La inauguración de sesiones y un discurso provocador. Por Daniel Campione

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El domingo 1 de marzo Javier Milei dejó inaugurado un nuevo período de sesiones ordinarias del Congreso Nacional. Utilizó la oportunidad para dar un discurso con un diagnóstico redentor, casi sin anuncios concretos y acentuado hostigamiento a la oposición, a la que provocó sin ningún disimulo.

El presidente decidió dejar de lado cualquier pose de estadista e imagen de moderación. La suspensión de los insultos que anunció hace unos meses quedó a su vez en suspenso hasta nuevo aviso. Y no en cualquier ocasión, sino en uno de los rituales relevantes de la dinámica institucional.

Dio su tercer discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso Nacional apartándose con frecuencia del texto que tenía preparado para dedicarle insultos y chicanas a la oposición, a la que trató entre otras cosas de corrupta, inepta e ignorante

La porción mayor de los desvíos y apartamientos de la exposición que traía escrita quedó al servicio de una narrativa en la que el presidente vino a sacar al país de la ruina ocasionada por las ideas de la “justicia social” y el “Estado presente”.

Para implantar en su reemplazo el reino pleno de la propiedad privada, la disciplina fiscal y el paraíso para las inversiones capitalistas locales y mundiales. A favor suyo tendría la rectitud moral y la certeza científica, nada menos.

Milei puso en evidencia su voluntad de explotación del cuadro político polarizado con el kirchnerismo, al que percibe en franca decadencia. El espantajo de un pasado cuyo retorno nos llevaría al peor de los mundos. Un distractivo que puede tener cierto efecto ante la realidad del parate económico, la pérdida de empleos y los salarios y jubilaciones que marchan por detrás de la inflación.

También le prestó atención a la izquierda, que lo hostigó más de una vez durante su ejercicio de la palabra. Les recordó que son sólo el 5% y le birló el apodo para Myriam Bregman a una twitera “libertaria”: “Chilindrina trosca”.

El sabor del momento.

Su victoria electoral y sus flamantes éxitos legislativos, en particular la aprobación de la reforma laboral, lo sostienen por el momento en un clima de triunfalismo y así lo trasmitió ante las cámaras.

Sus chicanas tienden a “fidelizar” a quienes lo apoyan. Y al realce de que la oposición tiene un pasado desastroso a sus espaldas que él ha venido a redimir. Si todavía no se ven a pleno la magnitud de los resultados sería por la enormidad del descalabro que le dejaron.

Los anuncios no fueron muchos y sobre todo resultaron imprecisos. Le alcanzó para dejar en claro que en lo que de él dependa el futuro estará marcado por la profundización del rumbo. Privatizaciones (anunció el pase a empresas privadas de los ferrocarriles de carga), desregulación, transferencia de ingresos de los pobres hacia los ricos, punitivismo.

Hizo su carga contra la industria protegida y “prebendaria”, base de un “capitalismo de amigos”. Con alusiones y sobrenombres para Paolo Rocca incluidos.  Y expuso la falacia de que el consumo de bienes importados redunda al final en la creación de nuevas empresas en otros sectores.

Cultiva así un costado de renovador sin compromisos preexistentes también en el mundo empresarial. Y de indiferencia hacia la suerte que corra la industria local, con despidos masivos de trabajadores incluidos.

Lo importante para él es la apertura plena a mercancías y capitales provenientes de todo el mundo. Una economía con aranceles y barreras en baja mientras su admirado Donald Trump los eleva en EE.UU.

Al sometimiento al imperio le dedicó enfática atención. “Eso es lo que estamos construyendo con los Estados Unidos. Esto no es sólo un acuerdo entre el Presidente -Donald- Trump y el Presidente Milei. Tiene que ver con la afinidad cultural y objetivos estratégicos entre dos países y en toda la región”.

En contraposición, prometió un auge histórico de la energía; minería, el agronegocio y el sector financiero. Los privilegiados del modelo en curso lo seguirán siendo. Un futuro extractivista al que en todo caso se le asociará una hipotética industria también con destino exportable.

Así llegó a la veta refundacional: “Es momento de crear la arquitectura institucional y jurídica para los próximos 50 años. Estas nuevas reglas de juego que dejarán en el pasado de una vez y para siempre el proceso olvidable que ha sido nuestro último siglo de historia.”

Una vez más la narrativa decadentista que entroniza como época de oro del país “la era del trigo y las vacas”. Lo hace mediante el ocultamiento de que fue también la del fraude electoral, el genocidio indígena y la miseria obrera. La obsesión por esa narrativa histórica es reveladora del carácter regresivo integral del proyecto que se encuentra en curso.

La mitología circulante en los últimos meses de un presidente mesurado y sin insultos se disipó en parte con esta exhibición con rasgos de panelista televisivo. En lo que no hay cambios es en la mirada del país y del mundo que trasmite, signada por un poder del capital sin mediaciones.

 Un orden del que pretende ser profeta a escala universal, bajo el tutelaje benévolo del norte que le dio acceso al triunfalismo que hoy ostenta.

Imagen de portada: Perfil.

Fuente: https://huelladelsur.ar/2026/03/02/la-inauguracion-de-sesiones-y-un-discurso-provocador/


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