no hayan triunfado desde 2015 hasta el presente inhabilitaría ese camino. Algo que en todo caso queda por demostrar.

Podría argumentarse en sentido contrario. Por lo menos algunas de las propuestas “no radicalizadoras” que han alcanzado triunfos electorales, no parecen traer aparejadas transformaciones profundas de las sociedades respectivas. Valgan como ejemplo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en México y el actual gobierno argentino.

Salvo el caso de Chile desde 2019, tampoco hay fenómenos de movilización social y política comparables a lo sucedido en aquellos años en Venezuela, Bolivia, Ecuador o Argentina. Y el gran triunfo de Boric requirió del apoyo de una amplísima coalición.

Alberto Fernández se reunió a solas con Gabriel Boric: invitación especial,  cooperación y ofrecimiento de gas
El presidente argentino y el flamante mandatario chileno durante la ceremonia de asunción. Fuente: Ámbito Financiero.

Podría señalarse aquí al menos un caso claro de “olvido”: la fuerte movilización, confrontación callejera y paro general acaecidos en Colombia el año pasado.

Tal vez no sea pecar de mala intención pensar que lo disruptivo del proceso colombiano no se adapta del todo al paladar de los firmantes del documento. Y por eso no se lo menciona. ¿Excederá tal fenómeno los al parecer menguantes límites del “progresismo?.

En cuanto a Chile no se hace ninguna referencia a la convención constituyente  en curso. Tal vez esa omisión sea asimismo significativa: La mirada está sesgada hacia el plano gubernamental, sólo el apoyo o no a Boric sería importante, parece. 

Se ha exaltado la rebeldía popular que tuvo su vértice en 2019, al tiempo que se omite uno de sus resultados importantes.

De paso, es de notar un énfasis. No sería una victoria electoral sino “un gran triunfo”, sólo posible por medio de una “amplísima coalición”.

Tal vez se aluda con la adjudicación de tamaño exuberante al éxito electoral a que su rival no era un mero “derechista” o “neoliberal”. Podría asimilárselo a lo que algunxs denominan “bolsonarismo”. De cualquier manera el argumento que conjeturamos no está explicitado.

En cuanto a la “amplísima coalición”, el  porcentaje de la victoria de Boric lo colocó a buena distancia de su oponente en la segunda vuelta. Eso podría tornar discutible que  la superlativa amplitud de la alianza electoral haya sido en realidad indispensable. Las cifras proporcionan un indicio de que la victoria del recién asumido presidente trasandino hubiera sido posible sin tanto derroche de “amplitud”.

En el párrafo anterior al último reproducido, se abjura de “un ejercicio de resignación o de posibilismo”. Elocuente definición. Pero pareciera que algunas aristas de tal ejercitación se han colado en el manifiesto acerca del cual procuramos reflexionar.

CONTINUARÁ

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