Cuba, el próximo objetivo del imperio. Que no pasen. Por Daniel Campione

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Donald Trump ha reiterado que tiene a Cuba en la mira. Emitió nuevos presagios de que la caída de la isla es “solo cuestión de tiempo”. Es indispensable la pregunta sobre qué se puede hacer para evitarlo. Y la decisión de llevarlo a cabo.

Mientras emprende la devastación de Irán, el presidente ultraderechista recordó que una acción sobre Cuba está entre sus próximos propósitos. Que la operación en suelo persa no lo distrae de su próximo objetivo latinoamericano. Ya había hecho declaraciones en el mismo sentido recién producida la agresión a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro.

La primera referencia al respecto de esta semana la hizo durante la controvertida recepción del jueves  a jugadores y autoridades del Inter de Miami. El escenario resultaba propicio. Allí estaba el dueño del club, Jorge Canosa. Un magnate que es hijo de uno de los conspiradores eternos contra la revolución cubana. Colaborador de la CIA y enriquecido, en parte, gracias a esos servicios políticos.

Canosa dio su asentimiento, “Va a ser un día increíble” le contestó al mandatario norteamericano.

Al día siguiente, en una entrevista con CNN, Trump aseveró que Cuba será su objetivo próximo, después de una campaña exitosa en Irán. Dijo: “Cuba va a caer muy pronto, por cierto, sin relación alguna, pero Cuba también va a caer. Tienen muchísimas ganas de llegar a un acuerdo”.

No precisó quienes son los sujetos que quieren llegar a un acuerdo. El modelo venezolano del vínculo “amistoso” con la presidenta interina tal vez le parezca trasladable a la isla. En una entrevista con otro medio dijo que el final del gobierno cubano sería la “frutilla del postre”. Igual relativizó los plazos para conseguirlo. “Tenemos mucho tiempo. Cuba está lista, después de 50 años”.

El sueño del magnate inmobiliario devenido líder político resulta transparente. Ser quien consiga el objetivo estadounidense respecto a Cuba. El mismo desde que esta se definió como socialista: Borrarla del mapa. Y vengar la afrenta de que una revolución de ese carácter tenga lugar a menos de cien millas de su costa, en el “patio trasero”.

La ofensiva de hoy contra la patria de Fidel  Castro tiene una concomitancia mundial. Imposible su valoración sin relacionarla con lo que ocurre en estos mismos días en Gaza y en Irán. Y una clara implicancia sobre el escenario latinoamericano. EE.UU, no sólo su actual mandamás, quieren poner fin a la experiencia de más elevada y persistente rebeldía contra su dominio del continente.

De conseguir su finalidad, lo proclamará además como el fin de cualquier perspectiva de socialismo en Nuestra América. Lo atribuirá al “fracaso” de todo proyecto de una sociedad igualitaria y justa. Lo que en realidad sería el resultado de las presiones más brutales. Y de la ignorancia sistemática de los principios humanitarios más básicos.

Claro que las profecías de Trump no son puras divagaciones. Tras la agresión “exitosa” a Venezuela ha conseguido el corte del suministro petrolero. El país caribeño está hoy en exiguas condiciones de suministro eléctrico, al borde de un colapso.  Por ahora no hay un remplazo claro para el petróleo venezolano.

Su apuesta, ya lo ha repetido, es que Cuba “se caiga sola”. Sin duda una de las hipótesis es un levantamiento popular frente a las angustiosas privaciones que sufre el conjunto de la población. También podría producirse una intervención militar, tal vez articulada con una convulsión interna. Otras posibilidades suenan irrealizables, como la de mandar allí a su secretario de Estado, Marco Rubio, adalid de la ofensiva anticubana. Hasta lo ha postulado como futuro presidente de Cuba.

Por Cuba y en voz alta.

Uno de los mayores déficits que encuadran la situación es el de la solidaridad internacional. No ha faltado algún tímido reclamo del alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, pero ya es conocida la impotencia práctica de la organización internacional. Entre los gobiernos abundan los silencios. O los pronunciamientos de “baja intensidad”.

Urge una movilización de escala mundial en contra del cerco que se estrecha y agrava día a día. La manifestación en voz bien alta de que no puede haber más tolerancia para la barbarie, el despliegue desembozado del poder imperialista, la vocación explícita por el genocidio.

La isla de la revolución es una realidad y un símbolo. Está en juego la vida de casi diez millones de personas. Y la perduración de una esperanza que, pese a todo, alumbra desde hace más de 60 años. La bota yanqui sobre la tierra del Che sería un duro golpe para toda la tradición de emancipación del continente.

Todavía se está a tiempo de impedirla. Los lamentos a posteriori sólo servirían para el hipócrita alivio de las conciencias.

Imagen de portada: Radio UNR.

Fuente: https://huelladelsur.ar/2026/03/07/cuba-el-proximo-objetivo-del-imperio-que-no-pasen/


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