La inflación describe quien tiene poder

Julio Gambina

Algo similar ocurre con las jubiladas o los jubilados, tanto como las o los perceptores de planes sociales, o aquellos empresarios cuyo destino se liga al consumo de éstos.

Los que sí tienen poder para aumentar son las petroleras, los especuladores, los grandes exportadores, las privatizadas de servicios públicos.

Es así desde que las petroleras dolarizaron sus precios y acordaron con el Gobierno la actualización recurrente de sus precios. Contra una inflación de 32,4% acumulada desde enero a septiembre, los combustibles subieron cerca del doble.

No hay duda que es una de las partes que se reconocen entre los ganadores de la política económica del Gobierno Macri. Resulta la misma consideración para las privatizadas de servicios públicos, con actualizaciones tarifarias en el último año por encima del 50%, contra una inflación anual del 40,5%.

Los especuladores cuentan en su haber un cambio en la cotización del dólar del orden del 130% en lo que va del año; una tasa de referencia del BCRA por encima de la inflación acumulada (40,50%) e incluso de la esperada (48/50%). El BCRA estableció una tasa no menor a 60% hasta diciembre próximo y paga por las colocaciones bancarias vía LELIQ, Letras de Liquidez que solo pueden adquirir los bancos, casi el 74%.

El incremento en la cotización de las divisas, 1 dólar a 37,50 pesos, mejora la rentabilidad de los grandes exportadores del campo, la minería, la industria o los servicios.

También vale registrar el beneficio para los acreedores de la deuda pública, beneficiados con elevadas tasas de interés y riguroso cumplimiento de pagos, ya que el ajuste fiscal no incluye al gasto financiero.

El déficit cero remite al gasto fiscal primario, o sea, antes de pagar intereses. Estos están a la cabeza del compromiso de pago, por lo que el resto de los gastos se someten al ajuste, que ahora ya no es gradual, sino de shock y se manifiesta en la ley de Presupuesto.

La inflación es una cuestión de poder

Están los que pueden imponer precios y los que no, lo que supone una disputa por el Ingreso.

El Ingreso es un espejo del Producto por lo que:

a/ Ingreso=Producto, parte esencial de las cuentas macroeconómicas; donde,

b/ Ingreso=Consumo más Ahorro más/menos Saldo Comercial; y

c/ Producto=Consumo más Inversión más/menos Saldo Comercial)

Si consideramos el contexto de recesión, caída del Producto, inducida por la política monetaria del BCRA y del Gobierno Macri, ocurre una merma en simultáneo de los recursos (Ingreso) a distribuir en el conjunto de la población.

La caída prevista por el Gobierno es de -2,4% del Producto para el 2018 y del -0,5 para el 2019.

Para el FMI es -2,6% para 2018 y -1,6% para 2019. La CEPAL señala en una evaluación más pesimista que será del -2,8% y del -1,8% para el presente y siguiente año.

Sea una u otra cifra, ninguna augura una mejora de los Ingresos y con ello la aceleración de la disputa por el mismo y el conflicto social desplegado.

Ocurren dos fenómenos en simultáneo. Uno se procesa entre los sectores empresarios, incluso entre aquellos que son parte la cúpula empresarial, y en otro plano, entre aquellos y el conjunto de la sociedad de ingresos fijos y reducidos.

Los primeros disputan entre sí, vía cambios en los precios relativos (unos aumentan más que otros), y en conjunto subordinan a la mayoría social al poder de la concentración y centralización de la economía.

En el 2001 se manifestaba entre quienes pretendían avanzar hacia la dolarización, caso de las privatizadas de servicios públicos, o quienes pugnaban por la devaluación para hacer competitiva la producción local.

Hoy pretenden recomponer precios aceleradamente, caso de las privatizadas es evidente, tanto como de los exportadores.

Se trata de la disputa recurrente por la hegemonía del orden económico en la Argentina, como disputa de largo aliento que no termina de consolidarse.

Al poder oligárquico asociado al capital externo se le disputó la hegemonía en la cúpula en tiempos de industrialización sustitutiva desde las primeras décadas del Siglo XX.

Con la crisis de los 70 y la solución aperturista derivada de las políticas hegemónicas en tiempos de dictadura genocida y luego en los 90, se habilitó la revancha neo-conservadora par restaurar posiciones perdidas en el poder.

Se trata de un fenómeno local en el marco de la evolución del sistema mundial en tiempos de globalización, los 80/90 del Siglo pasado, por lo que se destaca el papel del capital externo, que actuó en todos los ámbitos de la actividad económica, primaria, secundaria, terciaria, para subordinar el orden socioeconómico a la lógica de la transnacionalización.

La deuda externa y especialmente pública, creciente desde los tiempos de la dictadura, constituyó un mecanismo privilegiado para asegurar la profundización de la dependencia al capital foráneo.

Nuevo orden y disputa hegemónica

El tema en cuestión es gravísimo, ya que el “macrismo” es un nuevo intento político por resolver la cuestión del poder a favor de las fracciones de la burguesía transnacional que actúa en el país.

Para triunfar necesitan disciplinar la capacidad de lucha, resistencia y organización de los sectores populares, con larga tradición y fortaleza en el logro de derechos sociales, sindicales y laborales, colectivos e individuales.

La capacidad de disciplinar a las trabajadoras y a los trabajadores se puede lograr con la eliminación de derechos y por eso resulta estratégica en la lógica del poder la reforma regresiva de la legislación laboral y previsional, generando en simultáneo la posibilidad de recomponer la tasa de ganancia.

Es por eso que se proponen derrotar estratégicamente a los trabajadores, a las trabajadoras y sus organizaciones para desde allí estabilizar el poder en la cúpula.

Asistimos a un nuevo tiempo histórico, donde se procesan reestructuraciones de las relaciones sociales capitalistas, especialmente entre el Capital y el Trabajo, contra los derechos laborales.

Es una tarea que también potencia y profundiza una reforma reaccionaria del Estado para sostener la demanda de mayor ganancias del capital concentrado y promoviendo la especificidad subordinada de la Argentina al sistema mundial, atrayendo inversiones y facilitando la movilidad y libertad de circulación del capital.

Se presenta el problema como una cuestión económica, aunque también es política, tal como se evidencia en la realidad del avance de las derechas en variados territorios, casos actuales del Brasil y la enorme votación del fascista Bolsonaro, o el impredecible Trump.

Pretendemos señalar que no es cuestión de errores en la formulación de las políticas económicas, sino que el trasfondo es una reestructuración integral de la economía, de la política y de la cultura, con impacto regresivo para la mayoría empobrecida.

Todo ello impone un pormenorizado análisis del presente para intervenir críticamente a favor de los más desprotegidos, quienes solo podrán superar la situación si logran constituirse como sujeto colectivo e instalar nuevas culturas e ideas que expresen formas de organización económica a contramano de la lógica de la ganancia y el capital.

Buenos Aires, 21 de octubre de 2018

PROCESOS DE ORGANIZACIÓN, LUCHAS REIVINDICATORIAS Y OTRAS NOTICIAS DE PUEBLOS INDIGENAS EN EL MUNDO – SIGLO XX

Mercedes González

INTRODUCCION

Como descendiente del Pueblo Guaraní siento la responsabilidad de abordar este tema como un aporte más a los esfuerzos ya realizados por muchos grupos de trabajo, de hermanas y hermanos indígenas y sus diferentes organizaciones.

En el año 2010, cuando trabajábamos con Eulogio Frites en la compilación para su libro “El Derecho de los Pueblos Indígenas” publicado en 2011, le propuse que el próximo material que debíamos realizar era un historial de las luchas y organizaciones. Lamentablemente no pudimos realizarlo antes de su fallecimiento, por ello este fue un compromiso que me lleva ahora a cumplirlo de alguna manera.

El presente se encuentra todavía incompleto porque la búsqueda de datos es ardua… ya porque están o estuvieron en la memoria de hermanos y hermanas indígenas – muchos de los cuales ya no están físicamente – o dispersos en múltiples documentos, o como menciones pasajeras, cuando no en ciertas referencias de algunas bibliografías.

El objetivo es lograr una compilación lo más fiel posible, y así contar con un historial acerca de los procesos políticos-reivindicativos recorridos, en la lucha por nuestra autodeterminación y reconocimiento del pasado y del presente.

Por otra parte, el trabajo trata de respetar la secuencia de hechos en forma cronológica, con la información tanto internacional como del país, sin hacer una división clasificatoria por considerar que tanto lo producido aquí y allá siempre se han influenciado mutuamente, por ejemplo: todas las resoluciones de la ONU, la OEA y la legislación vigente en la Argentina son disposiciones que se lograron como producto de la larga y persistente lucha, de las iniciativas y de las diversas actividades realizadas por nuestros Pueblos Indígenas. Nada de ello ha sido obsequio de las instituciones, por ese motivo traté de reflejar todas las circunstancias posibles que estuvieron a mi alcance.

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“Recuperar el nombre de revolución social”

Daniel Campione

Con la anuencia de su autor, la compartimos en el sitio web del IEF animados de la misma búsqueda que tan bien sintetiza Contrahegemonía en la presentación del
dossier “donde luchadores sociales e intelectuales críticos comparten su mirada, el análisis y su pronóstico para el ciclo de luchas necesario para una transformación profunda de la sociedad”. A continuación una serie de 5 preguntas a Daniel Campione y sus respuestas.

  • Profesor de Historia CABA. Ademys Lista Violeta, Consejo Directivo. Dirigente de la Federación Nacional Docente.

Leer la entrevista completa

Al borde del abismo: Bolsonaro y el retorno del fascismo

Martín Mosquera

Como dijo la socióloga francesa Maud Chirio, especialista en historia brasileña, “asistimos en directo a la fascistización de Brasil”. Al borde del abismo, es necesario discutir sobre el peligro que enfrentamos para prepararnos para los combates que vienen.

LEER

Libro: Educación, Movimiento Popular y Emancipación

Varios

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Asimismo la Jornada dio lugar a la presentación pública del Centro de Pensamiento Crítico Pedro Paz con sede en la Facultad de Ciencias Económicas, Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de San Luis, producto de un trabajo colectivo de más de tres años que finalmente dio lugar a la creación del Centro, dando respuesta el mismo a una vacancia en el seno de la Facultad.

La Jornada fue realizada el día 24 de mayo de 2017 con la participación de una decena de instituciones y organizaciones, que presentaron 25 ponencias, con la presencia activa de más 150 estudiantes, docentes, referentes de organizaciones sociales e interesados.

Desde el Área de Formación del Centro se consideró de vital importancia participar en este proyecto para contar con el libro que hoy ponemos en circulación, con la finalidad de presentar los aspectos centrales de la Jornada, reflejando las opiniones de intelectuales, docentes, dirigentes sociales, gremiales, estudiantes y miembros de la comunidad. La iniciativa busca contribuir a la divulgación de los debates actuales, dado el importante avance en la mercantilización de la educación y el conocimiento. En los subsistemas de educación en el territorio nacional existen realidades diferentes, pero hay una común preocupación tanto por el financiamiento educativo, como por la respuesta violenta del gobierno ante la protesta social, en particular la educativa. Ambas situaciones están directamente vinculadas con el modelo económico vigente. Limitar el conocimiento y evitar la movilización popular, es una de las consecuencias más visibles.

Ayer fue necesario coartar la libertad e imponer la fuerza de la violencia para establecer las ideas hegemónicas que hoy prevalecen en los ámbitos de poder acompañadas por parte de la sociedad, siendo uno de los rostros de este pensamiento y práctica el neoliberalismo. Hoy pareciera que en parte ha dado sus frutos. Existe un importante sentido común que acompaña estas ideas y prácticas.

Buscan consolidar su dominación a través de los espacios democráticos, pero sin dejar de lado los “palos”, que parece que se vienen largos. Desde el Centro Pedro Paz entendemos que se está viviendo y consolidando en la Argentina una educación pública para la dominación del capital. Nuestros esfuerzos y actividades están en
dirección de pensar y discutir otro modo de organización social, diferente al actual sistema imperante. Nos proponemos pensar, reflexionar y buscar prácticas que nos conduzcan por caminos que vayan generando espacios para una educación para la emancipación, que nos acerque a la solidaridad e igualdad.

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El triunfo de Bolsonaro, el aluvión de las extremas derechas y las posibles respuestas “desde abajo”.

Daniel Campione

El “huracán” en Brasil

El triunfo de Jair Bolsonaro en primera vuelta con más del 46% de los votos es un mazazo que remite al voto masivo a un candidato de extrema derecha, que hizo campaña con manifestaciones hasta ahora consideradas inconfesables, mostrándose “auténtico” al decir lo que otros piensan pero callan. Ya se ha hablado mucho sobre xenofobia, racismo, misoginia, homofobia, reivindicación de la dictadura militar, de la tortura y el asesinato de opositores. Se destaca menos otro rasgo de su candidatura, cual es la asociación creciente con lo más rancio del gran capital, a través del nombramiento de un futuro ministro de Economía, Paulo Guedes, que quiere profundizar al máximo las reformas neoliberales emprendidas ya en épocas del PT y continuadas con entusiasmo por el ilegítimo gobierno de Michel Temer. La Bolsa de Sao Paulo festejó con una fuerte alza el triunfo de quien no era su candidato al comienzo de este proceso electoral, pero llegó a serlo al captar el grueso de los votos de la derecha y constituirse en la única opción capacitada para derrotar a la candidatura del PT.

A la hora de explicarse los por qué de ese triunfo hay que fijar la vista en cómo llega Brasil a esas elecciones. Atraviesa una crisis económica con profunda recesión y desempleo creciente, el conjunto de la dirigencia política se halla desprestigiada por la corrupción profunda de sucesivos gobiernos, con los del PT en un lugar destacado, y el deterioro de todo el sistema de partidos, al que muchos brasileños desean barrer de una vez y para siempre. “Mensalao”, “Lava Jato” y demás causas penales convertidas en espectáculo han llegado a convertirse en sinónimo de “la política”, toda ella venal y detestable. Son numerosos los que echan las principales culpas en el PT, que gobernó más de una década hasta 2016, y al que ven como factor desencadenante de un “caos” en el que se debate toda la sociedad brasileña. Al cuadro de la crisis se une el crecimiento de la violencia callejera y las diversas manifestaciones de criminalidad, con una consiguiente demanda de “seguridad” que ve a ciertos derechos y garantías como un obstáculo a remover.

En lo institucional, las elecciones presidenciales son el punto de llegada de un conjunto de mayúsculas irregularidades, sobre el fondo de un golpe de estado no tradicional y la posterior exclusión del candidato más popular, que siempre lideró con amplitud las encuestas. Esa proscripción se completó con la negación de la palabra pública para Lula, que no pudo dirigirse por los medios a la sociedad brasileña. El que la primacía electoral haya podido pasar del ex presidente al líder reaccionario, habla de la labilidad de la construcción política del PT, que entendió su labor hacia las clases subalternas como distribución de recursos y no como transformación de relaciones sociales.

Bolsonaro ha logrado presentarse como la alternativa ordenadora frente al desquicio petista; no más irrupciones plebeyas, no más espíritu levantisco de movimientos sociales y minorías. Censura, disciplina, y toda la represión que sea necesaria, son parte de las vías para retornar a una sociedad gobernable y respetuosa de las jerarquías.
Con esas propuestas se han alineado los intereses ligados al agronegocio; a la violencia radical contra la inseguridad (bala), y a las iglesias evangélicas (biblia) es una conjunción que le ha facilitado imponerse y podría convertirlos en componentes fundamentales de una futura coalición de gobierno y de su sustento parlamentario.

El capitán retirado se ha presentado con bastante éxito como alguien nuevo, munido de una supuesta honestidad, un nacionalismo bastante vacío de contenido pero convocante (el verde amarelo de la bandera frente al rojo del PT) y sobre todo, como portador de la posibilidad de un orden eficaz, que termine con la corrupción, la violencia y el “desmadre” de pobres y delincuentes. Instituciones y principios pierden importancia, lo que debe primar es la firme voluntad de un líder que llega para poner fin a los más variados abusos y demasías.
También Bolsonaro apostó con fuerza y con éxito a interpelar a los variados sectores que ven en riesgo el lugar que ocupan en la sociedad. Apela al individualismo, la defensa de lo propio hasta el límite de la violencia, el rechazo del distinto en términos de raza o comportamiento, el retorno de los valores tradicionales en la familia y en la vida cotidiana, el hartazgo frente a todas las dirigencias, salvo la militar y la policial, portadoras de la violencia protectora del orden y la propiedad.

La ofensiva de la reacción a escala trasnacional

El fenómeno brasileño hay que ubicarlo en el contexto de crecimiento de corrientes de extrema derecha en diversos lugares del mundo. La riqueza cada vez más concentrada, las relaciones laborales de inestabilidad creciente y una dirigencia política cada vez más ligada al gran capital y menos a sus supuestos “representados”, generan un amplio descontento, que tiende a creer que la dirigencia política existente es la culpable de todo, con una visión desideologizada que no toma en cuenta la base social de los partidos ni su orientación ideológica, política de alianzas o postulados programáticos. Aplica por el contrario el prisma de expertos vs. ignorantes, eficientes vs. ineficientes y, sobre todo, honestos vs. corruptos. Esto da crédito a quienes se presentan como ajenos a la dirigencia política, más aún, por fuera de la política en su totalidad, gestores “honestos” y patriotas, dispuestos a aplicar soluciones drásticas, con la cobertura genérica de un nacionalismo exacerbado en la mayoría de los casos.

En la cúspide del poder mundial la entronización de Donald Trump en la presidencia de la principal potencia implica el retorno a una política imperialista pura y dura, sin concesiones liberales ni en política interior ni externa, propensa a la intervención militar y dispuesto a obviar pactos y negociaciones siempre que se pueda imponer el “América primero.” La caída de formas tradicionales de producción, sobre todo en la industria, han jugado un rol, acompañado por el sentimiento generalizado de que EE.UU ve deteriorado y amenazado su lugar de primera potencia mundial, sobre todo en el plano económico. La promesa ilusoria es el retorno de un capitalismo del tipo de la segunda revolución industrial, en el que las fábricas retornen a las fronteras norteamericanas, con trabajo y buenos salarios para los millones de trabajadores manuales blancos que votaron a Trump. Otra promesa, de alcance más general, es el volver a hacer grande a América, a recolocar a la potencia del Norte en el lugar preeminente a escala global.

Gran Bretaña cuando el Brexit, la algo insólita alianza italiana entre la Liga y el Movimiento 5 estrellas, hasta el importante porcentaje logrado por un partido de tendencias xenófobas y antiinmigrantes en Suecia, son, entre otras, expresiones de una oleada reaccionaria, que contradice la idea de democracias representativas con firme arraigo, en la que partidos y electores convergen hacia el centro, desechando las propuestas extremas. En Francia un fenómeno temprano como el Frente Nacional sigue en vigencia, con esperanzas incluso de imponerse en primera vuelta.

En muchas partes de Europa juega un rol la pérdida de autonomía de los estados nacionales, frente a las burocracias de la Unión Europea, que teóricamente buscan conciliar los intereses del gran capital de los distintos países, sin más control que un parlamento europeo de funciones limitadas. Los tecnócratas con ropa de lujo y cuentas bancarias de millones de euros son percibidos con justicia como ajenos a cualquier interés popular, y no votados por nadie.

Juegan también factores internos en cada país, como el progresivo desmantelamiento de las políticas de bienestar, el desempleo creciente, sobre todo en sectores juveniles y en coincidencia con el incremento del flujo inmigratorio. El conjunto suele ir acompañado por el hartazgo con unas dirigencias políticas a las que se percibe lejanas, atadas a las grandes corporaciones y a poderes externos, cada vez más indistinguibles en sus propuestas programáticas, y más todavía en sus acciones concretas.

Las nuevas tendencias capitalizan el descontento radical y les dan un sesgo antipolítico y también antielite, que, lo sean o no, los presenta como outsiders, ajenos a la política tradicional. Operan con nuevos modos del proselitismo político, con las redes sociales a la cabeza. Los medios tradicionales pierden centralidad, los mensajes se vuelven anónimos o casi, las afirmaciones que allí se formulan son poco susceptibles de ser comprobadas. Las ultraderechas han demostrado ser audaces y persistentes en el uso de estos nuevos instrumentos, transgrediendo con fuerza el lenguaje de la corrección política y de la “sensatez” formateada al gusto de los sectores dirigentes tradicionales.

Es un discurso y una acción teñida de odio hacia enemigos a menudo escogidos entre las bestias negras del pensamiento conservador y reaccionario. Eso ha hecho Donald Trump, algo parecido pergeñó Bolsonaro para llegar a donde está. Buscan terminar con los tabúes de sesgo progresista e incluso liberal, con el rechazo activo de los cambios de las últimas décadas en la vida cotidiana y en la organización familiar, y la repulsa de las corrientes inmigratorias como factor de inestabilidad e inseguridad. Se presentan como restauradores de los valores auténticos de la nación, desgastados y hasta negados por las ideas y los sectores sociales a los que repudian.

Las respuestas populares

Cabe la pregunta de cómo pensar y actuar desde perspectivas populares y de izquierda, frente a estos nuevos fenómenos políticos que parecieran hoy destinados a arrastrar todo a su paso. Se necesita abandonar cierta “comodidad” arraigada en la idea de que la derecha se había vuelto “moderna y democrática”, y se trataba entonces de darle la disputa en un marco institucional estable y “civilizado”

Cómo hacerlo en Argentina, donde no tenemos un gobierno de ultraderecha, pero sí uno que pretende un “cambio cultural” que termine para siempre con la capacidad de organización y lucha de las clases subalternas.

Hoy las democracias representativas viven sumergidas en sistemas de partidos que no atacan al capitalismo ni cuestionan ninguna forma de propiedad, salvo la estatal a la que a menudo proponen privatizar o suprimir. La derecha radical se fortalece también desde ese marasmo de carencia de propuestas de cambio.

Se sabe que hay gravísimos problemas que tienden a empeorar y frente a ellos la perspectiva anticapitalista no está en la agenda. Si no es el capitalismo el culpable ni lo son las clases explotadoras que perciben enormes beneficios, el enemigo puede construirse en gran medida en el interior de las clases populares: trabajadores que no cumplen requisitos de “productividad” y disciplina, pobres que viven de “subsidios” sin trabajar ni desear hacerlo, Inmigrantes que disputan el poco trabajo existente, mujeres demasiado independientes, minorías supuestamente inadaptadas o perezosas. A partir de allí las derechas plantean que se necesita terminar con largos períodos de decadencia; lograr que la nación vuelva a ser grande, potente, integrada “al mundo”, con capacidad de defensa militar.

A propuestas radicales con asiento en las clases dominantes, hay que enfrentarlas con una apuesta de transformación radical, un proyecto de cambio social integral, más allá de que se la pueda poner al orden del día en el corto plazo. Las mareas sociales de largo alcance no se enfrentan con combinaciones electorales de ocasión, más o menos afortunadas, sino con una perspectiva de mediano plazo. Y requieren cuestionar no sólo la distribución de la riqueza, sino el modo de producción de la misma, la propiedad privada que le da sustento

En el mientras tanto el camino no puede ser otro que la promoción de una resistencia generalizada, con modalidades de desobediencia civil, en búsqueda de la articulación de todos los descontentos y con amplia política de alianzas…pero sin perder de vista el objetivo estratégico, definido como anticapitalista y socialista.

Una gran cuestión es cómo trabajar desde una perspectiva no vanguardista, que vea la conquista del poder como un proceso complejo, con pluralidad en las formas de organización y lucha, en las que pueden y deben converger diferentes tradiciones políticas y teóricas. Bolivia y Venezuela, con todas sus dificultades, nos señalan perspectivas interesantes en esa dirección. También Cuba, si bien allí el acceso al poder se dio en otra etapa histórica y con una estrategia guerrillera que hoy no aparece en la discusión, la construcción por seis décadas de una sociedad sin explotadores ni explotados es una referencia insoslayable.

Otra cuestión decisiva es la exploración de un internacionalismo renovado, que enfrente a los globalizadores desde la perspectiva de los globalizados. El gran capital tiene múltiples instancias internacionales, económicas y políticas; también las tienen las clases subalternas, pero sin la presencia y cohesión de otros tiempos.

Un tema global desde una perspectiva de izquierda internacionalista es el enfrentamiento con las grandes instancias del capital financiero internacional: El FMI, el BM, el G20. Las manifestaciones contra los foros más egregios de la gran empresa o de los estados nacionales más ricos que impulsan sus intereses, es una tradición reciente que hay que afianzar de modo progresivo. Una masiva manifestación anti G20-FMI en la reunión de noviembre debería ser un compromiso de honor para todas las fuerzas de izquierda, fortalecida con el repudio a la presencia de Trump en nuestro país. Y constituir un hito en la lucha aquí y ahora contra las políticas de la reacción, sin someterse al calendario electoral, ni subordinarse a las expresiones políticas del establishment, tomando como base la más amplia unidad de acción, sin la menor renuncia a nuestra independencia como opciones de los trabajadorxs y la izquierda.