Ni el hombre de Aristóteles ni el perro/asno de Buridan -por Liliana Costante

En dos días finalizará el primer período de prolongación de la cuarentena. La urgencia es afrontar las necesidades a satisfacer de la población, particularmente en este tiempo en que a la crisis económico-financiera global se le suman las condiciones surgidas de la pandemia del covid-19 que agravan aquélla. El capital concentrado está presionando para que la cuarentena se abra. Asistimos al desembozado espectáculo de los operadores de tentáculos mediáticos funcionales a aquél, dando cauce a su ofensiva a través de un fraudulento discurso respecto a su preocupación por las condiciones de vida de les trabajadores y las de la economía nacional. Ese conectivo -la “y”- entre la Salud Pública y el Mercado expresa el nodo del interés subyacente en cuanto a que la salud pública merece ser atendida “por igual” a las necesidades de las empresas aisladas o agrupadas. Esto así, percutiendo sobre el imaginario social en pos de socavar todo correcto direccionamiento social o gubernamental que priorice el primer término sobre el segundo. Es obvio, en esa modalidad de discurso, evadir tanto el origen como la causa de la progresión de las extremas condiciones de vulnerabilidad de los sectores postergados cuyo proyecto vital presente y a futuro sigue atado, hoy, al circuito de ambas crisis. Estas funcionan -aplicando los diagramas de la teoría de sistemas- una (la pandemia) dentro de la otra (la del capital global). De hecho, siguiendo el ejemplo del estudio de sistemas, si hubiera igualdad de espacio entrambos sistemas, no habría un “dentro de” sino que se dibujaría como uno solo.  Importa destacar esta diferencia aquí aplicada a la vida social -que es, esencialmente, práctica- en de las decisiones que son y serán tomadas tanto por los gobiernos (nacional, provincial, municipales) como por los sectores sociales sobre los que aquéllas impactan y que pueden coadyuvar en uno u otro sentido. El discurso mediático hegemónico reafirma entonces su función en la formación del consenso. Martilla con un  aparentemente “lógico” declive de intensidad en el objeto de su interés -priorizar la economía- con el uso del señalado conectivo aplicado en la formulación del “diagnóstico y pronósticos” a partir de los datos en baja de la economía real que aparecen informados. Con esto alertan con aquello de que el gobierno debe atender “por igual” a la Salud Pública y a la economía.  La falsedad del pretendido dilema nace de la falsedad previa de la premisa sobre la que se asienta: la de la supuesta igualdad entre esos dos términos que aparecen equidistantes del elector. Las distintas aristas del dilema -de haberlo- en la toma de decisiones ha sido planteado filosóficamente desde la antigüedad: Aristóteles (384 a. C.-322 a. C.), en el tratado Sobre el cielo, se preguntó cómo un hombre sediento y hambriento, situado a la misma distancia de una mesa llena de alimentos y otra llena de bebidas, se las arreglaría para escoger entre ambas ofertas/alternativas que le fueran iguales en necesidad e iguales entre sí para satisfacer aquélla-. Se respondió que ese hombre moriría por no poder decidir cuál de las dos le era más conveniente elegir. Ese ejercicio mental llega a nuestros días como “La paradoja del asno de Buridán” así atribuida al filósofo escolástico francés Jean Buridan -siglo XIV, instigador del escepticismo religioso en Europa- quien, al comentar el referido tratado, cambió a la persona por un perro que se viera confrontado a un dilema de similar envergadura. Con el tiempo, la imagen del perro mutó en un asno -de allí como la conocemos-. Baruch Spinoza (1632-1677) vuelve, en su Ethica, al ejemplo de Buridan -que había mutado de perro a asno- decidiendo la cuestión en el mismo sentido que el inmovilismo suicida de Aristóteles. Ese fin parecería ser el objeto de deseo expresado por los grupos hegemónicos frente al gobierno y a la sociedad. Aquéllos, empecinados obviamente en que la solución “racional” a la crisis del capital es, en el caso, abrir la cuarentena y volver a la “normalidad” capitalista tal como venía funcionando. Esto se integra tácticamente con el fomento de la animadversión de grupos sociales a los que le llega como fogoneo de sus necesidades reales, con la intención de poner la responsabilidad del hostigamiento al gobierno en cabeza de sectores que, por sus propias condiciones de clase, ofrecen caldo de cultivo a la mayor conflictividad que pueda sobrevenir. Este último pronóstico es, de por sí, factible. De allí que los tiempos son perentorios -además de propicios- para hacer el esfuerzo que requiera generar el impulso suficiente para que la conciencia avance sobre los miedos acumulados, para registrar el sufrimiento del desaventajado, para desmantelar estructuras regresivas enraizadas y que surjan de los movimientos sociales propuestas superadoras en consonancia con la prioridad de la Salud Pública por sobre la economía. La observación reflexiva de la experiencia histórica muestra que la devastadora situación de desigualdad social y  destrucción planetaria resultan de las elecciones políticas funcionales al interés de producción y reproducción del capital. Siempre decidimos y pagamos precio con dicha elección. No somos el hombre del juego mental de Aristóteles ni el perro mutado a burro de Buridan o de Spinoza. ——————————————————————————————–CABA 24/04/2020 ——

Un comentario sobre «Ni el hombre de Aristóteles ni el perro/asno de Buridan -por Liliana Costante»

  • Silvana Szmukler dice:

    Por qué no incluir la rebeldia como variable? Siempre hay dos opciones en las que inevitablemente algo (o todo) se pierde. Puede la sociedad, o la parte más vulnerable de ella, optar por plantarse en que hay una «tercera posición» que en éste caso podría empezar por poner el valor de la vida por encima de todo y que además eso empiece por entrar a la Constitución Nacional.
    Qué clase de sociedad es aquella que consagra en su constitución el derecho a la propiedad privada y no a la vida?

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