Nos acercamos a otro 24 de marzo. El número 50 después de aquel otro 24 de marzo del año 1976 que dio inicio, con el Golpe Cívico Militar al proceso de destrucción y posterior reconstrucción de la sociedad argentina y la estructura sociopolítica, económica, cultural e ideológica que oficiaban de cimientos.
Considero que para entender acabadamente este proceso es necesario contextualizarlo en el escenario y la dinámica que, en ese mismo tiempo, se daba en el ámbito mundial. Nuestra condición histórica de país dependiente y subordinado al poder mundial lo determina.
Por otra parte, es importante pensar lo sucedido en nuestro país, desde una perspectiva amplia y abarcadora al conjunto de la sociedad. El Golpe Militar, avalado por grupos económicos nacionales y extranjeros, por sectores de la civilidad y de la Iglesia católica, con sus secuelas de terrorismo de estado, con 30.000 compañeros/as muertos, desaparecidos, y un país destrozado, fue pensado para que lo transiten los 25.000.000 de argentinos/as que lo ocupábamos entonces.
Estos cincuenta años deberían permitirnos reflexionar sobre los hechos ocurridos en este transitar que nos trae al país actual, con 46.000.000 de habitantes. No quedarnos en el hecho particular y absolutamente condenable del Golpe Cívico Militar y los efectos dramáticos y horrorosos del terrorismo de Estado y su secuela de compañeros/as desaparecidos/as y todos los relatos horrorosos de sus sufrimientos en la cárcel y con la tortura. No por intentar su negación, sino para poder caracterizar con precisión la razón de su existencia y los efectos producidos. Para poder pensarnos en términos de sociedad en general, vernos en el camino que hemos recorrido, desde aquel punto de partida refundante del país hasta llegar a nuestros días.
Tal reflexión contribuirá a adquirir saberes, comprender aciertos y errores cometidos, que se constituirán en insumos fundamentales para iniciar el tránsito por los próximos cincuenta años.
Ser protagonistas directos de nuestra propio destino y realidad. Soberanos e independientes, construyendo en el nuevo escenario en donde se desarrollan y desarrollarán los acontecimientos.
Consideraciones generales.
No es un objetivo de estas reflexiones, hacer hincapié ni detallar las características sociopolíticas y económicas productivas que caracterizaban al país y al mundo en la década del 70. Basta con decir que eran el reflejo del grado de desarrollo del sistema Capitalista de pos guerra mundial, centrado en el Estado de Bienestar, la industrialización, el pleno empleo, las organizaciones sindicales, políticas y religiosas, que daban cuenta de una participación activa en la distribución del ingreso y del clima de época a nivel mundial signado por la guerra fría, Vietnam, Cuba, capitalismo/socialismo y los movimientos anticoloniales.
En la década de los 70, este andamiaje comenzó a trastabillar producto de la competencia internacional, el desarrollo tecnológico aplicado al proceso laboral y productivo y el grado de desarrollo de la lucha de clases. Todo contribuyó a la agudización de las contradicciones del sistema capitalista y se tradujo finalmente en una crisis de rentabilidad que ponía en jaque la reproducción del sistema. Era imprescindible pensar en una readecuación estructural del mismo.
Nuestro país, absolutamente dependiente y subordinado dentro del sistema, no podía quedar fuera del proceso de reestructuración en marcha. Los años previos habían generado condiciones sociopolíticas y económicas que eran necesario cambiar. Los tiempos de industrias y de pleno empleo, de altos salarios, de organizaciones sindicales fuertes y convenios colectivos, de movimientos estudiantilesfuertes, de organizaciones sectoriales y del Estado benefactor habían terminado.
Desde los cimientos.
Ninguno de todos aquellos logros que dieron forma y dinámica particular a la sociedad argentina, podía quedar fuera del proceso reestructurante. Todo tenía que cambiar. Un nuevo país se estaba gestando. Su estrura socioeconómica, industrial, agropecuaria, sanitaria, comunicacional, educativa, de ciencia y tecnología vigente, tenía que ser destruida y sustituida por otra, adecuada a las condiciones que imponía el poder. Era necesario construir una nueva sociedad acorde a los cambios y garante de su reproducción a medida que transcurriera el tiempo.
Las condiciones a las que había arribado el país en décadas, dinamizaron y cimentaron a su vez, una fuerte matriz política ideológica que se expresaba en una gran militancia con distintos signos, partidos políticos, organizaciones gremiales, estudiantiles, organizaciones armadas, el movimiento de la teología de la liberación, etc. Todo esto inscribía a la Argentina en las corrientes políticas e ideológicas internacionales que caracterizaban la época.
Todo este andamiaje político ideológico, hacía imposible pensar que los cambios que el sistema necesitaba producir se pudiesen lograr por medios pacíficos y democráticos.
Necesidad de militarizar y el terrorismo de Estado.
El Golpe Militar fue concebido por sus responsables políticos e intelectuales como el primer paso hacia la reestructuración pensada. Los sectores de la sociedad civil y de la Iglesia católica que lo apoyaron, le garantizaron la civilidad y la cobertura moral necesaria para llevarlo a cabo.
Se inició de esta manera la destrucción de la sociedad y la estructura económica productiva en la que se sustentaba.
“El caso irrumpe como un relámpago que ilumina, por un instante, la arquitectura del poder contemporáneo, pero pronto es envuelto en un manto de ruido, tecnicismos legales, morbo controlado y silencios estratégicos que neutralizan su potencia pedagógica. No se trata sólo de delitos atroces cometidos contra cuerpos vulnerables; se trata de la pedagogía inversa que el poder ejerce cuando logra que semejante horror no desemboque en una revisión profunda de las estructuras que lo hicieron posible.» “El “estiércol del diablo” y el affaire Epstein – Resumen Latinoamericano Por Fernando Buen Abad Domínguez
La dictadura duró hasta 1983. Siete años. Podríamos decir que su función fue sentar las bases
para avanzar con los cambios que se le demandaban al país y la sociedad. Endeudamiento,
especulación financiera, destrucción del aparato productivo, ruptura del tejido social y político,
todo estaba para seguir.
No hay un punto y aparte en 1983. Tan solo hay un cambio de régimen. Nos quedan 43 años de democracia por delante.
Aquí es donde me quiero detener a pensar. El objetivo era transformar a la sociedad en su conjunto. Para eso fue necesaria una primera etapa de destrucción y ruptura. Eso explica los 30.000 compañeros desaparecidos, pero ¿Qué paso entonces con el resto?, ¿Con los que teníamos la misma edad que los desaparecidos, muertos y exiliados, los que quedamos vivos y seguimos caminando, trabajando, estudiando, a lo largo y ancho del territorio nacional? ¿Qué pasó con los que eran niños entonces, los nacidos durante estos años? ¿Con los/as trabajadores, profesionales, productores/as, empresarios/as, religiosos/as, en los distintos puntos del país?, ¿Qué pasó, cómo fue la dinámica social, política y económica durante estos años?,¿cómo explicar todo esto a los niños que siguen naciendo, a los jóvenes y los adolescentes de hoy?
“…hacer que se pudra la moral de los pueblos no es un “daño colateral”, es una estrategia central. Un pueblo moralmente descompuesto es más gobernable, más manipulable, menos
exigente…” El “estiércol del diablo” y el affaire Epstein – Resumen Latinoamericano Por Fernando Buen Abad Domínguez
¿Cómo fue posible la reprimarización de nuestra economía, que la pampa húmeda se constituyera en un modelo extrapolable al resto del país con sus secuelas de deforestación,
agriculturización, pérdida de suelos y agua, migración y vaciamiento rural, urbanización y
especulación inmobiliaria? ¿Que el extractivismo minero e hidrocarburífero se hayan instalado
con su correlato de destrucción y contaminación de bienes comunes estratégicos, tierra, agua y
biodiversidad? ¿Que como sociedad hayamos aceptado y naturalizado estar sobre un sistema
productivo y alimentario que atenta contra nuestra salud, la del ambiente, que hipoteca la vida
de quienes nos sucedan? ¿Que se haya incrementado nuestra subordinación y dependencia?
¿Que nos hayan hecho coautores y corresponsables de todo esto?
¿De víctimas a victimarios?
En los 50 años transcurridos se dieron en simultaneidad los dos procesos, el de reestructuración
productiva y el de la reestructuración y reproducción sociopolítica e ideológica de la población.
Millones de niños han nacido en el mismo momento y espacio en que se degradaban las
condiciones para su existencia. ¿Qué paso con ellos en este proceso que hoy los encuentra
siendo hombres y mujeres, muchos a su vez, siendo padres y madres de familias? ¿Muchos de
los que actualmente somos jubilados/as en esos años éramos trabajadores activos. ¿Qué pasó
con nuestras vidas que aceptamos y/o naturalizamos acríticamente los cambios producidos?
Muchos de los que reivindican los años 70, la movilización y el compromiso político de aquellos
años, la militancia comprometida y responsable, cayeron presas del descreimiento e hicieron
carne el Fin de la Historia y de las ideologías. Se había desintegrado la URSS y caído el muro de
Berlín. El capitalismo era el único sistema posible. Marx, Engels y Lenin pasaron por mucho
tiempo al cuarto del olvido ¿qué paso y pasa con estos compañeros/as?
Generaciones de niños y niñas, luego devenidos en jóvenes adolescentes, después en adultos,
pasaron obligatoriamente por el sistema educativo, reformas educativas mediante, ajustado
para la ocasión. Muchos de los educadores de entonces y de los que en años posteriores hicieron
el recambio, educaron según planes de estudio adecuados a las necesidades de formación que
exigía el modelo de país en construcción. La escuela pública y la universidad pública, estatales,
ajustaron su función constructora y reproductora de ideas e intelectualidad, a las demandas que
imponía el modelo. Miles de profesionales de las distintas ramas salimos a cumplir las funciones
para las que habíamos sido producidos/formados. Todos los espacios del Estado, de las
instituciones de investigación y tecno científicas, dirigencias políticas, fueron ocupados por estos
profesionales. Gobiernos democráticos de distinto signo se sucedieron desde 1983 hasta
nuestros días. De 25 millones de habitantes pasamos a 46 millones ¿qué cambio,
estructuralmente hablando, se produjo respecto al modelo de país iniciado en 1976? ¿Qué pasó
con nosotros como sociedad encauzando nuestras voluntades políticas a través de distintos
partidos políticos y sus disputas electorales? ¿Qué pasó con las organizaciones gremiales de
trabajadores, sus luchas, conciencia de clase y sus reivindicaciones históricas? ¿Qué pasó con
los productores agropecuarios y sus luchas por la reforma agraria, la redistribución de la tierra,
la soberanía alimentaria y la producción agroecológica? ¿Qué, con los mandatos venidos de la
Teología de la liberación, desde los pobres a todos, etc.? ¿Qué pasó con y en las instituciones
del Estado, del poder ejecutivo, legislativo y judicial en todas sus jurisdicciones a lo largo y ancho
del país?
“… Sin embargo, el daño más profundo no reside sólo en los hechos, sino en la forma en que
son narrados y procesados socialmente. La intemperie semiótica impide construir un relato
emancipador que vincule el crimen con sus causas estructurales. Se personaliza el mal en el
apellido Epstein (golpe de estado) para proteger al sistema que lo produce. Se habla del
“monstruo” (Militares) como excepción, evitando nombrar la red de complicidades, los valores
que la sostienen y las prácticas económicas que la legitiman. Al aislar el horror, se protege la
normalidad que lo incubó. Así, la burguesía aparece como espectadora escandalizada de su
propio reflejo, fingiendo sorpresa ante una violencia que es coherente con su lógica de
dominación.” El “estiércol del diablo” y el affaire Epstein – Resumen Latinoamericano Por
Fernando Buen Abad Domínguez. Los paréntesis son míos.
Del análisis de este entramado y su dinámica de años y edades, podemos ver como nuestra
sociedad y la estructura económica productiva sobre la que vive y se desarrolla, son dos
productos inseparables de estos cincuenta años. Se codeterminan. Algunos al inicio de estos
últimos cincuenta años eran adultos mayores, otros laburantes y/o profesionales en actividad,
muchos militantes por convicción, otros por costumbre o moda. Los nacidos y niños de entonces,
comenzaron a transitar y sufrir sin más el proceso de cambio. Muchos de ellos /ellas, devenidos
después de años de formación/producto, en reproductores políticos ideológicos del mismo,
maestros, profesores de secundaria, universitarios, fueron garantizando la continuidad del
proceso. Finalmente, toda la sociedad fuimos moldeados para ser moldeadores de nuestra
realidad actual.
Para enmascarar la profundidad y el carácter estructural del cambio, la democracia jugó y juega
un rol fundamental. Las elecciones, las disputas partidarias, aseguran la existencia de las
diferencias necesarias que garantizar la continuidad del proceso en marcha. Que algo cambie
para que nada cambie. Más grave aún, sus expresiones más “progresistas” cooptaron y lo siguen
haciendo, toda reacción genuina que profundizara la resistencia al carácter dependiente de los
cambios. Peronistas, radicales, renovadores, kirchneristas, macristas, mileistas, oficiando
circunstancialmente de oficialistas u oposición, garantizaron y lo siguen haciendo la continuidad
y profundización del proceso. El Estado, común a todos, gobernado según diferencias de
ocasión, es garante en última instancia de que todo funcione según lo acordado en aquel inicial
año 1976. La sociedad en general, por todas estas razones, acompañamos naturalizando lo
acontecido y lo que acontece.
¿Productores, revolucionarios?
“Es necesaria la defensa de la salud intelectual de los pueblos con mucho más que indignación
episódica, se requieren herramientas críticas para leer el mundo, para conectar los puntos,
para resistir la fragmentación del sentido. Exige una alfabetización política y ética capaz de
transformar el escándalo en conciencia histórica. Cuando esa salud está debilitada, la sociedad
reacciona con espasmos de desprecio que no alteran el orden existente. Se condena el hecho,
se lamenta la tragedia, se espera el próximo tema. El poder respira aliviado”. El “estiércol del
diablo” y el affaire Epstein – Resumen Latinoamericano Por Fernando Buen Abad Domínguez
Al momento de pararme en este 24 de marzo del año 2026, pienso fundamentalmente en los
niños que están naciendo, en los que se están criando, en nuestros jóvenes y adolescentes.
Pienso en el país que les hemos construido y no me gusta. Pienso entonces, en la necesidad de
comenzar a transitar los próximos 50 años reconstruyéndonos como sociedad y contribuir de
esta manera a un mundo mejor. Cuarenta y seis millones de personas posicionándonos
firmemente contra la guerra y los genocidios, contra el capitalismo, contra el mal vivir.
Rompiendo el molde que nos impusieron. Construyendo para lograrlo, la matriz de ideas
imprescindibles, inescindibles de la vida, con la cual construir organización y trabajo ajustado a
nuestras necesidades de Buen Vivir. Creando herramientas distintas a las que se utilizaron para
nuestra destrucción/ construcción. Dejar de ser productos para comenzar a ser productores de
otra sociedad, de otras personas, de otras relaciones, otras formas de producir y consumir, otra
forma de producir vida. Que esto no sea un slogan más, que sea el gran desafío para la
construcción de la sociedad en los próximos 50 años y su contribución a la construcción de la
sociedad mundial que necesita el planeta.
Que el recuerdo de nuestros muertos y desaparecidos y las innumerables luchas desarrolladas
por su reivindicación a lo largo de estos años, nos inspire a vivir con dignidad e independencia.
Apelar a sus vidas, sus anhelos, sus voluntades, no para imitarlas, sino para saber que están en
y con nosotros. Para constatar su presencia y que son parte de lo que somos, de lo que tenemos
y de lo que podemos llegar a ser en tanto decidamos construirnos como sociedad nueva,
renovada, autocreada.
Juan Miguel Gortari
Puerto Madryn, Chubut