DE LA RUPTURA DE IDENTIDADES A LOS NUEVOS CAMINOS EMANCIPATORIOS

Daniel Campione

La burguesía actual propende a una “reforma intelectual y moral”, en términos de Gramsci, que tiende a extirpar de los actos e incluso del pensamiento, todo el saber obrero y popular acumulado en un siglo y medio de combates sociales y de construcciones intelectuales que los acompañaron, incluida en primer lugar la
reflexión de tradición marxista.

Esa reforma se complementaría con un debilitamiento de la identidad de los miembros de la clase trabajadora y el reemplazo de toda idea de emancipación colectiva por una engañosa redención individual o a lo sumo de pequeño grupo. Esa salvación consistiría básicamente en la esperanza de abandonar la condición de trabajador. No ya para abordar el sueño muy difícil de integrarse en la clase dominante, sino para “independizarse” mediante el abandono de la relación salarial.

Ese abandono puede ser real, al convertirse en pequeño (o pequeñísimo) empresario; o ilusorio, al disimular o mediatizar la relación salarial.

El gran capital va contra la tradición obrera y socialista en todas sus dimensiones. Busca ahogar desde la perspectiva de las reivindicaciones económicas motorizadas por los sindicatos, hasta la proyección orientada a la emancipación de la clase obrera y con ella del conjunto de la sociedad.

El objetivo de máxima a esos efectos es borrar de las conciencias la propia condición de trabajador, la autopercepción como vendedor de fuerza de trabajo a cambio de un salario que le permite reproducir las condiciones de vida y de trabajo del propio trabajador y su familia.

Quien deja de percibirse como asalariado mal puede comprender el mecanismo de explotación contenido en la expropiación del plusvalor por parte del capitalista, ni el de alienación que tiene su punto de partida en el sometimiento del ritmo y condiciones de trabajo a los dictados del capital.

La idea es que el productor de bienes o prestador de servicios debe “salir al mercado” para bonificarse de ese gran mecanismo equilibrador que premiará su laboriosidad, su inteligencia, su habilidad, o cualquier otra virtud o valor que pueda atribuirse al individuo, nunca al colectivo.

El capital quiere trabajadores que no tengan siquiera el nivel más básico de solidaridad económico-corporativa con sus compañeros más cercanos de trabajo. Procuran un trabajador que se encuentre a solas frente a la empresa, que sería a su vez el trampolín para su ilusoria pero deseada transformación en “empresario”.

Nada lo une a sus “competidores” que comparten su trabajo y podrían dificultar u obturar sus posibilidades de convertirse en “independiente”. Si adopta ese ideal, el trabajador ya no confía en mejorar en su condición de asalariado, sino quiere “emprender”, alejarse rápido de su situación de empleado en relación de dependencia.

Su pasaporte de “emprendedor” puede variar mucho en calidad y estabilidad, incluso ser miserable. Pero, en una lógica perversa, el mismo sistema social que no le proporciona un trabajo estable o hace penoso el que consigue, lo inducirá a percibir un “mundo de oportunidades” abiertas a su laboriosidad e iniciativa.

Tal vez el “emprendedor” termine pedaleando sin descanso en medio de un tránsito infernal y con pesados bolsos a su espalda, como vemos hoy a millares de jóvenes privados de sus más básicos derechos, en aras de la sofisticación digital y de un espejismo de libertad que encubre apenas la esclavitud real.

En otros casos se intentará conducirlo a la creencia de que no es un empleado sino un “socio” de la empresa; en ocasiones llevándolo a un plano más formal, otorgándole algún tipo de participación en las ganancias y otras de un modo imaginario, estimulándolo a identificarse con la patronal, a “ponerse la camiseta” de la empresa y, como consecuencia, a privilegiar una relación amigable con sus empleadores, en detrimento de los vínculos con sus compañeros de trabajo, asuman o no estos formas organizadas.

Aún en el interior del ámbito colectivo de trabajo se puede inducir la dilución de la condición laboral, a través de la idea de que cada trabajador o grupo de trabajadores es “proveedor” de algunos sectores o grupos, y “cliente” de otros, dentro mismo de la unidad productiva.

La gran empresa y la dirigencia política, intelectual y comunicacional ligada a ella, tiene como objetivo que los miembros de la clase obrera y otros sectores oprimidos y explotados se identifiquen sobre todo como individuos, productores y consumidores aislados. Esos individuos serían “libres” de las limitaciones a su iniciativa individual implicadas en la adscripción a una organización, sea sindical, cultural o política. Y más aún, ajenos a las restricciones más fuertes que impondría su participación en cualquier forma de acción colectiva. Un trabajador así “formateado” debiera elegir su “libertad de trabajo” en circunstancias de huelgas u otros conflictos.

Otra faceta del extrañamiento con la condición de trabajador radica en visualizarse como propietario. Puede ser de su vivienda, de un auto, pero también de un electrodoméstico o un celular. El objetivo es que aprecie sus posesiones por encima de todo, así sean ínfimas, y genere el consecuente rechazo hacia cualquiera que pueda amenazarlas de algún modo, sobre todo por medio de la violencia, lo que lleva a la demanda de “seguridad”.

Pero también verá como amenaza a los beneficiario de alguna forma de “apropiación injusta” de los recursos estatales que él sustenta con sus impuestos. Así puede construirse un enemigo que abarcará al marginal volcado al delito violento, pero también al receptor de planes sociales, al que divisa como viviendo a costillas suyas y de todos los que “trabajan” (noción que, en este caso, puede incluir a los empresarios.

La protección de “lo suyo” (dinero, bienes, familia), por escaso que sea, primaría frente a cualquier perspectiva de bienestar colectivo. Portador de una mirada centrada en el esfuerzo personal verá como innecesario e injusto que se asista a desocupados, pobres, o a cualquiera que no haya sabido ganar el sustento con su esfuerzo.

Escribimos “sabido” y no “podido”, porque allí radica un componente necesario de esa conformación ideológica. El que no trabaja o haciéndolo no gana lo suficiente es visto como víctima de su propia incapacidad o pereza. Las condiciones sociales
adversas se esfuman como causa del infortunio.

En el día a día los hábitos de consumo serán tanto o más gravitantes que el goce de los bienes. Desde un viaje así sea breve y a lugares cercanos, hasta la compra de golosinas o cigarrillos “de calidad” se tornan en costumbres percibidas como valiosas, sin cuestionarse nunca en qué proporción responden a la acción embrutecedora de la publicidad y el marketing.

Todo esto cuenta con extensas complicidades sindicales, de una dirigencia que pretende preservar su poder, aún a costa de ser cómplice de reformas destructivas impulsadas desde la gran empresa. Su dependencia crónica de las empresas y del Estado, la aversión a la movilización de las bases, la práctica de la negociación permanente que rehuye el conflicto, todo contribuye a la aceptación de la erosión de la identidad obrera. Son en esos casos los líderes sindicales los que procuran disuadir a las bases de decisiones conflictivas, los que negocian la autonomía y condiciones de trabajo de sus supuestos representados; en el mejor de los casos a cambio de compensaciones salariales pasajeras.

La exacerbación individualista produce resultados funestos en el terreno político. La defensa egoísta de la propia persona puede llevar incluso a la violencia contra el prójimo o a la justificación de la misma. El compañero de trabajo, el vecino del barrio, el colega de profesión o de gremio, puede ser visto como el causante de los males a superar, el chivo expiatorio. Las clases dominantes, conocedoras de ese mecanismo, expandirán la idea de la “meritocracia” y la igualdad de oportunidades, que disimulan o niegan las desigualdades abismales de recursos económicos, sociales y culturales que expresan las contradicciones antagónicas entre explotadores y explotados, beneficiarios y víctimas de la alienación.

Todo apunta a una noción reaccionaria del “orden”, ligada a sus intereses como consumidor, propietario, y sobre todo como hombre o mujer que lo ha conseguido todo mediante su capacidad y empeño. No quiere compartir con nadie el goce de lo obtenido y es contrario a que se destinen recursos a quienes supone no son portadores de las aptitudes que él sí posee. Al mismo tiempo está deseoso de despejar todo lo que pueda perturbar su supuesta tranquilidad. Por eso apoyará las iniciativas del poder político para “limpiar las calles” de cualquier forma de protesta explícita o implícita contra el estado de cosas existente.

La xenofobia tiene también articulación con la percepción ultraindividualista. Si el inmigrante puede conseguir trabajo, será rechazado como competencia desleal que amenaza el empleo del trabajador local. Y si no tiene posibilidades de acceder a un empleo satisfactorio también sufrirá rechazo, al vérselo como potencial delincuente.

Se legitima el orden socioeconómico existente, todas y todos deben trabajar para ganar el sustento, salvo el que puede obtenerlo mediante el usufructo de sus propiedades y riquezas. No hay ningún camino de inserción económica valiosa que el propio trabajo, con excepción de la pertenencia a una familia privilegiada que facilite los beneficios de una importante herencia.

El individualista extremo odiará a la corrupción que se apodera de los impuestos que paga. En la valoración negativa dará preferencia a los desvíos directos producidos por funcionarios, mientras que las trapacerías de los capitalistas se disculparán en parte como apartamientos ocasionales de la “legítima” búsqueda de ganancias.

LA DEFENSA DEL CAMINO EMANCIPATORIO

Si la lógica que venimos describiendo logra predominar, quedarían arrasadas no sólo la tradición revolucionaria en la línea de Marx, sino la reformista, expresada sobre todo en las socialdemocracias del siglo XX, parcialmente reemplazadas en el siglo XXI por la noción comodín del “populismo”, el gran adversario construido en reemplazo del “comunismo” como enemigo a destruir en beneficio de la libertad y la democracia, medidas con los parámetros excluyentes de la “libertad de mercado”.

Ninguno de los componentes de la reforma intelectual y moral que hemos reseñado deja de ser una maniobra ocultadora de la sustancia destructiva y deshumanizante del sistema capitalista.

La depredación de la naturaleza empeora día a día, el saqueo de los bienes comunes se incrementa, las desigualdades se acentúan (el 1% de la población mundial se apropia del 80% de los recursos).

Las relaciones de explotación se modifican en modos que combinan el refinamiento que permite la alta tecnología con la brutalidad instalada por la búsqueda desembozada de la maximización de la ganancia.

No hay lugar hoy para lograr “emancipaciones” parciales, del tipo de las ofrecidas por los Estados de Bienestar. Todas ellas se revelan temporarias y reversibles. La posibilidad de ascenso social desde el lugar de trabajador asalariado a un status al menos de pequeña burguesía próspera se vuelve cada vez más arduo y azaroso.

Contra lo predicado por la ideología del triunfo en la competencia universal de acuerdo a las leyes del mercado, los ricos son cada vez más ricos, y los trabajadores quedan cada vez más apartados de la supuesta “carrera abierta al talento”.

La necesidad de un movimiento socialista de vocación revolucionaria e internacionalista es hoy más fuerte, si cabe, que en los tiempos en que Marx fundó la Asociación Internacional de Trabajadores.

Una de las principales dificultades para hacerlo realidad está en el terreno de la subjetividad. La conciencia social está todavía marcada por grandes derrotas, las consecuencias de la disolución de la URSS y del “socialismo real” siguen teniendo vigencia.

Incluso más atrás en el tiempo, el mundo continúa bajo los efectos del apotegma de Margaret Thatcher, “no hay alternativa”, expandiendo la creencia de que el capitalismo podrá ser mejor o peor, pero no hay otra forma de organización social, salvo en el terreno de las utopías, sean éstas ingenuas o “totalitarias”. Otra frase thatcheriana que ha hecho fortuna es aquélla de “la sociedad no existe, sólo los individuos”. La consigna del Manifiesto, “proletarios del mundo uníos” trata de ser reemplazada por “proletarios del mundo separaos, aún en el interior de la misma fábrica o del mismo barrio.”

Ir al reencuentro de los ideales socialistas y hacerlos tomar contacto con millones y millones de trabajadores es tarea ardua, pero no inalcanzable. La injusticia del sistema es cada vez más clara, por debajo de la cobertura que le presta su amplia red de sustentos intelectuales y comunicacionales.

El capitalismo acentúa sus contradicciones en el terreno económico, y también en el político. La aspiración a un empleo estable y seguro, está en caída libre, mientras los empresarios tratan de hacer de necesidad virtud.

La desigualdad se incrementa y el interés de las grandes corporaciones se impone de manera prepotente. La fantasía del libre mercado cruje frente a la monopolización u oligopolización reciente de vastos sectores de la economía.

Luego de promover durante largas décadas la democracia representativa como el sistema de gobierno apto para cualquier tiempo y latitud el gran capital está destruyéndola al convertir la idea de “soberanía del pueblo” en un cuento inverosímil.

El propio sistema político engendra personajes como Donald Trump o Jair Bolsonaro, vivas imágenes de la brutalidad creciente del orden social.

Hoy es urgente la recuperación de la “Tesis XI”, en su plena dimensión de comprender el mundo para transformarlo. Esa voluntad de transformación basada en el conocimiento requiere la búsqueda de nuevas articulaciones que cuestionen al sistema capitalista desde todos los ángulos posibles, el de la explotación y alienación de los trabajadores, el consumismo desenfrenado, el desastre ecológico, la pervivencia del orden patriarcal, la violencia creciente en la vida cotidiana.

El desafío es compatibilizar y potencializar los múltiples motivos de descontento, las diversas formas de protesta, hacer que las luchas parciales se visualicen como una impugnación general al predominio del capital.

La multiplicidad de líneas de tensión con el dominio del capital no anula, al contrario, la centralidad de la lucha de clases. Los intelectuales del capital tratan de demostrar que las clases ya no existen, o las reducen a distintos niveles de ingresos o categorías profesionales. El trabajo asalariado, sin embargo, está allí. Y sobre todo está viva la lucha de clases, expresada en las acciones de las clases subalternas que intentan poner límites al dominio del capital.

La gran deficiencia viene de que no se logra superar una modalidad de resistencia, y no toma aún carnadura real e inmediata una perspectiva de contraofensiva, que aproveche las múltiples fisuras del predominio del gran capital para reconstruir una proyección de alternativa radical.

Esa radicalidad tiene que apuntar a la totalidad del orden social, proyectándose sobre el plano económico, político y cultural. Las reivindicaciones de una sociedad sin explotadores ni explotados, sin un un estado represor al servicio de los poderosos, de un orden de efectiva democracia e igualdad que reemplace las pantomimas al servicio del capital, todas siguen estando disponibles y se conjugan con otras nuevas, o percibidas con fuerza y centralidad renovada.

La apuesta a un mundo socialista y comunista puede y debe volver a ser la bandera de los trabajadores, de los pobres, de las mujeres, de los marginados por cualquier razón, de los asqueados por múltiples motivos de un orden social injusto.

Las ideas de Marx siguen iluminando el camino hacia un mundo signado por la igualdad y la justicia.

Escenarios de paz y agenda trasgresora en Venezuela.

Juan E. Romero

Por Dr. Juan E. Romero
Vicepresidente del Consejo Legislativo del Zulia (CLEZ)
Historiador/ politólogo
Asesor de la Secretaria del Consejo de Defensa Nacional (SECODENA)

1. Las movilizaciones del día sábado 2 de febrero muestran algunos elementos interesantes. El 1ero, es la reanudación de una territorialización de la política, tal cómo lo vimos entre 2002-2007. Con movilizaciones importantes, que pretenden dar un mensaje de coherencia política. El 2do, que a pesar de los fakenews, el chavismo, cómo fenómeno político mantiene fuerza.

2. En este escenario, el Partido Socialista Unido de Venezuela (psuv), tiene una doble ventaja. La 1era, que mantiene una estructura bien aceitada en todo el escenario nacional. La 2da, que esa maquinaria mantiene, pese a los ataques mediáticos, su moral y su logística intacta.

3. La oposición, ha mostrado su dependencia de las directrices indicadas esencialmente por John Bolton, Mike Pompeo, Mike Pence y Donald Trump . El escaso sentido de patria fue muy bien trabajado. Me hizo recordar lo que ocurre, los comunicados que a finales del siglo XIX hicieron algunos actores económicos (Zuluaga, Matos, Machados), solicitándole a Inglaterra que interviniera para restituir el orden social. Ese llamado, que hoy se repite, es una extraordinaria (y peligrosa), operación de Guerra Psicológica (Opsic).

4. El escenario de Guerra Compleja o Guerra Híbrida, sigue su curso. Mezcla acciones en el campo de las denominadas Fakediplomacy (falsa diplomacia), como la sugerida al señalar que la ONU apoya al Diputado de la AN. O los esfuerzos por “designar” embajadores en el exterior. Pero también sigue la guerra económica y se suma la agenda transgresora, entendida como esfuerzos para desinstitucionalizar los apoyos al Gobierno de Nicolás Maduro. Al respecto, es que deben entenderse los comunicados de algunas universidades como la Universidad del Zulia o la UCV, desconociendo al Presidente Maduro.

4. A pesar de las presiones y las operaciones psicológicas, más allá de los escasos goteos militares (un militar en EEUU y otro General de la Aviación sin comando),no ha habido manifestaciones de apoyo a los esfuerzos de la oposición.

5. Por ese escaso éxito, es que la AN en desacato, ha hecho público una Ley de Anmistía que exonera de antemano cualquier acto de desobediencia sin que haya ocurrido. Esa ley, muestra el desespero de los actores internos y externos por desestabilizar. Los llamados de la oposición, de Bolton, Pence y Pompeo para que los militares se pronuncien es un dato de las dificultades que ven para aventurarse a un acto de agresión militar externo.

6. Trump está aplicando a la situación en Venezuela sus estrategias agresivas, que tanto resultado le han dado en sus negocios. Declaraciones escandalosas y disonantes, marcan la pauta. Se trata de un ablandamiento que ejecuta las tesis de Sun Tsu sobre derrotar al enemigo sin pelear. Los EEUU sabe de los riesgos de desarrollar un conflicto en lo que considera sus áreas de influencia.

7. La situación interna, con la asfixia que significa el bloqueo económico, debe generar la búsqueda de alternativas de financiamiento a través de Rusia y China. La jugada es geopolítica y mantenerla en ese campo, es nuestra mejor estrategia. Somos una bisagra para la presencia de Rusia y China en nuestro espacio vital. Debería de complementarse con un Tratado de Asistencia Militar Recíproca, cómo un factor de disuasión.

8. Para afrontar un conflicto de baja intensidad, con posibilidades de escalar a uno convencional, tal cómo es la situación actual del país, debe cuidarse al máximo el tema de la moral. Al respecto el manejo de la inteligencia social para desmontar los fakenews es primordial. Asimismo, lo simbólico del acompañamiento al Presidente Maduro, de toda la estructura política y militar es igual de resaltante.

9. Lo complementa el aspecto logístico. La definición del funcionamiento de la red de distribución y dotación de los servicios públicos (agua, luz, transporte), es un detalle a cuidar pues su falla es la mecha perfecta para buscar detonar la estabilidad interna que existe actualmente.

10. Hay que ser categórico en señalar la absoluta normalidad de la vida cotidiana en Venezuela. A pesar de los esfuerzos de neurotizar el hacer diario, con la presión psicológica sobre el venezolano, por encima de la paranoia contra el chavismo, el venezolano sigue desarrollando su vida social. Este aspecto es vital, para la contención del escalamiento del conflicto. La no existencia de focos de violencia extrema en el país, es otra dificultad que atenta contra el plan trazado desde los imperialismos colectivos.

11. Esos imperialismos insisten en aplicar la Doctrina de la Necesidad de Proteger, formulada por la ONU en 2005 y que pretende pasar por encima del Derecho Público Internacional, violando los principios de soberanía y no injerencia en asuntos internos. Esa Doctrina auspicia el uso de una fuerza multinacional en situaciones de crisis humanitaria, estado fallido o delitos de lesa humanidad. Se construye sobre 3 principios: 1) necesidad de actuar, 2) necesidad de intervenir y 3) necesidad de reconstruir. Ello se traduce en la violación de la soberanía por una fuerza multinacional, para “evitar” el caos. Ya lo hicieron en Haití para justificar el derrocamiento de Jean Bertrand Aristide. Y quieren hacerlo con el Presidente Nicolás Maduro.

12) las acciones contra Citgo, son sólo una pequeña muestra de la Guerra Compleja. Lo difícil de su actuar es que la capacidad de refinación de la empresa es sólo con el crudo venezolano Merey. La afectación es más para el mercado interno norteamericano, en dónde tenemos un control de más del 10% del área de lubricantes y combustibles. Por otro lado, refuerza las futuras acciones de Rusia, que tiene capital accionario en Citgo y que se ve afectado por las acciones unilaterales.

13) Sostengo firmemente que los imperialismos colectivos, con EEUU a la cabeza, apostará más por una guerra tipo proxy o de sustitución, que por una directa. El costo humano y material para ellos es mayor. Ahí juega un papel protagónico las ansias de control de espacio vital que siempre ha tenido la oligarquía colombiana y las apetencias de Guyana, así cómo el extremismo autoritario de Brasil. Pero sobre todo la amenaza primordial viene desde Colombia. La acumulación de fuerza en la frontera oriental del país vecino es notable.

14) la atención se centra sobre la llamada media luna: Zulia y Tachira. Con Zulia tienen la dificultad, que el estado que tiene la mayor extensión de frontera con Colombia, cuenta con un Gobernador que es pieza de la estabilidad del Gobierno de Nicolás Maduro. Omar Prieto es parte de la Dirección Nacional del Psuv pero además viene de ganar en los 21 municipios que conforman la entidad federal. Se caracteriza por la firmeza de sus acciones y por la decisión de no permitir que este estado, geopolíticamente estratégico, sea parte de un esfuerzo desestabilizador. El Tachira por su parte, es un territorio con fragilidad por estar controlado por la oposición y plagado de paramilitares. No obstante, la acción y presencia de Freddy Bernal, también parte de la Dirección Nacional del Psuv, es una garantía de contención.

15) Los actores de la oposición que insisten en la inminencia de una crisis, por el apoyo del mundo occidental, ignoran, soslayan y subestiman la capacidad de resiliencia del chavismo. Pero además minimizan el apoyo de las fuerzas populares en todo el continente. Asimismo Rusia y China no están dispuestos a permitir una nueva Libia o un nuevo Irak.

16) El proceso será prolongado. Por ello el concepto aplicado de Guerra Popular prolongada, con la incorporación de más de 1 millón 600 mil milicianos, como factor de disuasión. La elevación del apresto operacional es un pre requisito importante.

17) Cierro con una frase de José de San Martín:” en defensa de la patria todo es lícito, menos perderla”.

Dr. Juan E. Romero
Vicepresidente del Consejo Legislativo del Zulia (CLEZ)
Historiador/ politólogo
Asesor de la Secretaria del Consejo de Defensa Nacional (SECODENA)
Mcbo 3 febrero 2019

¿Cómo pinta el 2019 para la Argentina?

Julio Gambina

Los pronósticos aluden a una elevación de precios que oscilará entre el 30 y el 35% contra actualización de salarios, jubilaciones, pensiones y planes sociales que perderán mayor capacidad de compra, la que se acumula a la perdida de los años previos.

El registro inflacionario de los precios minoristas en 2018 alcanzó el 47.6%, mientras que los precios mayoristas marcaron un 73,5% de aumento, asegurando un remanente de incrementos para el comienzo del 2019, con la lógica consecuencia de un registro elevado pronosticado para todo el año.

Como hemos sostenido, la inflación es un mecanismo de transferencia de ingresos, de los que menos tienen a los sectores de ingresos más concentrados, agravando el cuadro de desigualdad vigente en el país.

Desde los organismos internacionales señalan una caída de la actividad económica para el presente año muy por encima del -0,50 % pronosticado por el Gobierno en su presupuesto para el próximo año y que avalara el Parlamento, es decir, oficialismo y oposición cómplice.

La CEPAL alude a una caída del -1,8% y el FMI a una retracción similar del -1,7%, manteniendo la situación del presente año, que a noviembre del 2018 registra una caída del -2,2%, confirmando tres años recesivos de los cuatro de la gestión presidencial de Mauricio Macri, entre diciembre del 2015 y diciembre del 2019.

El tema de la recesión se agrava porque la menor producción de bienes y servicios derivada de la menor actividad económica tiene que distribuirse para consolidar la estructura del poder concentrado y por ende, hay menos para repartir. Agravado el tema con el condicionante del achique del gasto público para lograr el déficit fiscal primario cero, privilegiando cuantiosos pagos de deuda, asegurados con el ingreso de los fondos del FMI.

Se confirma así una situación que augura un año de empobrecimiento de la mayoría de la sociedad en beneficio del sector más concentrado, el que se explicita en el 10% de la población de mayores ingresos, que como mucho puede extenderse a una 40% en condiciones de superación del ingreso promedio percibido por la población en la Argentina.

Queda claro que los perjudicados de la realidad económica recesiva, tal y como se presenta al comienzo del año afectará al 60% según las propias estadísticas del INDEC.

Impacto en la política en un año electoral y de conflicto social

El interrogante es si esto afectará el objetivo reeleccionista de Macri para un nuevo periodo presidencial entre 2019 y 2023.

Bajo condiciones normales, tras un periodo de gestión de gobierno con deterioro de todos los indicadores sociales, podría vislumbrarse un voto castigo y la expectativa por un nuevo rumbo de la economía y la política.

Sin embargo, la división del peronismo opositor puede facilitar la renovación gubernamental del macrismo. Desde los medios se instala la voluntad electoral divida en tercios entre Mauricio Macri y Cristina Fernández, habilitando la posibilidad de terciar con otra candidatura. Son especulaciones que solo se resolverán cuando se inscriban las candidaturas que disputen la representación política institucional.

En estos días y a propósito del debate sobre Venezuela, la perspectiva estratégica de los principales referentes del peronismo y otros espacios con capacidad de liderar proyecto político electoral, apareció fragmentada en el apoyo al gobierno de Nicolás Maduro o a la injerencia extranjera y el aliento a un gobierno paralelo en la tierra de Bolívar y Chávez.

No es un dato menor a la hora de definir coincidencias ideológicas sobre el rumbo a definir para el desarrollo inmediato de la política en la Argentina.

Hasta la fecha solo juega la candidatura oficial de Macri, aun cuando algunos auguran variantes y opciones improbables en el macrismo, sea la gobernadora provincial bonaerense o el jefe gubernamental de la ciudad capital del país.

En el campo opositor con probabilidades de acceder al gobierno, son variadas las pre postulaciones sin quedar en claro el mapa de la confrontación electoral, especialmente en el balotaje, lo que se descuenta ante la imposibilidad de lograr alguna mayoría electoral en la primera vuelta de octubre 2019.

La incertidumbre al respecto impacta en una mayor presión del poder económico, los “inversores”, para que no se modifique el rumbo económico de ofensiva del capital contra el trabajo.

Más allá de la disputa por el Gobierno nacional, será 2019 un año de renovaciones en los ejecutivos provinciales, lo que supone una sucesión de elecciones primarias y finales entre febrero y octubre próximos; pero también de renovaciones legislativas en municipios, provincias y en la nación, con un debate político electoral extendido durante todo el año.

Claro que ese debate transitará en simultáneo con una conflictividad social creciente derivada de la reaccionaria política oficial.

Las discusiones políticas trascenderán el escenario electoral y se pondrán de manifiesto en la movilización y organización popular más allá del resultado institucional provincial y nacional.

El verano empezó con movilizaciones populares contra el incremento de las tarifas de servicios públicos, de agua, luz, gas o transporte.

Movilizaciones que recorren todo el territorio interpelando al conjunto de la sociedad y conformando un entramado social y político que contiene a diferentes proyectos políticos electorales, los que no necesariamente confluirán en propuestas unificadas en el proceso electoral.

La imposibilidad de pagar cuentas por parte de las familias o sectores sociales populares organizados en clubes sociales, organizaciones barriales e incluso pequeñas y medianas empresas, convoca a organizar el reclamo por la condonación de las deudas con empresas prestadoras de servicios públicos o entidades financieras que aplican intereses imposibles de cubrir por las menguadas economías familiares y populares.

Desde el movimiento sindical se procesan las condiciones para un paro general antes de finalizar el verano, confluyendo con la tradicional discusión sobre el conflicto educativo a comienzos del año escolar. Los docentes universitarios, con inicio de clases previsto para febrero en algunas casas de estudios, amenazan con paros si no se recupera la escandalosa cifra perdida en 2018, agravada con la perspectiva del 2019.

Es una situación que se comparte con estatales de diversas actividades que sufren la aplicación del ajuste fiscal.

Los programas en lucha

El debate político ya está planteado más allá de las elecciones de renovación de cargos institucionales.

Se asocia la discusión a los niveles de organización popular necesarios para constituir un proyecto político que supere los límites que instala el programa del poder.

Un programa que se sustenta desde el gobierno y la complicidad opositora en el Parlamento y que para el 2019 tendrá epicentro en la reforma laboral y previsional, contenidas en el acuerdo con el FMI y como demanda estratégica del poder económico local y mundial.

La respuesta desde el movimiento obrero, para el caso argentino es sustancial, pues se trata de uno de los países de mayor sindicalización en la región y con una larga tradición de lucha, especialmente con capacidad de convocar y realizar paros nacionales.

Sujetos movilizados en lucha, construyendo un programa propio más allá del resultado electoral, aparece como desafío popular para construir propuesta política alternativa que supere los límites de una coyuntura que aparece definida por la continuidad de las políticas de ajuste contempladas en el acuerdo con el FMI.

Buenos Aires, 28 de enero de 2019

El debate sobre Venezuela y el orden capitalista

Julio Gambina

La discusión apunta a la transición del capitalismo hacia una sociedad no capitalista, parte de un debate más amplio que inauguró la revolución rusa en 1917 y que no cerró el colapso de la URSS en 1991.

Esa transición se re significó en cada una de las experiencias de procesos que autodefinieron su rumbo contra el orden del capital, en China de 1949 y más aún con la modernización desde 1978; en Cuba hace 60 años y recientemente con el cambio de la economía desde 2011; o en Vietnam desde 1973/5 con la unificación territorial y su actualización asociando mercado y socialismo, sin renegar del objetivo anticapitalista.

Son temas que se actualizaron en Nuestramérica en la primera década del siglo XXI, con la reaparición del objetivo socialista, ratificado bajo la actual renovación cubana, con cambios en la generación que conduce la experiencia; las concepciones por el socialismo del Siglo XXI en Venezuela desde fines del 2004; o el socialismo comunitario formulado desde Bolivia en enero del 2010; incluso con las manifestaciones constitucionales del 2009 por el Vivir Bien boliviano o el Buen Vivir ecuatoriano.

Obvio resulta concluir que al orden capitalista no le resulta ajeno el boicot a cualquier intento transformador, que acote el ámbito de accionar del régimen de la ganancia y por eso, más allá del petróleo o cualquier consideración, la cuestión estrategica del rumbo de la transición define el accionar actual en la coyuntura contra Venezuela y el gobierno de Nicolás Maduro.

Crítica de la realidad

Los debates son varios y entre otros remiten a discutir el socialismo y claro, su opuesto, el capitalismo. Recordemos que hacia 1990 bajo el influjo del fin de la historia y de las ideologías, lo que aparecía era el fin de la utopía anticapitalista y el triunfo, por fin, del orden capitalista.

Es 1990 un momento de consolidación de una fuerte ofensiva capitalista por modificar reaccionariamente las relaciones sociales imperantes, abandonando todo vestigio de concesión de derechos individuales y colectivos por parte del Estado capitalista.

Por eso, el dato de la realidad es la hegemonía capitalista del sistema mundial, que como conjunto de las relaciones sociales de producción, es lo que se expande en el ámbito mundial.

Las consecuencias directas impactan sobre la población mundial y el planeta tierra, bajo las formas crecientes de explotación de la fuerza de trabajo y la depredación de la naturaleza.

Son sus formas de acción la militarización de la vida cotidiana y aceleración de formas especulativas en el ámbito de la economía y las finanzas, asociando ambos aspectos en un aliento a una cotidianeidad del crimen; sea la trata de personas, la venta de armas o drogas, junto a la evasión o elusión fiscal en paraísos que ocultan cuantiosas ganancias en un mundo de mayor desigualdad y concentración de la riqueza.

En efecto, lo que crece en el sistema de relaciones sociales de producción es la salarización de la población mundial, bajo las nuevas condiciones que explicita la OIT cuando habla de 190 millones de desempleados o 2.000 millones de personas bajo condiciones de trabajo informal, dando cuenta de la creciente flexibilización laboral y la pérdida de derechos sociales, laborales, individuales y colectivos.

Pero también se modifican las relaciones en el Estado, con cambios reaccionarios en sus funciones, más favorables a la promoción de la mercantilización, las privatizaciones y la libre circulación de mercancías, servicios y capitales, subordinada a la lógica del capital más que a satisfacer demandas sociales conquistadas por la lucha popular.

Esos cambios en el Estado imponen la apertura liberalizadora de las economías para vincular más estrechamente un sistema de relaciones internacionales que ratifica la existencia de un único mercado mundial y en consecuencia determinadas organizaciones supranacionales y una juridicidad acorde.

Son cambios relacionales que entran en contradicciones variadas y no solo económicas, entre los afectados y vulnerables de menores ingresos o excluidos de la lógica hegemónica, sino también políticas, entre quienes gestionan los principales países del mundo, con las novedades que supone la emergencia de los nuevos nacionalismos al estilo Trump o Bolsonaro, por solo mencionar dos fenómenos cercanos al debate regional.

Pero, más allá de cualquier contradicción entre globalizadores a ultranza y nacionalismos variados, la dominación social y territorial se impone, especialmente si se trata del petróleo, insumo estratégico del modelo productivo capitalista.

La cuestión petrolera está en el centro de las agresiones estadounidenses en Irak, Libia o Venezuela y la crítica al orden capitalista debe asentarse en problemas esenciales. La energía es asunto esencial en el proceso de dominación mundial contemporáneo y Venezuela es la principal reserva mundial de petróleo, ubicada geográficamente a pocos días de transporte de crudo al principal consumidor mundial.

A EEUU no le alcanza con comprar el petróleo venezolano, necesita asegurar estratégicamente su provisión regular, evitando cualquier potencialidad de manejo soberano de la producción de hidrocarburos, hoy dependiente de la tecnología en manos de las petroleras transnacionales.

Cuenta EEUU para ello con la complicidad del orden político hegemónico, aun con las contradicciones derivadas de la especificidad e impronta personal e ideológica de Trump.

No hay duda por eso, entre las principales potencias capitalistas y sus aliados, en apoyar la injerencia de EEUU sobre Venezuela aun cuando Trump les genere molestia en el campo de la dominación capitalista. Sea en el Consejo de Seguridad de la ONU o en la OEA, los que se alinean con EEUU son los defensores de la explotación y el saqueo.

Consideraciones sobre los intentos de transición

Claro que la ecuación de la crítica debe alcanzar a los intentos de transformación social y verificar las dificultades de la transición.

Queda aún pendiente el debate sobre la debacle en el este de Europa, que no solo incluye la agresión del orden capitalista hegemónico en el ámbito mundial, sino también las propias limitaciones de las experiencias a nombre del anticapitalismo.

Entre ellas aparece el burocratismo y la corrupción, que se arrastran esencialmente de las formas de gestión previas.

Fueron argumentos esgrimidos por Lenin antes de su muerte en 1924 e incluso forma parte del argumental crítico de Trotsky y el trotskismo a la realidad de la evolución de la URSS. Son argumentos que se encuentran en el Che y sus aportaciones teóricas para pensar una construcción del socialismo diferenciada con los métodos de gestión de la URSS.

Sin perjuicio de ello, un dato de la realidad deviene de la complejidad resultante del intento de desarmar una lógica civilizatoria construida por siglos y al mismo tiempo construir la nueva sociedad, bajo nuevos valores culturales relativos al consumo y la producción. No es solo una cuestión de planificación, sino cultural social que remite al imaginario de nueva sociedad de una amplia mayoría que otorgue hegemonía a la construcción de la transición.

Una gran duda remite a la construcción de esa hegemonía. Fidel Castro manifestó en noviembre del 2005 que “…entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo”.

Vale recordar que a fines del 2004 se suscribirían los acuerdos originarios entre Cuba y Venezuela que darían base a la construcción del ALBA-TCP y que motivaría la definición de Hugo Chávez por el socialismo, cuando hasta entonces, la formulación del gobernante bolivariano adscribía a una concepción de “tercera vía”, formulada en su momento por el británico Anthony Giddens, como un rumbo entre la concepción reaccionaria de la restauración conservadora de Thatcher y Reagan, neoliberal, y la antigua concepción socialdemócrata, lo que incluye la tradición comunista y socialista europea.

Aludo a la relativa simultaneidad temporal de la formulación por el socialismo de Chávez con la confesión de Fidel relativa al error sobre la los contenidos de la construcción socialista, lo que me permite enfatizar que lo que importa es el análisis y construcción de experiencias por el socialismo, por la transición del capitalismo al socialismo, lo que incluye la crítica de las experiencias concretas, no solo de las políticas de Estado, sino de los niveles de conciencia y subjetividad colectiva en la construcción de la nueva sociedad.

Hacer la crítica de los procesos auto asumidos por la transformación conlleva la dificultad de avanzar en simultáneo en el desmonte de lo anterior y la construcción de lo nuevo. Se transforma sobre la realidad del orden capitalista, lo que supone un límite considerable para las expectativas de cambio hacia otra sociedad, sin explotación y con otros valores humanistas y de cuidado del medio ambiente y la naturaleza.

No se trata de eludir cualquiera de las críticas que se enuncien, sino de contextuarlas en los que significa avanzar en un camino alternativo al “sentido común” capitalista. No olvidemos que ese sentido común es el parecer que impone la cultura dominante sobre el conjunto de la población.

La transición se construye por ende sobre la base de la cultura que se pretende desmontar.

Agresión a la experiencia venezolana

Este es el marco del fenómeno actual de agresión de EEUU y sus socios en la región y el mundo hacia Venezuela.

No puede pensarse la situación actual sin las consideraciones históricas de época, de la ofensiva del capital contra el trabajo, la naturaleza y la sociedad.

Tampoco puede analizarse sin considerar los límites intrínsecos y las limitaciones que se presentan a cualquier intento de transición anticapitalista.

Como tampoco puede obviarse lo difícil que resulta para la derecha venezolana romper el núcleo duro de adhesión popular al proyecto chavista.

Existen factores externos e internos que se potencian en la realidad venezolana, los que deben ser evaluados en adecuada dimensión para no exacerbar unos sobre otros.

Venezuela cuenta hoy con una experiencia de por lo menos dos décadas de construcción de una práctica que atravesó distintos momentos, con un origen de pueblada de hace tres décadas, el caracazo.

Resulta válido interrogarse sobre la voluntad mayoritaria de los sujetos que en diversidad construyeron estos 30 años de experiencia para poder interpretar el porqué del sostenimiento de una voluntad social por mantener el rumbo del cambio.

Vale incluso para explicar los límites de la derecha para constituirse en sujeto organizado y con proyecto para detener el proceso en curso y por ende, como la derecha local venezolana no puede articular un proyecto propio, se apoya en la injerencia externa.

No es solo petróleo lo que está en juego, sino la posibilidad de pensar en un mundo más allá y en contra del orden capitalista. Eso explica la solidaridad internacional con Venezuela, con matices incluso en hacerlo extensivo al pueblo venezolano, o a éste y al gobierno de Nicolás Maduro.

La coyuntura de la agresión a Venezuela tiene impacto en toda la región y en el mundo, ya que en Nuestramérica la impugnación alcanzará inmediatamente a Cuba y a todo proceso de cambio persistente, más allá de límites y matices en Bolivia, El Salvador, Nicaragua o Uruguay, incluso condenando a la profundización de procesos regresivos del estilo argentino o brasileño, los que alimentan el Grupo de Lima.

En el ámbito mundial consolida la tendencia a salidas autoritarias alimentadas desde variadas fracciones políticas alineadas con la derecha y en contra de cualquier demanda de ampliación de derechos sociales. Por eso, vale enfatizar que no existe impericia de política internacional en los Macri o los Bolsonaro, sino deliberada acción para confrontar con cualquier proceso de transformación social.

Con la agresión imperialista se pretende enterrar toda posibilidad de cambio contra el orden capitalista, obturando la posibilidad de un imaginario popular que abone la transición del capitalismo al socialismo.

Buenos Aires, 28 de enero de 2019

LA IZQUIERDA TIENE PRESENTE Y FUTURO

Julio Gambina

Al leer la nota de referencia me sentí interpelado en mi carácter de Presidente de una entidad de pensamiento, que se asume marxista, la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP.

Sigal escribe sobre un supuesto duelo respecto de una riquísima tradición y experiencia que pretende sea asumido por el conjunto de la izquierda. Aclaro que este año que pasó, desde la FISYP realizamos un Seminario sobre “Marx y la Política. El legado de Carlos Marx a 200 años de su nacimiento: la fragmentación del movimiento obrero”, con la participación de intelectuales y dirigentes sociales sindicales y territoriales, de Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador, Haití, México, Paraguay, y de varias ciudades argentinas. Las ponencias pueden leerse en nuestro sitio en internet, en:

https://fisyp.org.ar/media/uploads/regular_files/periferias-26.completo10.12.2018.bis.pdf

En esa oportunidad dimos cuenta sobre la tradición y el presente de la revolución, el anticapitalismo y el proyecto irresuelto del socialismo. Claro que un año antes habíamos convocado a un debate sobre los 100 años de la revolución de Octubre, lo que supone sustentar el objetivo vigente de transformar la realidad e intentar construir una sociedad opuesta a la que violentamente construye el capitalismo en forma cotidiana. No se trata de repetir situaciones de antaño y de modo irreflexivo, sino de considerar bajo las nuevas condiciones del desarrollo social, la necesidad de criticar y superar al capitalismo, claro que ello incluye la crítica, no la destrucción, a la teoría y práctica de la Revolución.

Violencia en el capitalismo

Hay que reflexionar sobre la actualidad, por caso el Foro de Davos que en estas horas está discutiendo bajo las consignas del Clima y la Desigualdad. Son dos aspectos derivados del modelo productivo y de desarrollo capitalista en el orden mundial. No es el clima el problema, sino el impacto en la Naturaleza de la deforestación y las formas productivas que exacerban y privilegian las ganancias por encima de cualquier consideración relativa al respeto a la naturaleza o a la huella ecológica.

Podemos creer o no en la sensibilidad de los protagonistas del Foro Económico Mundial, pero ahí se presenta el Informe OXFAM que equipara la riqueza de 26 multimillonarios a las de la mitad de la población mundial. Ambas cuestiones en debate, el calentamiento global y la acumulación de gases de invernaderos, junto a la creciente concentración de riqueza y desigualdad constituyen los elementos más evidentes de la violencia sistémica.

Nada de esto aparece en la nota de Sigal, solo la crítica a la violencia de la izquierda en todo su trayecto desde 1917, pasando por experiencias que aun requieren análisis sobre su legado e incluso presente, casos de la Unidad Popular de Salvador Allende o la gesta del pueblo de Vietnam.

Pero también la OIT difunde su Informe sobre el futuro del trabajo, a propósito del centenario del organismo (1919-2019). Destaca la OIT la realidad de 190 millones de desempleados, o los 534 millones de empleo necesario hacia el 2030 para terminar con el flagelo del desempleo; o los 2.000 millones de trabajadores con sustento en la economía informal. Menciono el tema porque si algo preocupa en la Argentina, la región y en el mundo son las presiones para una reforma reaccionaria de las relaciones laborales y el régimen previsional. Los datos presentados por la OIT aluden a la violencia del sistema, cuando en la nota de Sigal, la preocupación transita por el fracaso de la izquierda, enfatizando su carácter violento y antidemocrático.

Puede pensarse por omisión que se escamotea a la dictadura del capital y sus horrendos crímenes cotidianos en México o Brasil, en Haití, Honduras, Guatemala o Colombia, por solo mencionar los casos más emblemáticos en la región. En el cierre nos convoca “…a matar al muerto. Para salir de la melancolía e imaginar un mundo en que la vida y la libertad sean valores no negociables”. El “muerto” es la experiencia de la izquierda sin importar “diferenciar entre quienes estaban o no alineados con Moscú”.

Se carga Sigal a toda la izquierda y sus experiencias, sin considerar esa práctica de búsqueda que sobrevive muy a pesar de quienes entierran a Marx, a Lenin, a Rosa Luxemburgo, al Che o a Fidel Castro, personalidades que animaron y animan el debate teórico y político en la perspectiva de un mundo sin explotación, aun hoy, ya entrado el Siglo XXI.

Nuevas formas de la violencia y la intromisión del poder

Su acusación contra las experiencias de cambio político en los últimos años, a las que alude como populismos y con apoyo de la izquierda, no tiene en cuenta el accionar deliberado de los sectores hegemónicos y dominantes que batallan con noticias falsas y nuevas formas del golpe de Estado, vía intervención venal de la Justicia o Parlamentos corrompidos por los negociados propios del orden capitalista. No pretendemos ser acríticos de las experiencias revolucionarias, de las centenarias, o de las más recientes, incluso de las denominadas populistas, pero todas en conjunto constituyen un acervo que merecen ser estudiadas a fondo.

Dice Sigal que existe mimetización con populismos más cercanos al fascismo que al socialismo. Categoría difusa si la hay es la de populismo, que puede remitir a propuestas a la derecha o la izquierda del arco político. ¿Es el intento de construir una integración productiva solidaria en materia de alimentos o energía una propuesta fascista o socialista? ¿Promover una nueva arquitectura financiera para el Sur suponía demagogia, fascismo o intento de avanzar en potenciales caminos anticapitalistas?

¿Acaso remite al papel de las Fuerzas Armadas en apoyo de algunos de estos procesos? Si así fuera, hace falta mayor explicitación y precisión en la crítica, de lo contrario, parecen argumentos amigables con la crítica reiterada de la derecha tradicional y en defensa del orden capitalista.

Puede no resultar sencillo contestar los interrogantes, pero solo son preocupaciones construidas en estos años en novedosos intentos por recrear contemporáneamente las propuestas de izquierdas y por la revolución socialista que animan debates que Sigal omite.

De ofensivas y contraofensivas

Sigal comienza su relato con la muerte de Salvador Allende y la asocia a Fidel y al AK regalado por éste al presidente de Chile, asociando por añadidura a la URSS.

No hay mención en la nota a Pinochet, al papel de EEUU en el apoyo y promoción del terrorismo de Estado en Chile y luego en toda Sud América, el plan Cóndor, verdadera transnacional del crimen. Ese momento, hacia septiembre de 1973 combina una gigantesca caída de la tasa de ganancia del capital mundial y la máxima acumulación de poder popular y anticapitalista, con el triunfo y despliegue de la revolución cubana y muy especialmente con la victoria de Vietnam sobre la intervención militar estadounidense.

La ofensiva capitalista define, vía neoliberalismo (Friedman y la escuela de Chicago) la eliminación de toda experiencia reformista o revolucionaria que atente contra el régimen del capital y por eso se redobla la agresión hacia los pueblos e incluso las estrategias revolucionarias o reformistas, comunistas o socialdemócratas. Desde entonces se confronta con cualquier estrategia reformista o de “progreso” como alude el autor. La flexibilidad laboral, las privatizaciones y la apertura para el libre movimiento de capitales se construyen por la violenta política de las clases dominantes, aquí, allá y por doquier. Esa ofensiva neoliberal está ahora en crisis, con Trump, el Brexit o Bolsonaro y sus propuestas nacionalistas, y hasta resulta paradójica la defensa de la globalización efectuada desde China.

Por eso, ahora los pueblos tienen el desafío de retomar la tradición de confrontación anticapitalista, la de ayer y la del presente, para asumir las tareas actuales, por la igualdad, contra el colonialismo, el capitalismo, el imperialismo, contra el patriarcado y toda forma de discriminación y racismo. Si hay que condenar acciones que deshonran a la izquierda o incluso, quieran o no, consolidan el proyecto de los que dominan, eso debe circunstanciarse, pero no tirar toda la experiencia histórica del proceso de confrontación contra el orden capitalista.

Finalmente, vale señalar que si bien el texto de Sigal se centra en los procesos del siglo XX y XXI, en realidad obtura la misma idea del progreso social y la aspiración a una sociedad justa e igualitaria.

Buenos Aires, 24 de enero de 2019

PUEBLOS DEL GRAN CHACO (IV) CHOROTE – CHULUPI/NIVACLÉ

Mercedes González

Algunos rasgos culturales

“En el pasado (…) pueblo seminómade de cazadores, recolectores, pescadores y horticultores incipientes cuyo modo de vida comenzó a transformarse con su incorporación al trabajo asalariado en los ingenios del Noroeste argentino. Esto se acentuó especialmente desde la década de 1940 cuando se asientan definitivamente alrededor de misiones organizadas por misioneros anglicanos. De esta manera, adquirieron numerosos hábitos provenientes de los criollos del Noroeste argentino (Palavecino, 1959) en los más variados aspectos de sus vidas, tales como el diseño y materiales de sus viviendas, vestimentas, religión y alimentación actuales (Hunt, 1915; Siffredi, 2012).

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