La inexistencia de Noruega

Slavoj Zizek

En su clásico estudio La muerte y los moribundos, Elisabeth Kübler-Ross propuso el famoso esquema de las cinco etapas de cómo reaccionamos al enterarnos de que tenemos una enfermedad terminal: la negación (uno simplemente se niega a aceptar el hecho: “Esto no puede estar pasando, no a mí”); ira (que explota cuando ya no podemos negar el hecho: “¿Cómo puede sucederme esto”); negociación (la esperanza de que de alguna manera podemos posponer o disminuir el hecho: “Déjame vivir para ver a mis hijos graduarse.”) depresión (desinversión libidinal: “Me voy a morir, así que ¿por qué molestarme con todo esto?”); aceptación (“No puedo luchar contra ella, más vale que me prepare para ella.”) Más tarde, KüblerRoss aplicó estas etapas a cualquier forma de pérdida catastrófica personal (falta de trabajo, la muerte de un ser querido, el divorcio, la adicción a las drogas), y también hizo hincapié en que no necesariamente vienen en el mismo orden, ni son experimentadas las cinco etapas por todos los pacientes.

¿No es la reacción de la opinión pública y de las autoridades en Europa occidental al flujo de refugiados de Africa y Medio Oriente una combinación similar de reacciones dispares? Existe (cada vez menos) la negación: “No es tan grave, ignorémoslo”. Está la ira: “Los refugiados son una amenaza para nuestra forma de vida, entre ellos se ocultan los fundamentalistas musulmanes. ¡Deben ser detenidos a toda costa!”. Hay negociación: “OK, establezcamos cuotas y apoyemos los campos de refugiados en sus propios países!”. Existe la depresión: “¡Estamos perdidos, Europa se está convirtiendo en Europastan!”. Lo que falta es la aceptación, la cual, en este caso, significaría un plan consistente de toda Europa para tratar con los refugiados.

Entonces, ¿qué hacer con los cientos de miles de personas desesperadas que esperan en el norte de Africa, escapando de la guerra y el hambre, tratando de cruzar el mar para encontrar refugio en Europa? Hay dos respuestas principales. Los liberales de izquierda expresan su indignación por cómo Europa está permitiendo que miles de personas se ahoguen en el Mediterráneo –su idea es que Europa debe mostrar su solidaridad abriendo sus puertas de par en par–. En cambio los populistas antiinmigrantes afirman que debemos proteger nuestra forma de vida y dejar que los africanos resuelvan sus propios problemas. Ambas soluciones son malas, ¿pero qué es peor? Parafraseando a Stalin, los dos son peores. Los mayores hipócritas son los que defienden la apertura de fronteras: en secreto saben muy bien que esto nunca va a pasar, ya que daría lugar a una revuelta populista instantánea en Europa. Actúan el Alma Bella que se siente superior al mundo corrupto mientras secretamente participan en él.

El populista antiinmigrante también sabe muy bien que, abandonados a sí mismos, los africanos lograrán cambiar sus sociedades –¿por qué no?
Porque nosotros, los europeos occidentales, estamos impidiendo que lo hagan. Fue la intervención europea en Libia, la que arrojó al país en el caos. Fue el ataque estadounidense a Irak, el que creó las condiciones para el surgimiento del Estado Islámico (EI). La guerra civil en curso en la República Centroafricana entre el sur cristiano y el norte musulmán no es sólo una explosión de odio étnico, fue provocada por el descubrimiento de petróleo en el norte: Francia (vinculada con los musulmanes) y China (vinculada a los cristianos) luchan por el control de los recursos petroleros a través de sus representantes.

Pero el caso más claro de nuestra culpa es el Congo de hoy que está surgiendo de nuevo como el “corazón de las tinieblas” africano. El artículo de portada de la revista Time el 5 de junio de 2006 se tituló “La guerra más mortal en el mundo” –una investigación detallada sobre cómo como alrededor de cuatro millones de personas murieron en el Congo resultado de la violencia política durante la última década. Ninguno de los habituales alborotos humanitarios le siguió, como si algún tipo de mecanismo de filtración hubiera bloqueado esta noticia para que no alcanzara pleno impacto–. Para decirlo cínicamente. El tiempo había elegido a la víctima equivocada en la lucha por la hegemonía en el sufrimiento –debería haberse mantenido con la lista de sospechosos de siempre–: las mujeres musulmanas y su difícil situación, la opresión en el Tíbet… ¿Por qué esta ignorancia?

En 2001, una investigación de la ONU sobre la explotación ilegal de los recursos naturales en el Congo encontró que el conflicto en el país es principalmente sobre el acceso, el control y el comercio de cinco recursos minerales clave: coltán, diamantes, cobre, cobalto y oro. Bajo la fachada de la guerra étnica, discernimos el funcionamiento del capitalismo global. El Congo ya no existe como un Estado unido; se trata de una multiplicidad de territorios gobernados por los señores de la guerra locales que controlan su pedazo de tierra con un ejército que, por regla general, incluye niños drogados. Cada uno de estos señores de la guerra tiene vínculos comerciales con una empresa extranjera o corporación que explota sobre todo la rica minería en la región. La ironía es que muchos de estos minerales se utilizan en productos de alta tecnología, como laptops y teléfonos celulares.

Así que olvídense de la conducta salvaje de la población local, simplemente quiten las empresas de alta tecnología extranjeras de la ecuación y todo el edificio de la guerra étnica alimentada por viejas pasiones se desmorona. Aquí es donde deberíamos empezar si realmente queremos ayudar a los africanos y detener el flujo de refugiados. Lo primero es recordar que la mayoría de los refugiados proceden de los “estados fallidos”, donde la autoridad pública es más o menos inoperante por lo menos en grandes extensiones (Siria, Líbano, Irak, Libia, Somalia, Congo…). Esta desintegración del poder del Estado no es un fenómeno local, sino consecuencia de la economía y la política internacional, y en algunos casos, como Libia e Irak, incluso un resultado directo de la intervención occidental. Está claro que este aumento de “estados fallidos” no es una desgracia no intencionada, sino también una de las formas en que las grandes potencias ejercen su colonialismo económico. Uno también debería notar que las semillas de los “estados fallidos” de Medio Oriente hay que buscarlas en las fronteras arbitrarias dibujadas después de la Primera Guerra Mundial por el Reino Unido y Francia, que crearon una serie de estados “artificiales”: el Estado Islámico, al juntar a los sunnitas en Siria e Irak, en última instancia, está uniendo lo que fue desgarrado por los amos coloniales.

No podemos dejar de señalar el hecho de que algunos países no demasiado ricos de Medio Oriente (Turquía, Egipto, Irán, etc.) están mucho más abiertos a los refugiados que los realmente ricos (Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos, Qatar…). Arabia Saudita y Emiratos no reciben refugiados, aunque son vecinos de la crisis, así como ricos y culturalmente mucho más cerca de los refugiados (que son en su mayoría musulmanes) que Europa. Arabia Saudita incluso devolvió algunos refugiados musulmanes de Somalia –todo lo que hizo fue contribuir con 280 millones de dólares como apoyo a la educación de los refugiados–. ¿Es esto porque Arabia Saudita es una teocracia fundamentalista que no puede tolerar ningún intruso extranjero? Sí, pero también hay que tener en cuenta que en lo económico esta misma Arabia Saudita está totalmente integrada a occidente. ¿O no son Arabia Saudita y los Emiratos, desde el punto de vista económico, puestos de avanzada del capital occidental, estados que dependen totalmente de sus ingresos petroleros? La comunidad internacional debería ejercer una fuerte presión sobre Arabia Saudita (y Kuwait y Qatar, y…) para que cumplan con su deber en la aceptación de un gran contingente de los refugiados, sobre todo porque, por la forma en que apoyó a los rebeldes antiAssad, Arabia Saudita es en gran parte responsable de la situación en Siria.
Nueva esclavitud

Otra de las características que comparten estos países ricos es el surgimiento de una nueva esclavitud. El capitalismo se legitima como el sistema económico que implica y promueve la libertad personal (condición necesaria para que funcione el mercado). Pero genera esclavitud, como parte de su propia dinámica: aunque la esclavitud fue casi extinta a fines de la Edad Media, explotó en las colonias desde la temprana modernidad hasta la guerra civil de Estados Unidos. Y uno puede arriesgar la hipótesis de que hoy, con el surgimiento del capitalismo global, una nueva era de la esclavitud está emergiendo. A pesar de que ya no existe la figura legal del esclavo, la esclavitud adquiere una multitud de nuevas formas: millones de trabajadores inmigrantes en la península de Arabia (los Emiratos, Qatar, etc.) están de facto privados de derechos y libertades civiles elementales; otros millones de trabajadores son explotados en fábricas asiáticas organizadas directamente como campos de concentración; en muchos estados del Africa Central (Congo, etc.) se hace uso masivo del trabajo forzoso para la explotación de recursos naturales. Pero no hace falta mirar tan lejos. El 1º de diciembre de 2013, al menos siete personas murieron cuando una fábrica de ropa de capitales chinos en una zona industrial en la ciudad italiana de Prato, a 10 kilómetros del centro de Florencia. Se incendió un domingo, matando a los trabajadores atrapados en un improvisado dormitorio de cartón construido en el lugar. El accidente se produjo en el distrito industrial Macrolotto de la ciudad, conocido por su gran número de fábricas de ropa. Riberto Pistonina, un sindicalista local comentó: “Nadie puede decir que está sorprendido por esto, porque todo el mundo supo durante años que, en la zona entre Florencia y Prato, cientos sino miles de personas están viviendo y trabajando en condiciones de casi esclavitud”. Sólo en Prato hay al menos 15.000 trabajadores registrados legalmente, en una población total de menos de 200.000, con más de 4000 empresas de propiedad china. Se cree que miles de inmigrantes chinos están viviendo en la ciudad de manera ilegal, trabajando hasta 16 horas por día para una red de mayoristas y talleres que producen ropa barata.

Por lo tanto no tenemos que buscar la vida miserable de los nuevos esclavos muy lejos, en los suburbios de Shanghai (o en Dubai y Qatar) e hipócritamente criticar a China –la esclavitud puede estar aquí, en nuestra casa, simplemente no la vemos (o, más bien, fingimos no verla). Este nuevo apartheid de facto, esta explosión sistemática del número de diferentes formas de esclavitud de facto, no es un accidente lamentable, sino una necesidad estructural del capitalismo global de hoy.

Esta es quizás la razón por la cual los refugiados no quieren entrar en Arabia Saudita. Pero los refugiados que entran a Europa se ofrecen para convertirse en mano de obra barata, en muchos casos a costa de los trabajadores locales que reaccionan ante esta amenaza uniéndose a los populistas antiinmigrante. Para la mayoría de los refugiados, convertirse en mano de obra barata europea sería sueño hecho realidad.

Los refugiados no son sólo escapan de sus tierras asoladas por la guerra, sino que también están poseídos por un cierto sueño. Podemos ver una y otra vez en nuestras pantallas refugiados en el sur de Italia, que dejaron en claro que no quieren quedarse allí –que en su mayoría quieren vivir en los países escandinavos–. ¿Y qué hay miles que acampan alrededor de Calais que no están satisfechos con Francia, pero están dispuestos a arriesgar sus vidas para entrar en el Reino Unido? Y ¿qué pasa con las decenas de miles de refugiados en los países Balcánicos que desean llegar a Alemania, al menos? Declaran este sueño como su derecho incondicional, y exigen a las autoridades europeas no sólo comida adecuada y atención médica, sino también el transporte hasta el lugar de su elección. Hay algo enigmáticamente utópico en esta demanda imposible: como si el deber de Europa fuera realizar su sueño, un sueño que, por cierto, está fuera del alcance de la mayoría de los europeos (¿cuántos europeos del este y del sur también preferirían vivir en Noruega?). Se puede observar aquí la paradoja de la utopía: precisamente cuando las personas se encuentran en situación de pobreza, angustia y peligro, y uno esperaría que estarían satisfechas con un mínimo de seguridad y bienestar, estalla la utopía absoluta. La dura lección para los refugiados es que “no hay Noruega”, incluso en Noruega. Tendrán que aprender a censurar sus sueños: en lugar de perseguirlos, en realidad, deberían centrarse en cambiar la realidad.

Uno debe ser muy claro aquí: la idea de que la protección de una forma específica de vida en sí misma es una categoría protofascista o racista debe ser abandonada. Si no hacemos esto, abrimos el camino para que la ola antiinmigrante que crece en toda Europa y cuya señal más reciente es el hecho de que, en Suecia, el Partido Demócrata antiinmigrante por primera vez superó a los socialdemócratas y se convirtió en el partido más fuerte en el país. La reacción liberal de izquierda estándar para esto es, por supuesto, una explosión de moralismo arrogante: el momento en que demos alguna credibilidad al motivo “protección de nuestro modo de vida”, ya comprometemos nuestra posición dado que proponemos una versión más modesta de lo que los populistas antiinmigrante abiertamente defienden. ¿No es esta la historia de las últimas décadas? Partidos centristas rechazan el racismo abierto de los populistas antiinmigrante, pero al mismo tiempo afirman “entender las preocupaciones” de la gente común y promulgar una versión más “racional” de la misma política.

Pero aunque hay un momento de la verdad en esta reacción, se debe rechazar, sin embargo, la actitud humanitaria liberal de la izquierda predominante. Las quejas que moralizan la situación –el mantra de “Europa perdió la empatía, es indiferente hacia el sufrimiento de los demás”, etc., no es más que el anverso de la brutalidad contra los inmigrantes. Comparten la presuposición –que no es en modo alguno evidente por sí misma– que una defensa de la propia forma de vida excluye el universalismo ético.

Uno por lo tanto debería evitar quedar atrapado en el juego liberal de “cuánta tolerancia podemos darnos el lujo de tener” -deberíamos tolerar si impiden que sus hijos vayan a escuelas públicas, si obligan a sus mujeres a vestirse y comportarse de una determinada manera, si planifican los matrimonios de sus hijos, si se maltratan a los gays en sus filas… En este nivel, por supuesto, nunca somos suficientemente tolerantes, o somos siempre –ya demasiado tolerantes, descuidando los derechos de la mujer, etc–. La única manera de salir de este punto muerto es ir más allá de la simple tolerancia de los demás: no limitarnos a respetar a los demás, ofrecer una lucha común, ya que nuestro problema hoy es común.

Otras formas de apartheid

Por lo tanto uno tiene que ampliar la perspectiva: los refugiados son el precio de la economía global. En nuestro mundo global, los productos circulan libremente, pero no las personas: están surgiendo nuevas formas de apartheid. El tema de las paredes porosas, de la amenaza de estar inundado por extranjeros, es estrictamente inmanente al capitalismo global, es una muestra de la falsedad en el discurso de la globalización capitalista. Es como si los refugiados quisieran extender la libre circulación global de materias primas también a las personas. Mientras que las grandes migraciones son un rasgo constante en la historia de la humanidad, su principal causa en la historia moderna son las expansiones coloniales: antes de la colonización, los países del Tercer Mundo consistían básicamente de comunidades locales autosuficientes y relativamente aisladas –fue la ocupación colonial, la que quitó los rieles a esta forma de vida tradicional y que llevó a renovadas migraciones a gran escala (también a través de la trata de esclavos).

La ola actual de las migraciones en Europa no es una excepción. En Sudáfrica, hay más de un millón de refugiados de Zimbabwe que están expuestos a los ataques de los pobres locales porque les quitan su trabajo. Y habrá más, y no sólo a causa de los conflictos armados, sino por nuevos “estados canallas”, las crisis económicas, los desastres naturales, el cambio climático, etc. Ahora se sabe que, después de la catástrofe nuclear de Fukushima, las autoridades japonesas pensaron por un momento en que la totalidad del área de Tokio –20 millones de personas– tendrían que ser evacuadas. ¿En ese caso, a dónde hubieran ido? ¿En qué condiciones? Se les debería dar un pedazo de tierra o simplemente dispersarlos por el mundo? ¿Y qué pasaría si el norte de Siberia se hiciera más habitable y apropiado para la agricultura, mientras que las grandes regiones subsaharianas se volvieran demasiado secas para que viva allí una gran población? ¿Cómo se organizará el intercambio de población?

Cuando cosas similares ocurrieron en el pasado, los cambios sociales ocurrieron de manera espontáneamente salvaje, con violencia y destrucción –tal perspectiva es catastrófica en las condiciones actuales, con armas de destrucción masiva disponibles para todas las naciones.

Por lo tanto, la principal lección que hay que aprender es que la humanidad debería estar lista para vivir de una manera más “plástica” y de forma más nómada: cambios locales o globales en el medio ambiente pueden imponer la necesidad de inauditas transformaciones sociales a gran escala. Una cosa está clara: la soberanía nacional tendrá que ser redefinida radicalmente e inventados nuevos niveles de cooperación global. ¿Y qué decir de los inmensos cambios en la economía y el consumo debido a los nuevos patrones climáticos o la escasez de fuentes de agua y de energía? ¿A través de qué procesos de decisión se decidirán y ejecutarán esos cambios? Tendrán que romperse una gran cantidad de tabúes y llevarse a cabo un conjunto de medidas complejas.

En primer lugar, Europa tendrá que reafirmar su pleno compromiso de proporcionar medios para la supervivencia digna de los refugiados. No debe haber ninguna concesión aquí: las grandes migraciones son nuestro futuro, y la única alternativa a este compromiso es una barbarie renovada (lo que algunos llaman “choque de civilizaciones”).

En segundo lugar, como consecuencia necesaria de este compromiso, Europa debe organizarse e imponer reglas y regulaciones claras. El control estatal de la corriente de los refugiados debe reforzarse mediante una red administrativa vasta que abarque la totalidad de la Unión Europea (para evitar barbaridades locales como las de las autoridades de Hungría y Eslovaquia). Los refugiados deben ser reasegurados de su seguridad, pero también debe quedar en claro que ellos tienen que aceptar el lugar para vivir adjudicado por las autoridades europeas, además de que tienen que respetar las leyes y normas sociales de los estados europeos: ninguna tolerancia a la violencia religiosa, sexista, o étnica en ningún lado, ningún derecho a imponer a los demás la propia forma de vida o religión, el respeto a la libertad de cada individuo para abandonar sus / sus costumbres comunales, etc. Si una mujer opta por cubrir su rostro, su elección debe ser respetada, pero si no opta por no cubrirlo, su libertad tiene que ser garantizada. Sí, tal conjunto de reglas secretamente privilegia la forma de vida de Europa Occidental, pero es un precio por la hospitalidad europea. Estas reglas deben ser claramente expresadas y aplicadas, por medio de medidas represivas (contra los fundamentalistas extranjeros, así como en contra de nuestros propios racistas antiinmigrantes) si es necesario.

En tercer lugar, tendrá que inventarse un nuevo tipo de intervenciones internacionales: intervenciones militares y económicas que evitarían trampas neocoloniales. ¿Qué pasa con las fuerzas de la ONU garantizando la paz en Libia, Siria o el Congo? Los casos de Irak, Siria y Libia demuestran cómo el tipo incorrecto de la intervención (en Irak y Libia), así como la no intervención (en Siria, donde, bajo la apariencia de la no intervención, los poderes externos de Rusia a Arabia Saudita están totalmente comprometidos) terminan en el mismo punto muerto.

En cuarto lugar, la tarea más difícil e importante es un cambio económico radical que debería abolir las condiciones que generan refugiados. La causa última de la llegada de los refugiados en sí misma es el capitalismo global actual y sus juegos geopolíticos, y si no lo transformamos radicalmente, los inmigrantes procedentes de Grecia y otros países europeos se unirán pronto a los refugiados africanos. Cuando yo era joven, tal intento organizado para regular commons era llamado comunismo. Tal vez, deberíamos reinventarlo. Quizás sea, a largo plazo, nuestra única solución.

¿Es todo esto una utopía? Tal vez, pero si no lo hacemos, entonces estamos perdidos.

  • Filósofo y crítico cultural. Su obra magna Menos que nada. Hegel y la sombra del materialismo dialéctico (Akal) se publicará en español en septiembre de este año. Traducción: Celita Doyhambéhère.

Los Medios Alternativos, Comunitarios y Populares en la Batalla de Ideas

PUENTE UNO

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Cuando te muestran un pobre niño muerto, que viajaba arrastrado por su familia a otro país para escaparse de la guerra, ¿eso genera conciencia?

¿Será que es más fácil y barato para los medios hacer uso y abuso de los que no tienen nada?

¿Por qué no publicaron el cadáver de la mujer que murió asesinada por su marido en un country?, ¿ahí no había que generar conciencia contra la violencia de género?

¿Cómo se muestra una foto con el fin de convencernos de que podemos cambiar el mundo?

¿Realmente, a alguien le interesa la pelea sin fin entre Luciana Salazar y Amalia Granata?

¿Se puede concebir a la comunicación como un derecho y no como una mercancía?

Cuando te repiten hasta el hartazgo el asesinato del día…y cuanto más macabro sea… ¡mejor! ¿No es eso terrorismo mediático? ¿Será para que te paralices… para que seas sólo un espectador… para que no participes… para que seas nada más que un simple consumidor?

¿Por qué te pasan por todos los medios la misma información del día? ¿No hay otra?

¿Quienes deciden qué se publica y qué no? ¿Quiénes son los dueños de los medios?

¿Por qué te dicen que hacen periodismo independiente si el periodismo independiente no existe?

¿Por qué frente a la indiscriminada represión policial en Tucumán, La Nación habló de (“¡fraude!”) y Página 12 respondió (“¡victoria!”), pero para ninguno la represión fue una noticia, sino sólo un detalle…un condimento?

¿Los medios de comunicación dominantes son armas de información masiva… o de DES-información masiva?

¿Por qué cada vez que cortan una calle por algún reclamo, le dan micrófono al automovilista que se queja, pero sólo en raras ocasiones al que está en conflicto?

¿Por qué en plena campaña electoral no se interpela a los candidatos sobre la soberanía energética o alimentaria… o sobre los impactos del actual modelo productivo en el cambio climático… o por qué no se investiga la deuda pública?

¿Cómo generamos desde los medios alternativos, comunitarios y populares una visión del mundo opuesta a la de las clases dominantes que cuestione este modo de vida?

¿Cómo gestamos un espacio de producción cultural propio de los sectores populares?

Hoy, en Puente Uno, vamos a reflexionar sobre cómo tratar estos temas, desde los medios alternativos, comunitarios y populares.

A propósito de las reestructuraciones de la deuda soberana

Julio Gambina

Por un lado, los promotores de la iniciativa, expresan la satisfacción por 136 votos favorables, 42 abstenciones y 6 negativos. Claro que esos votos por la negativa son nada menos que de EEUU, Gran Bretaña, Alemania, Japón, Canadá e Israel.

EEUU tiene por sí mismo el poder de veto en los Organismos Financieros Internacionales. Es además, el país donde los tenedores especulativos de bonos de la Argentina, los fondos buitres, lograron amparo judicial y sentencia en firme contra la Argentina por 1.600 millones de dólares. A eso habrá que adicionar los cargos que se impongan por el desacato en cumplir con la exigencia legal estadounidense. Es el costo de mantener la prórroga de jurisdicción, una manera de ceder soberanía. Es Argentina la que reconoce la posibilidad de litigar contra el país en sede externa, en este caso, Nueva York.

Por otro lado, la resolución es no vinculante y tendrá vigencia a futuro, por lo que no alcanza en las cuestiones concretas que hoy preocupan a la Argentina en el conflicto con los fondos buitres y la justicia de EEUU. La resolución habilita a pensar y discutir la viabilidad operativa de las disposiciones y más aún, el interrogante es sobre los alcances de lo aprobado por la ONU y los beneficiarios de la misma.

Si bien el texto está inspirado en los derechos soberanos de los países deudores, la resolución confirma esencialmente los derechos de los acreedores. Esos derechos nunca son puestos en cuestión, dejando de lado una reivindicación socialmente extendida que se asienta en las auditorias o investigaciones de la deuda para definir legitimidades o no, incluso el carácter odioso de las deudas, para luego definir posibilidades de pago si correspondiera.

El sistema de la deuda demanda reestructuración

La deuda pública es un problema constitutivo del orden capitalista y se asocia desde el origen a los sistemas tributarios. Es que los endeudamientos generan la necesidad de recursos públicos para atender las cancelaciones de la deuda. Es un círculo sin fin, retroalimentado regularmente. Cuando no se consiguen los recursos suficientes para atender las cancelaciones de deuda, el destino obligado es el recurrente endeudamiento y el desenlace en la cesación de pagos para reiniciar el proceso de reestructuración y endeudamiento. El aumento de la deuda y la recaudación para cancelar deuda limita la satisfacción de extendidas necesidades sociales y ni hablar de fondos para una perspectiva autónoma.

Por ello es que existen sucesivas crisis de la deuda a escala mundial y en la década del 80 del siglo pasado, liderado por Fidel Castro se proponía la creación de un Club de Deudores para oponerse a los acreedores y a su gerente, el FMI. Con ello se afectaba al sistema financiero mundial, pues la deuda estaba en manos de bancos transnacionales.

La idea no era la reestructuración de la deuda soberana y la igualdad de derechos entre deudores y acreedores, sino la denuncia del mecanismo colonial e imperialista del sistema de la deuda. La esencia era contra el endeudamiento y los acreedores, por la independencia y la liberación. El contexto de la propuesta de Fidel era la crisis de la deuda y el impago mexicano de 1982, junto a la recreada situación política regional con vigencia mayoritaria de gobiernos constitucionales que sucedían a gobiernos dictatoriales,

La propuesta cubana no prosperó y de hecho ocurrieron diversas reestructuraciones favorables al sistema financiero y al orden capitalista, para recrear el sistema de la deuda hasta nuevos episodios de impagos, entre ellos el de la Argentina del 2001.

De ahí el Plan Baker y el Brady, ambos Secretarios del Tesoro de EEUU. En ese marco, la iniciativa se jugó desde el FMI, que sugería mecanismos globales de reestructuración de la deuda, induciendo, claro está, el ajuste fiscal. En la lógica del Fondo, más que Club de Deudores hacía falta hacer sustentable el mecanismo del financiamiento y para ello había que sentar en la mesa de negociación a acreedores y deudores.

Quien sustentó estas posiciones demandando la necesidad de generar mecanismos de reestructuración de deudas soberanas en el 2001 fue la segunda del FMI y representante de EEUU en el organismo, la economista neoliberal a ultranza Anne Krueger.

Un año después, la economista estadunidense decía: “En la actualidad, el acreedor que se mantiene firme puede frustrar un acuerdo aceptable para la mayoría y, muy posiblemente, obtener para sí mejores condiciones, lo que constituye, además, un desincentivo para que otros acreedores se organicen. En resumen, no existen incentivos para resolver el problema de la acción colectiva.” [1]

La propuesta sustentaba la organización de un mecanismo global de sustentabilidad del sistema de la deuda, negociado entre acreedores y deudores para la continuidad del mecanismo favorable a la circulación internacional de capitales. La lógica cambiaba de la demanda por unir a deudores hacia un proceso de negociación bajo la hegemonía del capital financiero, los que demandaban agilizar el proceso de circulación mundial del capital, vía inversiones o préstamos.

Paradojas y necesidad de recrear la resistencia y lucha contra la deuda

El tema ahora aparece resuelto desde la iniciativa Argentina, con el eje en la reestructuración de las deudas soberanas, alejando toda discusión global relativa a investigaciones y suspensión de los pagos, algo que sugería la iniciativa del Club de deudores.

La expectativa seguirá estando en la dimensión nacional, sea el informe que se espera para noviembre de la Comisión bicameral de investigación de la deuda argentina entre 1976 y el presente, u otros procesos en curso, como la Comisión de la Verdad organizada por el parlamento griego y claro, las diversas iniciativas populares que colocan el acento en la denuncia del carácter ilegitimo y odioso de las deudas, y por ende continuar luchando por las auditorías y mientras, las suspensiones de los pagos, que son cuantiosos y comprometen recursos fiscales para demandas sociales.

Nota:

[1] El mecanismo de reestructuración de la deuda soberana: Un año después. Por Anne O. Krueger. Primera Subdirectora Gerente Fondo Monetario Internacional. Disertación pronunciada en la Conferencia del Banco de México, “Estabilidad macroeconómica, mercados financieros y desarrollo económico”. Ciudad de México, 12 de noviembre de 2002. En: https://www.imf.org/external/np/speeches/2002/111202s.htm

Argentina: empresas para la “reindustrialización”

Fabiana Arencibia

JUEVES 03 DE SEPTIEMBRE DE 2015
Red Eco Alternativo.

Es miércoles, durante el acto realizado en el predio de Tecnópolis por el Día de la Industria, la presidenta instó a “seguir” en el camino de la reindustrialización.“Sin industria no hay Nación, no hay país ni hay futuro”, dijo en uno de los pasajes de su discurso. “Lo más importante de estos 12 años es el crecimiento industrial en Argentina, que fue posible por un cambio cultural”, agregó.

Nos parece interesante poder reflexionar acerca de cuáles son los actores que desarrollan sus actividades empresarias, pensándolos en el escenario del modelo de reindustrialización a la que la presidenta se refirió. Creemos que eso es importante a la hora de pensar en quiénes se depositan las expectativas por el llamado que hizo la primera mandataria para avanzar en la sustitución de importaciones, elevar las inversiones que apuntalen el crecimiento industrial y sustituir las exportaciones con el mercado interno.

Para ello tomamos algunos datos del último informe que, a fines de diciembre, publicó el INDEC de la última Encuesta Nacional de Grandes Empresas (ENGE) con información comparativa de los años 2011, 2012 y 2013.
Esta información se refiere a las 500 empresas que son la “cúpula empresaria del país”, tal como expresa el informe. Los datos no incluyen la actividad financiera y agropecuaria.

La encuesta brinda información sobre el origen del capital, el valor de la producción, la utilidad obtenida, los puestos de trabajo contratados y el perfil productivo de estas empresas.
De las 500, la Industria Manufacturera concentra 285 empresas. Dentro de ella, los alimentos y bebidas representan un 19%. El resto se relaciona con las actividades de producción de combustibles, químicos, plásticos, maquinarias, equipos y vehículos y otras industrias.

Completan el conglomerado 112 empresas dedicadas a la construcción, el comercio, el transporte y otros servicios, 41 del sector de Minas y Canteras, 36 de Electricidad, Gas y Agua, Gestión de Residuos, Saneamiento Público, y 28 de Servicios de Información y Comunicaciones.

El informe da cuenta del nivel de extranjerización ya que de las 500 grandes empresas, 315 son de capital extranjero (con más de un 10% de capital extranjero) y 185 de capital nacional (con hasta un 10% de capital extranjero). Estas cifras han variado poco si tomamos el último informe trianual publicado (2007 a 2009). En 2009, las empresas de capital nacional sumaban 176, y 324 eran de capital extranjero (un alta y baja del 5% respectivamente).

De la producción total que realizan las 500 empresas, el 77% provienen de las de capital extranjero y el resto de las de capital nacional. Las extranjeras ganan casi 8 de cada 10 pesos de las utilidades que generan las 500.

También se visualiza el alto nivel de concentración ya que dentro de ese conglomerado de 500, las 4 empresas más grandes (en cuanto a su volumen de producción) concentran el 14% del valor agregado, generan un 16% de las utilidades y apenas emplean un 8,9% de trabajadores asalariados. Por otra parte, las 100 empresas más grandes concentran casi un 68% del valor agregado y se llevan el 80% de las utilidades.

Respecto a las utilidades, 421 empresas de las 500 obtuvieron 168.947 millones de pesos de ganancias en el año 2013. Si supusiéramos que las utilidades fueron iguales para todas ellas, nos daría que cada uno ganó 401 millones de pesos durante el 2013, o sea 1 millón 100 mil pesos por día, 46.000 pesos por hora.

Estas utilidades se incrementaron entre el 2011 y el 2013 en 45.244 millones de pesos y los nuevos puestos de trabajo creados en esos dos años, según el informe, fueron 43.485. O sea que por cada millón que ganaban, incorporaban un trabajador.

En un reciente artículo publicado por el periódico Acción, la economista Cecilia Garriga daba cuenta sobre la problemática de la fuga de capitales y su relación con las multinacionales. Allí citaba la manipulación de precios que estas empresas realizan cuando operan con sociedades de su mismo grupo en el exterior, sobrevaluando las importaciones para girar mas divisas (los llamados precios de transferencias). Allí, Garriga decía: “Este comportamiento no solo reviste enorme gravedad por la sangría de divisas sino que además impacta negativamente en los procesos de sustitución de importaciones”.

En abril de 2013, el entonces vice ministro de Economía Axel Kicillof dijo en un discurso ante el Senado que los activos en el exterior de residentes locales eran de 200.000 millones de dólares y arriesgó a que podían incluso alcanzar al doble de esa cifra. Según el INDEC, a fines de 2014 los activos externos de residentes locales llegaron a 230.000 millones de dólares. Estos activos crecen con la fuga de capitales.

Y la fuga de capitales está ligada íntimamente a las características de la estructura económica y se favorece con la concentración y transnacionalización.

Pensar en un modelo industrial no solo requiere definir cuáles son las actividades en que se debería sustentar para romper con el perfil de la agroindustria, la minería, los automóviles y las construcciones suntuarias. También requiere ver quiénes son hoy y quiénes serán a futuro los actores que lo lleven a cabo y cuál será el papel del Estado y de los trabajadores para definir hasta dónde el “capital” manda.

Libro: El Capitalismo en un Callejón sin Salida

Fred Goldstein

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La versión en lengua castellana del último libro de Fred Goldstein. Nos parece una obra necesaria.

Este libro nace en un contexto que ofrece curiosos paralelismos con la situación que vivimos en el Estado español. Lo que aquí es el 15 M, allí es Occupy Wall Street. El autor señala que este movimiento tiene la virtud de señalar a la élite capitalista como la culpable de la situación actual. Sin embargo, no basta con eso.

La enorme virtud de este libro es que no da la espalda a este tipo de movimientos, ni tampoco se pliega a sus incompletos discursos. Sino que les ofrece justo aquello que más necesita todo levantamiento espontáneo: el instrumento privilegiado del análisis marxista de la sociedad de clases.

Goldstein expone detalladamente algo que Red Roja viene repitiendo desde hace tiempo en el Estado español: las medidas de estímulo keynesiano no pueden solucionar esta crisis, porque ahora el capitalismo está plenamente globalizado.

La obra traza esclarecedores paralelismos entre la crisis actual y las de 1873 y 1929. Pero establece también graves diferencias. Si entonces los capitales podían recurrir a distintas estrategias para superar –o más bien, retrasar- la crisis (la guerra, la expansión imperialista, la intervención estatal sobre las finanzas, la reestructuración tecnológica, la destrucción de los sindicatos y la reducción de los salarios), ahora el sistema ha llegado a un punto sin retorno, donde ni siquiera todo eso junto logra invertir la tendencia.

Basándose en El Capital de Marx, este autor nos recuerda que esta crisis es una crisis de sobreproducción, inherente al sistema e inevitable bajo el capitalismo. La competencia obliga a los capitalistas a incrementar la productividad; para ello, se valen del desarrollo tecnológico, lo que incrementa el paro de masas y deprime el consumo. En mitad de la anarquía capitalista, cada empresario busca su propio beneficio y la productividad estrangula los beneficios. Así, prefieren dedicar sus capitales a la especulación, los préstamos, la recompra de acciones y otras actividades al margen de la economía productiva.

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Cierres y suspensiones en la industria automotriz

Julio Gambina

Al mismo tiempo, empezaron a llegar los telegramas de preaviso a los trabajadores de Paraná Metal, también asociado a la crisis automotriz. El comunicado oficial de la empresa señala que “teniendo en cuenta los cambios en el sector automotriz a nivel mundial, y en particular del Mercosur, la empresa toma el desafío de redefinir su plan estratégico al nuevo contexto. Paraná Metal trabaja en el sector de autopartes desde hace muchos años y buscará adaptarse a los cambios que el mundo y el mercado le van proponiendo. Se tomará el lapso de 60 días para evaluar el futuro de la compañía. Durante este plazo, se preavisará a los empleados de la posible finalización del vínculo laboral entre las partes”.

Los preocupados directos con la situación son 205 trabajadores y sus familias, especialmente los operarios, unos 150. La posibilidad del cierre está sugerida por la comunicación de la patronal para fines de octubre.

Son informaciones, ambas, en el mismo momento que las estadísticas oficiales sugieren datos de recuperación de la actividad industrial, que evidentemente no alcanza para estos casos. Hace casi dos años que se procesa una baja de la producción industrial, especialmente en el sector automotriz. La incidencia en la economía fue morigerada por la expansión del sector agrícola y en los servicios. El impacto directo se asocia en el deterioro del empleo y los salarios. Las estadísticas oficiales no reflejan cabalmente el fenómeno y la cruda realidad de estos casos hacen visible el ajuste de la economía y sus perjudicados directos.

Lo real es que la combinación de la situación de crisis mundial se asocia a la lógica empresarial, concentrada en la ganancia presente y escasa vocación inversora, asunto que denuncian los trabajadores para el caso de Paraná Metal. Tampoco se consideran para este caso procesos de reestructuración de una planta con tecnología obsoleta y un contexto recesivo en el ámbito local, regional y mundial. Eso requeriría voluntad empresaria e inversiones en tecnología y preparación de la fuerza de trabajo, tanto como búsqueda de nuevos mercados y disputa asociada a sus propios trabajadores por reorientar el modelo productivo hacia una industrialización no dependiente.

Es mucho pedir para una burguesía con el solo objetivo de ganar y acumular. En ambos casos y como siempre, los perjudicados son los trabajadores. Las empresas tuvieron su fuerte expansión en el ciclo de bonanza económica entre 2002 y 2007, incluso en 2010 y 2011 y no promedian años en alza con otros en baja. La preocupación es por el rédito actual y la resolución siempre pasa por el eslabón más débil.

La crisis la pagan los trabajadores

Por eso, resulta interesante en este marco leer a David Harvey, que en su libro “El enigma del capital y las crisis del capitalismo” publicado en 2010 y en alusión a la situación de crisis mundial vigente remite a que “Fábricas, altos hornos, panaderías y cervecerías, en otro tiempo rentables y llenos de vida, se ven obligados a cerrar.

El capital fijo incorporado a ellas se ve así devaluado, y las crisis locales enturbian la vida de los habitantes de esos lugares caídos en desgracia. Durante la década de los ochenta las acerías de Sheffield perdieron alrededor de 60.000 puestos de trabajo en solo cuatro años. La enorme acería de Bethlehem en Pensilvania ahora no es más que una concha vacía y silenciosa en la ciudad que en otro tiempo dominaba, aparte del edificio que se ha convertido en un estridente casino de juego.”

Esa mención al casino de juego puede asociarse a la situación de la empresa situada en Villa Constitución y cuyo propietario está fuertemente vinculado al rubro del juego. Pero más allá de ello, la cita es importante, porque el geógrafo británico nos pone en situación de los antecedentes de la crisis capitalista contemporánea, visible desde el 2007 con epicentro en EEUU y que se generalizó a escala global. Son escritos del 2010, en pleno despliegue de la lucha de los trabajadores de Paraná Metal en crisis, ante el cambio de proveedor de la Ford Brasil.

En ese tiempo, entre 2008 y 2010, más de 900 trabajadores de la autopartista impulsaron un plan de lucha en demanda de la continuidad de la empresa y lograron la solidaridad de la comunidad. Por esos tiempos, el imaginario gubernamental ejercía un discurso que colocaba al país afuera del escenario de la crisis mundial, algo similar a la percepción del gobierno brasileño y otros en la región. Eran los tiempos en que Sudamérica crecía por encima de la media mundial, bastante distante del 0,4% previsto por CEPAL para este 2015 y con Brasil en un retroceso previsto del -1,5%.

Todo apuntaba a localizar la crisis en ciertos países o regiones, sin comprender que el propio crecimiento de la región era parte de la búsqueda de rentabilidad del gran capital y por ende, el fenómeno del crecimiento regional integraba a su modo la crisis mundial. Las automotrices acumularon grandes sumas de dinero y ante la menor dificultad, cargan contra los trabajadores.

Vale recordar que en el plan de lucha de hace un lustro, entre los trabajadores y la dirigencia de la UOM Villa Constitución se analizó la posibilidad, derivada de conversaciones con funcionarios y técnicos del INTI, de una reingeniería de la empresa ante la obsolescencia tecnológica y la pérdida del comprador monopólico. La condición de posibilidad era desde la autogestión, algo que vuelve a rondar en los debates asamblearios de estas horas.

La opción en aquellos años de crisis fue por la expectativa que generaba en los trabajadores la perspectiva de nuevos titulares de la empresa. Leandro del Greco, delegado de los trabajadores y de la CTA Autónoma relata que “luego de la lucha de 34 días continuos de corte de autopista sobreviene la extorsión de Cristóbal López para despedir a 500 trabajadores y bajar en promedio el 50% del sueldo sino no reabría la Planta. 18 meses después de haberla cerrado abrió cuando logró esas dos condiciones.”

Agrega del Greco que “no falta producción, todo viene de Brasil, entre el 75 y el 80% del “auto nacional” del relato viene de Brasil. El sector fundición de autopartes está en crisis, Paraná Metal es el más visible porque nosotros lo hicimos visible con la lucha”.

Si se recorre la realidad de otras metalúrgicas se encuentra una situación similar. La información señala un déficit comercial de más de 3.000 millones de dólares para las autopartistas, que se triplica para el conjunto del sector automotriz, con un déficit de 9.000 millones de dólares. La aspiración sería que la lucha visible sea asumida por el conjunto de los trabajadores, no solo del sector automotor, sino por el movimiento de trabajadores, algo que desafía al sindicalismo clasista, anticapitalista y antiimperialista.

La fuerte reducción de personal se asocia a despidos y chantaje de la patronal. Por eso ahora el conflicto se concentra en los 205 trabajadores actuales. El cambio de titular de la firma no se propuso la reingeniería. La apuesta fue al desgaste con futuro de cierre y sus consecuencias en cesantías. El empresario amigo del gobierno, Cristóbal López, conocido por sus acciones en el juego es responsable directo junto a una política económica de afirmación del ensamble y la dependencia en el sector industrial. Por eso no sorprenden los telegramas que empiezan a llegar y se frustran las expectativas esperanzadas de una salida laboral tradicional.

Crisis y propuestas más allá del capitalismo

No es nueva nuestra consideración sobre la crisis capitalista, que en estas horas se exacerba y especialmente cuando al comienzo de la semana se habló de lunes negro ante la caída de las bolsas en China y su generalización en el ámbito mundial.

La preocupación viene por los ajustes que tienden a generalizarse en países que hasta hace muy poco parecían afuera de la crisis mundial, caso de China y Brasil, principales socios comerciales de la Argentina.

Reiteremos que se trata de una crisis mundial, y la Argentina es parte del mundo, sin perjuicio de sus especificidades y problemas propios.

El debate actual entre los trabajadores de Paraná Metal apunta a pensar en soluciones más allá de la lógica de la empresa, situación a la que se enfrentaron los trabajadores en la crisis del 2001 y 2002 y que dieron lugar al proceso de ocupación y recuperación de empresas.

Quizá, el gran aporte teórico y práctico del fenómeno de ocupación y recuperación de empresas consistió en hacer evidente el carácter innecesario del organizador capitalista, el empresario. Además, la cuestión en sí misma, supone propuestas que intentan ir más allá de la lógica de la ganancia que sustenta el orden del capital.

Buenos Aires, 28 de agosto de 2015