“Hasta hace poco sabíamos que después del capitalismo vendría el socialismo; hoy sabemos que después del capitalismo puede sobrevenir la barbarie, la destrucción total, porque los hombres tienen ahora en sus manos la posibilidad de hacer estallar el mundo. Si se quiere se puede convertir este mundo en inhabitable. Por el contrario, cuando Marx, Lenin, Rosa Luxemburg, estaban planteando ciertas cuestiones, los hombres no tenían en sus manos la posibilidad de destruir el mundo; hoy la tienen, y esta posibilidad introduce un cambio radical”. (Aricó, J., 2011, pág. 185).
El imperio más peligroso que nunca: la década del American Psycho
A días de iniciarse este segundo cuarto del siglo XXI, América Latina despertaba con una noticia que parecía poco probable: la incursión militar de EE.UU. en Venezuela so pretexto de la lucha contra el “régimen narcoterrorista de Nicolás Maduro”. Parecía poco probable porque hacía más de tres décadas la región no experimentaba agresiones tan descaradas como esta. En nuestra nota anterior The world ahead is upside down advertíamos de un 2026 convulso e iniciábamos el análisis con una frase que caracterizará el derrotero de esta década “This is Donald Trump’s world – we’re all just living in it –.
En este mundo de Trump que habitamos, América Latina y el Caribe – como el resto de la periferia capitalista – se encuentran en el centro de las disputas interimperialistas por el reparto de zonas de influencia y no solo por el control de recursos naturales estratégicos. La incursión militar en Venezuela fue una demostración de fuerza para las potencias contrincantes, particularmente para China, principal competidor de EE.UU. en la región.
En esta nota intentaremos contribuir colocando algunos elementos que aporten a la reflexión sobre los tiempos que corren y pensar la región en un contexto de agudización de la crisis capitalista global y, por consiguiente, de la escalada en la disputa interimperialista por la hegemonía del mercado mundial a partir de los acontecimientos en el mar Caribe y la reciente incursión de las fuerzas especiales estadounidenses en Venezuela en una operación con precisión quirúrgica que amenaza la soberanía de la región y ubica en una posición aún más complicada a la revolución cubana tras más de medio siglo de un bloqueo genocida.
Crisis energética y disputa por recursos estratégicos
A muchos sorprende la desfachatez con la que Trump anunciaba días atrás que recuperaría el petróleo que había sido “robado” a EE.UU. a partir de las nacionalizaciones que tuvieron lugar en la década de los setenta en Venezuela. Esto se dio durante el primer gobierno del entonces presidente Carlos Andrés Pérez, proceso que culminó con la creación de la estatal PDVSA en 1976 mediante la ley orgánica que reservó el derecho al Estado venezolano de explotar la industria hidrocarburífera. Recordemos que, además de las nacionalizaciones, el gobierno de Pérez es tristemente recordado por el Caracazo de 1989 que dejó más de tres mil muertos en el contexto de las protestas masivas a las políticas de privatización, terminando con su destitución, constituyendo estos hechos la base sobre la cual se construiría la figura de Hugo Chávez con un discurso nacionalista, de defensa de los intereses de la patria de Bolívar y de justicia social que, por las circunstancias, rápidamente terminaría alineándose a Cuba.
Pero, ¿a quiénes se dirigían las declaraciones de Trump? ¿Por qué la justificación de la incursión en Venezuela fue la recuperación del petróleo “estadounidense” y la lucha contra el narcotráfico? Recordemos que tiempo atrás, EE.UU. justificaba sus incursiones militares alrededor del mundo con el discurso de los derechos humanos y la democracia. Claramente lo que cambió no fueron las pretensiones globales de los halcones de la Casa Blanca respecto a regiones que considera de interés estratégico, sino la base electoral a la que se dirige. Recordemos que Trump en términos discursivos se dirige a la clase obrera estadounidense que desde hace décadas experimenta los costos económicos de sostener al dólar como moneda mundial. La situación del mercado de trabajo es compleja, desaceleración en la creación de empleo, despidos que en 2025 superaron el millón de trabajadores, un proceso inflacionario al alza, incremento del 11 % en las tarifas eléctricas y la eliminación de más de 158 mil empleos en el sector de producción de energía renovable, afectan directamente a la clase obrera estadounidense en un proceso de desarticulación y destrucción de larga data. El discurso de Trump se dirige a ella, aunque en la práctica su política no la beneficie2.
En este marco, comprender la ofensiva imperialista hacia la región implica dar una mirada también al funcionamiento del mercado petrolero, sus dinámicas y proyecciones en el contexto de la crisis energética por la que atraviesa, como dijera Martí, el gigante de las siete leguas en un contexto de disputa por la cadena global de suministros estratégicos.
EE.UU. es hoy el mayor productor mundial de petróleo con una producción que, en 2024, superó los 13 millones de barriles diarios. Las proyecciones del mercado petrolero estadounidense indican una producción estable acompañada de un ligero descenso que podría producirse entre 2025 y 2026. EE.UU. lidera la producción mundial de petróleo desde 2018 con el desarrollo de la industria del fracking. Además de los récords de producción, también mantiene las mayores reservas estratégicas del mundo que, según datos del Departamento de Energía de los EE.UU., cuenta con una capacidad de almacenamiento de 714 millones de barriles y cuya venta solo ha sido autorizada por el gobierno en cuatro momentos. La compra directa de petróleo crudo se reanudó en 2009 con la intención de reemplazar el inventario vendido en 2005 y otra en 2015 para reponer el inventario de la venta realizada en 2014.
La creación del programa de reservas estratégicas de petróleo fue una de las estrategias implementados por el gobierno para asegurar la independencia energética de los EE.UU. ante acciones que comprometan la cadena de suministros como la realizada por la OPEP3 en 1973 en donde en represalia había cortado el suministro de petróleo a EE.UU., disparando el precio del crudo en el mercado internacional.
Las reservas estratégicas también han sido utilizadas por EE.UU. para estabilizar el precio del crudo en situaciones de conmoción internacional como la ocurrida en 2022 en el marco de la incursión militar rusa en Ucrania, colocando 30 millones de barriles para estabilizar el mercado petrolero y los precios del gas.
El sector energético es clave para cualquier país, más aún cuando se trata de uno que consume diariamente 20 millones de barriles de petróleo y que, de darse una interrupción en la cadena de suministros, sus reservas estratégicas solo le permitirían atender el consumo interno durante un mes. Para EE.UU está claro que el sector energético es fundamental para garantizar la seguridad interna, la defensa y el sustento de su economía. ¿Necesita EE.UU. el petróleo venezolano? Totalmente. De ahí que la seguridad de EE.UU. sea, en la misma proporción, la inseguridad para Nuestra América4.
“EE.UU. no está perdiendo dinero, estamos haciendo dinero” declaraba Trump en conferencia de prensa luego de la incursión en Venezuela. Y aunque el psicópata americano no de puntada sin hilo, el mercado petrolero no funciona de acuerdo a su humor, tiene sus complejidades. Más aún en el caso de la industria venezolana, en donde se requieren grandes volúmenes de inversión por varios años que permitan recuperar la capacidad productiva que ha venido en decadencia desde hace al menos una década. Si bien es cierto que Venezuela concentra las mayores reservas probadas de petróleo en el mundo, no cuenta hoy con la capacidad productiva y operativa para explotar los yacimientos. Con una producción que apenas alcanzó 1.2 millones de barriles diarios en septiembre del año pasado, requiere una gran inversión para impulsar el sector.
Recordemos que Venezuela ya había abierto el mercado petrolero a grandes corporaciones internacionales, el retorno de Chevron a la producción petrolera fue una de las primeras transnacionales en volver luego de la ola de expropiaciones y expulsiones realizadas durante el gobierno de Chávez. La compañía Chevron retomó sus activos en Venezuela de la mano del gobierno de Nicolás Maduro quien, al mismo tiempo, cedió a la China Concord Resources Corp (CCRC), empresa de capital privado integrado por inversores de diversos países, la explotación de yacimientos petrolíferos en dos campos con una inversión de USD 1.000 millones en un proyecto que pretende alcanzar una producción diaria de 60 mil barriles diarios para finales del 20265. Las estimaciones de la OPEP indican que Venezuela posee unas reservas en torno a los 303.000 millones de barriles de crudo, seguida de Arabia Saudita con 267.200 millones, Irán con 208.600 millones, Canadá e Irak con 163.000 y 145.019 millones de barriles de crudo respectivamente. Estos datos son relevantes si atendemos los informes del Bank of America6 que identificaba a Venezuela como uno de los tres focos geopolíticos clave para el mercado petrolero en este 2026, junto Rusia-Ucrania y Medio Oriente. EE.UU. necesita no solo garantizar la cadena de suministros sino superar la dependencia de las importaciones de petróleo que entre agosto y septiembre de 2025 generaron un saldo comercial negativo de USD 2.42 millones7.
El mercado petrolero, por su naturaleza, es bastante concentrado. La OPEP controla el 80% de la reserva mundial y produce cerca del 40% del crudo y sus proyecciones son alcanzar el 52% de producción global para 20508. Lo que ubica a esta organización en una posición relevante en el mercado, influyendo en los precios mediante la cesta de referencia y las políticas de estabilización (sea reduciendo o ampliando la producción mundial de crudo).
EE.UU necesita disminuir la influencia de la OPEP en el mercado petrolero y para ello, requiere controlar los yacimientos de los que dispone Venezuela, aunque su capacidad operativa sea hoy insuficiente. Al mismo tiempo, y según los datos de la OPEP, la región OCDE de las Américas (EE.UU y Canadá) cuentan con la mayor capacidad de refinamiento de crudo pudiendo refinar en 2024 hasta 22.02 millones de barriles por día, seguida de China con 17.43 millones y OCDE Europa con unos 13.90 millones de barriles por día9.
Actualmente, el mercado petrolero experimenta una saturación de oferta lo que ha permitido mantener cierta estabilidad en los precios del crudo. Los análisis de Oxford Economics anticipan un aumento en la oferta a pesar de las presiones del mercado asiático y su creciente demanda de crudo que, además, podría verse influenciado por un “cambio político” en Venezuela, pudiendo lanzar al mercado (previa inversión) unos 5 millones de barriles diarios.
En 2023 el precio spot10 promedio, tanto del petróleo crudo como del gas natural en EE.UU. disminuyó respecto a los máximos alcanzados en 2022. Asimismo, las reservas probadas de crudo y gas natural cayeron un 4% y un 13% respectivamente en 2023, según datos de la U.S. Energy Information Administration11. El informe también señala que las reservas experimentan una caída cercana al 4% anual desde 2022, pasando de 48.300 millones de barriles a 46.000 millones de barriles.
Y en este escenario, la política ante la declaración de emergencia energética por parte de Trump, busca el desarrollo intensivo del sector hidrocarburífero para satisfacer la demanda creciente de energía que requiere el sector tecnológico, especialmente el de la Inteligencia Artificial (IA), los centros de datos y el crecimiento del consumo de la población, conducen eventualmente al aumento del consumo energético diario de los EE.UU. y la habilitación de nuevas zonas de exploración y proyectos de explotación minera y petrolera en su propio territorio, a expensas de las áreas protegidas en Alaska12, son insuficientes para la demanda de su propio mercado.
Pero no se trata solo de petróleo…
En noviembre de 2025 se presentó al Congreso de los EE.UU. el informe Critical Mineral Resources: National Policy and Critical Minerals List13 en el documento se señala la vulnerabilidad de los EE.UU. en la cadena de suministros de minerales críticos y tierras raras dada la elevada dependencia hacia China para garantizar el suministro. El uso de los minerales críticos y tierras raras se extiende a varios sectores como la agricultura, la defensa, la electrónica, la energía, manufactura, refinación y transporte. Y su demanda se prevé que aumente en los siguientes años. La vulnerabilidad de los EE.UU. afecta a varios eslabones de la cadena de suministros, ya sea en la tecnología requerida para la extracción, el procesamiento, el desarrollo y reciclaje de los componentes, pero fundamentalmente en las reservas de estos minerales, siendo China su principal competidor al concentrar varios de los eslabones señalados, además del 80% de las reservas. Para EE.UU. la ubicación de las reservas (fuera de su territorio) implica un alto riesgo para la cadena de suministros. Las tierras raras son hoy esenciales para la alta tecnología, la electrónica y los motores basados en imanes. Por lo que, en el marco de la competencia por el liderazgo en el sector tecnológico y el complejo industrial-militar, dominar y asegurar la cadena de suministros tanto de petróleo como de tierras raras y minerales críticos es elemento fundamental de la estrategia de seguridad nacional de los EE.UU.
En la imagen 1 podemos observar la producción global de tierras raras y el dominio chino sobre la cadena de suministro, frente a la escasa participación de EE.UU. en la producción o mejor dicho, en la extracción y esto es así dado que no existen estos minerales y tierras raras (al menos no en su totalidad) dentro del territorio estadounidense por lo que necesita salir a buscarlos afuera y para ello requiere reafirmar su dominio sobre el hemisferio, particularmente atendiendo a las reservas de tierras raras y minerales críticos presentes en Brasil, Argentina y Chile. Donde según los estudios prospectivos de EE.UU., Chile concentra el 19 % de la reserva mundial de litio, seguido de Argentina con una participación del 7 % de las reservas. En el caso del cobalto, Cuba concentra el 4 % de la reserva mundial de este mineral y, en el caso del grafito, la segunda mayor reserva global se encuentra en Brasil con un 10% del total, ubicado después de China que concentra el 68 % de las reservas de grafito. Estos minerales son esenciales para la producción de baterías.
Imagen 1. Producción mundial de tierras raras y minerales críticos

EE.UU. debe importar 31 de los 35 minerales críticos y su producción solo alcanza 14 de los 35 minerales críticos que necesita para su industria tecnológica, energética y militar-industrial. En 2021 el gobierno creó la iniciativa Mapeo de Recursos de la Tierra (Earth MRI) con fondos asignados para la investigación, mapeo y evaluación de minerales.
En su segundo mandato, Trump emitió varias órdenes administrativas que comprometen la integridad y soberanía territorial del continente (y todavía no hablamos de la Estrategia de Seguridad Nacional), hablamos de la Orden Ejecutiva 14154 “Liberando la Energía Estadounidense”, que incluye una sección titulada “Restaurar el dominio mineral de Estados Unidos” cuya pretensión es asegurar la “resiliencia” de la cadena de suministros norteamericana, además de acelerar el mapeo geológico enfocado en la búsqueda de estos minerales.
El sector energético es elemento central de la política estadounidense para esta década en el marco de su disputa con China por el liderazgo tecnológico. Y Trump es pragmático, buscará los minerales estratégicos en donde sea y al costo que sea. Venezuela ha sido el primer ejercicio en una clara demostración de fuerza tanto para la región como para el resto del mundo, particularmente, para China. Venezuela no solo posee reservas de petróleo y gas natural, también cuenta con minerales necesarios para la industria de EE.UU como el carbón, hierro y bauxita.
Pero como hemos dicho, no solo son los recursos energéticos. La incursión militar en el país caribeño es también un mensaje para otro enemigo, uno a tan solo 90 millas: Cuba. Cuya situación actual se asemeja a lo vivido durante el periodo especial posterior a la caída del campo socialista. Cuba se abastece del petróleo venezolano a cambio de médicos, enfermeras, maestros. Sin el suministro de petróleo venezolano, la crisis energética en la mayor de las Antillas se profundizará, afectando aún más la deteriorada calidad de vida del pueblo cubano tras más de medio siglo de bloqueo comercial, económico y financiero.
Nuestra América en el tablero geopolítico mundial
La primera política exterior de los EE.UU fue la llamada Doctrina Monroe o “América para los americanos”, en el marco de la disputa con las potencias coloniales europeas en 1823, en donde EE.UU reafirma a América Latina y el Caribe como su zona de influencia. Y este no es un detalle menor. Donald Trump, evocando este documento reaviva no solo la doctrina Monroe, sino el destino manifiesto por el que se arroga la potestad otorgada por “Dios” de hacerse con los territorios desde el sur del río Bravo hasta la Patagonia y la estrategia de seguridad nacional es claro ejemplo de la vocación imperialista de los EE.UU.
La Estrategia de Seguridad Nacional presentada por Trump en noviembre de 2025 establece con una claridad que estremece, que es deber de su gobierno:
“garantizar los derechos naturales otorgados por Dios a sus ciudadanos y proteger al país, su forma de vida y su economía, de influencias extranjeras hostiles, prácticas comerciales predatorias, tráfico de drogas, propaganda destructiva y operaciones de influencia, subversión cultural o cualquier otra amenaza…”14
Otros elementos que menciona el documento se refieren al fortalecimiento de las fuerzas armadas, especialmente de la disuasión nuclear, desarrollo de sistemas antimisiles para proteger los activos estadounidenses en el exterior. La industria y el sector energético, así como la innovación y tecnología, ocupan un papel central en la estrategia estadounidense. Ahora bien, ¿y el papel de América Latina? Fácil, la doctrina de Monroe-Trump apunta a un control hemisférico total con gobiernos subordinados a los intereses estadounidenses y libre de “fuerzas extranjeras hostiles” (China) en donde la paz se logrará a través de la fuerza para disuadir la presencia de otras potencias tanto a nivel global como regional que representen una amenaza para el liderazgo de los EE.UU.
La reconfiguración del tablero mundial
Hace casi treinta años, Brzezinski señalaba la importancia que tiene para la supremacía de los EE.UU. el control sobre la región euroasiática para garantizar un equilibrio continental que no amenace sus intereses globales, ya que, Eurasia sigue siendo el “tablero principal” en la lucha por la supremacía global, por lo que la disputa por el control de la región exige que los EE.UU. gestione estratégicamente sus intereses geopolíticos. Y ahí es donde nuestra región juega un papel central. Estamos asistiendo a la preparación de las potencias hegemónicas para un conflicto mayor por el reparto del mundo. Mientras EE.UU. se extiende y refuerza su dominio hemisférico, China y Rusia hacen lo propio en sus respectivas regiones. China se repliega de la región para acumular fuerzas (y petróleo) para una disputa que sí es de su interés geoestratégico: Taiwán. Mientras Rusia garantiza su control sobre las regiones estratégicas manteniendo el dominio sobre Ucrania. La defensa de Venezuela o el apoyo militar al gobierno de Maduro nunca estuvo en la mesa de negociaciones entre las potencias que hoy se reparten el mundo en zonas de influencia, tal como lo observó Lenin en 1916 y mientras más pronto las fuerzas progresistas y de izquierda estén claras respecto a esto, más rápido se podrá avanzar hacia la unidad de acción en la defensa de Nuestra América.
Existen elementos concretos que limitan la capacidad de acción de China y Rusia en el hemisferio occidental. Más allá de la capacidad de disuasión nuclear que poseen ambas potencias, con lo que no cuentan es con la extensa red de bases militares que ninguna otra potencia, con excepción, claramente, de EE.UU, ha podido construir. Con un despliegue que supera las 800 bases militares alrededor del mundo, aliados estratégicos en Europa (OTAN), sus 76 bases navales alrededor de Suramérica, el control total sobre el Canal de Panamá que le facilita el dominio naval tanto sobre el Atlántico como el Pacífico, el despliegue del Comando Sur en la región y el control absoluto sobre la Hidrovía Paraná – Paraguay, EE.UU es, en términos militares, una potencia indiscutible y cuyo declive económico y comercial la hace aún más peligrosa, pero de ninguna manera más débil.
La capacidad militar desarrollada por los EE.UU., especialmente, en su dominio marítimo con sus once portaviones, todos con propulsión nuclear que le aseguran autonomía, dan cuenta de su poderío militar. Mientras que la armada rusa con sus cuatro flotas (flota del norte, flota del Mar Báltico, flota del Pacífico y flota del Mar Negro), no tienen acceso al Atlántico sin cruzar por países que integran la OTAN. Lo concreto es que Rusia no cuenta con la capacidad militar de mantener operaciones de largo plazo fuera de su territorio como sí la tiene EE.UU. En este sentido, tampoco cuentan con una flota naval que le haga frente, ni disponen de un portaaviones que le permita a Rusia proyectarse más allá de su territorio. China, por su parte, aunque con unas fuerzas armadas más modernas, solo dispone de un único portaaviones con propulsión a gasoil que le obliga a realizar paradas estratégicas para autoabastecerse, no representa una amenaza para la flota naval estadounidense y, tal como hemos visto, no es intención de China enemistarse con EE.UU. cuando depende del comercio mundial, sobre todo en el sector agroalimentario.
Cualquiera con dominio de una pizca de estrategia militar sabe que, sin una flota naval de estas características (con portaaviones), es imposible proyectar poder global. Este es uno de los elementos que encapsula a China y Rusia a actuar en sus zonas de influencia, sin posibilidades reales de proyección más allá del Pacífico. En el caso ruso por encontrarse, además, rodeado por la OTAN y sin capacidad de despliegue fuera de sus fronteras, y China, por su parte, por no poder comprometerse en una disputa con su principal socio comercial cuando no es autosuficiente en dos ejes centrales: materias primas y energía (concretamente, petróleo).
La disposición de once portaaviones activos (pero no desplegados, o al menos no todos) asegura a EE.UU. proyección global aérea y control de rutas marítimas, además de la capacidad de realizar ataques de largo alcance y de servir como centro de comando de operaciones tanto defensivas como ofensivas. Mientras Rusia y China no logren desarrollar esta capacidad militar no representarán estrictamente una amenaza real para las pretensiones imperiales de EE.UU. en el hemisferio y más allá, menos aún con el psicópata americano al mando de un poder militar que la humanidad nunca antes vio.
China y Rusia, al igual que EE.UU., tienen intereses estratégicos, no aliados (o muy pocos). Y sus intereses son los mismos: garantizar el acceso a insumos estratégicos como materias primas y en ese intercambio, ya Trump en sus declaraciones aseguró que no tenía ningún inconveniente en seguir vendiéndole petróleo venezolano a China. El progresismo latinoamericano debería comprender de una buena vez que ni China ni Rusia son aliados de la región ni pretenden proteger o apoyar a gobiernos como el de Cuba o Venezuela, así como no lo hicieron con Irán. El único aliado con el que cuentan los trabajadores de la región, con el que contamos, es la clase obrera internacional organizada. Y eso es lo que también pudo observarse a partir de los eventos en Venezuela. Al menos para quienes sí desean verlo. La realidad es la que es, nos guste más o nos guste menos. Y como dijera Martí: “¡los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas!”
Lejos de un orden “multipolar” asistimos a la reorganización del tablero mundial entre potencias sumamente desiguales cuyo interés es la defensa de los intereses de las clases dominantes que lideran los procesos de acumulación en sus espacios nacionales en diferentes escalas. EE.UU, con la hegemonía del capital financiero y el sector militar-industrial, reaviva la doctrina Monroe y el destino manifiesto para controlar el hemisferio occidental y sus recursos energéticos. Rusia, por su parte, se prepara para defender los intereses de los capitales que operan en el sector energético, particularmente del petróleo y el gas, y China, enfocada en reclamar la soberanía territorial sobre Taiwán y garantizar el flujo de inversiones privadas de origen chino en el resto del mundo, se enfoca en acumular suministros (y oro) para una eventual confrontación en Asia.
En conclusión, lo que se viene es la agudización de la ofensiva estadounidense sobre la región para asegurar su supremacía global y el acceso a recursos naturales estratégicos frente a otras dos potencias que deben jugar bajo las reglas del sistema internacional impuesto por EE.UU, en donde el poder global de este se ejerce a través de un sistema global diseñado acorde a sus necesidades y, como tal, puede simplemente prescindir o, como de hecho lo hace, pasar por encima de la institucionalidad que construyó y que hoy ya no le es útil.
Las fuerzas progresistas y de izquierda, por tanto, no pueden centrarse en evocar la legalidad internacional o reclamar al sistema de Naciones Unidas o cualquier otro espacio multilateral la violación del derecho internacional. La institucionalidad jugó en su momento un papel en función de la correlación de fuerzas histórico-concretas (existencia del bloque soviético), hoy ya no es útil ni necesario, es más bien un estorbo para las pretensiones imperiales de EE.UU. La clase obrera pierde el tiempo defendiendo la institucionalidad burguesa cuando lo que debe es organizarse para enfrentar el recrudecimiento de las condiciones de la lucha de clases.
Cerramos esta nota, al menos por ahora, con un mensaje que nos dejara el comandante Fidel Castro:
“Nuestro caso nos ha enseñado, por los problemas que hemos tenido con nuestro imperialismo, es decir, el imperialismo que está contra nosotros, en definitiva, los imperialismos son todos iguales, y son todos aliados. Un país que explote a los pueblos de América Latina o de cualquier otra parte del mundo es aliado de la explotación de los demás pueblos del mundo”15
No existen imperialismos buenos ni malos (EE.UU, Rusia, China). Todo imperialismo proyecta su poder a escala internacional según los intereses del capital hegemónico en su proceso interno de acumulación. Si esto no se tiene claro, es señal de que falta mucho por estudiar de Lenin, de Marx y, muy en especial, de Fidel.
Notas y referencias
- Economista Política por la Universidad de Pinar del Río, Cuba. Máster en Ciencias Sociales por el Programa FLACSO Paraguay y Doctoranda en el Programa de Doctorado en Economía del Instituto de Industria de la Universidad Nacional de General Sarmiento, Buenos Aires, Argentina. Miembro de la Sociedad de Economía Política del Paraguay y de la Asociación de Economistas de América Latina y el Caribe. Asimismo, integra la World Association for Political Economy, WAPE y el Centre For The Study Of Social And Global Justice, CSSGJ. Integrante del GT de CLACSO Crisis y Economía Mundial y del GT Lex Mercatoria, Poder Corporativo y Derechos Humanos. Militante del Partido Comunista Paraguayo, responsable política de la Secretaría Nacional de Ideología y Formación.
Contacto: caceresalheli06@gmail.com ↩︎ - El Universo (2026, 03 de enero). Más de 100 empresas anuncian que despedirán trabajadores en enero de 2026 en Estados Unidos.
https://www.eluniverso.com/estados-unidos/estilo-de-vida/empresas-de-estados-unidos-que-despediran-trabajadores-en-enero-de-2026-nota/ ↩︎ - Organización de países exportadores de petróleo ↩︎
- U.S. Department of Energy. Office of Cybersecurity, Energy Security, and Emergency Response (CESER). https://www.energy.gov/ceser/office-cybersecurity-energy-security-and-emergency-response ↩︎
- Rodríguez Salcedo, C. (2026, 03 de enero). Petróleo y deuda: los escenarios que Wall Street ya preveía ante un ataque a Venezuela.
https://www.bloomberglinea.com/mercados/petroleo-y-deuda-los-escenarios-que-wall-street-ya-preveia-ante-un-ataque-a-venezuela/ ↩︎ - Ibidem. ↩︎
- OEC. Petróleo crudo en el Comercio de Estados Unidos. https://oec.world/es/profile/bilateral-product/crude-petroleum/reporter/usa ↩︎
- OPEC. (2025). Oil data: upstream. https://publications.opec.org/asb/chapter/show/139/2524 ↩︎
- Rodríguez Salcedo, C., op cit. ↩︎
- El precio spot promedio es el precio actual de mercado para la entrega inmediata de petróleo crudo o gas natural, a diferencia de los precios futuros, y varía permanentemente en función de la oferta, demanda y elementos geopolíticos. ↩︎
- EIA. (2025). U.S. Crude Oil and Natural Gas Proved Reserves, Year-end 2023. https://www.eia.gov/naturalgas/crudeoilreserves/ ↩︎
- NRDC. (2025, 24 de abril). Interior Pushes Illegal Plan to Rush Oil Drilling, Mining Projects.
https://www.nrdc.org/press-releases/interior-pushes-illegal-plan-rush-oil-drilling-mining-project ↩︎ - Rowan, L. R. (2025). Critical Mineral Resources: National Policy and Mineral List. https://www.congress.gov/crs-product/R47982#_Toc215661027 ↩︎
- The White House. (noviembre, 2025). Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América. https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2025/12/2025-National-Security-Strategy.pdf ↩︎
- Centro Fidel. Fidel Castro Ruz. Visión sobre el imperialismo. https://www.centrofidel.cu/fidel-castro-ruz-vision-sobre-el-imperialismo ↩︎