Una histórica movilización callejera y un gobierno que se desvive por atar una vez más al país en el espiral de la deuda han sido los dos aspectos más salientes de una semana de hondas inquietudes y expectativas encontradas. Las elecciones porteñas se integran a las urgencias que tal vez no resulten importantes.
Lo ocurrido el lunes 24 de marzo de 2025 es sin duda el suceso fundamental de la semana que pasó. Hay que privilegiar su relevancia dentro de la habitual vorágine de acontecimientos.
Se trató de la marcha por el Día de la Memoria más numerosa de los últimos años. En la ciudad de Buenos Aires y en una larga lista de centros urbanos y localidades de todo el país. Grandes franjas sociales estuvieron de pie para enfrentarse al gobierno más negacionista del genocidio y vindicador de la dictadura desde 1983.
Las fuerzas más reaccionarias contribuyen a su propio aislamiento cuando intentan el entierro de casi 50 años de lucha contra la impunidad. Sin duda no faltan los alucinados que piensen que Agustín Laje es un contendiente a la altura de la dirigencia comprometida desde siempre con los derechos humanos.
La Libertad Avanza está aún lejos de ingresar a los grandes debates con luz propia. Sólo puede arrogarse cierta eficacia a la hora de disputar el discurso predominante en el campo de la “ortodoxia económica”. No va a alcanzarle con eso.
Habrá quien siga remitiéndose al supuesto rol de “minorías intensas” de los portadores de las protestas para restarle relevancia. La coincidencia masiva al mismo día y a la misma hora en toda la geografía del país nos refiere a un espacio social mucho más amplio y heterogéneo que el de quienes se hallan acostumbrados a una práctica de movilizaciones muy frecuentes. Pueden verse los comentarios al respecto en este medio aquí y aquí.
Cabe la importante salvedad de que no hay todavía una proyección política clara para estas y otras movilizaciones. Que se reiteran y engrosan, en un contexto de impresionante crisis de representación. Más allá de reparos se impone el destaque del grado de unidad alcanzado. Hubo una sola marcha y el nivel de apoyo obtenido reflejó la satisfacción por ese avance después de largos años de divisiones.
El vuelco a las calles puede intensificarse en tiempos próximos, por parte de los variados sectores que se hallan “bajo fuego” de las agresivas políticas gubernamentales. Las universidades, la educación en general, la salud pública, son ámbitos cuya defensa está incorporada al sentido común de muchos millones de argentinas y argentinos. Son reclamos vinculados entre sí, que podrían anudar algún tipo de frente único en el futuro cercano.
¿Nos vamos al Fondo?
La aproximación al nuevo préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI) podría ser tomada como un conjunto de pasos de comedia si no conllevara el drama del endeudamiento perpetuo y creciente. Marca además la perspectiva de una nueva devaluación, siempre desastrosa para los ingresos y el nivel de vida popular.
El gobierno ha mostrado contradicciones en público. Anuncios, evasivas, verbalismos sin contenido, cuentas erróneas, desmentidas de la vocera del FMI etc. La desesperación porque “los mercados” no le bajen el pulgar se sintió minuto a minuto. Los amagos de corrida y la venta de reservas no se detuvieron.
Sobre todo, el gobierno ha sido desmentido por el organismo internacional cuando intentó en forma reiterada imponer la creencia de que la negociación estaba cerrada y el préstamo otorgado. Lo máximo que se adjudicó es la confirmación a regañadientes de que el importe del nuevo crédito-estafa será de 20.000 millones de dólares.
Una nueva hipoteca que transita un sendero retomado en 2018 por el gobierno de Mauricio Macri y ratificado durante la presidencia de Alberto Fernández en 2022.
Los actores que no podrán volver del descrédito son las diputadas y diputados, en especial los “opositores”, que aprobaron un acuerdo con el F.M.I sólo potencial, sin monto, plazo, tasa de interés, modalidades de reembolso ni condicionalidades de política económica.
Con las últimas idas y vueltas en torno al otorgamiento del crédito quedó más claro que nunca que pusieron una firma en blanco en un contrato sin redactar, con el exclusivo propósito de proporcionarle un salvataje a una gestión de gobierno cuyo desmoronamiento temen. Ni ellos ni los sectores de las clases dominantes que los respaldan tienen a mano una alternativa.
Las tácticas de distracción que el gobierno ensaya desde siempre parecen ineficaces esta vez. Buscó desviar la atención pública hacia el rechazo por parte de la Corte de Casación Federal Penal de un recurso extraordinario de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Es por el juicio por la obra pública en Santa Cruz, un proceso en el que no está clara la cadena de responsabilidades de acuerdo a la cual debería ir presa la expresidenta.
CFK ha desarrollado durante las últimas semanas el hábito de la interpelación directa al presidente. En tono campechano y con visos de sátira, no parecen mensajes con aptitud directa para hacer más débil al presidente. Sí gravitan a la hora de contrarrestar la imagen de que Javier Milei no tiene a nadie enfrente.
Hoy no sólo en la izquierda hay quien le replique con frecuencia cotidiana. Y sería tonto no reconocer que las cajas de resonancia de las que dispone la expresidenta son mayores que las no desdeñables que ostenta aquélla.
De cualquier forma, el subterfugio no es de gran utilidad. Siempre habrá un público ávido, que hace una década y media que grita “¡Cárcel!” cada vez que se menciona a Cristina. Pero son más amplios los sectores que privilegian sus ingresos y condiciones de vida y cada vez descreen más de la “estabilización” que vende el gobierno. Se añade que desde la aparición en el escenario del “libragate” el agite de la corrupción puede no favorecer en nada al gobierno.
Motosierra, despidos, represión.
Una fuente de noticias constante desde hace meses es el de los despidos, desfinanciamientos y cierres en el sector público. Ahora la tijera podría posarse sobre una parte sustancial de las decenas de miles de contratos en la administración pública que vencen a fin de mes.
Esta vez ya se sabe que el recorte de personal tendrá premio en dinero para los altos funcionarios que lo realicen en su área de influencia. Ver aquí. A más despidos, mayores ingresos para los jefes que los ordenen. Asombroso pero real.
Uno de los correlatos más serios de todo esto es que el rumbo de la “motosierra” marca; a veces de un golpe, otras de modo gradual, la clausura o la reducción al mínimo de políticas públicas destinadas a atender necesidades sociales. Es el colmo que los funcionarios reciban un incentivo económico para ampliar y profundizar los recortes estructurales.
El miércoles 26 tuvimos una edición más del apaleamiento a jubiladas y jubilados de plaza congreso. La ministra de seguridad comandó otra vez el despliegue de centenares de efectivos de policía federal, gendarmería nacional y prefectura naval para el hostigamiento de una cantidad de manifestantes mucho menor. Y de nuevo la escena de viejes y hasta niñes con los ojos ardidos por el gaseamiento.
Aunque las movilizaciones sean pequeñas, el gobierno le teme a todo lo que pueda ser un síntoma de pérdida del control de la calle. No quiere que se desmienta nunca su talante de “mano dura”. Y le interesa sobremanera la búsqueda del amedrentamiento, de la sensación de peligro, frente a cualquier acción colectiva, que plantee la disputa por el espacio público.
La actual administración no puede esquivar su naturaleza. Si no está en su potestad borrar las protestas al menos aspira a convertirlas en un hecho punible, en motivo continuo de acción policial.
Consenso, popularidad, elecciones.
Cada vez son más las encuestas que marcan el deterioro en la popularidad presidencial. Aún así no escasean los observadores y analistas que pronostican un triunfo de LLA en los comicios legislativos de octubre próximo.
Lo evidente es que el gobierno se encuentra en un momento delicado, sin poder atajar los cuestionamientos. Ya no cuenta con la iniciativa política que exhibía hasta hace un par de meses. El “triángulo de hierro” está cada vez más escorado en dirección al poderío de Karina Milei, la más antipática de sus tres integrantes.
Se cerraron las listas para la elección anticipada de legisladores de la ciudad autónoma de Buenos Aires, a realizarse en mayo. Quedó de manifiesto la extrema fragmentación partidaria, sobre todo en el amplio campo de las derechas porteñas, tanto las asumidas como las que insisten en autodenominarse “centroderecha”.
Desde La Libertad Avanza a la UCR y de Pro a la Coalición Cívica, nadie va con nadie. Todos a la disputa en el territorio dominado por PRO desde 2007 en forma ininterrumpida. Cada partidito con su listita.
Más alá de los chismes sobre favorecidos y postergados en el armado de las nóminas de candidatos, nos encontramos ante un síntoma más del debilitamiento de las alianzas y de los partidos. Y del desparpajo con el que se disputa un botín electoral, sin remilgos ideológicos ni respeto a fidelidades de ningún tipo. Allí están Horacio Rodríguez Larreta y Ramiro Marra, que renacen desde posiciones de marginación para competir con nuevos o viejos sellos.
Se acabó el verano.
Todo indica que para el gobierno de Milei se ha terminado el “veranito” que le permitía el marcado de la agenda social, la producción constante de reales o supuestas novedades que acorralaban a quien pretendía oponérsele. Hasta hace poco se señalaba que en la política argentina todo el tiempo se hablaba del presidente, a favor o en contra, pero no había otro tema central.
Esto se ha modificado en las últimas semanas, sobre todo por imperio de las multitudes que han salido una y otra vez a ratificar que todas las grandes disputas siguen su curso, recordándole a la administración Milei no puede jactarse aún de victorias definitivas.
En estos días la CGT ha lanzado un paro general para el 10 de abril. Hasta los siempre más remisos amagan pasar a la acción. Y todo indica que esta vez no les será fácil levantarlo con la excusa de que “no hay clima para un paro”.
Mientras tanto, desde esferas oficiales se anuncia un viaje del presidente a los Estados Unidos, con la primera quincena de abril como el momento más probable. El jefe de Estado puede equivocarse si cree que una fastuosa recepción en el imperio del norte lo aliviará de sus crecientes contratiempos en nuestras tierras. Debería recordar que ser “proyanqui” no suele ser motivo de elogio en este país, menos si el rótulo se lo gana un gobierno amenazado de declive.
Tal vez estos días de limosneo ante el Fondo y pleitesía hacia Donald Trump sean momento oportuno para colocar al antiimperialismo en un lugar importante de las protestas contra los persistentes atropellos desde arriba en todos los terrenos.
Fuente: https://huelladelsur.ar/2025/03/30/el-gobierno-entre-la-calle-y-el-fondo/