La política monetarista fracasa para bajar precios y agiganta la desigualdad

Julio Gambina

La inflación de febrero alcanzó al 3,8%, para sumar 6,8% durante los dos primeros meses del año y proyectarse en torno al 30% en todo 2019. El rubro alimentos está a la cabeza con 5,7% para febrero, sumando 9,3 en dos meses. La inflación anualizada alcanzó al 51,3% y los alimentos lo hicieron al 58,3%.[1]

Hemos sostenido varias veces que los pobres son los que sufren la inflación, ya que la mayoría de sus ingresos se destinan a la alimentación y sustento cotidiano de la familia. La conclusión se valida con estos datos de los incrementos de precios, especialmente de los alimentos, los que, juntos a la suba de las tarifas de los servicios públicos privatizados, dolarizados y extranjerizados, evidencian a los perjudicados directos de la situación económica actual.

La inflación es un mecanismo de transferencia de ingresos hacia el poder económico concentrado. Es un mecanismo de apropiación de plusvalía generada por el trabajo social. Parte de esa plusvalía se transfiere como intereses de la deuda pública, o como renta derivada de inversiones especulativas, lo que incluye la fuga de capitales.

Como si fuera poco, ahora el FMI autorizó a vender hasta fin de año en el mercado de cambios unos 9.600 millones de dólares de los desembolsos del organismo internacional.

Así, el crédito del FMI es funcional a la fuga de capitales, en el camino de los 29.000 millones de dólares cedidos a la especulación y la fuga en tiempos de Sturzenegger y Caputo al frente del BCRA en el 2018. Después, se critica los planes sociales, ínfimos al lado de estas cifras millonaria en dólares.

Para combatir la suba de precios, el gobierno de Macri acude a la receta monetarista, consistente en disminuir la cantidad de pesos en circulación y por eso, junto al déficit primario cero se compromete a un programa monetario durísimo de no emisión durante todo el año.

Así, vía emisión de títulos, el gobierno retira de la circulación todos los pesos posibles y con ello acrecienta peligrosamente el endeudamiento público. Las Leliq, Letras de liquidez que emite el BCRA, ya suman más de 1 billón de pesos (un millón de millones), el equivalente de unos 25.000 millones de dólares a 41 pesos por dólar.[2]

Esas Letras onerosas, son préstamos asumidos por el BCRA para retirar pesos de circulación y pagan una tasa de interés promedio del 63,3%. Es un costo gigantesco que asume toda la sociedad en beneficio de los tenedores de esos títulos: los bancos.

Con ese nivel de tasa de interés, cualquier traslado al mercado de crédito constituye una usura, especialmente para los sectores de menores ingresos, empresarios o público en general.

Estos sectores de menores ingresos son los que financian los vencimientos de sus tarjetas de crédito o compran en cuotas con tasas elevadísimas que aplican los comercios para favorecer las ventas. Ni hablar del crédito productivo obstruido por este costo financiero.

No solo el país califica en riesgo con 750 puntos, sino que la familia argentina es la que está en default, como señala la campaña de la CTA Autónoma denominada “yo no llego”.

Todo parece encaminado a frenar la cotización del dólar, una variable considerada estratégica de cara a las elecciones de octubre.

Se imaginan en el gobierno que retirando pesos de circulación caerá la demanda de divisas, obviando que las grandes oscilaciones de la cotización están asociadas a movimientos especulativos de inversores externos y locales, los que ante la incertidumbre del resultado electoral ya empezaron a cambiar sus activos en pesos por otros en dólares.

Dolarización y lucha de clases

El camino de la dolarización está en curso y lo que existe es la lógica de la máxima ganancia en funcionamiento, que requiere domesticar cultural y socialmente a la mayoría trabajadora de la sociedad para asumir las nuevas condiciones de vida en la Argentina, muy lejos de estándares de amplia cobertura de necesidades con derechos sociales conquistados en otros tiempos.

Convengamos que eso es lo que pretende el capital mundial en la actualidad, sin distinción de fronteras. Solo puede existir el matiz derivado de la fortaleza del movimiento obrero y popular en la resistencia al objetivo de la ofensiva capitalista.

Es quizá, una de los problemas que puede mostrar la Argentina a inversores ávidos de ganancias, más allá de los triunfos electorales de la derecha en 2015 y 2017 e incluso de cualquier resultado en octubre próximo.

Además de ganar elecciones, las derechas tienen que limitar y/o eliminar el conflicto social, algo difícil en la Argentina, aun con los límites para encarar iniciativas de protesta en profundidad, caso de un Paro Nacional en las condiciones de agresión actual a trabajadores y trabajadoras.

La histórica acumulación de poder popular es la que hasta ahora impide se avance en la reaccionaria reforma laboral con la consecuente pérdida de derechos sindicales, sociales e individuales, objetivo principal de la dominación capitalista en el país. Es consecuencia de las particulares condiciones de la lucha de clases en la Argentina

El monetarismo ortodoxo, aun cuando lo propagandean los “libertarios”, muestra su fracaso para frenar la inflación, que sigue profundizando la regresiva consecuencia de la distribución del ingreso, con aumentos de alimentos y tarifas que los empobrecidos no pueden pagar. Se trata de una cuestión de poder y cuenta con apoyo del FMI.

Por eso, el interrogante es si la errónea estrategia del diagnóstico y la propuesta monetarista, que considera a la inflación como un problema monetario, les habilita el camino de la reelección.

Hasta hace poco no había dudas en el poder sobre un segundo periodo de gobierno de Mauricio Macri, pero con la permanencia de elevados índices inflacionarios y aguda recesión con fuerte incidencia en la producción, el comercio y el empleo, las dudas crecen y con ellas las potencialidades de nuevas postulaciones en la disputa electoral.

Hasta el poder tiene Plan B, que puede incluir candidaturas de crítico discurso al gobierno, aun cuando asumirán gestionar el condicionante fuerte del acuerdo con el FMI, por lo que no extraña que, aunque el FMI apuesta fuerte por Macri y le facilita recursos para su estrategia antiinflacionaria, al mismo tiempo señala que continuará con su brega por el ajuste y la reestructuración reaccionaria gane quien gane en las elecciones de fin de año.

Como siempre hemos sostenido, no solo es cuestión de elecciones, sino de la respuesta generada desde la sociedad y el movimiento popular, no solo para resistir la ofensiva monetarista, sino para instalar otra propuesta de discusión que supere la encerrona del debate actual entre tasas y dólar.

En todo caso, lo que se requiere es considerar otras posibilidades de organización de la economía, con el acento colocado en horizontes de satisfacción de amplias necesidades sociales, más aún cuando crece el desempleo y el empobrecimiento de una parte importante de la sociedad.

Buenos Aires, 15 de marzo de 2019

[1] INDEC. Índice de Precios al Consumidor (IPC). En: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ipc_03_19.pdf (consultado el 15/3/2019)

[2] BCRA. Informe diario de pases y LELIQS. En: http://www.bcra.gov.ar/Pdfs/PoliticaMonetaria/Infopases.pdf (consultado el 15/3/2019)

Impacto de la guerra económica contra el pueblo de Venezuela

Pasqualina Curcio

Adicional al levantamiento de dicho impacto, la profesora Curcio insiste en su llamado: el gobierno nacional debe trascender la mera denuncia mediática de las medidas y la guerra económica y hacer uso de los mecanismos existentes en las instancias internacional respectivas a fin de trascender a la denuncia formal y combatirlas en el terreno legal.

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Apuntes preliminares sobre la guerra en las redes contra Venezuela

Rosa Miriam Elizalde

Rosa Miriam Elizalde*

Hay demasiado fogonazo en las redes todavía y quizás es temprano para hacer una evaluación razonada sobre los recientes acontecimientos en Venezuela desde el punto de vista de las acciones ofensivas en redes, pero es posible entrever algunos ejes de una batalla por la disputa de sentido que, a mi juicio, han ganado las fuerzas progresistas con amplio margen.

Comparto solo unas notas y unas mediciones preliminares que permiten adelantar algunos conceptos que median la disputa entre Estados Unidos y América Latina por el territorio digital y que se expresaron en torno al Día D #23F.

La sala situacional de EEUU contra Venezuela se instaló en Cúcuta

“En Venezuela marcha una provocación dirigida personalmente por el imperio estadounidense (…) no cabe duda de que Trump pretende montar un golpe de Estado en el país”, afirmó el Presidente Nicolás Maduro el pasado 24 de enero, y los hechos no han hecho otra cosa que probarlo.

Los altísimos decibeles contra Venezuela del discurso del Presidente Barack Obama, primero, y de Donald Trump, después, con el inflamable senador Marco Rubio de Mariscal de Campo en Cúcuta, no es un sarampión que eventualmente terminará por pasar, si logran o no sus objetivos.

Está en la arquitectura del sistema de seguridad nacional estadounidense e incluye las redes como territorio de primer orden para los objetivos del gobierno de EEUU, cuyas operaciones de influencia global no son ataques dispares contra el enemigo de turno.

El Departamento de Defensa a través de la Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA) creó el Social Media in Strategic Communications (SMISC) con el doble objetivo de “identificar y contrarrestar las campañas de desinformación y de decepción del enemigo en las redes sociales, reduciendo la capacidad del adversario de manipular del entorno informativo”. El programa fue develado en el
2011 y, supuestamente, concluyó en el 2015 después de una ola de críticas, aunque especialistas en el tema aseguran que sus estructuras siguen tan vitales y actuantes como entonces.

En el 2010, el Departamento de Estado creó el Center for Strategic Counterterrorism Communication (CSCC), que sigue utilizando abiertamente las redes sociales como plataforma para contrarrestar la “propaganda enemiga”. En palabras de su fundador, el embajador retirado Richard LeBaron, “el CSCC materializa la especialización de la diplomacia pública en el campo de las redes sociales, como los equipos SEAL se especializan en acciones contraterroristas en el plano táctico”.

El CSCC cuenta con tres equipos multidisciplinares: Inteligencia y Análisis, Planes y Operaciones, y el Digital Outreach Team (DOT), encargados del planeamiento, análisis, diseño y producción de las campañas gráficas y su seguimiento. Su capacidad de interacción en Twitter es casi en tiempo real y alcanza un elevado nivel de interacción en conversaciones con extremistas de todas partes del mundo.

“Los combatientes son guerreros cibernéticos profesionales, empleados del gobierno de Estados Unidos o contratados en terceros países, además de experimentados guerrilleros aficionados que persiguen objetivos muy bien definidos con precisión militar y herramientas especializadas. Cada tipo de combatiente trae un modelo mental diferente al conflicto, pero usa el mismo conjunto de herramientas”, afirma Renee DiResta en su ensayo “The Digital Maginot Line”.

Esos entramados están ahora mismo operando en Venezuela, como lo han hecho en otros escenarios. Estas campañas a menudo se perciben como un caos orgánico impulsado por acciones emergentes en línea y acciones de aficionados, cuando de hecho son ayudadas o instigadas por entes estatales e institucionales sistemáticos que van de arriba hacia abajo con entramados jerárquicamente bien establecidos.

Exactamente lo que se percibe cuando sacamos la cabeza del bombardeo noticioso en el timeline de Twitter y nos aparece como eje informativo de todos los canales tradicionales y digitales la escuadra Trump-Rubio-Pompeo-Bolton-Abrams, que a diferencia de otras guerras, por primera vez, ha montando la operación golpista un día ampliamente publicitado – el 23 de febrero -, y en un espacio geográfica y públicamente definido: Cúcuta.

La prueba de la rectoría política de Estados Unidos en la campaña digital está a la vista. Basta con seguir la línea del tiempo de Marco Rubio en Twitter. El 23 de febrero envió más de 50 mensajes y retuits para inducir acciones violentas contra el gobierno de Nicolás Maduro, incluida la incitación al magnicidio, que viola abiertamente los términos y condiciones de esta plataforma social:

La herramienta Account Analysis de Luca Hammer refleja la agitada actividad anti-venezolana en Twitter del Senador, que el 23 de febrero dirigía desde Cúcuta el cuartel general de la provocación contra el país sudamericano. Según esta herramienta, del 21 al 23 de febrero, las etiquetas más tuiteadas por Marco Rubio fueron: #Venezuela (149), #Maduro (22), #MaduroRegime (15), #Colombia (11), #Cuba (11), #Caracas (7) e #Israel (7)

En esos más de 50 tweets del 23 de febrero, el Senador adelantó la información de acciones que estaban previamente diseñadas para inculpar al chavismo, como la fake news de que militares cubanos participaban en operaciones en territorio venezolano, sin aportar prueba alguna.

Por ejemplo, en un tweet responsabiliza al gobierno venezolano de asesinar a civiles e incendiar tres camiones, poco antes de que las redes se inundaran de videos, testimonios, fotos aéreas e información que probaban que el incendio se había producido del lado colombiano, y que la principal víctima de las agresiones fue la fotógrafa chilena Nicole Kramm, blanco del ataque perpetrado por seguidores del presidente designado por EEUU, Juan Guaidó, en la frontera colombiana:

La sala situacional para la guerra informativa, trasladada en pleno a Cúcuta mostró cómo las redes sociales no son exactamente foros sin moderación. Estados Unidos dirigió la campaña y no solo actuó al margen de la regulación tradicional de los medios, sino contra las propias normas de las plataformas sociales y hasta contra un mínimo de normas básicas que se supone debe contener la actuación de políticos y parlamentarios en el mundo.

El uso de fake news ese día no solo ha evidenciado una profunda corrupción de políticos que no dudan en utilizar la mentira y la manipulación para lograr sus objetivos, sino que la mentira y la desinformación se planificaron previamente y se utilizaron deliberadamente para encender la mecha de la guerra con actores interesados, más que en proveer información, en producir reacciones políticas, polarizar y “prender fuego” en los territorios virtuales y físicos.

Interacción dinámica de las calles y las redes

Hay hartas discusiones en la izquierda acerca de qué es lo primero, si tomar la calle o tomar la red, como si fueran excluyentes. Los chavistas han comprendido que si hay una tarea política fundamental es la de acabar de entender que la vida on line y off line no van separadas, son una continuidad, forman parte de un solo cuerpo, y que hay que saber apreciar este cuerpo único como termómetro de la vida social y medidor del pulso de la política.

El territorio fundamental en la guerra de información es la mente humana. Si no eres un combatiente, eres el territorio. Y una vez que un combatiente gana sobre un número suficiente de mentes, tiene el poder de influir en la cultura, la sociedad y la política. Este principio del nuevo ecosistema mediático parece que empieza a ser comprendido por las fuerzas revolucionarias.

Como ocurre en el territorio físico, hemos visto en la operación mediática contra Venezuela la inducción a gran escala por parte de la oposición de tácticas de guerrilla urbana con poca información y carga excesiva de emoción negativa en la gente, utilizando para ello los chats de plataformas telefónicas, de las redes sociales y los servicios para recaudar fondos por Internet.

El concierto Venezuela Aid Live, convocado por el multimillonario británico Richard Branson en Cúcuta, es un paradigma de esta estrategia. Su objetivo era sacar a la oposición de sus catacumbas virtuales y movilizarlas a la frontera colombo-venezolana como barricada para la escalada mediática y política, y de paso monetizar la operación. Por cierto, poco se sabe de los 100 millones de dólares que supuestamente recaudarían.

La ofensiva del #23F contra el chavismo fracasó estrepitosamente porque, además de otras variables que apuntan a la unidad cívico-militar y a la fortaleza del liderazgo venezolano, hay una altísima presencia de la población en la red y una actuación militante de la ciudadanía, que enfrenta a la oposición en las calles y en las redes.

El chavismo conoce y se apropia del discurso del liderazgo, acompaña sus propuestas y etiquetas, y desagrega los conceptos para generar contenido propio de forma muy activa. Entiende cada red social y su estilo, y traslada sus mensajes de manera creíble y personalizada. Las etiquetas del golpismo y el intervencionismo en los últimos tres días no han podido señorear las tendencias de Twitter en el país, aunque han hecho un aporte a los hábitos de la red del pájaro azul: la aparición de un hashtag en inglés en el trending de un país de habla castellana, como advirtió agudamente Erin Gallagher:

A diferencia de la guarimba del 2017, donde se produjo una total esquizofrenia entre lo que ocurría al interior de Venezuela y la narrativa de medios y redes fuera del país, esta vez se logró romper la cámara de eco de la derecha internacional alineada con la operación de guerra.

La definición canónica de una cámara de eco es la situación en la que información, ideas o creencias son amplificadas por transmisión y repetición en un sistema cerrado donde las visiones diferentes o competidoras son censuradas, prohibidas o minoritariamente representadas. En otras palabras, solo suelen rebotar las ideas de una derecha que se moviliza a la velocidad de un clic y que utiliza laboratorios para moverse en la Internet profunda y actuar sobre las emociones y los intereses de millones de personas.

Esta situación se quebró en estos días. La derecha ha movilizado a sus actores, pero no ha logrado convencer a los que están fuera de sus burbujas. El territorio mental ya no parece ser una posesión exclusiva de los grandes conglomerados mediáticos y sus abrumadores ecos digitales, subordinados a operaciones militares que nos han metido de cabeza en una guerra de nuevo tipo. Ya en el 1970, McLuhan escribió, en La cultura es nuestro negocio, “la Tercera Guerra Mundial es una guerra de guerrillas de información sin división entre la participación militar y civil”.

La escasa transparencia entre lo militar y lo civil, y la permeabilidad de la frontera digital, que hasta ahora habían favorecido a la oposición, han terminado inclinando la balanza a favor del chavismo con una mejor concertación de los esfuerzos de cientos de medios digitales alternativos y usuarios comunes de las redes que han replicado abrumadoramente las denuncias de la operación mediática dirigida desde Cúcuta.

El chavismo presentó una propuesta más racional y moralmente consistente, que le permitió halar a segmentos críticos de sus propias fuerzas, a la mayoría de los indecisos e incluso a sectores moderados de la oposición hartos de la violencia, y que por primera vez sale de la frontera nacional y planta cara a los laboratorios internacionales que se han movilizado en esta guerra informativa.

Para corroborar esta hipótesis hicimos mediciones de dos etiquetas distantes entre sí en el espectro político, utilizando Socialberaring, a una misma hora del 24 de febrero de 2019, 10:00 am. Esta herramienta analiza el impacto de un hashtag en Twitter según el periodo de tiempo que la herramienta determina y calcula el alcance, las impresiones, el total de RTs y favoritos, y muestra los 100 últimos publicados. Los tuits relacionados pueden filtrarse por idioma, tipo de contenido y geolocalización.

La etiqueta #IntervencionMilitarYa, el 24 de febrero, revelaba que la mayor cantidad de usuarios provinieron de Brasil, y que los de Estados Unidos y Colombia, sumados, duplicaban a los que tuitearon desde Venezuela.

El 74% de los mensajes compartidos con la etiqueta #IntervencionMilitarYa se produjeron desde los móviles, con lo cual se verificó, una vez más, la preeminencia de estos terminales en los escenarios de confrontación informativa.

Al mismo tiempo, analicé la etiqueta #ManosFueraDeVenezuela. Como se puede apreciar, se replicó en una mayor cantidad de países, y ampliamente los mensajes en varias naciones de la región superaron los emitidos por el chavismo desde Venezuela. Desde hace varios años he seguido de cerca las campañas en redes sociales contra Venezuela, y no había observado algo similar:

El chavismo y las fuerzas progresistas en la región, con el acompañamiento de voces en Estados Unidos, se movilizaron en las redes para romper el cerco mediático. Salieron del esquema de la gacetilla de prensa y de la comunicación unidireccional, al cuerpo a cuerpo en la disputa de sentido, con el acompañamiento de algunas figuras de primera línea (influenciadores), que encabezaron las tendencias revolucionarias y utilizaron las redes, en particular Twitter, en la plenitud de su potencial. Respondieron consultas, interactuaron con las audiencias, replicaron orgánicamente con creatividad y humor los desmentidos a las operaciones de propaganda de la oposición y de los
voceros de Estados Unidos, y desafiaron de tal manera los puntos de vista de la sala situacional de Cúcuta, que hicieron cometer graves errores al enemigo, como esos tweets emocionales de Marco Rubio llamando al magnicidio de Maduro.

Es evidente que se produjo una “escucha activa” en el progresismo, es decir, la atención a las demandas de otros usuarios, a la vez que se identificaban tendencias y puntos de interés de la audiencia, lo cual ha facilitado un ámbito de interacción horizontal que disparó la información y los argumentos de las fuerzas progresistas fuera de la zona de confort que integra su propia militancia.

Aunque como dije al principio se requieren de otras mediciones, se puede adelantar con los datos que tenemos delante que el #23F opositor no solo fue una soberana derrota política para la derecha comandada en Cúcuta por Marco Rubio, sino la primera gran evidencia de que la izquierda en el continente aprende a defenderse en la redes y hacerle frente a la guerra de nueva generación a escala regional.

*Periodista cubana. Vicepresidenta Primera de la UPEC y Vicepresidenta
de la FELAP. Es Doctora en Ciencias de la Comunicación

Cosas que no suceden en la Argentina

Guillermo Cieza

Esto sucedió en Nicaragua donde la operación política estaba destinada a desestabilizar el gobierno sandinista, creando y financiando una fuerza armada mercenaria que fue conocida como la Contra Nicaraguense.

¿Como se financió esta operación política?
El Congreso estadounidense había prohibido a organizaciones gubernamentales financiar las actividades de la “contra” nicaragüense, pero funcionarios del gobierno del Presidente Reagan organizaron una operación de venta de armas a Irán para obtener fondos.

La otra fuente de financiación provino del trafico ilegal de drogas. Un grupo de funcionarios del gobierno estadounidense negoció con el Jefe del Cartel de Medellín, Pablo Escobar, la compra de varias toneladas de cocaína, que sirvió para financiar la contrarrevolución nicaragüense y reclutar y formar un ejército de mercenarios que operaban desde Honduras y Costa Rica. Estos mercenarios eran entrenados, en territorio hondureño, por el grupo 60, del Batallón 601 de inteligencia argentino, comandado por el coronel José Hoyas y el Teniente Coronel Oswaldo Ribeiro (álias Balita), dos reconocidos represores que habian participado en el genocidio provocado por la última dictadura en Argentina. La droga era trasladada desde Colombia a Costa Rica y de alli iba derivada al Salvador. Luego de llegar a ese destino, la droga era reembarcada en aviones C-130 de la Fuerza Aérea gringa a sus instalaciones en California, y fue comercializado en Estados del Sur de Estados Unidos con protección de la DEA, según información recogida y manejada por la Comisión Kerry, del Congreso de los EEUU, que interrogó a Elliot Abrams. El funcionario reconoció los cargos de los cuales se declaró culpable, pero no recibió ningún castigo.

Participaron en estas operaciones encubiertas de la CIA y la DEA, Oliver North, Roger Noriega, John Negroponte , Eliott Abram y John Bolton. El último de los nombrados es asesor de Seguridad de la Casa Blanca y es el encargado de organizar la trama conspirativa contra el gobierno de Venezuela..

Cuando leemos estos informes nos sentimos aliviados que no exista en la Argentina ninguna operación política de Estados Unidos, que sea ejecutada por una banda que se financie con operaciones ilegales. Lo que dice el Juez de Dolores Alejo Ramos Padilla sobre el detenido agente de la DEA Marcelo D Alessio, el fiscal Carlos Stornelli, el periodista Daniel Santoro, la diputada Elisa Carrió , etc. seguramente es pura fantasía.

Además es pura coincidencia que Estados Unidos haya designado como encargado general para Venezuela al reclutador de fuerzas mercenarias, Eliott Abrams. Y que Estados Unidos haya nombrado embajador para Argentina a Edward Prado “un destacado jurista federal”, que se desempeñó como juez durante mas de 35 años y que afirmó que venia a nuestro país a colaborar con la Justicia. Alguien muy mal pensado podría pensar que en los dos caso El gobierno de Estados Unidos nombraró como representantes a especialista en la operacion politica a desarrollar.

Pero como dice el titulo de esta nota: Estas cosas no suceden en la Argentina.

El destino de los espantapájaros

Guillermo Cieza

Se construyen con materiales cuyo destino era la basura como una camisa vieja o un sombrero agujereado. Su vida útil la determinan los vientos y las lluvias, pero es efímera. Cuando ya están deteriorados y son incapaces de asustar a nadie, no se remiendan. Son desechados, y se los reemplaza por otro. Cuando se termina su función, se los utiliza para animar una fogata confirmando que han llegado a un punto de deterioro en que son más útiles muertos que vivos.

Hay muchos personajes de la política que funcionan como espantapájaros. Son de material dudoso y destino descartable.

Fuera de Venezuela, son poco conocidos los detalles de la detención del dirigente del Partido Voluntad Popular, Leopoldo López, en el mes de febrero de 2014. Lopez un dirigente de extrema derecha, que supo presentarse como referente de la secta religiosa Tradicion Familia y Propiedad, de triste memoria por su asociación a las dictaduras de los años 70 en Argentina y Chile, estaba acusado de ser promotor de acciones de protestas muy violentas con un saldo de 41 muertos y tenía pedido de captura. Quienes entregaron a Lopez a la Guardia Nacional fueron sus padres y su mujer Lilian Tintori, muy conocida por sus apariciones mediaticas como vocera de la oposición antichavista. Lo que ocurrió para que esto sucediera es que autoridades del gobierno chavista pidieron una reunión con los familiares del prófugo y le mostraron un video donde mostraban como miembros de la derecha venezolana estaban planificando su asesinato. Uno de los participantes en esta conspiración era Antonio Ledezma, ex Alcalde de Caracas, del Partido Alianza Bravo Pueblo que formaba parte junto a Voluntad Popular de la coalición derechista MUD. Es decir se trataba de un asesinato de un político de derecha, ejecutado por sus socios políticos.

¿Era creible ese video? Los antecedentes de Ledezma parecen confirmarlo. En la madrugada del 27 de noviembre de 1992, se produjo una masacre en una cárcel ubicada en Catia, un barrio popular de Caracas, cuando se abrieron las puertas y los presos salieron a la calle. Según los testigos, los guardias que abrieron las celdas les dijeron a los presos que quedaban en libertad. Ese dia ejecutaron a 63 presos e hirieron a mas de 100. El multiple asesinato fue cometido por fuerzas policiales que estaban a cargo de Antonio Ledezma, en ese momento Gobernador del Distrito Federal, a quien se lo empezó a conocer en adelante como “El carnicero de Catia”. Ante esas evidencias la familia de Lopez prefirió que estuviera preso que suelto. En el acto de entrega de Leopoldo Lopez, participó el dirigente chavista Diosdado Cabello que transportó al detenido en su propio vehículo hasta llegar a sede judicial.

En enero de 2015. De regreso en la Argentina y mirando los noticieros , me soprendió mucho escuchar que un Fiscal acusara de de “ Traicion a la Patria”, a una ex presidenta, por un Memorandum que había sido aprobado por el Congreso. No entiendo mucho de leyes pero la acusación me parecía una payasada. Me quedé pensando: ¿Y después de esto que sigue …?

Y días después me enteré de la muerte de Nisman. Y no pude dejar de acordarme de la conspiración contra Leopoldo Lopez. Nisman era un hombre que para la derecha y el Imperio valía mas muerto que vivo. ¿Suicidio inducido o asesinato?. No tiene demasiada importancia.

He leído en los últimos días que al presidente brasileño Jair Bolsonaro se le ha agravado las dolencias producto de un atentado dudoso y que hoy en Brasil se está discutiendo su sucesión. Le debo a mi amiga Silvia la definición de “ espantapájaros” dedicada a Bolsonaro. Me dijo: lo agitaron para que se unieran los candidatos de la centro derecha y termino ganando las elecciones. Y ahora no saben qué hacer con él . Cada vez que abre la boca mete la pata. Ahora que me enteré que anda enfermo ya me estoy dando cuenta que los que efectivamente mandan en Brasil, la burguesía local y los militares, están resolviendo el problema Bolsonaro.

Hoy acabo de leer que el canciller de Colombia advirtió que se teme por un asesinato contra el espantapajaro Juan Guaido, este extraño presidente autoelegido reconocido por Estados Unidos, la Union Europea y el Grupo de Lima, que no manda en un solo centímetro del territorio venezolano, que esta exilado en Colombia y que cada vez que abre la boca no hace mas que repetir el guion, con las mismas palabras para no equivocarse , de Bolton, Abrams y compañía. Un verdadero bochorno político. Un hombre que a estas alturas le sirve al Imperio y a la derecha venezolana mas muerto que vivo.

El destino de los espantapájaros es descartable.

Alguien me dijo que ya se están haciendo apuestas para ver quien se muere primero. Bolsonaro o Guaidos.

26 de febrero de 2019

Economía y política en el debate electoral

Julio Gambina

Hemos sostenido que el macrismo disputa consenso desde la política, principalmente contra el “populismo”, una categoría difusa que alude a los gobiernos kirchneristas; pero también a los procesos políticos regionales críticos a la orientación neoliberal, muy especialmente en estas horas sobre Venezuela.

No pueden defender el resultado económico, aun cuando sostienen que el rumbo político y económico es el adecuado. Incluso, tienen críticos por derecha, caso de los economistas “libertarios”, cruzados del liberalismo a ultranza, fanáticos del odio a todo proceso de distribución del ingreso o la riqueza, que pretenden acelerar el ajuste y la reaccionaria reestructuración del capitalismo local.

Por eso la critica a toda propuesta que contradiga, aun parcialmente el rumbo acordado entre el gobierno, el FMI y la oposición cómplice que disputa la gestión presidencial.

¿Cuál es el rumbo?

El de la regresiva reestructuración de la economía, la sociedad y la política. Es una lógica favorable a la ganancia y a las inversiones privadas; a la promoción del individualismo y la defensa de la propiedad privada y su seguridad jurídica; junto a una “modernización” de las relaciones políticas y del Estado que aleje toda forma de participación popular en la toma de decisiones.

Por eso sostienen la necesidad de avanzar en una reforma laboral y previsional, achicando el gasto estatal y de las grandes empresas, para flexibilizar las relaciones entre el capital y el trabajo, a favor de los propietarios de medios de producción.

Esperan modificar conquistas sociales producto de una larga historia de luchas reivindicativas a través de la historia y generar una nueva normalidad. Ese es el sentido de lo sostenido contra el “derecho a la energía”, oportunamente expresado por el ex Ministro Aranguren; o la deliberada acción des-financiadora de la salud o la educación públicas.

La privatización promovida desde 1975/76 e iniciada con fuerza en los 90 pretende ser completada en un nuevo turno bajo hegemonía de las derechas locales.

El saldo será una sociedad más desigual como forma de hacer frente al relanzamiento del orden capitalista con oportunidades para grandes inversores externos, en el camino de la soja y los hidrocarburos (Vaca Muerta). Es la oferta de Macri en los viajes al exterior realizados durante su gestión.

Aprovechan un clima mundial de ofensiva del capital, las derechas y las dominantes, en una estrategia que se despliega de los 70´ con las dictaduras del cono sur y luego en los 90´ ante la caída del socialismo en el este de Europa.

Son fenómenos que ahora se presentan bajo nuevas modalidades de crítica al aperturismo globalizador, bajo el liderazgo de Donald Trump y/o procesos como el Brexit o las nuevas derechas en expansión en todo el mundo.

Cuentan con el apoyo ideológico propagandístico del sentido común inducido desde la dominación mediática y cultural. Ello exige un accionar contracultural sustentado en argumentaciones y prácticas sociales de confrontación contra el orden capitalista, el patriarcalismo y toda forma de dominación y discriminación.

Pensar y actuar otros rumbos

Por eso, no solo se trata de contrarrestar el rumbo del gobierno Macri, sino de sembrar condiciones de posibilidad para habilitar otro debate en la sociedad, que contribuya a gestar nuevas subjetividades y programas que reviertan el rumbo del poder.

Requiere de mucha audacia en la definición del diagnostico de situación y en las propuestas de transformación unidas a una práctica social económica, productiva, que anticipe en el presente la sociedad esperada. No se trata de cambios individuales sucesivos, sino de multiplicar experiencias socioeconómicas y políticas de colectivos organizados para construir el orden alternativo.

Apunto a variados procesos, sea de nuevo sindicalismo u organizaciones populares, económicas, sociales, culturales, que anticipan el devenir esperado. Un ejemplo importante está siendo protagonizado por el movimiento de mujeres, que en diversidad están impulsando un cambio cultural de enorme magnitud desde el “ni una menos” y las luchas por el aborto seguro.

Claro que no se trata de idealizar, pero en esa búsqueda está lo mas importante de las experiencias de cambio político ocurridas en Nuestra América en este Siglo XXI y que hoy se condensan en el debate sobre Venezuela.

El debate sobre Venezuela es principalmente sobre el ¿Qué Hacer? en estos tiempos de ofensiva del capital contra el trabajo, la Naturaleza y la sociedad; de ofensiva de las derechas mundiales.

No es que no importe analizar los porque de los problemas que puedan existir en la tierra de Bolívar; pero si debemos enfatizar en que lo que le importa al poder es impugnar cualquier perspectiva anti capitalista, por lo que insisten en que el único rumbo posible es el capitalismo.

Ese es el discurso de Trump o Macri, de Piñera o Duque, más allá de comprensibles matices. El cerco de la derecha mundial se cierra sobre el proceso venezolano y convoca a un fuerte debate ideológico y político, no solo contra estas derechas, sino y muy especialmente con el conjunto de la sociedad, sometida a una campaña de desprestigio de cualquier intento transformador.

Resulta muy complejo ir contra el sentido común mayoritario, mas aun cuando los principales medios de comunicación propalan un mensaje critico a cualquier intento de ir contra la corriente hegemónica del orden capitalista.

En ese marco hay que pensar las elecciones de renovación presidencial de octubre próximo en Argentina y colocar un límite a la continuidad del proyecto en curso, ejecutado por el gobierno o de los cómplices políticos en los gobiernos provinciales, el poder legislativo o incluso en organizaciones del movimiento sindical y social.

Por eso insistimos también en que hace falta polemizar con los discursos críticos de la hegemonía actual para pensar en conjunto como revertir el proceso que explicita el acuerdo con el FMI. De ese modo iniciar un rumbo alternativo, de contenido y forma plural, que necesariamente confronte con el orden del capital, al tiempo que proponga otra economía para otra política y sociedad sin dominados ni dominadores.

Se trata de desafíos que trascienden el debate nacional y convergen en otros similares en la región y en el mundo.

Buenos Aires, 23 de febrero de 2019