Crisis profunda. Y nuevas perspectivas para la izquierda (Primera parte). Por Daniel Campione

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*El presente escrito está basado en el informe sobre coyuntura que el autor expuso en el plenario de Vientos del Pueblo efectuado el 6 de junio de 2026. Primera parte.

El sistema de dominación pierde legitimidad y disminuye su eficacia. En el mundo y en nuestras tierras. Ante el desgaste de las propuestas convencionales muchas miradas se dirigen hacia horizontes con potencialidad innovadora. Es hora de demostración de que desde la izquierda puede elevarse lo radicalmente distinto, la ruptura integral con un presente ominoso.

La agresión imperialista y su expansión

El análisis de la actual situación de nuestro país y su encuadre en el campo internacional comprende al papel inducido de Argentina como abanderado de los intereses imperiales.

Hoy EE.UU se encuentra a la ofensiva en el continente americano. O visto de otra manera, despliega toda su fuerza y presión en nuestras tierras, como forma de compensar su retroceso en otras áreas del planeta.

La respuesta del gobierno de Javier Milei es de alineamiento completo con los objetivos de política exterior norteamericana, el que avanza en profundidad e intensidad.

Ese automatismo se agrava con el transcurso de los meses.  Milei no tiene otra preocupación en las relaciones exteriores que la obediencia completa a los propósitos de Estados Unidos. Lo que incluye la participación entusiasta en iniciativas “donmonroístas” (conjunción y abreviatura de Donald Trump y James Monroe) que utilizan el lenguaje de la “guerra fría” y su defensa de “Occidente”.  Como el llamado “escudo de las Américas.”

El presidente argentino actúa como si el comando sur del ejército estadounidense y las secretarías de Estado y del Tesoro fueran sus superiores inmediatos. Jefes cuyas órdenes no deben ser discutidas en ningún caso.

Un pico en esa dirección se presentó cuando se consumó la agresión estadounidense-israelí contra Irán. Milei no sólo dio su completo respaldo, sino que se refirió a la guerra en primera persona. Como si tomara parte plena y activa en el conflicto. Y adoptó hasta en sus detalles el discurso triunfalista. El que contra toda evidencia sustenta el mandatario del imperio del norte.

El ostensible traspié de Trump en Medio Oriente ha dejado mal parado al presidente argentino. Todas sus apuestas están colocadas bajo el signo de la invencibilidad de EE.UU. Y esta falló de modo ostensible.

El bombardeo de Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores ha marcado un salto cualitativo en el intervencionismo imperial. Por el acto en sí y porque fue fundamentado en el puro ejercicio de la fuerza y en los intereses económicos y de “seguridad” de EE.UU.

El discurso de la defensa de la democracia y la libertad ha sido abandonado o confinado a un lugar muy secundario. La ficción del “orden internacional sujeto a reglas” fue arrojada al basurero sin disimulos.

El ataque se dirigió contra el país de Hugo Chávez con el propósito de disciplinamiento y penalización hacia la sociedad que buscó un camino diferente Y volvió a poner en el tapete los temas de la revolución y el socialismo. Al imperio le interesa la imposición de la idea de que no hay otro camino en Nuestra América que el sometimiento a sus designios y el servicio diligente a sus intereses.

El presidente argentino respaldó por anticipado la irrupción yanqui en Venezuela. La aplaudió sin vacilaciones una vez producida. Estuvo incluso entre los pocos adherentes del mundo a la conformación de una “junta” o “consejo” “de paz”, donde el gobierno estadounidense tiene plenos poderes.

Una tapadera para dar alguna apariencia de legitimidad a sus decisiones unilaterales de política exterior. Ya en el terreno de la farsa, Trump es su presidente vitalicio. Hoy parece destinada a pasar rápido al olvido, con sus rasgos de aberración flagrante a cuestas.

Como ya adelantamos la operación sobre Irán y el estrecho de Ormuz es un fallido epocal para el mayor poder militar del globo. Comenzó la guerra con el estrecho libre, las operaciones culminaron hasta ahora con la vía de agua bloqueada, previo fracaso de las tentativas de liberación de su curso.  

El artero asesinato de buena parte de la cúpula política y militar iraní no le sirvió para la inducción de un alzamiento popular, ni para que se construyera una sucesión “amigable” con el país del norte.

Al mismo tiempo el país persa consiguió, con su armamento aéreo liviano y poco costoso, el ataque exitoso a Israel y a los principales aliados estadounidenses de la zona del golfo. La “seguridad” brindada por la tutela imperial se reveló como una impostura. O al menos mostró que la superpotencia ya no la puede sostener.

Los países subordinados soportaron devastaciones en su territorio y en su economía sin que el “jefe” tomara ninguna medida efectiva para protegerlos.

“Cuba es la próxima” ha dicho y reiterado Trump con esas o similares palabras. Su imaginación lo remitía al comienzo a una gran victoria sobre el país de los ayatollahs. Rematada enseguida por una exitosa operación sobre el país de Fidel Castro. Ya no podrá ser.

El camino elegido ahora es la inducción de una “implosión” del sistema económico y político de la isla junto a los aspectos más básicos de la vida cotidiana. Bajo los golpes de un bloqueo criminal e ilimitado.

Con la obturación del flujo de petróleo como basamento para la provocación de un colapso energético, alimentario, laboral, educativo, de la salud, del transporte. Nada queda a salvo de la agresión.

Se le une el intento de criminalización de la alta dirigencia cubana como posible pasaporte a una intervención abierta. Se basa en el montaje del caso de las avionetas derribadas por las defensas de la isla hace casi 30 años. Tiene el equívoco aroma de pretexto para una irrupción armada en nombre de “la justicia” y de “crímenes que deben ser castigados”.

Un acto de legítima defensa por la violación reiterada del espacio aéreo y la difusión de propaganda hostil  se muestra como un “ataque” probatorio de que el país de José Martí es una “amenaza inusitada” para EE.UU.

Quizás imaginan al principal acusado, Raúl Castro, prisionero en una  cárcel de alta seguridad y procesado, al igual que Maduro. Existen indicios de larga data de que la defensa de Cuba encontrará el modo de cancelación de esa perspectiva. A despecho de la superioridad militar yanqui.

 La prohibición de toda transacción financiera con ciertos funcionarios y entidades del Estado cubano responde al mismo propósito: La conducción del cerco y el aislamiento a sus mayores extremos para la habilitación de una irrupción violenta.

Las amenazas pueden llevarse a efecto en cualquier momento y desencadenarse una operación en vasta escala contra el país caribeño. Un éxito en tal terreno sería para EE.UU la realización de un anhelo postergado durante más de seis décadas.

Y un impacto sobre la causa de la izquierda latinoamericana y mundial sólo comparable al configurado por la caída del muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética.

Enmendaría la traumática (para EE.UU)  situación de que el hegemón mundial tenga instalado a menos de 100 millas un poder adverso. Que lo ha enfrentado desde 1959 sin hacerle nunca concesiones decisivas. Sería el lavado de una afrenta intolerable hacia los mitos fundantes del “destino manifiesto” del gigante norteamericano.

Hoy es hora para la plena y constante solidaridad con Cuba frente a la perspectiva de agresión. Hasta ahora los Estados se callan o protestan en voz baja. Incluso la mayoría de los que deberían ser aliados de la isla, sea por convicciones ideológicas, por conveniencias geoestratégicas, o por una combinación de ambas.

La movilización en favor del país agredido es un mandato del antiimperialismo consecuente. De identificación con un país pequeño y pobre amenazado. Y con un pueblo sufriente y altivo cuyo avasallamiento se pretende de una vez y para siempre.

Además de ser un camino de defensa propia para los pueblos del mundo y en particular los de nuestra región. El imperio en declive busca el sofocamiento de cualquier tentativa de independencia frente a sus políticas. O de restricción a las ganancias de los grandes capitales.

A los argentinos y argentinas nos corresponde enfrentarnos con el rol entregador del gobierno de nuestro país. La oposición firme contra las agresiones imperiales es un camino imprescindible para contraponernos a la ofensiva ultraconservadora en curso. La solidaridad internacional efectiva será un modo de desvirtuar la pretensión de sometimiento de nuestra sociedad al vasallaje pronorteamericano.

Mientras tanto el presidente argentino no cesa en sus constantes viajes a EE.UU. Allí lo reciben con premios y distinciones varias. Habla ante auditorios de extrema derecha que lo ovacionan. Reafirma su admiración hacia el presidente Trump. Y sus aspiraciones de convertirse en líder y profeta del “anarcocapitalismo” a nivel mundial.

La denuncia activa de sus deleznables opciones de política internacional es una manera de salir de frente contra la perspectiva de reestructuración regresiva e irreversible de nuestro conjunto social.

Los “libertarios” en declinación ¿permanente?

El gobierno presidido por Javier Milei ha sufrido una sostenida caída de su imagen pública y su prestigio social. Sus porcentajes de apoyo bajaron hasta niveles apenas superiores al 30%.

El velo de legitimidad que le confirió la victoria electoral de octubre de 2025 se ha disipado rápido. Más allá de que pueda reconstituirlo en parte en algún momento. Algunas encuestas de las últimas semanas detectan una leve recuperación de imagen positiva y descenso de la negativa. De la intención de voto y de otros criterios de medición de la opinión pública.

Podría decirse que en realidad se revirtió la recuperación de popularidad que experimentó La Libertad Avanza (LLA) en los días previos a las elecciones de octubre de 2023. La que tuvo lugar desde una situación de descrédito similar a la actual, expresada en los comicios bonaerenses de septiembre.

“Triunfo” y reforma laboral

En los primeros meses de este año, el poder ejecutivo venía de imponer su voluntad en el ámbito legislativo, lo que parecía el preámbulo de un período triunfal.

Se aprobó la ley de glaciares, vital para la expansión de la megaminería en la zona andina. Y sobre todo la llamada “reforma laboral”, verdadera recodificación de las relaciones de trabajo en unívoco sentido propatronal.

Con avances en favor del capital tanto sobre los derechos de los asalariados en su relación individual de trabajo como en dirección a que disminuyan las posibilidades de acción colectiva y las facultades de las organizaciones sindicales. La suma restricción del derecho de huelga y el acotamiento del alcance de los convenios colectivos de trabajo son dos ejemplos de esto último.

Se les unía el factor económico directo, apuntado a la disminución del “costo laboral”. En primer lugar con el abaratamiento de las indemnizaciones por despido. Disposición complementada con que ya no sean los empleadores sino el sistema previsional el que solvente las reparaciones por desvinculación sin causa.

El conjunto genera un panorama de fortalecimiento del poder de dirección de dueños y directivos de empresa sobre el conjunto de los trabajadores. Con mayores facilidades para la imposición de una jornada laboral a su gusto, manipulación del goce de vacaciones, etc.

El gobierno cumplimentaba así una de las “reformas indispensables” que la burguesía argentina reclama desde hace décadas. Y que el F.M.I y otros organismos internacionales tenían en carpeta.

Esta verdadera “contrarreforma” generó resistencias y protestas que no surtieron efecto inmediato. El gobierno contó a su favor con las amplias complicidades de supuestos “opositores” en el poder legislativo. Y con la tendencia a la pasividad y el solapado consentimiento de la CGT. La que más temprano que tarde le puso su apuesta principal a la vía judicial y no a la movilización.

Eso a sabiendas de que se vive un período de benevolencia de los tribunales hacia el gobierno. Y de juzgados laborales que desamparan el tradicional principio de protección de los trabajadores. En favor de una práctica más permeable a los propósitos de las patronales. No tardaron mucho en emitirse fallos favorables a la vigencia de los cambios regresivos en las relaciones de trabajo.

No por azar voceros empresarios calificaron la aprobación de la ley como “triunfo histórico”. Para los más antiperonistas ese carácter está dado porque permite un recorrido en el soñado camino de regreso de la sociedad argentina a los años previos al advenimiento del peronismo.

Y si fuera posible, como lo ha expresado el presidente una y otra vez, también anterior a la llegada del radicalismo al gobierno. Un “ideal” de retorno que es imposible. Y así y todo marca un sendero de revancha en la larga duración de la lucha de clases.

El deterioro de la economía

Mientras tanto el recrudecimiento de la inflación durante varios meses consecutivos, desdibujó al más notorio y apreciado de los “éxitos” del gobierno libertario.

Cuando en marzo de 2026 rebasó por amplio margen la barrera psicológica del 3% (fue del 3,4%) se abrió una nueva etapa crítica. Abril en cambio albergó un retroceso a 2,6% en el mes. Seguido en mayo por un porcentaje de 2,1%. El gobierno parece haber conjurado el espectro de un crecimiento sostenido de los índices de aumento de precios.

Durante el lapso que duró el alza de la tasa mensual, fue acompañado y agravado por una situación de decrecimiento, también desde hacía varios meses, en las ramas de la economía más ligadas al consumo popular. Y de mayor incidencia en la creación de puestos de trabajo. Ese recorrido descendente no se ha modificado.

El cuadro es cada vez más evidente: Deterioro de poder adquisitivo con aumentos salariales que no compensan la inflación. Necesidad de pluriempleo. Pérdida o descenso de la calidad del trabajo. Deterioro o virtual supresión de prestaciones estatales o servicios públicos. 

Asimismo se ensaña con la calidad de vida popular el desbarranque del transporte público. Se conjugan allí el aumento de las tarifas muy por encima de la inflación; la disminución de las frecuencias, la falta de mantenimiento en las unidades, el hacinamiento de los pasajeros y el alargue de los tiempos de viaje. Todo un “método” para arruinar la vida cotidiana de millones.

La situación se conecta con el fenómeno de creciente endeudamiento de las familias, con un correlativo aumento de la morosidad. La sujeción a préstamos y cuotas crecientes en el circuito bancario o extrabancario se ha convertido en un peso cotidiano para millones de argentinas y argentinos.

Suele prestarse atención a la utilización de tarjetas de crédito para la compra de alimentos y otros artículos de primera necesidad. Con saldos que no pueden ser satisfechos a fin de mes. Así se genera un espiral de difícil contención.

Cuando las tarjetas no están disponibles se acude a las billeteras virtuales o a mecanismos informales que operan con condiciones usurarias.

Contra todas las promesas, la “libertad económica” no aparece como garantía de prosperidad sino como pasaporte a la pobreza o sus cercanías.

Mientras la producción de orientación extractivista crece, la industria, el comercio y la construcción decaen, con descensos drásticos. En paralelo, el oficialismo se envanece por la mejora de la balanza comercial a caballo del incremento de la producción de minerales e hidrocarburos exportables.

Son ramas productivas que no proporcionan fuentes de trabajo en gran cantidad ni mejoran las condiciones de vida de las masas.

Sí hay proyectos para una industrialización de esas producciones primarias. Que proporcionen nuevas oportunidades de negocios y mayor valor agregado para esas exportaciones en crecimiento. Lo que tampoco apunta a mejores condiciones de vida y de trabajo para sectores amplios.

Se desarrollan sobre la base de la entrega al gran capital internacional de la tierra y los bienes comunes. Para que desenvuelva su lógica de depredación y extranjerización del territorio y de la sociedad toda. El vigente R.I.G.I y el ahora proyectado “Super R.I.G.I” van en esa dirección.

Les otorgan todo tipo de prebendas a los potenciales inversores. Impositivas, aduaneras, jurídicas. Por sucesivas ampliaciones se incluyen más sectores de la economía.

Las acompañan espejismos “modernizadores” como la instalación de grandes centrales de datos. Las que al decir de los expertos no marcarían una innovación tecnológica de punta sino una nueva faceta del usufructo de la abundante disposición de recursos de nuestras tierras.

Otra línea de implantación de nuevos proyectos se manifiesta en dos iniciativas: Una es la del “gemelo digital”, un alarde de adelanto en inteligencia artificial (IA) con inquietantes posibilidades para el espionaje y la represión. La otra es una nueva ley de sociedades que permitiría la conformación de empresas “no humanas”, automatizadas, integradas por algoritmos y robots.

Todo esto encuadrado en una desregulación que podría sintetizarse como “todo el poder a las empresas digitales”.

El gobierno disfruta mientras tanto de un incrementado ingreso de dólares. Un saldo muy favorable de la balanza comercial, posibilitado sobre todo por el sostenido aumento de exportaciones de energía y combustibles, general la expectativa de que se contrarreste la crónica “restricción externa” caracterizada por un flujo insuficiente de divisas.

Hoy el gobierno se permite presentar la elevada compra de reservas como un factor más de “estabilidad macroeconómica”. La que sería requisito para que arranque por fin una recuperación de la economía. Siempre pensada desde el lado del capital, por supuesto.

Los escándalos

El episodio de corrupción que tiene como protagonista a Manuel Adorni aceleró el deterioro de la popularidad gubernamental. El jefe de gabinete se mostró incapaz de ofrecer una justificación del incremento de su patrimonio. Y del nivel y calidad de consumo de su grupo familiar.

Tras las expectativas generadas por la demorada presentación de su declaración jurada terminó reconociéndose en público como evasor sistemático. Luego de dar explicaciones inverosímiles sobre el origen de su repentino ascenso de fortuna.

Quedó en claro además que había mentido con total descaro en su última presentación parlamentaria, mientras legisladores y ministros lo aplaudían por su supuesta sinceridad y honestidad.

El episodio afecta al gobierno no sólo y quizás no tanto por el hecho en sí. Sino porque desmiente el “honestismo” del que hacía gala.

El mismo elenco que exaltaba a “la moral como política de Estado”, ahora queda involucrado en sospechas de enriquecimiento ilícito y dádivas. Y en alardes de consumo suntuario y viajes de lujo en medio del empobrecimiento de millones.

El presidente se ha atado a la defensa inconmovible del jefe de gabinete. Rechazó de plano una vez tras otra cualquier posibilidad de pedirle la renuncia a Adorni. Y hasta se declaró dispuesto a la pérdida de la próxima elección si ése era el precio por no hacerlo.

Se vio sacudido por disidencias al respecto. Tanto de parte de fuerzas aliadas como desde el interior de LLA. Esta última protagonizada por Patricia Bullrich, que es la dirigente de ese partido que parece contar con más consenso social. 

Sus presiones para que el ministro coordinador y vocera informara sobre su situación cayeron en el vacío durante semanas. Para rematar luego en una entrevista penosa en la que  el jefe de gabinete se autoinculpó, en confirmación de las peores sospechas.

Ante el caso de la declaración jurada bastardeada y modificada la obstinación en sostenerlo aparece cada vez más injustificada y costosa. Sus hasta ahora fieles aliados de PRO, con Mauricio Macri a la cabeza, le reclamaron primero en privado y luego en público el desplazamiento del ministro coordinador.

Hoy las fuerzas de oposición intentan una interpelación que a su vez abra el camino para su destitución.

Los cuestionamientos éticos y legales han fructificado.  A escándalos anteriores como los del caso Libra y el de ANDIS, se unen favoritismos evidentes. Como el de los créditos del Banco de la Nación por sumas elevadas y en condiciones muy favorables. Con funcionarios del gobierno y legisladores y dirigentes afines como destinatarios.

De lo que no queda duda es de que entrañan el tipo de comportamientos de “casta” cuya denuncia y la promesa de abolirlos fortaleció el recorrido del oficialismo hasta no hace mucho

Ofensiva de derecha, pese a todo

El gobierno de LLA continúa imperturbable el camino de agresión contra las condiciones de vida y de trabajo de la mayoría de la población. Pese a todas las falencias, pérdida de popularidad y confrontaciones internas hasta ahora irresolubles que lo surcan.

Así se articula la supresión de derechos de larga data. Y la destrucción de la salud, la educación, el sistema jubilatorio, la ciencia y la tecnología. Se les suma el recorte sesgado y menoscabo de las funciones estatales y los procesos de privatización. No todas ni en la misma medida. El aparato represivo y el espionaje, en sentido contrario, obtienen algunos privilegios.

La ultraderecha ha planteado la “batalla cultural”. E intenta darla a todas horas. Alterna manejos más o menos sutiles con enormes torpezas. Se mantiene manos a la obra para la modificación del sentido común en una dirección ultraconservadora.

Orientada hacia la antipolítica en clave de derecha. Y en pos de la apuesta individualista, vertebrada por la extirpación de cualquier sentido de comunidad y de sensibilidad social.

La justicia social “es una aberración”, la educación “no es un derecho”, “ante cada necesidad nace un mercado”. “nada está por encima del equilibrio fiscal”. Son expresiones clarificadoras de cómo razonan y actúan en el elenco hoy a cargo del gobierno. Que cuenta para eso con el aval explícito de lo más sustancial del gran capital.

Asimismo trabajan en la construcción de un “otro” vasto y de contornos indefinidos, ajeno a los “argentinos de bien”, sospechoso de atentar contra un sentido punitivista de la ley y el orden.

Carente además de apego hacia los sagrados valores de la propiedad privada. Propenso a la alteración de la “paz social” y de la vida laboral de  los argentinos que sí se merecerían su lugar en la sociedad, a diferencia de los “peligrosos” e “indeseables”.

Los delitos contra la propiedad son presentados como gravísimos y se propone la cárcel para niñes o adolescentes de 13 o 14 años. En cambio si se trata de femicidios o asesinatos vía “gatillo fácil”, todo es lenidad hacia los victimarios y estigmatización de las víctimas. La “seguridad” no es un valor merecedor de protección si quienes experimentan su falta son mujeres, trabajadores y pobres.

Un condicionante a favor del conformismo  y la sumisión es el enaltecimiento de los empresarios. Se los presenta como quienes poseen creatividad y ejercen iniciativa. Invierten capital propio, asumen riesgo y sobre todo “dan trabajo”. Un puesto laboral sería una suerte de favor que le hace el empresario a sus empleados en particular. Y a la sociedad en general.

Sus ganancias, por desmesuradas que sean, no constituirían sino la justa recompensa a sus esfuerzos en favor del bien común. Y el incremento del capital y acumulación de riquezas un merecido resultado de su inteligencia y audacia.

Se añade la idea de que los capitalistas son “robados” por el Estado a través de impuestos muy gravosos en lugar de dar premios a las inversiones que realizan.  Argentina sería un país con mayor presión tributaria del mundo.

En este aspecto el nivel de desembozada falsedad supera toda cota. Nuestro país tiene en realidad un sistema tributario regresivo, que penaliza de modo sistemático a los sectores de ingresos más bajos y a los consumos básicos.

El empeoramiento de esta situación transita el día a día. El gobierno no se cansa de prodigar exenciones, bajas de alícuotas, garantías de no instauración de nuevos tributos.

Todo a favor del sector empresario y en contra de trabajadoras y trabajadores. Además, con impulso activo del F.M.I., se proyecta una reforma tributaria. Entre las propuestas del organismo se cuenta la supresión del monotributo y la disminución de los límites de ingreso para el pago de ganancias.

Junto con el aumento de la carga del impuesto al valor agregado (IVA), un flagelo sobre el consumo popular. En cuanto al peso de los impuestos sobre el producto total, no es mayor aquí al promedio de los países de la región.

La baja estima hacia la política y los políticos se articula bien con la mirada reverente hacia los capitalistas. Los pobres; los desempleados, subocupados y precarizados, los carentes de vivienda, no lo serían a causa de las grandes ganancias de los capitalistas y los múltiples privilegios de los que éstos disfrutan.

Los de abajo se supone que están en mala situación porque los políticos “roban”. Tanto a ellos como a los más grandes empresarios. Las clases contrapuestas serían víctimas por igual de un Estado voraz e insustentable. Se construye día a día la idea de que el “poder” por excelencia es el que se expresa a través del aparato del Estado.

De él exclusivamente hay que protegerse. El poder del capital es en cambio benéfico, casi un “padre protector”. Y los empresarios, “héroes”, como predica el presidente Milei.

En cuanto al poderío cultural y comunicacional quedan fuera de la percepción cotidiana. Disimulados como “expertos” que proporcionan sabios consejos. O medios “independientes” que informan con imparcialidad.

Sólo cuando el Estado paga el salario de los especialistas o es propietario de los medios todo se vuelve sospechoso. Cuestionable en todas sus prácticas, desde la financiación a la ideología. Y por lo tanto susceptible de achicamiento alevoso o privatización.

La cúpula del gobierno y Milei en especial han introducido una modificación valorativa que desde buena parte del establishment es denunciada como disfuncional y peligrosa.

Nos referimos a las derivaciones de la consigna “no odiamos lo suficiente a los periodistas”. A quienes se denuncia todo el tiempo por mentirosos y corruptos. Con olímpico desprecio de la tan liberal “libertad de prensa”.

La “batalla cultural” hoy debe resignificarse y reapropiarse desde abajo. Con reivindicación del sentido de la comunidad frente al individualismo. Y esperanza de transformación progresiva en contra de las visiones conformistas.

Se requiere la defensa firme de las conquistas de estas últimas décadas en materia de género y disidencias. Asunción de la acción colectiva y la militancia como alternativa firme al aislamiento y la pasividad incitados por el sistema.

Constituyen valores a recomponer. En particular en las jóvenes generaciones. Más todavía si pertenecen a las clases populares. Es sabido que buena parte de la población de ese origen y pertenencia generacional mordió al principio el anzuelo del discurso “libertario”.

Esto se ha modificado ya en las últimas elecciones. Y en el clima actual en la calle. La mayoría de los observadores coinciden en que hoy el consenso hacia el gobierno de La Libertad Avanza se recuesta más sobre el electorado tradicional de derecha. El de sectores medios y altos que en general no viven sólo de salarios ni utilizan los servicios públicos en trance de degradación.

Los y sobre todo las jóvenes que a la vez son pobres dirigen su mirada en otra dirección. Quizás puedan orientarse a que “lo nuevo” y “el cambio” vendrán desde la izquierda. No de los platos recalentados por una clase que no sólo impulsó siempre políticas antipopulares de efectos desastrosos.

Tampoco vaciló en lanzarse una y otra vez al asesinato masivo de sus enemigos de clase. Quienes, en una mirada algo ingenua, son mencionados como “su propio pueblo”. No es así, la barrera de clases anula cualquier atisbo de “unidad nacional”.

Fuente: https://huelladelsur.ar/2026/06/21/crisis-profunda-y-nuevas-perspectivas-para-la-izquierda-primera-parte/


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