Te cuento…  Había una vez… ¿Habrá alguna vez? Por Antonio M. Yapur.

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Una mirada sobre el héroe individual que construyen las películas hollywoodense, en un sistema social que descarta las propuestas de transformación colectiva.

DICK Y JANE

Las Locuras de Dick y Jane es una comedia que refleja con bastante precisión el modo de vida norteamericano.

La película en su inicio muestra cómo un matrimonio con un hijo está dispuesto a alcanzar ese modo de vida. Lograr ascender y tener poder en una empresa multinacional es el objetivo de Dick y muestra jocosamente su disposición de arrasar al otro para ir escalando en ese presunto bienestar. 

Dick posee una única visión de su vida, la de ser vicepresidente de esa multinacional. Cuando lo logra, no escatima gastos y compras para mostrarla, se endeuda anticipadamente para tener esa deseada vida de lujos, no ahorra esfuerzos ni mide consecuencias. 

Su mundo está acotado a la actividad de la empresa, los sentimientos a su esposa y a su hijo están impregnados de la misma situación.

De pronto, Dick descubre que él es el chivo expiatorio de una estafa que la multinacional tenía planificada y queda expuesto ante los medios de comunicación y ante sus compañeros de trabajo como culpable y artífice del engaño. 

Así es el comienzo del ocaso de esos sueños, lo despiden junto a otros empleados; el empresario les roba los fondos de pensión -así llaman a los aportes jubilatorios y las indemnizaciones por despido- todas “invertidas” y administradas por el mismo empresario. Así Dick inicia la andanza del desempleado norteamericano.

En esa experiencia hacia un abismo sin fin, intenta ganarse la vida de otra manera y ahí muestra la película con nitidez, lo que significa buscar trabajo y subsistir en EEUU cuando no se pertenece a una elite empresarial, gobernante o artística, cuando solo se es un humano “común y corriente” en el país de la “libertad” capitalista; aun siendo de piel blanca como ellos.

Es golpeado por otro desempleado mientras disputan por obtener la misma changa en una bolsa de trabajo clandestina, su esposa  para recibir 14 dólares se presta como conejo de indias a un laboratorio medicinal. Ambos por una u otra causa, quedan desfigurados.

Así, golpeados y desfigurados, comienzan a asaltar negocios y financieras como modo de subsistir. Ello les da un rédito económico y los posiciona “socialmente” en un umbral que les permitiría ingresar nuevamente al ansiado modo de vida.

En ese andar delictivo, descubren una forma de estafar al dueño de la misma multinacional que los dejó en la miseria. Planean ese desfalco, lo concretan y “triunfan”. 

Ellos “triunfan” individualmente y así se muestran solo ellos dos, como “salvadores” repartiendo el botín con los empleados despedidos.
 
La película muestra de manera tragicómica la brutalidad del modo de vida norteamericano. Y deja bien claro que la solución nunca es colectiva, sino siempre individual.

ACTORES 2
Las locuras de Dick y Jane – Tea Leoni, Dean Parisot, Jim Carrey

El Reino del Norte

El aparato ideológico del reino del norte trasmite esos valores. El que actúa, es un justiciero solitario, valiente y emprendedor. Aparece como un individuo antisistema, ya que denuesta todo tipo de organización, incluso la capitalista. El gobierno, los políticos, los funcionarios, la justicia son todos corruptos y estorban a “su” justicia. 

Desde Cristo en adelante la opción es el salvador individual. Y ahora más todavía en el capitalismo, donde el que triunfa es el más fuerte y no la sociedad, el bienestar es un mérito individual, adquirible y no social.

El capitalismo subsiste desde hace siglos con esa mentira transformada en valor de verdad.

Este modo de vida, si les fuera propio, nadie podría cuestionarlo. Sin embargo, se sabe con numerosas certezas que es una mentira construida, es una imposición cultural del modelo capitalista no solo para los países latinoamericanos sino también para su propia población.

EEUU tiene la población de una Argentina entera de desempleados y mucho más, de pobres que viven en las calles, debajo de los puentes o en casillas rodantes. La población entera del país de la “libertad” solo tiene derechos si los pueden comprar, todo es mercancía, la educación, la salud, la vivienda, el trabajo, las vacaciones, el descanso, el sueño. Todo es mercancía.

El modo de vida que venden no es aplicado ni en su propio territorio. Su modo de vida también es una mentira mercantilizada. 

Aun de la sencilla observación de las películas, se desprende la terrible imposición del individualismo en la propia vida. El modelo de familia está basado en el mérito individual de cada uno de sus integrantes, ni siquiera en ella existe un proyecto colectivo.

La película muestra como la figura del niño desaparece cuando Dick y Jane salen a asaltar para subsistir. El niño fue “confiado” a su cuidadora, una evidente migrante morocha latinoamericana. El contraste racista recorre toda la película dándole el rol dominante al blanco.

Estados Unidos es una potencia capitalista dominante y entiende que su subsistencia está signada por la violencia y la guerra. Esto hace con su población y eso exporta a todo el planeta.

El mundo occidental y cristiano lo legitimó como líder del capitalismo en el mundo desde la postguerra, así fue asumiendo ese rol y lo impone inclusive a la población europea.

El mundo occidental y cristiano asume la mentira del bienestar del capitalismo. La Unión Europea es una delegación imperial que legitima a Estados Unidos como regulador de las injusticias y violador de los derechos de los pueblos. 

En la actualidad, el Estado para el capitalismo, solo debe jugar el rol de coordinar las acciones empresariales globales para obtener máximas ganancias.

En una conversación, un ciudadano europeo me dice que en la Unión Europea hay mayor bienestar que en los países latinoamericanos y que allí, en Europa,  la corrupción emerge y es condenada rapidamente.

Le respondí que el bienestar que ellos tienen en la parte occidental del continente europeo es debido al saqueo y muerte que han producido en África, Asia y América, en principio con sus colonias y luego aportando a las invasiones de EEUU en Irak, Libia y otros países. 

Y le agregué, que en Europa los corruptos solo aparecen cuando uno de ellos es más poderoso que el otro, en cambio, en nuestros países, esos mismos empresarios corruptos europeos y norteamericanos nos imponen crisis, golpes, invasiones y refuerzan a una elite interna para que nos controlen.

El mundo occidental y cristiano es una máquina de guerra histórica y hoy se está sofisticando con la OTAN. Esa misma máquina de guerra entusiasmó a los dictadores argentinos a ocupar nuestras Islas Malvinas entregando la vida de miles de compatriotas para hoy justificar la instalación de una base militar en el atlántico sur. 

PAPELES DE LA OTAN
Uno de los documentos filtrados atribuidos a la inteligencia de EEUU  – Twitter

EEUU disimula sus intereses detrás de la OTAN y provoca la actual guerra entre Ucrania y Rusia, al igual que lo hizo en Yugoslavia. Los gobernantes de la Europa occidental no están alineados con EEUU, sino sometidos, y parecería que sus pueblos todavía no se han desayunado de esa estafa. 

EEUU impone ese sometimiento, ya que necesita a la Unión Europea como mercado y no como una aliada. Los gobernantes de Europa son meros administradores imperiales.

Por eso es que hay muchas probabilidades que el “viejo continente” vuelva a ser escenario de las nuevas guerras imperiales. 

El mundo individual y el mundo colectivo

El capitalismo, en sus inicios, no pudo percibir el peligro que les representaba la experiencia colectiva de los trabajadores en los medios de producción. Aquel nuevo modo de producción empresarial, naciente, se percató de ello cuando experimentó que la convivencia laboral unía a los trabajadores en sus intereses y la lucha por sus derechos, lo que iba generando una visión de vida social, colectiva y solidaria. Una nueva cultura nacía.

La represión brutal fue su réplica y el uso de los aparatos represivos de los Estados eran sus primitivas respuestas ante el peligro de la organización social colectiva.

La tecnología manipulada por el capitalismo, más aún en su nivel actual de desarrollo, es la herramienta fundamental que utiliza para aislar a los trabajadores y transformarlos en sujetos sometidos al bombardeo simbólico que esa tecnología permite.

La mujer y el hombre aislados constituyen hoy la principal fuente de plusvalía empresarial, ya que los transforma en objetos consumistas.

El consumista no se esfuerza por sus derechos, no le importa ningún avatar exterior a él. El consumista es un ser humano que no requiere derechos y usufructúa de los existentes, no como tales, sino como dádivas sistémicas o empresariales.

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El consumista es manipulado simbólicamente. Un ejemplo evidente es el famoso Hot Sale donde los empresarios aumentan las mercaderías con anticipación al evento para luego hacer “un descuento” y el consumista lo acepta como una oportunidad de compra beneficiosa para él. Se lo muestran de esta manera, así lo cree y así aporta a las arcas empresariales.

El consumista no es ciudadano, no es pueblo, es gente, es esa entidad indefinida, anodina, que en todo el mundo se la denomina así, gente.

Ser gente, es ser una entidad sin historia, sin presente y sin futuro. No es un sujeto, es un mero objeto que produce ganancias al capital.

Los derechos a la educación, a la justicia, a la vivienda, al trabajo, al salario digno, si están mejor, los uso mientras estén y luego veré.

Ni siquiera veremos. Veré.

Para el capitalismo, el amor deja de existir, porque el otro tampoco existe.

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*Ing. Antonio Miguel Yapur – Editor responsable de HORACERO

Fuente: https://horacero.com.ar/contenido/10808/te-cuento-habia-una-vez-habra-alguna-vez


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