“La fábula del escorpión” por Liliana Costante

CABA, 01/04/2020.

Bastó que el presidente de la Nación anunciara la cuarentena como mecanismo idóneo contra el contagio del coronavirus para que los directivos de la empresa Techint despidieran a 1.500 de sus trabajadores. Nota: al momento de escribir estas reflexiones, el gobierno ha dictado la conciliación laboral, planteado la Asignación compensatoria para PyMES y decretado la prohibición de despidos y suspensiones en esta etapa.

Bastó que el gobierno nacional ordenara que los precios de la carne quedaran fijados -o, mejor dicho, se retrotrajeran al 06/03/2020- para que en el día de ayer 10 empresas del rubro anunciaran el cese de sus actividades. Esto, al tiempo que los precios de dicho producto, así como el de frutas y verduras al público muestran una escalada de hasta el 100% de recargo -según rubro y localidades- en las últimas dos semanas a pesar de la vigencia del control de precios.

Bastó que el presidente pusiera en palabras una obviedad de ética por lo menos coyuntural respecto a los intereses económicos y financieros -aquello de “Bueno, les tocó el tiempo de ganar menos”-, para que apareciera en redes sociales la convocatoria a un cacerolazo. El flyer daba cuenta que ese ruido tenía como objetivo que los funcionarios del gobierno bajaran sus sueldos. Se utilizaron también oportunos spots en programas televisivos que se dejaban leer cuando, justamente, les panelistas o periodistas con sus entrevistades comentaban o reflexionaban sobre la necesidad de inyectar dinero para dar apoyo a la salud pública en estos momentos.

He aquí la pulseada. Los ejemplos dados tienen mérito suficiente para definir claramente cuáles son y siguen siendo los únicos contendientes: capital y trabajo.

Históricamente el capital mostró que su enfrentamiento a les trabajadores remite a la necesidad imperiosa que aquél tiene en generar la mayor ganancia para sí y resolver las contradicciones propias entre los grupos que lo integran. Los derechos de los trabajadores empleados siempre fueron receptados por el capital como un obstáculo para su interés sistémico. Los de les desempleades o sumergidos en el llamado “empleo informal” hace rato superan el porcentaje requerido por el sistema capitalista para serle útil como “ejército de reserva” respecto al abaratamiento de costos y auto-regulación del conflicto. Los grupos ya consolidados como dominantes y aquellos que pretenden serlo, ya han ganado mucho territorio en esa lucha de ideología materializada. El capital nunca delegó ni concedió entregar -mejor dicho, devolver- ni un milímetro de los espacios por él conquistados sin dar feroz pelea o, en caso de la etapa de la llamada “conciliación de clases”, lo hizo cuando aquella delegación o concesión le resultaba más beneficiosa que continuar la lucha por otras vías. Los aparatos ideológicos del Estado fueron aportaron sus herramientas para lograr un sostenido consenso social sobre la consolidación del lugar que nos tocaba a cada une y a cada grupo en el sistema.

Llegamos a este tiempo en que el avance normativo en DDHH -cuya concreción holística aún pende- se debió, como diría la Dra. Beatriz Rajland, a la presión ejercida “desde abajo” que coadyuvó y traccionó en ese sentido a decisiones políticas “desde arriba”. He allí la pulseada.

El gobierno nacional está tomando medidas favorables no sólo en punto a enfrentar la pandemia sino respecto a sectores desaventajados a los que pretende priorizar. Tales “desventajas” son producto de siglos de dominación clasista. Hoy emergen con mayor claridad por la crisis sanitaria. Así como emergen con mayor claridad las estrategias y táctica del capital en boca y manos de sus personeres a fin de sostener su “derecho a la ganancia” entendido como “derecho natural” en la invocación del “derecho a la propiedad” a ultranza. La pandemia nos iguala sólo en términos de la posibilidad de contagio y de agravamiento o muerte sobre todo en personas que se encuentran en mayor grado de vulnerabilidad (etaria o en razón de enfermedades de base preexistentes). La pandemia no nos iguala respecto a las condiciones materiales con las que enfrentamos el aislamiento, condiciones que no son otras que las del lugar de clase previo. Su reversión dista mucho de ser producto único de medidas gubernamentales. No obstante, lo cual, aún en pandemia, el poder económico agudiza sus sentidos y capacidades operativas para presionar a la población y al gobierno en pos del interés que lo mueve y a la ideología que profesa. En eso se verifica la fábula del escorpión.

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