¿Hacia la crisis transicional en el neodesarrollismo?

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Mariano Féliz

Una de terror: buitres versus pagadores seriales

Frente a los ahorros realizados con los canjes (79 mil millones de pesos, equivalentes al total destinado a la asignación universal, o las escuelas construidas/arregladas en los últimos 10 años), la friolera de los pagos efectuados (170 mil millones de dólares, 15 veces los “ahorros”), ponen en perspectiva las ventajas de esa estrategia. Por otro lado, ratifican una inaudita cesión de soberanía, revalidando la decisión de pagar en plazas internacionales.

No ir de frente contra el carácter fraudulento e ilegítimo de la mayor parte de la deuda, ha tenido costos enormes. Toda la estrategia podría derrumbarse por la acción de 0,5% de los bonistas, los temidos “fondos buitres”, pues se ha dado un poder inconmensurable a una minúscula fracción de los acreedores externos.

Esos especuladores se han convertido en espada de Damocles para la estrategia de gestión de la deuda. Antes que “crecer para pagar”, la idea podría definirse como “reestructurar y pagar para seguir pagando”. Como en una mala película de terror, a los Buitres se los enfrentó con la estrategia del “Pagador Serial”, que paga sin motivo aparente. La consecuencia es siempre trágica. Con lo que se pagó a los acreedores ¿cuántas viviendas y escuelas podrían haberse construido, cuánto más podría haber aumentado las jubilaciones, y los salarios de docentes y médicos?

La deuda externa regresa como la vieja deuda eterna. ¿Qué pasará si la Corte Suprema de los EE.UU. ratifica la obligación del gobierno argentino de pagar a los buitres? Los pronósticos no son optimistas, pero es sorprendente que la primera opción haya sido encomendarnos a la Providencia Divina: “La primera decisión que hemos tomado, bueno, es pedirle a Dios que ilumine a la Corte Suprema de los Estados Unidos”, dijo la presidenta en transmisión conjunta de radio y televisión.

Ganancias: prima el pragmatismo

En la misma semana, el gobierno informó su decisión unilateral de alterar la estructura del impuesto a las ganancias: 1,7 millones de asalariados y jubilados dejarán de pagarlo por los próximos meses, al menos hasta que la siguiente ronda de negociaciones colectivas lleve a muchos, que ganan entre 11 y 15 mil pesos por mes (menos de 2 veces la canasta familiar) nuevamente por encima de los mínimos.

En una decisión evidentemente motivada por cuestiones electorales, el Ejecutivo prefirió no modificar el mínimo no imponible (demanda básica del sindicalismo) sino crear una deducción especial adicional (que aparecerá señalada en los recibos de sueldo) que sube ese mínimo a 15 mil pesos brutos de ingreso mensual para casadas/os y solteros/as. La nueva deducción no altera las escalas del impuesto, que han quedado fuertemente desactualizadas, ni eleva las escalas superiores del mismo (que no superan el 35%).

La tardía decisión se toma de manera inconsulta con el conjunto de las organizaciones populares, en particular las sindicales, sólo invitando a “discutir” en el Encuentro de Diálogo Social a las corporaciones empresariales y sindicatos hoy afines de su proyecto. El Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil brilla por su ausencia y sigue siendo un lugar de legitimación de los hechos consumados del gobierno antes que espacio de negociación pública y democrática. El gobierno continúa haciendo de las decisiones impositivas un instrumento de su control unilateral, en este caso modificando un impuesto clave sobre los salarios, cuando se le ocurre y como se le ocurre. Sería tiempo de crear un mecanismo automático de actualización de las categorías, deducciones y mínimos del impuesto.

El cambio decidido supone una pérdida fiscal de 5000 millones de pesos hasta fin de año. Para compensarlo parcialmente, recuperando unos 2000 millones de pesos, el gobierno establecerá un impuesto de 10% sobre la distribución de dividendos de las empresas por acciones y una tasa de 15% sobre la compra- venta de acciones que no cotizan en los mercados de capitales locales. La medida es justa pero parcial, fuera de un debate integral sobre la carga tributaria y los mecanismos de recaudación, y se toma justo cuando eran reactivadas (y ahora abortadas) en el Congreso las discusiones sobre la re-imposición de las cargas patronales que fueron reducidas en los 90.

Una decisión correcta pero oportunista e insuficiente: continúa negando la justicia de los reclamos que plantean que el salario no es ganancia, y que es imprescindible gravar ampliamente y en mayor medida a la renta extraordinaria (en el agronegocio, las finanzas, la minería, el juego), y a las ganancias empresariales.

Negación de la crisis, necesidad de alternativas populares

Estas medidas caracterizan tanto la estrategia política de las fuerzas en el gobierno (kirchnerismo), así como los límites de una estrategia de “desarrollo” que no busca radicalizarse para dirigirse a la superación del capitalismo periférico.

Una década después de sus inicios, la falta de vocación para la participación y el protagonismo popular se exacerban en el arco político del kirchnerismo y parecen conducirlo a su superación por derecha (dentro del justicialismo). Diez años en que no se alteraron estructuralmente las reglas del juego de la economía argentina más que para estabilizarla a favor del capital, con consecuencias concretas. La dilapidación de millones de dólares en pagos “seriales”, la continuidad de una política fiscal que sigue castigando a los trabajadores/as con altos impuestos (IVA, “ganancias”) y pobres prestaciones en servicios públicos – salud, educación, vivienda, transporte – mientras premia al gran capital con subsidios y exenciones.

Hoy, la creciente debilidad de los frentes fiscales (déficit creciente) y externos (reservas en niveles mínimos), parecen llevar a una situación de crisis y deslegitimación definitiva del proyecto kirchnerista aunque no necesariamente del proyecto neodesarrollista.

Eso no implica que la salida sea inevitablemente por derecha. Sólo supone que su superación “natural” parece serlo (Scioli y Massa como los principales referentes). La “tibieza” del proyecto kirchnerista que sólo tiene vocación de construir un capitalismo posible en la periferia sin compromiso con una participación popular, deja sembrado el sendero para una etapa donde la balanza entre consenso y coerción se incline algo más hacia esta última.

Frente a este panorama es imprescindible la construcción de alternativas políticas de los sectores populares para enfrentar la crisis transicional en el proyecto neodesarrollista (2013-2017) con posibilidades de convertirla en una crisis del proyecto e impulsar una alternativa emancipatoria, de base nacional-popular y tendencia anti-capitalista, donde la participación popular sea protagonista.

  • Investigador CONICET. Docente UNLP. Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social.

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Un comentario en «¿Hacia la crisis transicional en el neodesarrollismo?»

  • Hola, en el ítem ‘Ganancias: prima el pragmatismo’ no queda clara la referencia a: menos de 2 veces la canasta familiar con respecto a los salarios o jubilaciones de entre 11 y 15 mil pesos.
    Saludos,
    Miguel

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