En un momento en el que las certezas geopolíticas de antaño se desmoronan, se ha convertido en la cita de referencia para dar sentido al momento actual en toda su aparente insensatez. «El viejo mundo fenece y el nuevo mundo no acaba de nacer: ahora es la hora de los monstruos» es una frase atribuida a Antonio Gramsci, antaño dirigente del Partido Comunista Italiano.
Sólo en los últimos dos meses, la ha citado —y a menudo tergiversado— un primer ministro belga de derechas [el primer ministro, Bart de Wever], una líder política británica de izquierdas [Zarah Sultana], un banquero [Gabriel Makhlouf, gobernador del Banco Central] irlandés y el título de la útltima conferencia Reith de la BBC, impartida por el autor Rutger Bregman.
«No podemos dejar que ganen los monstruos», advierten con vehemencia a sus seguidores los influencers en Instagram; en LinkedIn, los consultores empresariales publican gráficos que visualizan la «brecha Gramsci» y su relevancia para la estrategia corporativa.
El único problema es que Gramsci nunca afirmó ni escribió tal cosa. O al menos no con la concisa formulación que la ha hecho viral.
«La era de los monstruos» resume de forma contundente la repulsión y la incredulidad que mucha gente siente ante las noticias de 2026, ya provengan de la Casa Blanca, de los archivos de Epstein o de los campos de batalla de Ucrania. Evoca tanto el famoso grabado de Goya El sueño de la razón produce monstruos como la cultura pop contemporánea.
«Tiene un aire apocalíptico, como cuando aparece Demogorgon al final de Stranger Things», afirma Peter Thomas, historiador del pensamiento político y experto en Gramsci, de la Universidad Brunel de Londres.
Pero en los cuadernos que Gramsci llenó con sus pensamientos sobre teoría política, filosofía y lingüística tras ser encarcelado por el gobierno fascista italiano en noviembre de 1926, no hay ninguna mención a los monstruos. En el italiano original, escribió: «In questo interregno si verificano i fenomeni morbosi più svariati».
La traducción inglesa más utilizada de los Quaderni del carcere, realizada por los especialistas académicos británicos Quintin Hoare y Geoffrey Nowell Smith en 1971, lo traduce así: «En este interregno aparece una gran variedad de síntomas mórbidos». No es tan conciso.
Una edición alternativa de 1996, a cargo de Joseph Buttigieg, difunto padre del exsecretario de Transporte de los Estados Unidos, Pete Buttigieg, habla de «fenómenos» mórbidos en lugar de «síntomas». Aun así, no se mencionan los monstruos.
El primer uso registrado en inglés del «tiempo de monstruos» en relación con Gramsci se encuentra en un artículo de 2010 de la New Left Review del filósofo esloveno Slavoj Žižek titulado “A Permanent Economic Emergency”. En este contexto, la cita aporta una solemnidad poética al desafío que la crisis bancaria de la zona euro planteaba a la izquierda.
Sin embargo, cuando se le preguntó por qué había decidido reformular poéticamente el italiano original, Žižek insistió en que los monstruos no eran suyos. «NO RECUERDO NADA nada al respecto, pero estoy seguro de que tomé el término de otra parte», declaró al Guardian en un correo electrónico.
De hecho, existe una versión francesa de la misma frase anterior al momento en que Žižek la popularizó en inglés. «Dans ce clair-obscur surgissent les monstres», escribió el economista y urbanista francés Gustave Massiah en un ensayo de 2003, «en este crepúsculo surgen los monstruos». La frase «dans cet interrègne surgissent les monstres» se utilizó en las páginas de Le Monde ya en 1996.
Aunque el origen exacto de los monstruos de Gramsci sigue siendo difícil de precisar, hay razones más amplias por las que las ideas del intelectual italiano siguen siendo tan potentes hoy en día. Publicados en 1947, años después de la muerte de Gramsci, los Cuadernos de la cárcel fueron escritos durante períodos de concentración en los que al pensador comunista se le permitió tener lápiz y papel en su celda. «Destilan muchas de las ideas que Gramsci tenía en mente, por lo que son increíblemente precisos, al menos para un italiano», afirma Silvio Pons, presidente del Instituto Gramsci de Roma.
Los cuadernos no se hicieron verdaderamente globales hasta después de la Guerra Fría, con traducciones a más de 40 idiomas, pero su idea central ha resultado estimulante para los activistas durante mucho más tiempo.
«Cuando Gramsci escribió los Cuadernos de la cárcel, intentaba entender por qué no había habido una revolución socialista o comunista en Italia antes de la llegada del fascismo», afirma Marzia Maccaferri, historiadora política de la Universidad Queen Mary de Londres. «Y el concepto clave que surge de ese proceso de reflexión es su teoría de la hegemonía: que la clase dominante puede gobernar no sólo mediante la coacción, sino también a través de la intersección de la cultura popular y la alta cultura, a través de la intelectualidad y la sociedad civil».
En Europa continental, este giro cultural inspiró a muchos de los estudiantes revolucionarios de 1968, mientras que en Gran Bretaña proporcionó un marco teórico que sociólogos marxistas como Stuart Hall aplicaron al thatcherismo en la década de 1980.
Sin embargo, ya en la década de 1970, las ideas de Gramsci fueron adoptadas por el principal pensador de la Nouvelle Droite francesa, o «nueva derecha», Alain de Benoist. El intento de centrar la política de extrema derecha en las identidades culturales, más que en las raciales, se puede ver en la máxima del antiguo estratega de Trump, Steve Bannon, de que «toda la política es consecuencia de la cultura», y en muchas de las figuras clave de la extrema derecha europea contemporánea.
La tesis de máster del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, aplicó las ideas de Gramsci al movimiento Solidarność (Solidaridad) de Polonia; en Italia, el ministro de Cultura [Alessandro Giuli] de Giorgia Meloni publicó recientemente un libro titulado Gramsci è vivo.
La cita «la era de los monstruos» puede haber cautivado las mentes de los políticos y pensadores de hoy en día, pero muchos consideran que le quita a Gramsci el fervor activista que encarnaba para las generaciones anteriores.
«Los monstruos son algo excepcional, un milagro a la inversa que surge de la nada sin una explicación real», afirma Peter Thomas. «Es una metáfora que cierra la posibilidad de intentar reflexionar sobre lo que está ocurriendo. Nos indignamos o nos escandalizamos ante la monstruosidad de estas figuras trumpianas, en lugar de intentar averiguar qué las ha producido».
Antes de su encarcelamiento, Gramsci pasó dos años formativos en la Rusia revolucionaria, donde se dice que fue testigo de la prueba de que un nuevo mundo, a pesar de sus luchas, podría renacer finalmente.
«Para él era casi inconcebible que, independientemente de los reveses temporales que tuviera que sufrir, no acabáramos por alcanzar la victoria», comenta Peter Thomas. «Probablemente nos resulte un poco más difícil pensar así».