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Populismo y estrategia socialista en América latina.

Fecha de publicación: 6 agosto, 2009

Durante décadas los analistas de la derecha intelectual y política han logrado transformar la expresión “populismo” en un término peyorativo. Laclau por el contrario, tuvo éxito en demostrar su carácter racional y ha tenido el mérito de insertar la dimensión discursiva, simbólica de la movilización de masas. Sin embargo no logra explicar las raíces de su dinámica, contradicciones fundamentales y su agotamiento, porque se despreocupa de su base estructural.

Tampoco encuentra otro horizonte que el de las formaciones económico-sociales capitalistas, dentro de las cuales se ha desenvuelto el populismo, pues no logra distinguir los rasgos cualitativamente diferenciales de sociedades en transición socialista. La definición de Laclau se despreocupa de esta base estructural.
Otra interpretación del populismo es la del Estructural funcionalismo. Germani, entendió el fenómeno peronista como una vía de modernización “irracional”, una “aberración” o un “desvío”, al no seguir el modelo europeo, mientras lo racional hubiera sido el “método democrático” clásico de aquel continente.
En la izquierda revolucionaria se suele adoptar esta última metodología, entendiendo al populismo como un “desvío” y una “distorsión” de identidades de clase y dinámicas de lucha preestablecidas. El populismo en esta versión es entendido como una simple manipulación y traición política o un instrumento directo de la burguesía nacional. La definición iluminista y racionalista de la ideología como “falsa conciencia” puede explicar dicha interpretación. Ella se opone al concepto más rico de hegemonía, donde los significados de un discurso son permanentemente disputados y negociados.

En el artículo se defiende la tesis de que no se trata de una impugnación lisa y llana del populismo como articulación política de masas, que da como resultado una externalidad estéril para las fuerzas de la izquierda radical. Tampoco de rechazar las tradiciones, mitos, creencias y símbolos populares, sino de entenderlos como un espacio de disputa desde una perspectiva socialista. Una estrategia socialista no impugna definitivamente los elementos políticos que el discurso populista encarna, sino que los articula en una estrategia socialista y anticapitalista.
La concreción de dicha estrategia implica un desafío para la izquierda, pues debe abandonar todo aristocratismo político. El caso de Venezuela está hoy en el centro de los debates pues allí debe probar su instrumental crítico y su eficacia política.

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Última modificación: 16 de febrero de 2012 a las 12:23
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