Seguridad y represión para el ajuste con el FMI

Julio Gambina

En efecto, para que pudieran reunirse este fin de semana los ministros de economía y los presidentes de los bancos centrales del G20 más los organismos internacionales, especialmente el FMI, tuvieron que cercar por varias cuadras a la redonda el Centro de Convenciones de la Ciudad.

El sábado por la mañana, en Conferencia de Prensa conjunta entre Christine Lagarde y Nicolás Dujovne, la primera había señalado que el FMI dialogaba regularmente con la sociedad civil. Le habían preguntado si el organismo internacional aceptaría conversaciones con sindicatos y organizaciones sociales.

Queda claro que se trata de un diálogo de sordos, típico de amos o patrones, que solo bajan discursos únicos a ser convalidados por los súbditos o socios afines. No aceptan otro lenguaje que el que promueve la sumisión ideológica o el temor a las armas y la represión.

“Vamos bien” dijeron los titulares del Fondo y de la Política económica de la Argentina. Dicho en simultáneo con una inflación minorista de Junio del 3,7% y 16% entre enero y junio, proyectando un 32% para todo el año.

¿A quién le va bien con este alza promedio de precios? A los pocos en condiciones de establecer precios, caso de los grandes productores y exportadores o a los sectores de la alta especulación con tasas de interés entre 40 y 60% en sus colocaciones millonarias.

Ilusiones macristas

Pero tranquilos que Macri anticipó que el próximo año 2019, la inflación será 10 puntos más baja, es decir, casi la misma que la elevada tasa de inflación del 2017.

En rigor, otra ilusión que se vende a la población, como aquella que mentaba al segundo semestre para el crecimiento en 2016, y luego fue el próximo año, el 2017.

Se trata siempre de un imaginario a futuro, mientras el ajuste regresivo pasa. El proyecto de Cambiemos se asienta en un discurso vacío (para la mayoría de la sociedad) de un futuro mejor por venir.

La ilusión al crecimiento del PBI, a la llegada de las inversiones, o a la baja de los precios se presenta mientras la realidad transita por otro camino. Se establece, por ejemplo, un techo a los salarios en las negociaciones paritarias y se deterioran los ingresos populares de la mayoría de la sociedad.

No solo hay menos recursos para la mayoría de la población, sino que también se afecta la actividad económica, con un 0,4% previsto de crecimiento para el año y pronósticos a la baja del PBI para todo el 2018 en torno al -1,5%.

Es la base con la que se organiza el presupuesto del ajuste para el 2019 y en el que pretenden encorsetar a las provincias.

Con esos guarismos de crecimiento se bajan las expectativas para resolver el problema del empleo de millones de despedidos y de la joven generación que pretende ingresar a su primer empleo.

Inflación y recesión son el resultado de la política económica del gobierno, convalidada en el acuerdo con el FMI.

El organismo insiste que el Plan es del Gobierno Macri y que el Fondo avala y financia. Son socios en el ajuste social, condición de posibilidad para viabilizar la rentabilidad futura de las inversiones.

No son ilusiones la inflación y la recesión. Son la realidad de una política que solo tiene perspectiva si se confirma una distribución regresiva del ingreso y la riqueza.

En otros momentos del desarrollo capitalista, entre 1930 y 1980, el proceso de acumulación estuvo obligado, por la correlación de fuerzas en el mundo, a satisfacer aun desigualmente la demanda por el salario y la ganancia.

Pero en las condiciones actuales del desarrollo capitalista, la acumulación solo atiende el objetivo de la ganancia. Por eso, las clases dominantes arremeten con fuerza contra los derechos sociales, laborales y sindicales.

Es la lucha de clases en tiempos contemporáneos, que advirtió el proceso de cambio político en la región latinoamericana y caribeña a comienzo de siglo y por lo cual actualizó los mecanismos de una ofensiva favorable a la rentabilidad del capital.

Fortalecer el poder de demanda social

La ofensiva del capital se desplegó con fuerza desde comienzos de los años setenta y se generalizó como “neoliberalismo”, más allá de la polémica que el término en sí mismo genera, ya que la política hegemónica en este tiempo no es nueva ni liberal.

Para contrarrestar esa ofensiva y la consecuente iniciativa política se requiere restablecer la capacidad de demanda social por derechos, a la alimentación, a la educación y la salud, a la energía y a la democracia participativa y comunitaria, a la paridad de género y la diversidad sexual; al derecho a la vida y por ende a la despenalización del aborto, entre muchos derechos a demandar.

Las movilizaciones contra el FMI poblaron las calles del viernes y el sábado en el país, y acumulan en la gran batalla de denuncia de las políticas que emanan los gobiernos del G20 y los organismos internacionales, los que se reunirán en Buenos Aires en cónclave de presidentes el próximo 30/11 y 1/12.

Constituye un desafío articular la fragmentada protesta que anima el descontento social. De lo contrario, la ilusión macrista podrá continuar disputando el consenso electoral más allá del presente periodo de gestión de gobierno.

La movilización popular es la condición necesaria, no suficiente aún, para gestar un horizonte alternativo a la política represiva, de ajuste y reestructuración regresiva del Gobierno Macri que avala y financia el FMI.

Buenos Aires, 21 de julio de 2018

Por qué le decimos NO al G20 y al S20 en Rosario (Video)

María Elena Saludas

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No es casual que esta reunión tenga lugar en la Ciudad de Rosario, ni tampoco que la sede sea la Bolsa de Comercio. Rosario está enclavada en el corazón de la zona sojera y es uno de los complejos agroindustriales más grandes del mundo, en manos de multinacionales que controlan las exportaciones y se apropian de la riqueza.

Este evento, que es mucho más político que científico, tiene como objetivo profundizar el modelo de producción, distribución y consumo capitalista; donde distintas disciplinas científicas han hecho enormes aportes al servicio de la concentración de la tierra, la dependencia tecnológica, el monopolio de los insumos, la depredación y deterioro de los suelos, el genocidio provocado por los agrotóxicos, la pérdida de soberanía alimentaria y el empobrecimiento en la calidad de la alimentación. Un modelo que ha dejado de producir alimentos, para producir commodities, y que a nivel global ocupa el 70% de las tierras cultivables y alimenta a tan solo el 30% de la humanidad.

En este marco, desde la Confluencia NO AL G20 (Rosario) convocamos a distintos sectores de la sociedad, organizaciones sindicales, políticas, y culturales, junto a la comunidad universitaria y científica, a una RADIO ABIERTA EN DENUNCIA de las negociaciones del S2O y el G20, que tendrá lugar el día MARTES 24 de JULIO a las 10 hs frente a la Bolsa de Comercio.

Por otro lado, el día MIÉRCOLES 25 a las 17.30 hs en el “Centro Cultural La Toma” (Tucumán 1349) se realizará un CONVERSATORIO – DEBATE: “¿Por qué le decimos no al G20 y al S20? La relación con el FMI y la Deuda contraída con dicha institución. Y, la Soberanía de los Pueblos como Alternativa”. En el mismo participaran: María Elena Saludas (Integrante de ATTAC/CADTM y de la Asamblea No al G20); Vanessa Dourado (Internacionalista, Escritora, Miembro de Insurgencia de Brasil, integrante de la Asamblea No al G20); Marcos Ezequiel Filardi (Abogado de Derechos Humanos, Integrante de la Cátedra de Soberanía Alimentaria UBA); Claudia Gotta (Docente de la UNR; Secretaria Nacional de Pueblos Originarios de la APDH).

ARGENTINA HOY.

Daniel Campione

Ninguna de las mencionadas promesas se ha cumplido, y la coalición de gobierno aparece cada vez más encerrada en la tentativa de disimular las ominosas sombras del presente con la predicción de un futuro promisorio que no se corresponde con la situación actual; junto con la amenaza de retorno a un pasado que se insiste en presentar como un infierno en combustión del que felizmente se ha logrado salir. El problema es que esa construcción se revela como un mero ejercicio de imaginación y pierde credibilidad incluso en sectores que votaron a Macri como presidente y lo apoyaron de nuevo en las elecciones parlamentarias de 2017.

El gobierno se vuelca hoy al cumplimiento del programa stand by que impone el FMI y el subsecuente ajuste como si fuera una magna empresa de salvación nacional. La frase “haciendo lo que hay que hacer”, que se aplicaba hasta hace poco a la propaganda de las obras públicas en curso, ahora se utiliza como síntesis de la decisión de seguir a pie juntillas las indicaciones del organismo financiero internacional. Adquiere así ciertas resonancias del “no hay alternativa” de Margaret Thatcher, ya que el presidente suele repetir que si hubiera otro camino menos costoso lo tomaría, pero tal posibilidad no existe.

En la ejecución del acuerdo con el Fondo, parece haber una intención clara: Apuntar todo a reducir el gasto público, sin tocar para nada los ingresos. Las alternativas de incremento de estos últimos, han sido hasta ahora desechadas (suspensión de la baja de retenciones a las exportaciones, aplicación más gradual de la reforma fiscal, etc.) En el combate contra la inflación se descarta cualquier mecanismo de control de precios, apenas si asoma la prospectiva de algún “gradualismo” en el incremento de tarifas y combustibles. Toda medida que pueda rozar, así sea en lo mínimo, los intereses del gran capital, es dejada de lado sin mayor trámite.

Casi no se necesita decirlo, el impacto de un ajuste de ese tipo recaerá sobre los trabajadores y otros sectores populares, vía la reducción de la obra pública que hará perder puestos de trabajo, el probable despido masivo de empleados públicos, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios que realimentará el curso recesivo y destruirá aún más puestos de trabajo en los sectores de la economía ligados al consumo masivo.

Como siempre, los beneficiarios principales se encontrarán en el núcleo del gran capital. Los exportadores por los efectos de la devaluación, los bancos con las múltiples oportunidades para la ganancia especulativa, las empresas energéticas y de servicios públicos con las tarifas más favorables, las petroleras que han ganado permisividad en el aumento del precio de los combustibles, etc. Aún dentro del empresariado, los sectores más ligados al mercado interno, y en particular los orientados al consumo masivo, van a sufrir los efectos de la mencionada caída del salario real, a la luz de una inflación que va en aumento en una magnitud tal que hoy la previsión de un 30% para todo el año empieza a ser un cálculo optimista.

Las posibilidades de disimular la dura realidad se esfuman. Desde el oficialismo vuelve a hablarse del “segundo semestre” ya no como una perspectiva de moderado optimismo, que ya fracasó en la segunda parte de 2016, sino, al contrario, como anuncio de que viene una temporada más que dura, más allá de la cuál recién podría vislumbrarse un futuro un poco más tolerable.

En la proyección de la política de ajuste se complica toda la política de alianzas del gobierno, tanto con los gobernadores provinciales de origen peronista, como con los propios integrantes de la alianza Cambiemos, y las disidencias se dan incluso al interior del partido del presidente, Propuesta Republicana (PRO). En su momento se habló desde el gobierno de un “gran acuerdo nacional” que incluyera a mandatarios locales y a otros actores políticos, empresariales y sindicales. Poco después, pareció imponerse la idea contraria, de no buscar ningún consenso de conjunto, sino negociar jurisdicción por jurisdicción, y llegado el caso, prorrogar para el año próximo la vigencia del presupuesto del presente año, sin ninguna modalidad de acuerdo. De adoptarse esa línea de conducta, se acentuarían los rasgos confrontativos de la gestión de gobierno, dispuesta a erigir al F.M.I y el cumplimiento de sus indicaciones en el eje fundamental, por lo menos durante el plazo restante del actual período presidencial.

Después de dos años y medio, la gestión Macri vuelve a fojas cero, con niveles de inflación, devaluación y estancamiento económico, similares o aún peores a los de los primeros meses de 2016, cuando el gobierno recién comenzaba.

La polarización con el “populismo” sigue oficiando como modo de no reconocer el fracaso, de acuerdo a esa visión se atraviesa todavía la resaca de la “fiesta” kirchnerista. Se soslaya la enorme evidencia de que el elenco gubernamental asumido en diciembre de 2015 sostuvo casi desde el inicio la prédica de “lo peor ya pasó”, y en consonancia con eso llevó adelante políticas que han sido parte fundamental de la situación que hoy se vive. Otro sonsonete del gobierno es que de no haber llegado Cambiemos al gobierno “íbamos a ser Venezuela”. Esa apelación contrafáctica a una situación que el discurso gubernamental presenta como espantosa (hiperinflación, escasez de productos básicos, emigración masiva, etc.) intenta adosarle el mérito incomprobable de haber evitado una catástrofe. La situación actual en el país quita fuerza de convicción a contratiempos virtuales que nadie experimentó.

Hasta la víspera el oficialismo aparecía comprometido con el objetivo estratégico de conformación de un peronismo “razonable” que pudiera ser fuerza de alternancia sin poner en el menor riesgo las políticas que dan prioridad a la maximización de ganancias del gran capital. Hoy se renuncia a esa finalidad cara al establishment, que no quiere depender de un solo partido o coalición a la hora de promover las mejores condiciones para la maximización de sus ganancias. En los últimos meses vuelve a tomar fuerza el propósito de buscar para las próximas elecciones presidenciales un escenario de choque directo con el kirchnerismo, en lo posible encarnado por la candidatura de la propia CFK. Como no puede confiarse en las ausentes realizaciones del actual oficialismo, la apuesta se desplaza a contar con un espantajo que atraiga votos por el camino del mal menor.

Sin embargo, el presidente, y la gestión de Cambiemos, si bien pierden adhesión con respecto a las altas cotas de apoyo de los últimos meses de 2017, aún están lejos de sufrir un derrumbe total. Todo indica que ese tercio del electorado que lo votó en la primera vuelta de las presidenciales de 2015 y volvió a hacerlo en octubre de 2017, todavía le sigue fiel. La incógnita es cuánto durará esto, en vistas del escenario de recesión con inflación que se proyecta sobre el futuro inmediato.

El gobierno vive una coyuntura de desfasajes y desaciertos, en la que parece flaquear en el que era uno de sus mayores puntos de solidez: La elaboración de un discurso atractivo, respaldado por una informal “cadena” de medios de comunicación afines, capaz de generar resentimiento hacia el pasado y expectativas creíbles a futuro, corriendo el foco de un presente que, desde diciembre de 2015 nunca alcanzó a ser halagüeño para la mayor parte de la población. También pierde fuerza el mencionado discurso “refundacional”, que promete echar una valla sobre setenta años de “populismo” para instaurar un nuevo tiempo signado no sólo por el “libre mercado” sino también por el respeto a la institucionalidad y la transparencia. Los propios hombres del gobierno reconocen que la política de comunicación se ha resentido mucho, lo que no les es tan fácil de asumir es que los descalabros crecientes en la vida cotidiana no pueden ser cubiertos con artilugios en el terreno discursivo.

El vínculo estrechísimo con el círculo de los grandes negocios hace que la falta de autonomía del gobierno sea muy visible y, en esa situación el discurso “republicano”, junto con la pretensión de erigirse en “clase dirigente” basada en el prestigio y no en el poderío económico y la coerción tienden a debilitarse al máximo. La construcción de hegemonía necesita tener entre sus bases un correlato de concesiones materiales a las clases subalternas, nada sólido en ese campo emana de las acciones concretas del gobierno de Cambiemos.

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Más allá de la evaluación del futuro político del gobierno, cabe la pregunta sobre su misma posibilidad de llevar a cabo en todo o en parte las políticas que se propone, y con ella la actitud de sectores mayoritarios de la sociedad frente al rumbo elegido por la derecha gobernante.

Salta a la vista que las respuestas populares a las políticas regresivas del gobierno, y últimamente contra el acuerdo con el FMI y las nuevas penurias que anuncia, están acordes con la tradición de fuerte organización y capacidad de movilización que poseen las clases explotadas de nuestro país. Grandes y pequeñas luchas, movilizaciones generales o sectoriales, jalonan el día a día de las ciudades argentinas. Entre los últimos casos están el paro general del 25 de junio y la imponente manifestación del 9 de julio, portadora de la consigna “la patria está en peligro”, en alusión a las amenazas que entrañan las políticas consensuadas con el Fondo Monetario. El aluvional crecimiento del movimiento de mujeres, teñido por un claro signo opositor, es otro aspecto de la rica y combativa sociedad civil, que no está dispuesta a aceptar; la redistribución regresiva de la riqueza, el correlativo crecimiento de la pobreza y el desempleo, la constante incertidumbre sobre la vida cotidiana, el incremento de la explotación. Y no renuncia a los empeños por consagrar nuevos derechos y ampliar presencias en el escenario público.

Esa conquista cotidiana de la calle no amaina con discursos disuasivos ni medidas represivas. La motivación de muchas manifestaciones es económica, pero otros aspectos de las políticas públicas tienen respuestas de similar fuerza y masividad.

No se trata de negar la existencia de indicios que van en otra dirección, como la consabida renuencia de la dirección de la Confederación General del Trabajo a asumir una dinámica de lucha profunda y constante contra los avances de la clase dominante sobre las condiciones de vida y de trabajo de sus “representados”. Pero aún esa conducción burocrática se ve presionada a la acción por el descontento y los reclamos de las bases trabajadoras de todo el país. Su bostezo prolongado se ha visto sacudido una y otra vez, hasta dar lugar al reciente paro general que mencionamos más arriba, cuyo masivo acatamiento alcanzó niveles que hace años no se veían.

Cabe, nos parece, sostener la apuesta de que una movilización popular creciente, acompañada por el reforzamiento o la construcción de organizaciones de orientaciones combativas y clasistas, y la posibilidad de encontrar vías de unidad de acción con las que no las tienen, son un sustento importante a la hora de neutralizar la agresión continuada contra los intereses de las clases populares que el actual gobierno pone en curso.

Se juega hoy la posibilidad de que, una vez más, el programa de máxima del gran capital vea frustrada su culminación por una resistencia de masas que no resigna derechos, y mantiene su disposición a plantarse contra el disciplinamiento que las clases dominantes pretenden imponerle.

Vivir en Venezuela 2

Guillermo Cieza

Maria Ayelen Alvarez es argentina, tiene 33 años y es madre de un niño de 2 meses: Vive en Venezuela desde hace 5 años. Trabaja en el Ministerio de Industrias, como Directora de Despacho de Corpivensa ( Corporación de Industrias de Venezuela). Sus ingresos son de alrededor de dos sueldos mínimos, más un bono por parto humanizado.

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P. Empecemos por tu situación económica. Me decías que tu marido gana más o menos lo mismo que vos. O sea que entre los dos estarían juntando mensualmente ingresos de alrededor de cinco salarios mínimos, algo así como 2 cartones de huevos y tres latas de atún. ¿Cómo hacen para vivir?

MA- Bueno, ¡ la verdad es que no sé como hacemos! (risas). Por un lado nos alivia que por nuestros trabajos tenemos acceso a jornadas de ventas a precios regulados que se hacen periódicamente y donde los precios son diez veces menores a los que se consiguen en los
comercios. Por otro lado recibimos las cajas de los CLAPs (Comité Local de Abastecimiento y Producción) que llega una vez al mes por el trabajo y cada cuarenta y cinco días por el territorio,
lo que nos resuelve lo de los alimentos secos: harina, pasta, arroz, etc. Y ahora
estamos buscando otras formas de encontrar otros ingresos porque se está complicando mucho solventar lo mínimo.

P- Al principio por militancia y después por tu trabajo has estado vinculada con los trabajadores de las empresas recuperadas o nacionalizadas (estatizadas), qué nos podrías comentar de tu
experiencia?

MA- Yo me acerqué a lo que en principio era una comisión presidencial, que no tenía estructura, ni financiamiento, que era la Comisión de empresas RONCA (empresas recuperadas, ocupadas, nacionalizadas, creadas y aliadas). La mayoría de ellas eran empresas privadas que presentaron quiebra y que fueron ocupadas por los trabajadores. Luego se regularizó su situación y solo algunas quedaron en manos de los trabajadores, la mayoría pasaron a ser del Estado (se las llama nacionalizadas). Además estaban las creadas, fundadas por el Estado de cero, y las aliadas, algunas de ellas de capital privado, pero muy cercanas al gobierno.

La Comisión tenía el objetivo de promover la vinculación y articulación entre empresas, un sistema productivo. Es decir, lograr que las empresas se compren entre sí. Crear la red para sustituir importaciones y la corrupción que conlleva. El compañero que lideraba esa comisión, pasó a ser Ministro de Industrias Básicas y nos conformamos como equipo de organización en fábricas, porque
creíamos que lo más importante era aportar a fortalecer la organización de los trabajadores para promover la gestión obrera directa y democrática de las empresas. Nos proponíamos superar la
situación en que las empresas del Estado están dirigidas por un Presidente o gerente elegido por un ministro, sin generar ningún mecanismo de participación colectiva de los trabajadores en la gestión, para que fueran los propios trabajadores los que dirigieran.

Para eso nos parecía necesario aportar a un trabajo organizativo, de formación, de socialización de experiencias, de creación de los Consejos Socialistas de los Trabajadores, para ir avanzando al modelo de gestión socialista. Que las empresas del Estado sean dirigidas por un funcionario elegido por un ministerio, nos parece un modelo de gestión que es de transición y no acorde con la democracia participativa y protagónica que propone la revolución bolivariana.
Si queremos avanzar hacia el socialismo, lo que corresponde es que sean los propios trabajadores los que planifiquen y decidan sobre lo que producen y su distribución. Partíamos de un diagnóstico de que esos objetivos solo se habían concretado en un puñado de empresas. La realidad era que la mayoría de las empresas estaban dirigidas por un Presidente y su equipo elegido por el gobierno, y además la mayoría de esas empresas se daba la circunstancia de que la nómina (los sueldos) se pagan desde el Ministerio, dependen del presupuesto nacional, independientemente de los propios recursos que genera la empresa. Este es un factor bastante complejo y conflictivo a la hora de avanzar hacia la gestión directa.

P. ¿Es decir que si la empresa no produce lo suficiente para garantizar los salarios los trabajadores igual cobran?

MA Exactamente. Este es un gran problema, porque la cultura rentista que atraviesa desde hace 100 años a toda la sociedad venezolana se expresa también en los trabajadores e imaginate lo que sucede si tienes garantizado tu salario independiente de que se produce o no.
Hay empresas creadas hace cuatro cinco años que nunca produjeron nada por falta de insumos que son importados y los trabajadores siguen cobrando, con el único requisito de cumplir el horario en el trabajo.

Yo participe en una experiencia donde se discutía en asamblea los criterios para incorporar nuevos trabajadores en una planta donde desde hacía años no se producía nada. Esa cultura rentista explica porque no estaba en agenda la discusión de qué hacer para poner la planta en funcionamiento. Este es un caso extremo pero ilustra un problema que se reproduce por ejemplo en otras empresas que solo tienen el funcionamiento el 10% , o el 20% de su capacidad operativa y sus trabajadores cobran salarios iguales a los trabajadores de empresas que producen al 100% de la capacidad instalada.

Ahí también está el problema de que muchas veces, gente metida en la gestión o ministerios que intencionalmente prefieren que no se produzca porque se benefician de las importaciones. Cuando a algún trabajador se le ocurre con esas maquinarias instaladas producir otra cosa con materia prima nacional, se les niega.

La gestión directa no es un elemento de receta para hacer socialismo. Sino que se vuelve evidente la necesidad de un control colectivo de la gestión para asegurar que la producción este orientada hacia la satisfacción de las necesidades colectivas y no particulares.

P- Antes de involucrarte con los trabajadores de las empresas estatales, hiciste un trabajo de formación en buena parte del territorio nacional vinculado a quienes se organizan desde los territorios urbanos y campesinos, por eso te propongo arriesgar una comparación. Haciendo referencia a los que pudiste conocer como comuneros o trabajadores de empresas, dónde encontraste mayores niveles de conciencia?.

MA- Es difícil esa pregunta. Con seguridad quienes han apostado a juntarse desde los territorios han protagonizado un proceso de mayor organización. Pero también hay que aclarar que en el sector comunitario se expresan perspectivas diferentes que tienen que ver con la motivación que mueve a organizarse. Algunos lo hacen con una perspectiva de autogobierno, como decía Chávez, haciéndose cargo que están constituyendo células de una nueva institucionalidad que sirve a la construcción del socialismo con el pueblo organizado como sujeto de esa construcción, de esa nueva forma de vida; pero también se da el caso de que se promueve la organización territorial
por meras cuestiones reivindicativas, centrando la actividad en la gestión de recursos, convirtiéndose en una correa de trasmisión de la asistencia estatal.
Es decir hay dos perspectivas: transitar hacia el Estado Comunal, incluyendo la economía comunal que debería estar ligada a la producción inclusive industrial, o ser un eficaz apéndice administrativo del viejo Estado, apostando a mayor eficiencia y menos corrupción en la gestión pública. Haciendo esa salvedad, creo que en las discusiones sobre el poder popular y la democracia participativa y protagónica es más avanzado lo que encontré en los procesos de organización comunal, que en los trabajadores de las empresas y las fábricas que conocí. En los trabajadores encontré mas la problemática de las reivindicaciones salariales y la crítica a la corrupción y el burocratismo. Se acusa y se denuncia a la gestiones por hacer las cosas mal, o de corrupción (lo que muchas veces es cierto) pero se termina proponiendo de que el ministerio saque a los presidentes o gerentes y nombre otra gestión, sin poner en cuestión el modelo de gestión. Es mucho más incipiente el reclamo de que sean los propios trabajadores los que elijan a los nuevos presidentes y los que se hagan cargo de la planificación y de la producción.

P. ¿Qué diferencias hay entre los Sindicatos y los Consejos de Trabajadores?

MA- Los Sindicatos se ocupan de reivindicaciones salariales y de condiciones de trabajo. No se meten en la cuestión de la producción. Qué se produce, con qué calidad, a qué precio, cómo se distribuye. No se meten en el tema de quien dirige la empresa o como se designa al
Presidente, su método de dirección. No quiere decir que en algún momento un sindicato plantee
que como la empresa está produciendo mucho habría que elevar los salarios. Es decir se meten en el problema productivo pero desde esa lógica.

Los Consejos Socialistas de Trabajadores y Trabajadores, que es una figura que aparece dentro de la LOTT (Ley Organica de los Trabajadores y Trabajadoras), si bien la norma que la menciona no está reglamentada, apunta a la gestión directa de las empresas por parte de los trabajadores, haciendo referencia a la gestión democrática del proceso social del trabajo, como proceso de producción de los bienes necesarios para la vida a nivel nacional.
Hace referencia no solo a la gestión obrera de una empresa, pero además a que nosotros como pueblo trabajador podemos y somos capaces de planificar la producción del país. Eso en términos ideales, de objetivos. En términos de la realidad como hablamos en el tema de las comunas se juegan esas dos posiciones que tienen que ver con la gestión directa y democrática o con cuestiones exclusivamente reivindicativas, donde no se cuestiona al estado burgués. Detrás de estas herramientas como son los sindicatos o consejos socialistas de trabajadores se expresan tendencias políticas de larga data en el movimiento obrero, por un lado una tendencia sindicalista y por otro una que se conoce como “obrerista”.

P- Chávez insistía mucho en lo que llamaba el desarrollo endógeno, que en buena parte propiciaba completar los ciclos productivos agregando valor a las actividades extractivas, desarrollar la industria y sustituir importaciones. Desde lo discursivo esa preocupación se ha mantenido con la gestión del Presidente Maduro. El bloqueo económico y el encarecimiento artificial del dólar promueve la necesidad de estimular la producción nacional, pero también agrega las dificultades. ¿Cómo se está dando respuesta a ese desafío?.

MA- Hay un problema estructural que es de larga data. Por ejemplo en un sector de mucho peso como es el sector siderúrgico, que en los últimos años las mayores inversiones han sido en el sector primario, en el sector de extracción; esta orientación de alguna manera sigue la
lógica productiva de los gobiernos anteriores al chavismo. En el sector de procesamiento y de agregado de valor hay más dificultades y menos inversiones. Lo más conocido es lo del petróleo y toda su industrialización, que incluye el sector químico, pero ocurre lo mismo con el hierro, el aluminio, etc. Este problema que se venía arrastrando, se agravó cuando se planteó la imperiosa necesidad de sustituir importaciones. En un contexto diferente, porque ahora hay urgencias de divisas, las nuevas inversiones dirigidas hacia el oro van en la misma dirección de promover el extractivismo, porque en la urgencia es lo que soluciona. En las líneas del gobierno está lo de promover la producción nacional, pero eso está bastante verde por diversas razones. Una de ellas es que los ingenieros e ingenieras que tenemos en el país no fueron formados con una perspectiva de producción nacional. Por ejemplo los ingenieros petroleros saben más de extracción que de refinación. No menos importante es la cuestión de que cada vez que se resuelve con producción nacional un bien o una línea de artículos de consumo se cae un negocio de importación, y detrás de las importaciones hay comisiones y negocios que involucran a empresarios, pero también a
algunos funcionarios del gobierno. Tiene que ver con la historia económica de Venezuela, de la burguesía primario exportadora. Además, desde el sentido común, si en mi empresa produzca o no produzca cuento con el pago de la nómina por parte de un ministerio, no tiene sentido hacer los máximos esfuerzos para ponerla en marcha. Es el caso de las procesadoras de maíz del estado por ejemplo.

P: Habria que agregar tambien los problemas que generan la falta de insumos importados, de repuestos, etc.

MA.- Es así. Cuesta mucho encontrar las alternativas frente a la carencia de insumos importados, ante la falta de repuestos industriales que se producían en el exterior, e incluso de técnicos en condiciones de resolver problemas de tecnología ya instalada. Hemos tenido ejemplos
de máquinas paradas porque los técnicos debían venir ser Bielorrusia, o de China, Irán.. y no se venía apostando a solventar problemas técnicos con mano de obra venezolana. Por eso estamos dando una pelea para enfrentar esto, no solo con el reemplazo de materia prima, sino también apelando al conocimiento nacional.

P- ¿Esta apuesta a revalorizar el conocimiento nacional tiene alguna relación con lo de las batallas productivas?

MA- Si. Hubo una primera experiencia en La Gaviota, una empresa pesquera que enlata sardinas y otros pescados, donde se juntaron trabajadores de distintas empresas ocupadas, que se convocaron voluntariamente para tratar de resolver alguno de los problemas de la planta. En una semana este grupo de trabajadores con distintos conocimientos y capacidades técnicas, quedándose a dormir en la fábrica, cocinándose ellos mismos, tipo campamento, tipo cayapa,
pudieran restablecer el funcionamiento de una línea de producción de harina de pescado, que significó un aporte fundamental en la reactivación de la planta. Esta experiencia que fue muy exitosa la empezamos a reproducir en otras empresas en los que denominamos batallas productivas. Estas batallas exitosas, no solo solucionan problemas y permiten recuperar áreas completas de producción en empresas, sino que además nos convencen de que desde los conocimientos y capacidades de los trabajadores del país es mucho lo que podemos hacer.

P- Podrías desarrollar un poco más lo que denominas las batallas productivas?

MA- Los que concurren a las batallas productivas son voluntarios con distintos conocimientos desde saber cocinar y ordenar, a resolver problemas eléctricos, informáticos o mecánicos, también soldadores, fresadores, técnicos que manejan compresores, etc. Primero hacemos el diagnostico con los trabajadores de la empresa, se arman equipos de trabajo de acuerdo al conocimiento o lo que quiera aprender cada uno. Al final de cada jornada se hace una asamblea donde cada uno expone las dificultades que tuvieron y sus sugerencias de cómo se podrían solventar. El resto aporta sus opiniones y se acuerda una línea de resolución para cada problema planteado. Y así en la semana se avanza en la recuperación de la capacidad operativa de la planta.
Hemos tenido experiencias donde hemos pasado de un 40 a un 80%, de 20 a un 70%. Ya son diez batallas que desarrollamos.

P- ¿Esas experiencias dejan algun saldo organizativo?

MA- Si. De hecho hemos ido conformando lo que llamamos un ejército productivo obrero. Pueden ver varios videos por internet. Lo de ejército tiene relación con el comienzo de esta iniciativa. Desde RONCA se planteó que uno de los grandes desafíos del país para enfrentar la Guerra Económica era conseguir la Independencia económica, mediante batallas encuadradas en una gran Campaña . Se la llamó Campaña Admirable Productiva haciendo referencia a la Campaña Admirable que lideró Simón Bolívar después de la derrota de la Primera República y que permitió recuperar el gobierno a los independentistas. El ejército productivo obrero es el componente organizado que se va gestando a partir de los trabajadores que se convocan en forma voluntaria y solidaria para participar en estas batallas. Lo importante aquí es considerarse trabajador del sistema productivo de Venezuela y no de una fábrica en particular. Es decir, mediante una acción directa, colectiva solidaria, se crece en niveles de conciencia de clase lo que genera condiciones para las luchas que debemos dar de conjunto por ejemplo, los trabajadores de distintas plantas de PDVSA gas comunal, que fabrican bombonas, garrafas, ni se conocían ni tenían lazos de confianza para emprender luchas por circunstancias que les afectan en su conjunto. Se crece en motivación y en fuerza para seguir adelante. La formación se juega en todos los aspectos.

P. ¿Cuantas personas están participando en este incipiente ejercito productivo obrero?

MA: Lanzamos hace un par de meses una convocatoria de alistamiento y hay más de mil quinientas personas dispuestas para trabajar voluntariamente. A cada fabrica, a cada batalla, van aproximadamente entre 80 y 100 personas. Pero además en la medida que estas experiencias se empiezan a difundir, existe emulación y se dan casos de experiencias más pequeñas en distintas regiones donde empiezan a visitarse trabajadores de empresas vecinas o del mismo rubro para tratar de encontrar soluciones productivas.

Creo que el elemento de formación que es crucial en todo esto la comprensión de la diferencia entre un gobierno que hace revolución, o si quien hace revolución es el pueblo que circunstancialmente estamos como fuerza revolucionaria gobernando desde el Estado Burgués, una herramienta creada para favorecer al capitalismo, pero que la transformación implica crear un nuevo estado. Esto lo ha explicado Chávez muchas veces. Un nuevo estado implica nueva institucionalidad en lo político organizativo pero también y sobre todo en lo económico y en lo cultural. Si logramos comprender esta diferencia ya no vemos como sujeto, no esperamos del gobierno o de algún funcionario o líder de la revolución, sino que la expectativa se pone en la organización del pueblo para resolver las necesidades que tenemos que es lo que en definitiva busca el socialismo.

Ahora hay algo interesante, muchas veces por ejemplo el tema de la gestión directa y democrática de la producción aparece en trabajadores y trabajadoras que no han leído ninguna teoría revolucionaria ni nada de eso. Es más, a veces ni siquiera son tan chavistas, pero plantean como solución al burocratismo, a la corrupción o a la ineficiencia productiva, la necesidad de que sean los trabajadores quienes gestionen. La realidad y no los libros los llevan a esta conclusión. Por eso, cuando las contradicciones se agudizan es donde se avanza en conciencia.

P. Cuando llegaste a Venezuela ya te definías como una militante que incorporabas entre tus definiciones ser feminista. Que cosas sientes que te aportó esta experiencia de cinco años.

MA- Lo primero que me sorprendió cuando llegué a Venezuela fue encontrarme con mujeres mucho más empoderadas que en la Argentina, pero que el desarrollo de la lucha y la elaboración feminista era mucho menor. Hay un empoderamiento de las mujeres que son las que sostienen la revolución territorialmente, en los espacios comunitarios, en las instituciones, que han transformado sus vidas.
Diría que hay más un feminismo en la práctica, que en la elaboración política.

P- ¿Que cambió el proceso revolucionario en las mujeres venezolanas?

*MA-*Yo creo que es el protagonismo en el destino de su vida y en el proyecto del país. Están convencidas que su desarrollo como personas está vinculada al proyecto de país que plantea la revolución bolivariana.. Por ejemplo, dicen “yo me pongo a estudiar por mí y porque el país necesita profesionales”. Entonces estoy estudiando para ser enfermera para aportar a la salud del pueblo, o trabajadora social para tener más herramientas para organizar la comunidad, o arquitecta,
o ingeniera, etc.

P. ¿Hay alguna mujer que conozcas, que te haya impresionado de sus cambios en la dirección que estas planteando?.

MA. Yo tengo en mi familia el ejemplo de mi suegra, que se parece al de muchas mujeres que conozco. Ella pudo terminar la escuela primaria con la Misión Robinson, después terminó la secundaria con la Misión Ribas, luego con la difusión de las aldeas de la Misión Sucre de la
Universidad Bolivariana estudia la tecnicatura universitaria en enfermería, después la licenciatura. Se pone a trabajar, después hace una especialización y ahora es responsable de uno de los consultorios de Pie Diabético que abarca todos los municipios del sur del Estado de Aragua.
Se transforma su vida. De ser una mujer que se pasaba la vida dentro de la casa cuidando a sus hijos pasa a ser alguien, cuyo trabajo salva muchas vidas y que se plantea seguir estudiando y asumiendo nuevas responsabilidades. En este cambio de las mujeres hay un impulso muy grande que dan las necesidades colectivas. Eso es la que las anima a salir de su casa, a involucrarse con la comunidad, y a estudiar, a asociar el destino de sus hijos al destino del país. Son ellas también la mejor reserva de memoria colectiva. Las que mejor se acuerdan de lo que se luchó antes, de lo mal que lo pasaban con los gobiernos de la derecha.

P- El otro día escuchaba un comentario sobre que en Venezuela siempre ocurre exactamente lo contrario de lo que supone que va a ocurrir. Sobre todo si se lo mira desde afuera. Por ejemplo no se entiende por qué con esta hiperinflación que pone los precios de los alimentos muy lejos del alcance de la población, el pueblo no ha estallado, ni hay grandes protestas. ¿Cuál es la razón?

MA- No dejo de pensar lo que sucedió con la última oleada de guarimbas a principios de 2017 que fueron horribles, muy violentas, con muchos muertos y que fueron protagonizados por jóvenes de sectores acomodados en las zonas ricas del país. Creo que esto nos marcó mucho, dejando un saldo muy negativo en toda la sociedad hacia los grupos de derecha que impulsaron estas protestas. Allí quedó al desnudo una cuestión de clase, porque no fueron las mayorías populares las que protagonizaron esas protestas. En ese momento muchas personas, incluso opositores, no acordaron con estos episodios tan dolorosos. Hubo una reafirmación de la paz y de la decisión de resolver los conflictos de manera democrática. Entonces volviendo ahora a la pregunta de por qué el pueblo ahora no se rebela, creo que la respuesta es que hay una conciencia muy clara de que si cae el gobierno la alternativa son los que históricamente han hambreado a las mayorías.
Entonces hay una crítica al gobierno pero hay una decisión muy fuerte de que no vuelvan los que gobernaban antes: los oligarcas, el neoliberalismo, las recetas del FMI, etc. Hay una conciencia de eso que no es solo de los chavistas, es del conjunto del pueblo venezolano.

P. ¿Por qué viniste a Venezuela, y por qué te quedaste? Y aunque resulta paradójico por qué muchos venezolanos se van del país, ¿por qué insistes en planificar un futuro aquí?

MA- Llegue al país como parte de una brigada internacionalista de la la organización a la que pertenezco, el Frente Popular Dario Santillán. Vine por seis meses para trabajar en Formación en la parte de Comunas, me quedé otros seis meses y después me seguí quedando y quedando, hasta que hace un año y medio resolví vivir aquí. Mi pareja es venezolana y ahora mi hijo es venezolano. En mi vida siempre fue importante apostar a un proceso de transformación social. No me resigno a la idea de que el capitalismo que impera en el mundo sea nuestro destino inevitable. Yo creo que hoy en Venezuela se está jugando algo que es muy importante para el mundo y que vale la pena poner el esfuerzo aquí. Cada desafío que se presenta en este proceso me convoca a crecer, a aprender. Aquí pude y siento que puedo seguir creciendo como ser humano. Por otro lado, a mí la gente que está haciendo revolución en este país me llena de esperanza cada día. Yo creo que lo que me hizo estar aquí es la esperanza que me genera Venezuela.

P. ¿Cuánta revolución hay en el gobierno y cuánta en el pueblo?.

MA- Creo que en el gobierno cada vez menos (risas). Pero también pienso que el gobierno es una herramienta, una circunstancia, que es necesaria, que no debe abandonarse si se presentan espacios, porque si no lo ocupamos nosotros, los ocupan otros. Quizás si nos animáramos más a ocupar esos espacios sería un poco diferente. Ahora yo pienso que cada día que pasa ese juego por arriba está cada vez más trancado. Trancado por la oposición a los que quieren seguir adelante con el proceso revolucionario, por parte de quienes quieren desvirtuar el proceso y tienen poder y capacidad para por lo menos paralizarlo. Por los reformistas, que hoy son contra revolucionarios. Siempre lo creí, pero ahora creo que esta situación de suma cero, hace aún más necesario poner todo el esfuerzo en las iniciativas desde abajo, en lo que va generando en revolución el propio pueblo.

Esa iniciativa desde abajo es la única que puede ayudar a darle fuerza y sustento a los que todavía en el gobierno sostienen una vocación transformadora.

Villa de Cura. Aragua. 9 de julio de 2018

La guerra comercial entre EEUU y China expresa los problemas del capitalismo mundial

Julio Gambina

Es EEUU contra China, pero también EEUU contra Europa, o Canadá y México, o sea, contra todos los países del sistema mundial en aras de recomponer a favor de Washington las relaciones económicas bi o multilaterales.

Desde las relaciones internacionales se teme porque nadie tiene el poder de confrontación de EEUU, o de éste y de China.

EEUU tiene el poder del dólar, con capacidad de emitir a voluntad, aun siendo ello relativo, del mismo modo que suma poder bélico y cultural e intenta la supremacía tecnológica en tiempos contemporáneos.

China se sostiene en un gigantesco superávit comercial y financiero, especialmente en bonos del Tesoro de EEUU, junto a su ampliada capacidad de gasto bélico y de desarrollo tecnológico de última generación.

La batalla por el dominio tecnológico está en el centro de la discusión comercial, monetaria y productiva, a lo que debe sumarse la capacidad de disuasión bélica y la influencia mediático cultural.

Esta situación de confrontación descoloca la lógica aperturista y liberalizadora inspirada desde el mentiroso ideario neoliberal, que supone la no intervención estatal, desmentida desde una gigantesca participación de cada Estado Nación en el sustento de los intereses de los capitales de origen en sus territorios.

La realidad es que esos intereses privados se negocian en los organismos internacionales, gestionados por funcionarios de los Estados Nacionales en favor de los capitales privados. El Estado es el mecanismo de lobby del capital privado. En el ámbito nacional el Estado regula los intereses del capital contra el conjunto social y en el ámbito mundial cada Estado defiende a los capitales nacionales en función de su capacidad negociadora en el sistema mundial.

Sin el Estado Nación, los capitales privados no pueden imponer sus necesidades como reglas del sistema mundial.

Trump y su proteccionismo descoloca a los organismos internacionales y a sus mentores ideológicos, contraponiendo sus propuestas contra el sentido común neoliberal construido por cuatro décadas luego de la crisis de los setenta.

Quedan descolocados organismos, funcionarios e intelectuales de la lógica “globalizadora”, sea el FMI, la OMC, o aquellos que remiten a la corriente principal del pensamiento económico “liberal” (o neo-liberal), los que influyen en la Academia, los Medios de Comunicación y muy especialmente en los gobiernos de derecha, en expansión en varios territorios del planeta.

Existe entonces incertidumbre tras décadas de un discurso “aperturista y liberalizador”, que con el cuantioso déficit comercial estadounidense, principalmente con China, desnudó sus límites.

¿No era que la apertura resulta beneficiosa para todos los países?

El triunfo de Trump se explica por los votos del descontento con la globalización, por el efecto del cierre de empresas y su impacto en el empleo y la crisis urbana de territorios antiguamente progresistas, sea Detroit como capital del automóvil, u otras ciudades fantasmas y/o desaparecidas, o disminuidas rutas que explicaron el progreso de antaño, caso de la Ruta 66 en EEUU.

Por eso, Trump hizo campaña y asumió bajo la presidencia de EEUU sustentando la consigna “America First”, lo que suponía una crítica a la liberalización operada e impulsada por casi cuatro décadas desde EEUU, entre Reagan (1981-1989) y Obama (2009-2017). En la lectura de Trump y sus votantes, EEUU perdió con la globalización, en la desindustrialización y pérdidas de empleo.

Pero atención que en ese mismo tiempo histórico operó la modernización de China, iniciada en 1978 por Deng Xia Ping, para transformar al país ya hace unos años en la “fábrica” del mundo, adueñándose del primer lugar en la producción y exportación de bienes materiales del sistema mundial. Aquí la lectura es de ganancia con la globalización.

Es curioso observar como los promotores de la globalización hacen un balance negativo sobre las consecuencias en su territorio, y a la inversa, la emergencia china se presenta como sostén de la continuidad de la globalización.

La liberalización de la economía mundial bajo discurso hegemónico “neoliberal”, ensayado bajo dictaduras genocidas en el sur de América desde 1973, facilitó la libre circulación de capitales que transitoriamente resolvió el problema de rentabilidad del capital estadounidense, europeo y japonés ante las fuertes caídas de fines de los sesenta y comienzos de los setenta, recolocando sus inversiones en otros territorios “emergentes”, especialmente China.

Un nuevo orden emergió ante los problemas del capitalismo mundial en los 60/70, que era aún un mundo bipolar que proyectaba en el imaginario social global la posibilidad de ir más allá del capitalismo y por ende se imponía cultural e ideológicamente demostrar las ventajas del libre cambio en el nuevo tiempo de transnacionalización de la economía mundial, contra cualquier propuesta de orden anticapitalista.

Esos flujos de inversión se orientaron principalmente hacia Asia y el Medio Oriente, petróleo mediante para este caso.

China fue el gran receptor de inversiones externas, bajo la soberanía del Estado gobernado por el Partido Comunista, lo que suponía la gestión soberana del orden económico bajo la dirección del Estado Nación. Entre otras cuestiones, los gobernantes de China no enajenaron la propiedad del suelo y establecieron normas restrictivas a la lógica universal del capital.

El flujo de capitales hacia China se constituyó en un gigantesco stock para la acumulación y reproducción ampliada del capital, no solo en China, sino en el ámbito mundial. El capital del Estado chino se agigantó en ese periodo y con esa lógica.

Pero en ese proceso, China creció en la producción material y por ende en la oferta comercial global, con capital estatal y privado, muy especialmente en contra del papel de EEUU, al tiempo que se constituía en el principal financista con su excedente económico, del déficit fiscal y comercial de EEUU. China es el mayor tenedor de bonos del tesoro de EEUU.

Con esa acumulación material, China se presenta últimamente en la disputa monetaria. Su moneda actúa contra la antigua hegemonía del dólar lograda desde Bretton Woods en 1944. Son cuantiosos los convenios comerciales bilaterales acordados en los últimos años con moneda China, el yuan.

Orden y desorden en el capitalismo

El interrogante es si EEUU bajo gobierno Trump o sucesivos con la misma orientación, si la política interna estadounidense así lo indicara (crecimiento económico mediante o baja del desempleo), podrá revertir la situación estructural gestada por décadas de liberalización, a contramano del origen “proteccionista” que llevó a las colonias independizadas en 1776 a crecer y transformarse hacia 1945 en la potencia hegemónica del orden imperialista.

Vale la mención histórica ya que Inglaterra se había constituido en potencia hegemónica bajo la consigna liberal del libre comercio, la libre competencia y el libre cambio. Es una concepción ideológica sustentada en pensamiento clásico de la nueva ciencia emergente: la Economía Política, con Adam Smith y su “Acerca de la Riqueza de las Naciones” hacia 1776, o David Ricardo y su magna obra de 1817 “Principio de Economía Política y Tributación”.

La traducción de ese ideario en el nuevo país fue a contramano del libre comercio y se sustentó en un renovado proteccionismo para la industrialización y las finanzas desde un nacionalismo propio (algo similar ocurrió en Alemania). El ideólogo de ese accionar fue Alexander Hamilton, uno de los padres fundadores y el primer Secretario del Tesoro del gobierno de George Washington.

El proteccionismo originario de Hamilton es el antecedente histórico de una política económica que colocó a EEUU en la línea de sucesión de la hegemonía imperialista, único caso de esa evolución desde su inicio colonial. EEUU como Gran Bretaña, luego de su consolidación como potencia industrial y financiera promovió junto al proteccionismo para su territorio y capitales, la más amplia apertura del resto del mundo.

Así se construyó el mundo capitalista desde 1945, inundando de dólares el sistema mundial para declarar la inconvertibilidad del dólar en 1971 rompiendo todos los acuerdos sustentados al fin de la segunda guerra mundial. El mundo capitalista se desbarató entonces, pero EEUU consolidó su poder económico, militar y cultural.

¿Podrá consolidarse ahora desbaratando las relaciones internacionales construidas por décadas?

La impunidad de la política exterior del imperialismo estadounidense es una constante desde su histórica hegemonía, incluso desde antes (expansión territorial histórica contra México, por ejemplo).

Con la caída de la URSS se validó el imaginario para la libre circulación del capital bajo hegemonía estadounidense, lo que encontró límites en varios procesos en curso, donde China es uno de los más destacados, no el único.

Entre otros puede registrarse la re-emergencia de Rusia en el sistema mundial, especialmente por razones militares y diplomáticas.

Puede también considerarse en otro plano el proceso de cambio político en Nuestra América a comienzos del Siglo XXI, lo que provocó la contraofensiva de las clases dominantes en curso, vía golpes blandos y fuerte batalla ideológica cultural para recomponer la agenda de la restauración liberalizadora.

Más allá del capitalismo

Se escuchan voces críticas a la guerra comercial desatada por EEUU, que pareciera defienden el orden capitalista vigente desde los setenta y ochenta bajo el discurso neoliberal.

Como si el accionar actual del EEUU gobernado por Trump fuera contrario a un bienestar deseado gobernado por la experiencia previa.

No se comprende que el accionar previo, de Reagan a Obama era la forma asumida de la supremacía estadounidense (neoliberal) y que ahora con Trump se asume una nueva etapa (¿proteccionista?) para renovar y recrear la dominación estadounidense.

El efecto social negativo en materia de mayor explotación y depredación de bienes comunes operó con la propuesta de liberalización de la economía en tiempos aperturistas y tratados de libre comercio y bilaterales en defensa de las inversiones, como ahora con el proteccionismo de Trump.

Por eso Nuestra América debe recomponer una estrategia de integración regional alternativa a las demandas e intereses de las transnacionales y las principales potencias de la dominación contemporánea.

Ni aquel orden liberal fue favorable a los explotados y empobrecido, ni esta búsqueda proteccionista lo será para la amplia mayoría de la sociedad.

La guerra comercial y monetaria es por la dominación y la aspiración debiera ser por constituir la lucha por la emancipación social.

Por eso, la discusión debe ir más allá y pensar en la crítica del orden contemporáneo, incluido el desorden generado desde la guerra comercial o monetaria, parte de procesos de confrontación ideológica o bélica que el panorama mundial devuelve.

Ni el pensamiento hegemónico ni el poder real imaginan ese horizonte más allá del capitalismo, que solo puede estar en la capacidad social de criticar nuestro tiempo para transformar la realidad en favor de las necesidades sociales insatisfechas. Todo un desafío social e intelectual.

Buenos Aires, 7 de julio de 2018

Vivir en Venezuela – 1

Guillermo Cieza

Un reportaje de Guillermo Cieza.

Meresvic Morán tiene 42 años, es socióloga, madre de dos niñas y trabaja desde hace 13 años en la administración pública del Estado venezolano, actualmente en el Instituto de Pesca y Acuicultura. Tiene un cargo de dirección media y su ingreso es equivalente a alrededor de seis salarios mínimos.

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