Hoy estamos ante una instancia histórica más de aplicación del programa económico, social, político y cultural que instauró la dictadura iniciada en 1976. Vale la pena interrogarse acerca de continuidades y diferencias. Y de las respuestas populares necesarias.
Sigue sus pasos en lo que respecta al sometimiento y pérdida de derechos de trabajadores y pobres. A la transferencia gigantesca de recursos de abajo hacia arriba. Y el rediseño del poder estatal al servicio completo y directo del gran capital.
Hoy existen aristas incluso más radicales que entonces en lo referente a apertura económica y libertad de mercado. Las que están acordes con las últimas décadas de evolución del neoliberalismo, cada vez con posiciones más agresiva y reaccionarias.
Es un episodio más de la misma lucha de clases, con todas las modificaciones que las clases tuvieron desde hace medio siglo. Ofensiva del capital contra el trabajo. Y pretensión de destrucción de la unidad como clase, de la organización de los trabajadores y pobres, de su capacidad de acción.
Diferencias de circunstancias y similitud en los objetivos.
No hay que subestimar diferencias. En primer lugar hoy vivimos en un régimen constitucional. Si bien con un gobierno con rasgos autoritarios. En 1976 regía una dictadura genocida.
El golpe del 24 de marzo fue en gran parte una respuesta a un ascenso de las luchas obreras y populares, a la acción de las organizaciones armadas, los episodios de rebelión popular.
Javier Milei adviene a la presidencia en circunstancias muy diferentes, en un contexto ya signado por la regresividad social y el conservadurismo político. La decepción generalizada y el fracaso de otras alternativas es lo que pavimentó su camino al triunfo electoral y al gobierno.
La similitud fundamental es que la gestión de La Libertad Avanza (LLA) levanta una vez más el programa de máxima del gran capital. Que es que ya enarboló la dictadura. Y que fue retomado en la década de 1990 bajo Carlos Menem y a partir de 2015 con Mauricio Macri.
En esas tres ocasiones el programa reaccionario consiguió importantes avances y produjo serios retrocesos de las clases populares. Pero no logró la reestructuración completa de la sociedad argentina que se proponían
El gobierno actual se propone completar la tarea. Lo acompaña con un impulso al disciplinamiento social, al temor al ejercicio de la protesta, una mengua de los mecanismos institucionales democráticos.
Procura la profundización de un cambio cultural volcado hacia el individualismo y la ““meritocracia”. Está en la línea de Margaret Thatcher: “La sociedad no existe, sólo los individuos y las familias”. Busca la generalización de las prácticas de “cada uno en lo suyo” y la correlativa indiferencia por la suerte de los otros.
En ese cuadro la reivindicación de la dictadura (algo mucho más radical que el negacionismo) dista de ser un capricho. Es un componente relevante de la “batalla cultural” que busca el amordazamiento para siempre al pueblo argentino. El borramiento de la memoria. El paso de la condena a la celebración de quienes son culpables de crímenes contra el pueblo.
La reforma laboral.
La tentativa de abrogación del derecho laboral merece tratamiento aparte. Es un ataque frontal contra la clase obrera y la punta de lanza de toda una serie de “reformas” regresivas, que irían desde el código penal al sistema educativo.
Además de la quita o restricción de derechos individuales ataca el derecho a la acción colectiva. Busca la aniquilación de la “anomalía argentina”. La del poder de los cuerpos de delegados, las comisiones internas y las asambleas de trabajadores en el lugar de trabajo. Lo corona con restricciones gravísimas al derecho de huelga.
Estos ataques contra la capacidad de organización y lucha son een perspectiva tanto o más importantes que los aspectos de la contrarreforma que apuntan a disminuir costos laborales.
También son relevantes los cambios orientados a restituir a empresarios y altos ejecutivos la capacidad de dirección plena de las relaciones de trabajo. Con el manejo discrecional de la jornada laboral, las vacaciones, las licencias, la extensión de los períodos de prueba.
La domesticación del peronismo.
Otro objetivo histórico de las clases dominantes, que hoy parece acercarse a su cumplimiento, es la domesticación definitiva del peronismo.
El abandono de las banderas históricas; el debilitamiento del lazo con el movimiento obrero, la asociación más estrecha con el gran capital, ya practicada en la década de Carlos Menem. Una política “sensata” en materia de deuda y de relación con los organismos internacionales.
Esto se produce en medio de la crisis generalizada de los partidos políticos, salvo LLA, que recién culmina su proceso de formación. Ya asoman los ensayos de “unidad del peronismo”, con Miguel Ángel Pichetto o Guillermo Moreno como coprotagonistas y con aspiraciones a la bendición de CFK.
Ella está presa y sin otra estrategia de defensa que la jurídica. Restringida ésta a la actuación de un poder judicial predispuesto en contra de ella. Azuzado por los medios y la dirigencia de la derecha.
La defección del peronismo tiene hoy la responsabilidad principal de que el gobierno de ultraderecha no tenga una oposición dotada de iniciativa y eficacia. Parece sólo dispuesto a mostrar moderación a la espera de que el gobierno entre en el ocaso por las propias inconsistencias de su política.
Luego de la pandemia y junto con la disparada de la inflación, no hubo respuestas políticas en sentido progresivo, de crítica por izquierda con una repercusión de masas. Eso facilitó una respuesta de derecha radicalizada, en concomitancia con un proceso que tiene alcance internacional.
No fue sólo Milei. Si se siguen declaraciones y actitudes de la dirigencia de Juntos por el Cambio, incluidos los más moderados, se percibe la radicalización en curso antes de las elecciones de 2023.
LLA ganó por extremismo y sobre todo por presentarse como ajena a todo el sistema, como extraña a la política (“la casta”). Legitimados desde allí para el antiestatismo ultra. Y la pretensión de ruptura con todo lo existente, incluido el ordenamiento económico (dolarizar, dinamitar el Banco Central).
El grueso del peronismo no enfrentó con decisión ese proceso, mientras se hundía en la mediocridad de un gobierno conciliador. Al día de hoy se limita a declamaciones sobre “poner un freno” a la política en curso. Y a la espera de encontrarse con el triunfo en 2027.
Las perspectivas desde abajo.
Frente al vendaval destructivo e individualista se impone la reivindicación de la idea de comunidad, de la acción colectiva, del espíritu de resistencia y lucha. Todos elementos que dan base a la lucha por el poder popular.
Se necesita la Búsqueda de la unidad que no ignore ni subestime la diversidad.
Y el impulso a los grandes ejes de combate: Reorganización y movilización de los trabajadores. Reivindicación del feminismo, las disidencias sexuales, la lucha por la tierra, el enfrentamiento al punitivismo, la preservación del ambiente, el antirracismo, defensa de los pueblos originarios y de los migrantes.
Esos ejes producen un salto cualitativo cuando se expande la comprensión de que el enemigo no es otro que el sistema capitalista. El que ejerce una dictadura de clase que articula todo el poder del aparato estatal con el dominio del gran capital.
Es hora de luchar por la democracia verdadera; la emancipación femenina plena, el equilibrio justo con la naturaleza. Todo lleva más temprano que tarde al enfrentamiento total contra el sistema, aunque al inicio no se haya apuntado de modo directo a las relaciones de producción.
Quienes dominan tratan de limitar a los descontentos a ser “minorías intensas”. Circunscriptas a un solo problema o asunto que se perciba escindido de la lógica fundamental del capitalismo. Luchas e identidades aisladas. Micropolítica” fácil de ser aplastada por la gran política.
Hay que contrarrestarlo no sólo con la denuncia del poder del capital sino con la expansión de propuestas alternativas. Hacia un mundo sin capitalistas. Una sociedad de igualdad y justicia donde las relaciones prevalecientes no sean mercantiles sino las de colaboración, solidaridad, autoorganización y autogobierno.
Eso equivale a la conformación de una democracia nueva. Que oponga la construcción de poder popular al empobrecido simulacro de gobierno del pueblo que vivimos en la actualidad.
Se necesita recuperar el término “libertad” con un sentido de emancipación real, en contra del que hoy circula subordinado al mercado y a la propiedad:
La exaltación de la libertad del trabajo en común por causas nobles y compartidas. De reflexión en conjunto sobre un destino mejor para el país y la humanidad. Junto con la de tomar parte activa y decisoria en deliberaciones abiertas acerca de los asuntos de interés público. Libertades con sustento humano real. Y las grandes mayorías como sujetos activos, dotadas de iniciativa y organización propias.
No es tiempo de prudencias y silencios. Es momento de levantar a voz en grito el propósito de construir una sociedad diferente. De alejamiento de la resignación y el miedo a manos de masas esperanzadas y activas.
Esta nota se basó en el guión para la presentación del libro 1983-2023. Cartografía de una democracia de la derrota. La que tuvo lugar el 6 de marzo de 2026, en la Biblioteca Popular Hugo Montero en la Casa Carlos Fuentealba. Av. Antártida Argentina 1753. Llavallol.
Imagen de portada: La Izquierda Diario.
Fuente: https://huelladelsur.ar/2026/03/08/1976-2026-tan-lejos-tan-cerca/